En un país como México, las buenas noticias son escasas. Todos los días, amanecemos pensando o deseando, que el día que comenzamos sea menos sorpresivo que el día anterior, sin embargo, nuestra realidad social nos aplasta de forma cruel y despiadada, en un mundo de sombras y mala voluntad. Pero, en ese mundo de poca fe y sobre todo, pesimismo extremo, existen garbanzos de a libra, que nos entregan cierto ánimo e intentan apagar este ya beligerante estado negativo: ON. Esos garbanzos de a libra se han convertido en constantes en los últimos tiempos, y lentamente se enfrentan a un extraño sentido de felicidad que tenemos los mexicanos. Ana Gabriela Guevara, Lorena Ochoa, el “Chicharito” Hernández, y demás, se encuentran “condenados” a deberle su éxito a todos los reflectores y el dinero de particulares que llueven sobre ellos. Los “menos afortunados” y que también lucen en las marquesinas solitarias de sus categorías, son jóvenes, hombres y mujeres que se encuentran auspiciados por el gobierno o empresas privadas pequeñas, que ven en lo poco rimbombante de sus marquesinas el obligado sentir del abandono.
Los mexicanos tenemos esa necesidad de echarle en cara al gobierno lo mal que nos tiene, y lo denigrante de su trato, sin darnos cuenta, que nuestra necesidad inmadura de satisfacción arrastra a personas que le deben solamente a su esfuerzo, los frutos de su victoria.
El domingo 2 de marzo, las miradas de algunas personas en nuestro país estaban puestas en la 86ava entrega de los Oscares. La “Elite” del cine, cada año, se enfrenta a la polémica sustentada de sus resultados, por que, para muchos de los seguidores de dicho evento, la mayoría de las estatuillas se entrega sin ton ni son, sin tener en cuenta las diferentes opiniones sobre los mismos. En esta ocasión, el morbo mexicano se encontraba centrado en uno solo de los nominados: Alfonso Cuarón.

El mexicano es reconocido en Hollywood por una visión nítida de los detalles humanos de los personajes. Después de “Solo con tu pareja” Cuarón probó que era un mexicano con mayores propuestas que la olvidable cinta mexicana. “Great expectations” adaptación exitosa de la novela de Charles Dickens mantuvo a Cuarón y Lubezki (dueto por excelencia) como las amenazantes mentes que comenzaban a conquistar Hollywood.

En “A Little Princess” el mexicano se puso en la mira de la crítica internacional por su estética cinematográfica e impecables argumentos artísticos que llevaron el brillante mundo de la mente de Dickens a nuestras mentes de forma sublime, y sobre todo, con un toque mágico impreso en un mundo cinematográfico en ese momento gris, con grandes propuestas pero poco sentido estético. Lubezki (nominado al Oscar por mejor fotografía por “A Little Princess” y ganador del mismo por “Gravity”) su mancuerna incondicional, marcaron la tendencia de sus filmes con una esencia 100% mexicana en la pantalla.


En “El prisionero de Azkaban” Cuarón se inició en más allá del cine convencional, coqueteando con lo fantástico y los “blockbusters”. La cinta, considerada por muchos de los seguidores de la saga como una de las mejores, llevo al mexicano al reconocimiento de actores de la talla de Gary Oldman, que lo catálogo como “el mejor director con el que ha trabajado, y un visionario en la expresión de las imágenes” y propuesto por la misma Rowling para la dirección del film por su trabajo en “A Little princess”
Y es que el éxito del mexicano ha sido labrado al más puro y digno sablazo de su trabajo.

Paris, je t´aime cinta francesa de cortometrajes ambientados en los barrios de Paris, colocaron a Cuarón de nuevo en la mira de la prensa internacional. Su cortometraje uno de los más elaborados y con una mayor carga emocional, llevaron a la cinta a convertirse en uno de los principales exponentes del cine independiente en el 2006.
En México, Alfonso Cuarón tuvo un éxito de media tabla con películas como “Y tu mamá también” y “Solo con tu pareja” donde, la poca coherencia de la crítica nacional las catalogaron como filmes pobres en argumentos y demasiados pretenciosas para un cine que comenzaba su renacimiento con “Solo con tu pareja” y pretendiendo continuar con el éxito que tuvo su amigo y compañero González Inárritu con “Amores perros” siendo un boom en la crítica internacional y un éxito en la siempre contrastante y paradójica audiencia mexicana.

