La vida se encarga de enseñarte de formas muy distintas, coloridas y variadas lo interesante y en ocasiones perturbante que puede ser. Aún recuerdo esa mañana. Yo iba en la preparatoria y asistí como invitado con la familia de una amiga a un desayuno. Era un sábado, una mañana cálida de julio, el sol resplandeciente caía inclemente sobre las carpas que nos resguardaban de su luz. De pronto una mano fuerte y pesada “golpeo” mi hombro. Con sorpresa volteo y observo una mano regordeta que me apretaba con un movimiento errático del cuerpo a la que pertenecía.
Un joven me sonreía. Acto seguido, quito su mano de mi hombro y se sentó junto a mi.
Me llamo Fabián – me dijo con una voz tierna y balbuceante.
El joven junto a mi tenía síndrome de Down. De entrada, al verlo, me provocó ese morbo que estúpidamente tenemos los seres humanos ante este tipo de personas. De inmediato el joven se sentó y me sonrió jalando la botella de refresco que teníamos enfrente. Presuroso me estiró y trato de ayudarlo, pero un ¡déjalo! por parte de mi amiga fue suficiente para dejar de intentarlo.
El joven se desarrollaba con singular alegría, era jovial, amigable, cariñoso; no reparaba en voltearse y darte un abrazo con una fuerza descomunal pero afectiva, cariñosa. No le gustaba que lo tocaran de forma violenta, ni las voces altas, pero podías platicar con él de manera tranquila y de cosas abstractas pero conscientes. Sus papás, tíos de mi amiga, no habían tenido otros hijos, habían buscado por todos los medios de tener familia, y cuando lo lograron, se dieron cuenta que Dios y la vida tiene formas extrañas de demostrarte que eres más fuerte de lo que crees.
Ellos eran de Perote, y después de muchos esfuerzos lograron que Fabián fuera a todos y cada uno de sus años de escuela, siendo, hasta el momento que lo conocí, una persona que se podía valer por sus propios medios, siendo “independiente” de forma orgullosa.
Hace unos años me entere que Fabián falleció de un problema cardiaco propio de las personas con su padecimiento. La noticia me lleno de mucho pesar y tristeza. Sin embargo, al platicar con la persona que me dio la noticia, me lleno de mucha paz el saber que en su velorio, todo fue alegría y amor contraviniendo con el protocolo de las exequias propias de un ser querido.
Uno de sus tíos me hizo llegar a mi correo electrónico, las palabras que dijo su madre el día que Fabián los dejo y que después de una larga búsqueda se las comparto:
Fuiste un ángel. Mi ángel. Cada día que despertaba y te veía en tú cuna, me preguntaba el por qué Dios te mando conmigo, y sufría. Muchos días pedí una familia y él por fin me la concedió. Me entrego una luz especial de ojos rasgados, grandes labios y enorme voluntad. Decidí dejar de lado mis miedos, mis prejuicios, mi llanto y entregarte todos y cada uno de mis esfuerzos para que tú salieras adelante.
Con esfuerzo diste tus primeros pasos. Tus enormes ojos voltearon a ver y me sonrieron de forma escéptica, tímida, completamente feliz. En ese momento me di cuenta que te había subestimado, que eras tan capaz como cualquier persona “normal”.
Mi concepto de normalidad cambio. Por qué nadie puede adjudicarse y escudriñar ese concepto sin ver lo que hay a su alrededor. Me entregaste la paz que necesitaba, al conocer por ti un mundo maravilloso, humano, directo.
En cuanto creciste comenzaste a soltar mis manos, mientras yo moría de miedo ante este mundo cruel y despiadado. Pero tú sonrisa rompió toda mirada morbosa o comentario incomodo.
Gracias Fabián, gracias, ahora estás con Dios, ahora te toca a ti abrir con tu sonrisa un camino más grande y más hermoso del que tuviste aquí en la tierra.
Gracias por ser mi ángel, gracias por ser mi guía, gracias por ser mi angelito diferente.
Yo conocí poco a Fabián, sin embargo, lo conocí lo suficiente para cambiar mi concepto de estas personitas que son tan tiernas y sensibles como fuertes y tenaces.
Hoy decidí rendir honor a ese se que cambio mi vida, que cambio mi concepto que me hizo ver que todos, hasta los ángeles, tienen diferencias, y ellos, son ángelitos diferentes.
Hasta la próxima.


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