telefono celular

Si en algún momento de la creación del hombre, en cualquiera de los puntos de la creació, alguien, la deidad que queramos, hubiera tenido la delicadeza de colocar un poco de sentido humano más arraigado en nuestra mente, corazón y espíritu, lo hubiéramos agradecido. Por que es indudable que en esta época digital, la carencia de humanidad se hace evidente video tras video, imagen tras imagen y cada día nos sorprendemos más y nos extraña menos la maldad y la frialdad de las acciones del ser humano.

Hace muchos meses me encontré un video en YouTube. El título era “Que perra suerte”. En metraje, un grupo de “chavos” como de secundaría se encontraban cerca de un árbol carcajeándose y gritando de forma escandalosa. La toma se aclara y sale enfoca la atrocidad que realizaban con singular alegría. Los «Chavos» golpeaban de forma criminal con una rama a un pequeño perro que se encontraba agazapado en la base del árbol; entrecerrando los ojos con cada golpe, mientras uno de ellos lo picaba con una varilla de metal en su cuerpo. Uno de ellos lo pateo en la cabeza mientras el cachorrito emitía un quejido fugaz. Los minutos parecen eternos al ver esas imágenes. Uno grababa mientras dos señoritas más se reían a carcajadas. Hasta ese momento mi sorpresa no se sació. Al estar a pocos minutos del final escuche, las palabras más inquietantes que pude escuchar un domingo por la mañana: ¡Mátalo!, grita uno de ellos. Otro de repente aparece con un hacha con una sonrisa extraña en el rostro, y pues, ustedes se pueden imaginar el oscuro final.

Me regrese sobre los minutos y me detuve en la expresión del “chavo” que dio la orden. El ver su risa. El escuchar su petición. El simplemente ver como unos jóvenes perdían el sentido de la proporción entre lo bueno y lo malo, me motivó a seguir observando su expresión una y otra vez tratando de buscar una explicación en ella.

Cobardes como su acto mismo, todos comenzaron a dispersarse segundos después de la ejecución terminando el video con un: “jajaja no mames, ¿viste como chilló?

Al ver eso quedas frío. Completamente sin palabras. Confundido. Al mismo tiempo, mientras mi mente intentaba buscar una respuesta, me venía a la mente una de las escenas de la película “El abogado del diablo” con Al Pacino y Keanu Reeves:

“Nadie puede negar que este siglo ha sido enteramente mío”

Le grita Pacino a Reeves enfundado ya en su personaje de Satanás, glorificándose por el argumento, riendo de forma tétrica, como el gran actor que es. Y es que fuera de todo argumento teológico, fuera de toda religión y simbolismo, Pacino hablaba de la maldad del mundo, de la maldad que existe cada día, a cada momento en cada acción…. y ¿saben?, creo que tiene razón.

Y mientras esas imágenes golpeaban mi mente, yo seguía observando esa sonrisa en mi monitor, de la misma forma, aterrorizándome más a cada momento.

En nuestros días, los elementos digitales nos han permitido tener de primera mano el control de nuestro entorno a base de mensajes y fotografías etiquetadas. Con ello, y con el simple hecho de pulsar el botón de “SEND” podemos enviar cualquier tipo de información, aún, la más denigrante. El denostar, o simplemente mandar información falsa sobre cualquier persona, se ha vuelto la situación más sencilla y desafortunadamente, la mas común.

Hemos perdido la humanidad y al parecer no nos hemos percatado de ello. Lentamente, el mundo se vuelve más insensible y menos preocupado por los demás. Si vemos un accidente automovilístico, es más fácil sacar el teléfono y tomar un video de 30 segundos; que correr a prestar auxilio a las personas del altercado. ¿Por qué?, por que simplemente nos hemos volcado a una edad de piedra digital, donde, el sentido humano se encuentra de nuevo en la informalidad de los momentos y la siempre hegemonía del “LIKE”, donde nos vaciamos lentamente en sentimientos y maduramos en maldad.

Nuestra tristeza se convierte en burla. Nuestro dolor se convierte en repetición instantánea. Nuestro sentimiento, solamente en una razón.

