Definitivamente cada una de las generaciones tenemos algo que recordar. Todos hemos platicado con nuestros abuelos, con nuestros padres, con nuestros amigos; y la mayoría coinciden que el cine les dio un poco de identidad a sus vidas, a su generación. Ben Hur, La Guerra de las Galaxias, ET: El extraterrestre, El Padrino, Cara Cortada, son algunos ejemplos claves del gran crisol que tenemos, y que siempre saltan a nuestra mente como el ejemplo ideal para cualquier anécdota. Pero con el paso del tiempo, con el avance de la tecnología, muchos, demasiados sueños inalcanzables de nuestra niñez, lentamente se vuelven tangibles.

El año, 1995. La empresa Marvel se declaraba en una bancarrota inminente. La pérdida de muchos de sus activos, así como las bajas ventas de los tirajes principales la llevaban lentamente a un abismo fiscal del cual pocos han salido. “Civil War” la última de las series épicas de la marca, presentaba buenas ventas, pero (como ese arquetipo de desastre) no lo suficiente para lograr un rescate económico sustancial. Para 1996 la bancarrota era inminente, y según los especialistas, la empresa no sobreviviría al siguiente año lo cual terminaría con una de las empresas de entretenimiento más emblemáticas de todos los tiempos.

DC comics, su rival “natural” no se encontraba en mejor situación. Las patéticas adaptaciones de Batman después de la mágica primera parte de Burton, habían dejado al borde de los números rojos a una empresa que tenía únicamente en el Hombre de Acero y el Caballero de la Noche a los pilares esenciales que disminuían en calidad mientras pasaban los años y las taquillas.
En 1998, Marvel y DC se encontraban amenazados también por un género que lentamente pisaba sus talones y que a pesar de ser parte del mismo tronco editorial, no estaba teniéndo la piedad necesaria de la hermandad. Así, la Novela Gráfica se convertía en otro hoyanco difícil de librar para las empresas que no encontraban una fórmula para salir adelante. En ese año, en septiembre para ser exactos, Marvel da la campanada. Fox Media, compra los derechos de una de las franquicias principales de la empresa: Los X-Men. La noticia, si bien no fue concebida como una panacea, ya que la Warner Bros., tenía ya en su haber varías películas de Batman; si fue un reto técnico de monumentales proporciones. Para los críticos fue simplemente una patada más de ahogado. Para los fans fue simplemente una afrenta a sus expectativas. Y para los demás era simplemente una nueva oportunidad de identificarse con algunos personajes hasta ese momento olvidados por la “cultura general” pero amados por la fanaticada de hueso colorado.
Pero… Los milagros suceden y en Hollywood no hay excepción.
Los X-Men en su primera semana de estreno cautivaron al público y se embolsaron más de 100 millones de dólares; salvando a la Marvel de la quiebra (así como lo hicieron de forma paradójica Los Simpsons con la cadena Fox con su primera temporada), por lo tanto, la idea seguía en el aire y la pregunta comenzaba a coquetear con el destino en un argumento tan tangible como sus escenas: ¿Es el comic el futuro del cine?
Pasaron los años y Marvel seguía dando porrazos interesantes a diestra y siniestra: Spiderman (Sony, 2002) fue otro de los golpes acertados que dio la empresa (monetariamente hablando. Talentosamente hablando, no tanto) y es que a pesar de la gran cantidad de telerañas que lanzó el personaje arácnido, sus películas fueron entretenidas sin pasar a ser trascendentales. Sony se hizo de los derechos de uno de los personajes más queridos de la orbe y lentamente se alzaba con otro de los bastiones de la empresa de comics, que veía en la venta de sus personajes dividendos interesantes pero sin un esquema de identificación a ellos pasando más allá de la mercadotenia habitual.
Un personaje como Blade, de la mano de Wesley Snipes y de Guillermo del Toro, se convirtió en un referente interesante sobre los superheroes que no siempre tienen que ser blockbusters para ser aceptados. Sin City, de Robert Rodríguez, nos entrego universo gráfico inimaginable de luz y color aderezado con esos altibajos de ritmo impresionantes característicos del director, sin dejar de lado al enorme héroe rojo Hellboy del también mexicano Guillermo del Toro, que se convirtió ya en un referente del cine de superhéroes.

