Creo que si vamos buscando una forma de ser por el mundo; analizando país por país; cultura por cultura, nunca, jamás, encontraremos una tan extraña, bizarra y sobre todo, multicolor como la mexicana. La presencia siempre de ese tan extraño sentido del humor, inundada de ese sentido ácido de las cosas, provocado siempre por la falta en ocasiones de sentido común, vuelven al pueblo mexicano el blanco en muchas ocasiones de críticas mundiales, sobre todo por su forma de actuar.
Interesados, albureros, groseros, y sobre todo, faltos completamente de sentido de la cultura en otros países; los mexicanos encontramos la forma de “sacar el cobre”, siempre, con ese folclor característico y extraño que tenemos TODOS los mexicanos.
En el mundial de fútbol Brasil 2014, los ojos del mundo se encontraban dispuestos para ver uno de los partidos más esperados de la primera ronda. Para los brasileños, un trámite que solamente valdría el boleto. Para los mexicanos, el orgullo y el pundonor de poner en su lugar al equipo multi campeón y favorito por sobre todos por ser el anfitrión. Y para los mexicanos que no gustan del fútbol, la oportunidad de mofarse de los que si. Sin embargo, el mundo entero se detenía al ver como el peor postor se ponía con Sansón a las patadas. México salió motivado por un inexplicable sentido de paternidad que le daban las dos finales anteriores. Brasil, salió temeroso ante un público que se quedo con el grito de gol ahogado en la garganta por culpa del inolvidable Memo Ochoa. Brasil y México repartieron puntos en un partido parejo, donde la hegemonía del país carioca comenzaba a palidecer y hacía evidente de nuevo que la distancia futbolística entre países se encuentra cada vez más corta.
Pero, fuera del fútbol, ahora, lo que llama la atención no son los pases de Neymar o las atajadas de Paco Memo. De lo que nos toca hablar, es, simplemente, ese siempre “alegre humor mexicano”.
El portero toma el balón. Siempre pensativo. Siempre serio en su posición. Los silbatos, gritos, y ensordecedores instrumentos de ruido comienzan a sucumbir ante un grito que comienza desde lo más hondo del pulmón mexicano.
“Eeeeeeee”…
Comienza a escucharse lentamente. El portero levanta el brazo intentando acomodar a sus jugadores ante ese silbante grito que ya se ha convertido en una ola verde de fulgor. A pasos agigantados comienza su carrera hacía atrás, dando las ultimas instrucciones. Comienza a correr. El grito de guerra de los aficionados mexicanos se hace a cada momento más estridente; tan poderoso que ensordece a todo el estadio. El portero golpea el balón después de 5 metros de veloz carrera, y a la par de que golpea el balón una palabra altisonante se desprende también de la garganta de la marea verde.
“¡Putooooooooooo!…” – gritan todos eufóricos.
Todos los aficionados mexicanos gritaron al unísono, ante la expectativa de muchos y el desagrado de miles más.
Lo interesante de todo esto, aparte de la situación, es, que lo más espantados son los mexicanos…. Pero…. ¿esperen?….¿¡Los mexicanos!?
Caracterizado por ser un país de contrastes tan exagerados como irreales México siempre vive caminando sobre esa delgada línea entre la moralidad y el desapego a lo que cultural y políticamente es correcto. Y es que no existe una sola persona en este país que en algún momento haya dicho (o pensado) alguna de las siguientes frases:
– ¡Ah que puto frío! (hace mucho calor)
– ¡Ah que puto calor! (hace mucho frío)
– ¡Que puto eres! (No tienes el valor de hacer las cosas)
– ¿Kiobo puto?…¿Cómo estás? (¿Qué paso?, ¿Cómo estás?)
– ¡Que putos huevos de ese cabrón! (Que tipo tan valiente)
Pocas personas, son las que no ocupan dicha palabra para expresarse de alguna cosa, alguna situación, algún sentido; sin embargo, extrañamente, en este momento, se les ha olvidado, ¿Por qué?…¡Por el puto fútbol!
