… “En la antigüedad, los Guerreros aztecas eran reconocidos por la ferocidad  y sed de sangre que tenían todos y cada uno de los elementos de sus huestes. La mayoría del territorio le temía, y las leyendas de sus características traspasaba las fronteras formando un mito alrededor de sus practicas.  Y así, las luchas persistieron, y los Guerreros Aztecas escribieron con sangre  sus anécdotas, su estirpe, su legado…”

Hermoso, ¿no creen?. Y es que nuestra estirpe Azteca siempre será guerrera, siempre una raza que lucha con todas sus fuerzas para lograr su objetivo, sus metas. Hace unos días termino lo que cada cuatro años se vuelve una fiesta de luz, color, esfuerzo, dedicación, y por que no decirlo, en ocasiones de sangre. Los juegos Olímpicos han sido, desde la antigua Grecia, un lugar donde el hombre se exige al máximo con un solo objetivo: Ser el mejor.

Nuestro país ha vivido en contadas ocasiones dejar atrás a todos sus rivales y conseguir esa categoría de mejor, de oro, de campeón. Los logros de todos y cada uno de nuestros deportistas se vuelven un revulsivo a nuestra cotidianidad, a nuestro tedio ante la sombra de los pesimistas que verán en esos logros un contexto árido, donde el esfuerzo y la lid es menospreciada por sentimientos mezquinos y de poco valor, que lo único que hacen es evidenciar a esas personas como los famosos cangrejos de la parábola ya conocida.

Y es que el logro de nuestros atletas es merecido por muchas condiciones en las cuales se desarrollan y viven, y que excluyendo a nuestros futbolistas, la mayoría viven pobrezas, marginaciones e injusticias por parte de directivos y compañeros.  Los atletas mexicanos no son tan solo atletas; son estudiantes, madres de familia, taxistas y demás oficios que les da un merito mayor a cada uno de ellos, pues  llegan hasta esa instancia con mas cansancio que determinación.  Por esa razón, cada destello cobrizo, centella plata y resplandecer áureo debe ser el premio justo a todas estas situaciones que son apremiantes y desconcertantes, y que a cualquier humano se relegaría al abandono ante tales situaciones, pero ellos no lo hacen, por que son súper humanos.

Todos, hasta el mas pesimista vibro con la plata de nuestros clavadistas; que rompieron todo esquema y cumplieron todas las expectativas. Soñamos con el mejor lugar en el tiro con arco por equipos, y que nos vuelve a demostrar que los mexicanos SI podemos trabajar en equipo, hombro con hombro. Todos soñamos con el quinto lugar de un mexicano que avanzó por primera vez a una final de gimnasia. Todos sonreímos con el 2-3 que hicieron nuestras arqueras, que con flechas firmes y vista de águila nos hicieron soñar, sonreír. Vimos con beneplácito como los golpes firmes de nuestra campeona de oro consiguió de nuevo otra presea, menos brillante, pero igual de satisfactoria. Vimos como 11 guerreros de nuevo nos entregaron una ilusión de oro, donde el pequeño David de nuevo golpeo a Goliat en el rostro dejandolo titubeando en la cima, envuelto en su piel verde-amarella.

Estos nuevos guerreros aztecas están escribiendo su propia historia, una historia de éxito, de coraje, de pundonor. Estos jóvenes nos demostraron que ya se acabo el ya merito, y que las sombras de nuestros fracasos se están difuminando lentamente, por que México es un país grande, siempre lo será, solo debemos creer que lo somos. Es muy decepcionante escuchar a la gente decir con un dejo despectivo “por que la gente se conforma con una medalla de plata”, “¿un tercer lugar?”,”¿Por que se ponen contentos con un oro en futbol?, no ven que esta comprado. El mundo no cree en México, por que los mexicanos no creemos en México; no creemos que podemos nadar tan rápido como Michael Phelps, o correr tan rápido como Usain Bolt, por que simplemente no creemos que así suceda, y cuando sucede, nos esmeramos en desmembrarlo hasta la medula.

¡Lancemos victorias al viento! ¡Sonriamos felices!, por que nuestros guerreros regresaron de una batalla de la cuales muy pocos vuelven con una sonrisa en el rostro.  Sintámonos orgullosos,  por que a pesar que nunca estuvimos con ellos en sus entrenamientos y en su noches de desvelo por el dolor, por el cansancio, por las heridas, estuvimos ahí, con nuestro aliento, nuestras esperanzas puesta en ellos. No los menospreciemos, no rompamos un sueño con nuestro mezquino sentimiento.

Recuerde, nuestros guerreros regresaron, y han colocado un poco de su historia en el tiempo, dejando escrito con letras de oro, plata y bronce, que aun la sangre azteca late por nuestras venas, que aun somos guerreros, y que han resurgido y ahora son, los Nuevos guerreros aztecas.

Hasta la próxima.

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La frase de la semana

Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul (…) Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar.

Juan Rulfo 
Novelista y cuentista mexicano.