Algo los hace diferentes. Pero no su condición. Jamás su estado físico. A estos pequeños angelitos los hace diferentes que viven y transforman la vida de la gente que los rodea. Son amorosos, tiernos, comprometidos, todos sus segundos se vuelven un reto, pero como los guerreros que son, cada uno de esos segundos lo superan sin ningún tipo de preocupación.
Viven en un mundo distinto, en un mundo de magia. En un mundo que les enseña todos los días algo que nosotros, en nuestra «normalidad» perdemos: La capacidad de sorprendernos.
A ellos, a todos y cada uno de esos hermosos ángeles les debemos un abrazo enorme, no por que lo necesiten, sino por que nosotros necesitamos de su amor y que solo ellos pueden entregarlo de la única forma que debe darse: Directamente del corazón.
En su día, el equipo de Permanencias Voluntarias les envía un enorme abrazo.


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