El fin de semana decidí llegar a la sala de mi casa con la firme intención de (cómo en mis tiempos de estudiante) dedicar unas horas a lo que mas me apasiona: El cine. Pasando cada una de las películas de un conocido sistema de Streaming me encontré con una película que vi por primera vez cuando tenia yo apenas 10 años: Full Metal Jacket (Cara de Guerra, 1987).
Lo interesante de esta película, (o al menos lo mas agobiante) sucede dentro de la primera media hora, donde los personajes se ven sometidos a un entrenamiento arduo, desgastante, y estresante para el espectador en manos del excelente R. Lee Ermey en el papel del Sargento Hartman. Ermey es el Sargento Instructor de un grupo de aspirantes a Marines dirigidos a la guerra de Vietnam en medio de un mar de dudas y jóvenes sustancialmente rebeldes, donde vemos a enormes y nacientes talentos como Vincent D`Onofrio o Mathew Modine.

D`Onofrio encarna al soldado Leonard Lawrence, un joven con visibles problemas de aprendizaje y una tendencia a meterse en problemas por sus fallas en si. Hartman (Lee) se ensaña con el personaje de manera criminal retratando los crueles y salvajes entrenamientos a los que los marines se encuentran sometidos con la exageración propia de la mente del director. Leonard poco a poco se vuelve el blanco de los ataques de sus compañeros, hartos de tener que “pagar” por las fallas de alguien que no pone esmero en salir adelante. Lawrence comienza una transformación brutal hasta un final escalofriante de la primera media hora de la película.
Full Metal Jacket es solamente una película de guerra más teniendo en su momento la “mala suerte” de estrenarse poco después de uno de los grandes clásicos de la era moderna del cine Pelotón (Platoon, Stone, 1986). Sin embargo tenia envuelto dentro de su metraje, como moneda de cambio, y garantía de éxito, la mente y la creatividad de un genio de la lente: Stanley Kubrick.
Odiado por muchos y amado por millones, Kubrick es el sinónimo de lo que un director debe tener para complementarse: creatividad y una incisiva trama. Nacido en Nueva York y melómano por excelencia Kubrick llevo a la pantalla varios de los clásicos que hoy conocemos y que hicieron hito en la industria del cine.

Si en alguna ocasión te has topado con algunas de sus películas veras que no se necesitan mas que unas simples imágenes para enrolarse con sus tramas. Kubrick era un amante de la perfección y era bien conocido que llevaba a sus actores a puntos extremos donde matizaba la psiquis humana desde un punto de vista degradante. Fue hasta 2001:Odisea del espacio, cuando Kubrick resalto los cambios enfáticos de la percepción del cine. La película cuenta con solo 40 minutos de dialogo y una de las escenas mas raras donde 15 minutos de luz y sonido mantienen al espectador dudoso de la calidad del director y el mensaje oculto del mismo.
William Peter Blatty le ofrecio a Kubrick el Exorcista,
proyecto que el rechazo por no interesarle el guion,
terminando en manos de William Frieldkin.

2001: Odisea del Espacio (Ganadora del Oscar a mejores efectos especiales en 1969) es el parte aguas del estilo inigualable de Kubrick: La mente del hombre y sus transformaciones.
Kubrick era un hombre sencillo en gustos pero aventurado en la forma de dirigir. 2001 marco el inicio de la era de oro para la ciencia ficción y fueron muchas de sus características las que poco a poco se mantuvieron en la mente del espectador hasta las ya tediosas Guerra de las Galaxias (Lucas, 1979). Su habilidad para retratar la mente y los estragos de los problemas mentales eran excepcionales. El Resplandor y Naranja Mecánica fueron los mas fieles ejemplos de ello. Las características de sus personajes y lo sencillo de la trama se retrataron de forma categórica en los minutos, haciendo al espectador un aficionado al tipo de dirección del Neoyorquino.
En el Resplandor, Jack Torrance comienza su debacle hacia la locura por la característica que Kubrick manejaba a la perfección: La soledad. El vacío existencial de vivir con la propia psiquis siempre fue un tema que apasiono al director que aseguraba que era la base de la locura y el descontrol de las grandes mentes. Muchas personas cercanas a el y su trabajo aseguran que el tenia miedo a ese tipo de sensación por lo tanto, la plasmaba de forma excepcional, sofocando a cada segundo los ojos y el cerebro del asistente a la sala.

Con Naranja Mecánica (para mi gusto su obra maestra), Kubrick vivió su primera censura ante una película inteligente y con un final tétrico. La disociación violenta de Alex lleva al espectador a cuestionarse sobre lo correcto del comportamiento y la incidencia de la sociedad sobre el individuo. El protagonista vive dos tiempos perfectos. La extrema violencia y la “adaptación” a una sociedad que pide a métodos violentos erradicar dicho comportamiento. Alex decide devolverse a su “estado” natural, por obligación, dejando claro los juegos morales que Kubrick plasmaba en sus películas y que siempre eran un tema de polémica para los encargados de colocarla en una clasificación dentro de las salas de cine.
La versión de El Resplandor de Kubrick no fue del agrado de Stephen King. El autor de la novela le pidió hacer cambios radicales a la película. Kubrick se negó, y creo la ruptura entre los dos para nuevos proyectos.
Inteligencia Artificial (Spielberg, 1999) fue uno de lo proyectos en los que Kubrick estuvo involucrado. La película de Steven Spielberg fue sin lugar a dudas un homenaje póstumo a uno de los proyectos mas ambiciosos del director junto con Napoleón y que por diferentes razones no fue llevado a la luz. La obra de Bryan Aldiss será siempre la gran incógnita de interpretación no materializada. El dilema argumental que Kubrick imprimiría, su frialdad en argumentos, y su incesante ambigüedad artística hubieran dado a una película de media tabla un futuro mejor del que tuvo con Spielberg.
Lentamente Kubrick fue desapareciendo del cine. Eyes Wide Shot (Ojos bien Cerrados, 1999) fue sin lugar a dudas la peor forma de despedir a este genio de la lente.

Fue nominado al Oscar 13 ocasiones, ganando solo una vez por 2001: Odisea del espacio.
Kubrick muere el 7 de marzo de 1999, dejando un pequeño legado de películas ( 18 en su totalidad) con grandes fondos intelectuales, coyunturas sociales y divergentes mentales. La aguda visión de su mente nos llevo a mundos caóticos, sublimes y desquiciantes, dejando siempre al espectador con las ideas revueltas por lo grafico de su frialdad y lo incisivo de sus argumentos. Stanley Kubrick siempre será el genio, el artista, el gran creador, pero sobre todo nunca existirá nadie con ese estilo tan especial, ese estilo único, el taladrante estilo de Stanley Kubrick.
Hasta la próxima.

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