En ese sentido, Marvel vendió otras franquicias interesantes, pero que desafortunadamente ni en taquilla ni en agrado al público tuvieron eco. Los 4 fantásticos, Elektra, Linterna Verde y Daredevil son el claro ejemplo de que no todas las formulas son adecuadas, ni todos los elencos (por sonoros que sean) podran sostener un film, dejando a todos con un miedo natural al ver como lo que toca Afleck (actoralmente hablando) se vuelve un fracaso rotundo, sobre todo, al tener a la vuelta de la esquina el esperado reboot de Batman.
Por otro lado, DC comics ha sido siempre una empresa «estable» si de adaptaciones hablamos. Los derechos de sus películas, y de las marcas referentes la han mantenido en el gusto del público, y lejos del olvido del papel. El tener en sus filas a dos de los superhéroes más importante de la historia, lo convierten de inmediato en una maquina de dinero. Sin embargo, ante el gran embate de películas mutantes, la marca del hombre de acero comenzaba a relegarse un poco, teniendo, en el Superman de Reeve la última versión masiva de un personaje emblema, que muchos años después encontró la luz en la oscuridad de un personaje gótico.
En 1989, la mente retorcida, oscura y siempre talentosa de Tim Burton nos entrego por primera vez al Caballero de la Noche de forma muy elocuente. Sus contrastes siempre herméticos. Sus argumentos oscuros, y la magia de dos superestrellas en el reparto, colocaban de nuevo a DC en el mapa de esta carrera por nuestro gusto. La cinta fue obviamente un éxito, y la formula Burton-DC al parecer tenía más tela de donde cortar. Un Batman regresa fue la segunda parte y la lápida que hundió las pretenciones de Burton que pretendió tener una tercera parte, pero las condiciones que se colocaron en el papel lo impidieron. Las fátidicas Batman eternamente y Batman y Robin fueron para muchos de los expertos, la sepultura del Caballero de la noche, que perdió el sentido oscuro innato de su personaje, convirtiéndose en un carnavalesco cúmulo de colores, con dos de los Batmas más infames de la historia: Val Kilmer y George Clooney.

Sin embargo, hasta el más oscuro de los superhéroes, tiene una luz al final del túnel.
Nolan anuncio de forma acelerada que planeaba el reboot de la franquicia. Muchos, observaban con recelo dicha aseveración teniendo pocas esperanzas y demasiadas pretenciones, sin embargo, el resultado fue el más satisfactorio de la era moderna. La franquicia recomenzaba alejada de los tintes fantásticos del comic, pero, se adentraba de forma dramática a la vida y esencia del personaje magistralmente interpretado por un camaleónico Cristian Bale. Batman inicia despejaba las dudas dejando por delante un amplio y fértil terreno que el Caballero de la Noche, y el Caballero de la noche asciende utilizaron exponencialmente bien. Una de ellas (El Caballero de la Noche) le entrego el primer Premio Oscar a una película de superhéroes. Heath Ledger, para muchos, el mejor Guasón de la historia, se encargó de entregar en su enorme y brillante actuación la cereza al pastel de una vida de intepretaciones medianas pero con un carácter impresionante; el actor encontró en su muerte el Olimpo y ese lugar con letras de oro en la historia del cine.