En México al parecer, en los últimos años, el ser, conocer, o manifestar un cierto agrado por el balompié o sus anexos, es motivo suficiente para ser llamado, ignorante, borrego, controlado por el sistema, y todos los etcéteras que puedan agregar. Y es que desafortunadamente, todos en este país, aún no comprendemos que solamente dos horas de un partido, o un mes cada cuatro años (si, leyó usted bien, UN MES CADA CUATRO AÑOS) no son los causantes de los problemas de nuestro país, que siempre son y serán más profundos que una pelotita y veintidós jugadores.
Efectivamente, se debe aceptar que la palabra Puto, en nuestro lenguaje se ocupa para referirse de forma agresiva y vulgar a los homosexuales; haciendo siempre referencia a que el puto será la persona que no tiene valor, coraje o simplemente no se atreve a nada. Sin embargo, también, la mayoría de la sociedad debe aceptar que la referencia que se hace en un partido de fútbol no se hace en ese sentido.
Pero como siempre, el sentido derrotista de nuestro país vuelve a jugarnos una mala pasada. Para muchos, la expresión vulgar (aceptémoslo) se convirtió de nuevo en la expresión fidedigna de nuestra cultura retrograda, sin sentido y siempre mal protagonista; para otros, simplemente dimos la nota como un país falto de una cultura y tolerancia a los homosexuales. La cuestión es que, de cualquier forma, cualquier expresión, siempre nos parece mala.
Cuando surgió el “Si se puede” (que cabe aclarar, no fue en el fútbol, sino en el béisbol) hordas y hordas de gentes lo gritaban para alentar a su equipo a ganar; sin embargo, otro sector lo veía como un cántico de una derrota adelantada; entonces, ¿no se puede?, por que Si sí se podía, no era por ser mejores, sino por que el de enfrente fue menos peor…¿Entonces?…¿No se pudo?
México necesita desesperadamente una forma de reencontrarse con su valor. Las condiciones políticas, sociales, económicas y sobre todo, de seguridad, nos mantienen siempre en ese filo interesante entre el optimismo equivocado y desbordado, y ese sentido mediocre de siempre estar buscando una forma de seguir en una realidad completamente avasallante. No se trata de putos, o no putos; se trata de la ilusión (futbolísticamente hablando) de un partido más, de una trascendencia que se busca desde hace muchos años y que cada cuatro años deja el mismo sabor de boca agridulce en nuestro corazón.
No cabe duda que México siempre será un país de múltiples contrastes. Nuestras prioridades siempre se encuentran completamente dispersas en un ventarrón de ideas que siempre nublan lo realmente importante, y aquí, lo importante no es un partido de fútbol. De nuevo, como siempre sucede, se vende al mejor postor una parte de la identidad nacional, no por que el decir groserías lo sea, sino por que en el momento exacto donde los intereses se ven dispersos por la opinión pública, el mexicano, vuelve a polarizar su sentido común y se vende a lo que diga la mayoría, para no vender su alma al diablo, para no condenarse ante la sociedad.
Es aquí la razón por la cual, nuestros movimientos sociales no tienen un eco específico, por que siempre estamos jalándonos hacía un lado y hacía otro, en un estira y afloja civil que siempre nos divide y nos mantiene completamente dispersos. Hoy es una expresión, que como lo dije al inicio de este escrito, todos decimos, pero como se dice en un deporte odiado por millones, es condenable, reprochable, en un México moralino en el que vivimos, donde ahora lo gritamos y mañana rogamos que esa palabra no exista y borrarla de nuestro léxico en esa, como siempre, extraña sensación de desapego a todo.
Ser puto o no, es completamente decisión de cada persona. Como decía mi abuela, las mentadas de madre son como las llamadas a misa: Va el que quiere; aquí lo importante no es en sí una palabra, es, como siempre, esa estúpida necesidad que tenemos los mexicanos de ponernos unos contra otros por un PUTO y simple partido de fútbol.
Hasta la próxima.

Deja un comentario