Varias generaciones nacimos de la era moderna, vivimos, y conocimos a uno de los Papas más carismáticos, queridos, sensibles  y me atrevo a decir, menos odiado de la historia: Juan Pablo II. Karol Vojtyla erigió un papado que puso un estándar demasiado alto para sus antecesores a la silla, pero, como toda buena historia, debía llegar a su fin.

La muerte de Juan Pablo II abrió muchas interrogantes en la iglesia católica, muchas incógnitas que estaban escritas y descritas pero que jamás se visualizaron como una posibilidad, por lo tanto, la iglesia católica entro en una debacle impensable: ¿Quién será el sucesor de este hombre?

Después de varios días de exequias obligadas, los altos mandos de la iglesia católica decidían que era el momento de enfrentar su realidad. Las puertas de la Capilla Sixtina se cerraron y la elección comenzó. Los días de incertidumbre comenzaron a volverse desesperantes. Todos los miembros del Conclave daba uno a uno sus votos, y el humo negro era presente todos los días. Los destinos de la iglesia seguían pendiendo de un hilo, y el socavado catolicismo seguía esperando.

El 19 de Abril de 2005 Joseph Aloisius Ratzinger se eleva como el Papa numero 265 de la historia católica, escogiendo en su nombre Papal, Benedicto XVI.

Los sueños de todos los católicos se materializaron en la presencia mas fría que los cardenales en ese momento pudieron encontrar. Benedicto XVI tenía una imagen fría, distante, seca, completamente opuesta a la senil pero significativamente inspiradora presencia de Juan Pablo II. Las comparaciones no se hicieron esperar. Los mas de 300 viajes por todo el mundo que realizo el Papa anterior, se vieron recordados significativamente. Ratzinger comenzaba un papado con el pie izquierdo, dejando a América Latina como la parte menos pensada de su agenda, y a sus atinados comentarios sobre matrimonios homosexuales y el aborto como punta de lanza.

Benedicto se convirtió de inmediato en sinónimo de polémica. En el 2005 prohibió a los seminarios ingresar a hombres con tendencias homosexuales. En el 2006 exigió a Marcial Maciel su renuncia por actos de abuso contra seminaristas, aceptando indirectamente, los tratos de párrocos contra jóvenes en los seminarios de los Legionarios de Cristo. En 2008 se opuso al uso del condón como método preservativo y de prevención y en ese mismo año condena el nazismo, lo que obligo, la salida a la luz, de su pasado nazi con las juventudes Hitlerianas, solicitando perdón y llamando a la reconciliación.

En pocos años, la figura Papal perdió el gran brillo, la gran voluntad y sobre todo la cercanía con la gente que labro durante los mas de 20 años de papado de Juan Pablo II.

Es ilógico pensar que la iglesia como institución se separará  de los dogmas que a cada momento de su vida la han mantenido como una institución “incorruptible”. Sin embargo, lo duro y estricto de sus doctrinas se han convertido al tiempo los nudos de una soga larga que comienza a ahorcarlos.

En si la iglesia, como institución, se ha convertido en el centro de múltiples escándalos que hacen que su credibilidad comience a resquebrajarse, agradeciendo, cada domingo, que la fe de los feligreses se vuelve a cada momento más grande por voluntad propia y no por adeptos específicos.

En este año, la iglesia vuelve a colocar en su historia un capitulo inquietante. Benedicto XVI anuncia su retiro el 11 de febrero del 2013, siendo el primer papa de la era moderna que lo hace a tan solo unos años de comenzar su labor. Las especulaciones comenzaron a nublar los cielos de la iglesia católica de nuevo, pues los rumores de la molestia del Papa sobre actos pederastas y demás situaciones de cloaca fueron la gota que derramo el vaso en la paciencia de Benedicto, que alego, cansancio y estado de salud como principal razón de su renuncia.

Este argumento se antepone paradójicamente a las imágenes que aun transitan en nuestra mente, de un senil e incansable Juan Pablo II, siguiéndonos si cuadrar aún muchas de las actitudes de “nuestra” iglesia.

Tristemente Benedicto pasó al olvido muy rápido. El conclave se reunió casi de inmediato para darle rumbo de nuevo a una alicaída iglesia católica. Poco a poco, los cardenales de todos los países comenzaban a llegar a la santa sede, haciendo gala, de una humildad extraña. Desde Mercedes Benz hasta Volkswagen de lujo fueron los automóviles que desfilaron frente a la plaza de San Pedro haciendo mofa de algo que siempre ha sido motivo de controversia: la gran fortuna que se amasa bajo los cimientos de San Pedro.

¡Habemus papa!, decían los titulares de todos los periódicos del mundo. A las puertas de la capilla Sixtina se arremolinaban propios, extraños para conocer al nuevo Papa. Lentamente, las cortinas se abrieron y nos dieron a conocer a Jorge Bergoglio, o Francisco (o Francisco I, como gusten).

De entrada, el gesto físico del nuevo Papa se convirtió en un revulsivo para la sociedad. Con un rostro gentil, expresión constante, y ligeramente más fluido su hablar, Francisco, comenzó a ganarse el corazón de la gente. El primer Papa Latinoamericano en la historia y argentino de nacimiento, Bergoglio de inmediato fue blanco de críticas por su pasado en tierras Argentinas, colocando de nuevo sobre la mesa la pregunta: ¿Es necesario un representante humano para una labor única y exclusiva de un Dios?

Todos los que somos católicos vemos en la imagen de Francisco una nueva era, una era de cambios importantes. La iglesia debe recuperar terreno, terreno que perdió por un trabajo arduo en todos sus frentes, y que ya es un terreno inhóspito, triste.

La iglesia como institución ha cambiado de líder, y debe cambiar  de ideologías para adaptarse a la nueva era. Porque, aunque difícil les parezca los homosexuales, y las personas que deciden abortar, también son hijos de Dios.

Hasta la próxima

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Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul (…) Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar.

Juan Rulfo 
Novelista y cuentista mexicano.