Y con la formula comprobada, otro de los titanes debía ponerse en escena. El Hombre de Acero (se le dio ese nombre al film como cábala) llegaba de la mano de un Zack Snyder y con la producción de Nolan bajo la manga. La dupla trajo a la pantalla la mejor adaptación en mucho tiempo, olvidándonos así de la terrible Superman Regresa, con un Superman maduro y completamente alejado de la pantomima entre Clark Kent y su alterego. El General Zod y elementos gráficos impresionantes, dejaron a más de uno complacido con la entrega que desde su concepción, se había convertido en la última oportunidad para el hombre de acero.
La Generación comic se encuentra más fuerte que nunca, tanto así, que por primera vez en la historia, los saltos y crossovers entre la pantalla chica y la pantalla grande se han convertido en una obligación.
Smallville, narra la vida y obra de Superman en el pequeño poblado homónimo de la serie desde su llegada hasta su vida adulta. Arrow, narra la vida de Oliver Queen (Green Arrow) y su combate contra el crimen después en una vida de redención. Agents of Shield, nos lleva al centro de las operaciones de Shield, antes, mucho antes de los eventos que se llevan a cabo en los Avengers. Gotham, sin lugar a dudas la adaptación más inteligente sobre la vida de Ciudad Gótica antes de Batman. Flash, que al parecer se está apuntalando de forma importante como un referente para los films de Justice League. Daredevil para Netflix se convierte en el primer superhéroe que se arriesga en el streaming, y a últimas fechas, la muy sonada, pero al parecer poco éxitosa Constantine cierran la pinza de bastiones en la pantalla chica de los comics y su inegable presencia ya, en esta era.
Pero si todos estos datos fueran pocos, Marvel tenía deparado un as bajo la manga impresionante.
Hulk comenzó su travesía en el mundo del cine moderno con una adaptación aceptable de la mano de Ang Lee, con una segunda parte no tan afortunada, de la mano de Edward Norton. Iron Man, comenzó a apuntalarse como ese antihéroe simpático y quebrantable de la mano del talentoso Robert Downey Jr haciendo parecer que el personaje fue creado a su imagen y semenjanza. Kenneth Branagh sorprendió con su estilo técnico con la inimaginable Thor. Y dejando a lo último, pero no por ser menos importante, se encuentra el Capitan América en una intepretación sencilla por parte de Chris Evans, pero muy parecida al Steve Rogers plasmado en las páginas del comic. Ustedes se preguntaran: ¿Qué tienen en común?

Todas estos films se realizaron por separado (aunque de fortuito no tiene nada, ya que los segmentos post-crédistos propios de estas cintas delataban un plan maquiavélico) en el margen de la mayor transacción entre empresas. Disney, el Rey Midas del espectáculo, compra por 4000 millones de dólares la empresa Marvel junto con todos los derechos de todos sus personajes. Marvel, ya salvado de la quiebra, ve en esta alianza la forma perfecta de seguir produciendo personajes y la oportunidad para seguir colocando con letras de oro su nombre en la historia.
Avengers, el primer proyecto de Marvel con la empresa del ratoncito, se convirtió en un éxito inmediato. 2600 millones de dólares son la cifra final de una taquilla histórica, sobre todo, crucial para determinar la Generación Comic, con decenas de Crossovers por haber, y decenas más aún (rompiendo los esquemas tácticos-económicos de intereses de las empresas) con películas como los X- Men, nos marcan el inicio de una década, que será, sorprendente.
Guardianes de la Galaxia, que fue un éxito en taquilla, no nada más en Estados Unidos, sino en el mundo entero, y se ha convertido en la nueva estafeta de esta unión Marvel-Disney. La creación de un film incomparable, sátiro, emotivo, pero a la vez reflexivo, sigue aplicando con certeza que solamente los comics pueden darse el lujo de romper esquemas básicos de entretenimiento y ser un éxito inmediato.

A mediados de noviembre, la lucha entre DC y Marvel llego a su punto más álgido. La presentación de Marvel de más de una decena de películas de aquí al 2020 incluyendo los esperados Dr. Strange y Black Panther, hicieron que DC anunciara su esperada Batman vs Superman: Dawn of Justice, Wonder Woman, y Aquaman entre otros, completando así un esquema gráfico competitivo, donde Star Wars episodio VII: The Force Awakens es el más cercano “rival” que pueda equilibrar la balanza, donde nuestros hijos brillaran con las glorias que nosotros soñamos.
La Generación Comic se apuntala lentamente; los deseos de todos los creadores de ver tangibles en la pantalla grande a todos esos grandes y enormes personajes, ya no son efímeros, sino que se han convertido en simplemente un paso más en la historia del cine; una estafeta enorme y fascinante; una siempre hermosa Generación Comic.
Hasta la próxima.



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