Con “Los niños del hombre” Cuarón se reencontró de nuevo con el Oscar. La película post apocalíptica, marca de una excelente forma un cambio radical en el estilo del mexicano; que no dudo ni un segundo en colocar a un actor como Clive Owen en el papel protagónico en un filme demasiado oscuro y fuera de todo argumento positivista, de amplios vaivenes psicológicos, y saliendo del aire meloso y esperanzador de sus filmes anteriores.
Sin embargo, no era su momento. Desafortunadamente, los “Niños del hombre” dejaron a Cuarón en la orilla de la presea aurea cerniendo así, esa interminable lista de los “Ya merito” mexicanos.

Fue hasta este año con “Gravity”, donde el mexicano se reencontró con las plácemes del reconocimiento cinematográfico (a pesar de los miles de detractores del premio). El terror psicológico es complicado y pocos directores pueden plasmarlo en la pantalla grande. Cuarón, de la mano de su hijo Jonás y de una excelente fotografía de Lubezki, llevaron al espectador a la hora y media más interesante de la historia del cine, que me hizo recordar en muchas ocasiones la relación existente en el terror extraño de la HAL 9000 y los protagonistas de 2001: Odisea del espacio. Cuarón requirió para la consagración de su (ahora si) máxima obra, una preparación técnica de 4 años, donde literalmente vivió en una gravedad cero al lado de Bullock y Clooney. La creación de una atmósfera sin sonido, completamente hermética y con una sistematización constante de los sentimientos de la protagonista, nos llevan a su sentimiento interior de volver a nacer hasta la perdida de la esperanza.
¿Por qué les he dicho todo esto?
Al ganar el Oscar, Cuarón dibujó una sonrisa en millones de mexicanos, que orgullosos de su nacionalidad, saltaron de su asiento con victorias al (ojo) primer mexicano, y, primer director latinoamericano en ganar un Oscar como mejor director en la historia del premio fuera de la Categoría de Mejor Película de habla no inglesa. Para la gran mayoría, la expresión (y muy válida y respetable) fu destructiva hacia la película. Por que los mexicanos siempre tenemos en nuestro sistema, ese extraño gen que nos mantiene expectantes al fracaso, e indiferentes al éxito. Es probable, que esta situación se deba, en muchas ocasiones, a la falta directa de esas situaciones de éxito, que nos hacen ver el lado amable de ello, y que nos sentimos completamente extraños a las victorias.
¡Un logro para el cine mexicano!, exclamaban la mayoría, cuando tristemente Cuarón al que menos le debe es al Cine Mexicano. El esfuerzo y el gran pundonor que tuvo hacía si mismo, fue, siempre, el gran combustible que Cuarón mantuvo en sus proyectos, y que si no fuera por Lubezki, no habría ningún tipo de tinte mexicano en sus obras, por lo tanto, es muy denigrante y simplemente poco ético que el Cine Mexicano quiera, o pretenda, colgarse un premio que solamente es logro de Cuarón; que demostró con “Y tu mamá también” que a los mexicanos nos encanta el cine basura, sin argumentos fieles, pero necesarios para sacar nuestro lado más corriente como los famosos “Charolastras” Cuarón (indirectamente, eso es seguro) evidenció de nuevo que la mayoría de las personas que ven el cine en México, son simples, completamente complacientes y demasiado básicos.
Y es aquí donde de nuevo, los extraños reveses que tiene el sentimiento mexicano juegan un papel completamente extraño.
Muchos, se sintieron ofendidos por que Cuarón no siguió los pasos de Roberto Benigni cuando gano el Oscar por la “La vida es bella” hablando en italiano ante el desagrado de los miembros de la academia y el beneplácito del cine italiano (que es bien sabido, no tiene una buena relación con la organización del premio). El siempre extraño Nacionalismo que tenemos los mexicanos nos juega otra mala pasada. Cuarón, no le debe nada a México (como país) le debe a su sistema, maestros, y familia que lo hicieron un hombre que nunca bajo la mirada ante las adversidades, y que corrió los riesgos suficientes para llegar a donde llego, únicamente, por su esfuerzo. El pretender, o pensar, que todo lo el éxito de un mexicano, debe ser acuñado para todos, es un error tan grande como las explosiones de Gravity.
El 99% de las personas que vieron Gravity en México pensaron que fue una porquería, pero el 100% se sintió ofendido por que Cuarón olvidó sus orígenes y no agradeció a la madre patria (pero si a su mamá, en español por cierto) que no debe sentirse ofendida por verse de lado, al contrario, debe sentirse agradecida por demostrar que aunque sean pocos los reconocimientos, existen mexicanos talentosos que así como él, se encuentran en la espera de una oportunidad para labrarse un camino.
Como siempre, el México moderno se encuentra, hasta en el orden de las ideas más básicas, completamente confundido.
Cuarón es un director mexicano que siempre vivirá paradójicamente entre su esfuerzo, y un nacionalismo pendejo.
Hasta la próxima.


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