 

Hace unos días en México vivimos otro capítulo triste que empaño la tranquilidad de un día “normal”. Una doctora del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) fue levantada, torturada, y dejada a su suerte en uno de las actividades “normales” de nuestro país, donde el secuestro de nuestra mente y corazón se ha vuelto una moneda de cambio.

 

La doctora que fue torturada de una forma criminal, apareció en medios nacionales e internacionales como la víctima de una venganza. Los cortes. La sangre. La acción, fueron suficientes para que medio país se lanzara a responder de forma moral a lo que aparentemente era un detalle de la delincuencia. En redes sociales, noticias, y hasta el mismo IMSS, se pronunciaron por este acto, condenando la acción y reprochando al gobierno por su falta de acción.

 

La falta de humanidad, la crueldad, y la evidente falta de razón ante lo que al parecer era una venganza, de inmediato accionó ese instinto que tenemos los seres humanos.

 

Sin embargo, las cosas se complicaron más allá de la cuenta. La víctima de esta situación, al parecer, se infringió todas esas heridas en represalia a la ruptura de una relación sentimental, poniendo en tela de juicio nuevamente la coherencia de lo que circula en la red como algo fidedigno, colocando de nuevo en el ojo del huracán lo mismo que ha provocado en los demás jóvenes del video: la indiferencia. Y es que al conocer la noticia de que todo al parecer fue una farsa, las personas comienzan a golpear en su mente la idea de que hacer filiación al dolor ajeno es inútil, por que, probablemente el día de mañana podrá existir otra historia que nos haga ver estúpidos y vulnerables a cualquier personas que pretenda (en el caso de ser verdad) llamar la atención.

 

Nuestra falta de humanidad nos ha orillado a un huracán de sentimientos encontrados todos los días. Jóvenes asesinando a sus padres por unos cuantos pesos. Cuerpos delictivos ejecutando a propios y extraños en plena fiesta familiar. Seres humanos torturando y matando a indefensos animales de forma violenta solo por el placer de matar; son las imágenes que se ven cada día y cada momento, haciendo increíble el observar, como el ser humano perdió ese instinto de proteger al prójimo, haciendo más increíble aún, como, a pesar de todos los detalles que vivimos a diario, seguimos empecinados en llevar a nuevas generaciones a ese mismo odio por la sociedad y todo lo que ella representa.

 

En la calle vemos a niños pateando perros a diestra y siniestra ante la mirada y risa de sus padres y repudio de la sociedad. Vemos jóvenes golpearse de forma criminal sin que nadie intervenga en ello. Vemos personas estacionarse en lugares de discapacitados sin serlo, y siempre, en cada uno de los segundos de nuestra vida, vemos como lentamente, la humanidad se ha perdido.

 

Debemos detenernos en esta ruta de dolor y sangre que solamente alimenta más odio entre los seres humanos, provocando a la vista de las nuevas generaciones como algo común el odio y la apatía a su entorno, como el lamentable hombre que hace posar a su hijo con una cabeza humana, como un chiste, como una forma de vida.

 

El mundo girará en medida de que nosotros los seres humanos pretendamos seguir su giro, por que los días se vuelven más cortos mientras los minutos pasan de forma acelerada, y seguimos perdiendo el tiempo en un mundo, donde desafortunadamente en alguna parte del camino, en algún momento de nuestra historia, perdimos la humanidad.

No pierdan la oportunidad de maravillarse por algo, de ayudar a alguien, de simplemente sonreír  ante cualquier situación, no lo sabemos, si probablemente, el día de mañana necesitemos esa humanidad, que lentamente, se nos está olvidando.

 

Hasta la próxima.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Permanencias Voluntarias tiene como única prioridad ser un nuevo canal de comunicación comprometido con toda su audiencia y con la verdad, creando contenidos dinámicos que lleguen a cada uno de los rincones digitales del mundo.

La frase de la semana

Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul (…) Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar.

Juan Rulfo 
Novelista y cuentista mexicano.