Hace once años Dios despertó. Esa mañana se dio cuenta que uno de sus ángeles faltaban entre sus batallones. Confundido, busco por todos lados. Movió montañas, abrió nubes, seco los mares, hasta que te encontró. Ahí estabas tú, como siempre, con esa sonrisa que te caracterizaba. Enorme como eras, delicada como pocas.

Dios sonrío, se dio cuenta que a tu alrededor la luz con la que descendiste seguía ahí, fuerte, palpitante, brillante. Dios se recargo su mejilla en la mano derecha admirando como uno de sus ángeles estaba ahí, como siempre ,luchando como todos los días. El podía ver en ti el camino cumplido. Las arrugas en tu rostro, lo débil de tus manos, lo lento en tu andar eran los indicativos de que la batalla que se había librado, había sido fuerte, incesante, temeraria, inclemente.

El seguía observando, seguía sonriendo. De pronto, algo en su muñeca llama su atención. Un pitido, una señal. Dios ve con cierto desconcierto lo que suena en su muñeca, y con ese mismo desconcierto vuelve su mirada hacia ese ser que lentamente se sienta en la orilla de la cama, con ese temblor poco común de sus mañanas. No sabe que hacer. Dios se siente por primera vez con una duda. En cámara lenta observa como poco a poco la cabeza de ese ángel se acerca a una almohada, mientras esa luz intensa pierde poco a poco ese fulgor que duro tantos años. Dios cierra los ojos, trata de no ver. Sus sentimientos son encontrados. Te quiere a su lado, pero sabe que haces falta ahí, en ese espacio terrenal, en ese tiempo.

A través de sus párpados la luz ha perdido todo ese brillo. Se da cuenta que el tiempo de su ángel ha terminado. Ofuscado, respira profundo, mueve la cabeza en señal de negación.

De pronto, siente una mano, un fuerte apretón, de una, a la vez, delicada mano que se posa sobre su hombro derecho. Dios sonríe, conoce esa sensación, lentamente abre los ojos, mientras una voz le susurra al oído: Misión Cumplida.

Abuela, ahora se que estas allá arriba, de nuevo, sonriendo…

Este sentido homenaje es para ti, mi mujer tenaz, fuerte, indomable, inalcanzable.

Te amo Cristina, te amo por todas y cada una de las enseñanzas que me diste, te amo con todo mi corazón, te amo por ser la mujer de la que mas he aprendido, por ser la persona que me forjo, te amo donde quiera que estés.

 

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La frase de la semana

Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul (…) Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar.

Juan Rulfo 
Novelista y cuentista mexicano.