El maestro que intenta enseñar sin inspirar en el alumno el deseo de aprender está tratando de forjar un hierro frío.
Horace Mann (educador estadounidense)
México tiene demasiados bemoles fantásticos que bien podrían ser extraídos de una mente retorcida, o la fantasía de cualquier historia de Disney. Política, arte, sociales, deportes y la vida en general, han sido los matices que todos los días endulzan la historia moderna y antigua de un país colorido en su cultura, pero que sigue coexistiendo en un ámbito demasiado gris en su interpretación.
Considerado en vías de desarrollo (aceptémoslo, las vías parecen eternas) México ha ido escalando lentamente peldaños en un mundo globalizado que pretende homogeneizar criterios y reducir limitantes. Sin embargo, para llegar a la “elite” del desarrollo y probar las mieles del Olimpo, todo país debe tener una característica fundamental que en nuestro país, al parecer, sigue siendo una utopía: La Educación.
Gradualmente, la vocación de maestro fue convirtiéndose más en un recurso de supervivencia que una devoción abnegada. Nuestros padres y muchas de las generaciones que nos complacemos en llamarnos adultos recordamos a nuestros maestros de la primaria, y algunos de secundaria como los últimos bastiones de la llamada “vieja escuela” que creaban en las generaciones, no tan solo un amor por las letras, sino un respeto inculcado a base de trabajo y compromiso.
Los vicios dentro de los sindicatos, las mafias en la venta, traspaso y colocación de plazas a lo largo y ancho del país acorrala lentamente a la orilla de un precipicio mortal a una vocación que anteriormente era considerada más que un trabajo, un honor. Estudiar para heredar una plaza y crear un futuro, se volvió una herramienta para las nuevas generaciones, desprestigiando la noble labor del maestro, que poco a poco es acorralado por evaluaciones sin sentido, exigencias mediocres y pretensiones insulsas de los líderes sindicales, que a su vez, también se encuentran presionados por gobiernos que buscan una mejora continua más allá del bienestar del profesor.
Alumnos sin clases y maestros marchando por las calles son los panoramas que la sociedad ve con preocupación, siendo los alumnos las víctimas de algo que aun no comprenden y que ya se ha convertido en una bola de nieve que desciende a velocidades exorbitantes, convirtiendo a los maestros en una moneda de cambio, o un cheque al portador para cuestiones de posicionamiento político.
La administración de Enrique Peña Nieto encendió lentamente la mecha a un polvorín que amenaza con explotar de forma indiscriminada. El nombramiento de Emilio Chuayffet como el responsable de a la Secretaria de Educación martillo la bala a la desquiciada mente de la dirigente nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, que tiene en ese nombramiento una clara provocación, pero a su vez, un halo de inhibición especifico que sucumbe lentamente a los favores políticos realizados en campañas priistas anteriores.
Con determinación y golpeando el puño al aire la dirigente del Sindicato afirma que no permitirá que los derechos de los trabajadores sean pisoteados y vera por el bienestar de ellos y de sus intereses. Paradójicamente esta frase dista mucho de veracidad. La administración de Elba Esther Gordillo al frente del SNTE, sus números, los movimientos fraudulentos, la compra de camionetas, y elecciones de un solo candidato, la han marcado como una dirigente mezquina con las duras ideas del partido tricolor, y que solo busca seguirse favoreciendo de sus agremiados, haciendo raíces en un puesto vitalicio, tal como lo hiciera Fidel Velázquez en su momento al frente de la CTM.
Y es que la Reforma educativa en si, no es una mala señal; sin embargo la logística y las pretensiones en su uso si lo son. Las conversiones administrativas, constantes evaluaciones, y cambios significativos en los estándares de calidad son algunos de los puntos que esta reforma pretende alcanzar, siendo como siempre, los maestros, los más desprotegidos. Los más vulnerables. La moneda de cambio en un sistema político educativo bastante inquietante.
Como sociedad nos preguntamos: ¿Qué es lo que pasara con nuestros hijos?.
En Guerrero, más de un millón de alumnos de todos los niveles educativos se ven afectados por un paro indefinido. Que pasa a intermitente, y a indefinido otra vez. Estos estudiantes se vuelven el daño colateral de mayores proporciones pues se encuentran secuestrados entre los intereses de dos partes que parecen no encontrar un punto medio en las negociaciones.
Como sociedad sabemos que la Reformas Estructurales en México son imperativas, pues el presente Mexicano dista mucho de encontrar una luz, un escollo de esperanza que nos lleve a una mejor vida. Sin embargo, ciertas reformas (como la laboral y la educativa) arrasan con los intereses de algunos trabajadores, que desprotegidos, buscan una forma de que como sociedad tengamos empatía con sus movimientos, generando un resultado francamente opuesto.
México no necesita a nuestros maestros en las calles gritando consignas y deteniendo lo más importante, y lo que al parecer se ha dejado de lado: La educación de las nuevas generaciones.
En nuestro país tenemos una frase acuñada que es utilizada para justificar ciertos actos en una evidente conducta mexicana:
“La delincuencia es producto de la falta de educación y oportunidades”
Y a pesar de ser así en un pequeño porcentaje, una sociedad poco educada siempre sera presa del pragmatismo oscuro del dinero facil y la vertiginosa vida de la inmoralidad, siendo las acciones de los sindicatos, maestros, y gobierno las que lentamente e indirectamente, engorden las filas de los delincuentes, por no encontrar esa solución que toda la sociedad pide a gritos.
México necesita que nuestros maestros creen pensadores lógicos en las aulas, alumnos que revolucionen el sistema con ideas, no con mamporros y mentadas de madre, comprometidos con un cambio constante. Que se creen revolucionarios de estirpe que promuevan el México que todos queremos, un México Educado desde las aulas.
Recordemos que nuestros maestros son parte de esta sociedad harta de injusticia y de todos los actos vandálicos y malos manejos de gobiernos y sindicatos, que buscan seguirse enriqueciendo a costa de toda la clase trabajadora. Los maestros son los peones en un tablero enorme que se ve a cada momento con mas cuadros de frente, con demasiadas piezas perdidas alrededor.
Recordemos que nuestros maestros también sufren y viven en un país que lentamente los lleva por un camino sinuoso y demasiado peligroso, donde, como la sabana africana el animal mas grande y fuerte seguira devorando al pequeño. De la vocación no se pueden alimentar. De la vocación no pueden alimentar a sus familias.
Nuestros maestros también son unas victimas de ellos mismos.
Hasta la próxima.

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