peña

No sé qué pensaría al ver mi figura arder en una efigie ante miles de miradas enardecidas. Creo que cualquier persona en sus cinco sentidos sentiría por lo menos un hueco en el estómago al ver esa escena. ¿Terror? ¿Desesperación? ¿Tristeza?…¡No lo sé!…Lo imporante es que gobiernas un país donde el 80%  te odia sin ningún tipo de clemencia. 10% la verdad le vales madre. Y el 10% que queda, pues tiene miedo a decir que le agradas por qué el 80% se enoja y arremete contra ellos y su «visión equivocada de pais» entrando a este circulo vicioso de ideales mexicanos medio confundidos. Sin embargo, al parecer, la clase política nuestro país se encuentra completamente inmune a este tipo de actos, como si soportar el odio y encono del pueblo fuera parte del perfil profesional de un puesto con menos credibilidad que las cuentas de tu esposa, que dicho sea de paso,  entro con bombo y platillo a ese siempre interesante ejercicio de desdén político.

Es obvio que no eres pendejo. Vaya, creo que para llegar a ser presidente se debe tener un cierto grado de estudios; que si puedes comprobar o no, es poco relevante en un país donde los resultados deben salir de la manga más allá del saber el uno más uno. Y es que a pesar de que se desagarren las vestiduras todos los “intelectuales” del país, tú debes tener por lo menos el grado sensitivo de lo que se debe hacer, y el cómo se debe mover a un país de forma ecuánime sin apasionamientos, y sobre todo, con el firme principio de la legalidad en la mano. Pero al ver tu desarrollos, creo que gobiernas un país que desconoces un poco. Vives en un país donde la gente subsiste de un sistema que odian en todo sentido, pero que todos, o la gran mayoría, se han visto favorecidos por las pocas dádivas que da un sistema, sintiéndose, de una forma incongruentemente extraña,  con los suficientes argumentos académicos para pedir tu renuncia desde trincheras diversas; desde diferentes lógicas; pero con el mismo sentimiento mi querido copete de membrillo: Tu renuncia.

Prometiste mover a México hacía un mejor futuro; y por primera vez una promesa de campaña fue cumplida. Por primera vez haz unido a un país. Por primera vez vamos todos en un solo sentido,  ¡Claro!… con todo ese aire camorrero que nos caracteriza; pero tu sola persona ha movido lo que solamente el fútbol y la religión mueven, en un México que se caracteriza por ser un país entregado, con pasión, con pundonor, pero muy tonto al ejercer justicia social.

Nada tiene que ver tu ineficacia como servidor público, este sentimiento va encausado más a tú dogma partidista que hasta el momento no te ha llevado a nada; es más; te hunde lentamente, a cada momento.

Eres un presidente de un «Nuevo PRI» con tácticas de un viejo PRI que no quiere morir. Parece que no te has percatado que ya no debes actuar fingiendo ignorancia como las figuras de antaño; simplemente, porqué todos tus pasos son seguidos por miles de personas que están esperando algo para seguir denostando tu gobierno en este desafortunado ciclón de irresponsabilidades gubernamentales.  Ese PRI demagógico y pendejo que envolvía a todos los habitantes de una colonia, comprando su lealtad con algo tan barato como unas palabras bonitas ya no cabe en una era donde toda la información está a un click de distancia. ¡No debes hacer eso Quique!,  si quieres salvar por lo menos un poco de tu gobierno, bájate de esa nube trapera de “ideales” partidistas y date cuenta que solamente debes ver por un solo bien común: El pueblo de México.

Sin embargo, ese pueblo mexicano que tanto pide tu renuncia no es un dote de santidad, también tiene mucha tela de donde cortar, sin mencionar que no son un faro de buenas decisiones y costumbres. Somos una sociedad que exige tu salida, pero que no tiene la madurez para enfrentar un cambio social tan sistemático si renuncia un presidente. La presidencia es más que un hombre, pero debe existir, ante la ausencia de una figura de poder, alguien más que «nos represente» tanto para dentro como para fuera y eso, te puedo apostar, que la misma gente que pide la cabeza de un sistema, no tiene la menor idea de que pasará cuando suceda este esperado hecho.

¿Debes irte?…¡Claro que si!… para demostrar que por fin la democracia en este país tiene un resultado fidedigno, y que si más del 50% del país no te quiere ahí pues debes irte; por dignidad; por valor civil; y sobre todo, por sentido común.

La muerte de los 43 normalistas (que no son mártires, son solo parte de la fatídica estadística de esté país) te cayeron como un balde de agua helada, demostrando de nuevo el inoperante aparato político de este país. Diste la cara varias semanas después a pesar de estar de pie en el hielo más delgado que ha pisado un presidente en muchos años, y el no atender un «dolor nacional» habla muy poco de tú valor como persona, como ser humano, como presidente, en una presidencia que probablemente tenga muchos aciertos más allá de Ayotzinapa,  la inseguridad en el país, la corrupción, las casas blancas y demás porquería que salga al paso,  pero que siempre se encontrará opacada por el  “crítico” y ambivalente sentido común del mexicano; que hoy golpea, denosta, y odia, y mañana llenará los estadios enfundados en su camiseta roja (o el color que sea) con  una torta en la  mano, y las esperanzas al vuelo, adelantando un poco esa efigie a la inversa propia de cada seis años.

Debes, rodearte de personas que tengan el valor de decirte: ¡No digas eso! O de gente que te diga…¡No mames pinche Quique, neta si ponte a leer un rato más! pero que no te dejen cometer actos tan lamentables de decirle a todo un país: ¡Ya supérenlo!. Eso mi estimado, vaya, ni en el más pendejo de los sentidos comunes se dice; porqué si a ti te tiene harto el tema de Ayotzinapa, imagina como está un país con tantos años de hartazgo social.

¿Debes renunciar?…¡Claro que si! Para demostrar que por fin algo funciona en México. Las marchas, la presión social, la política de las calles será a lo que deban temer los gobernantes (corruptos y no) de hoy en adelante y donde tu podrás pasar a la historia como el primer presidente del PRI que le abre oídos a un pueblo enardecido; un pueblo que si, ya está cansado. Debes renunciar para darle al pueblo la oportunidad de tomar el control y donde por fin, también se den cuenta, que las peticiones se hacen de una forma ordenada, establecida, sistematica,  más allá de los sentimientos arribistas de algunos, y el romanticismo de una causa, más allá de un sentimiento nacional.  Renuncia con la convicción de que con esa firma entregaras un mejor país a nuevas generaciones; y no porqué las marchas y paros sean la solución; renuncia porqué estarás entregando al futuro un México de convicciones férreas que probablemente nos entreguen como sociedad, la responsabilidad de tomar con seriedad la justicia y el juicio de que estamos todos tan sedientos. Renuncia por qué simplemente, a pesar de que lo hagas, seguiremos hundidos igual que siempre en un mar de dudas, de incertidumbre, de dolor, porqué tenemos la estúpida idea de que el bienestar del país recae en un solo hombre.

¿Qué debe hacer Sr. Presidente Enrique Peña Nieto? Debe hacer lo que es lo políticamente correcto: Aceptar que no se puede más y que es momento de que la sociedad tome la responsabilidad de sus acciones.

Debes hacer, lo que simplemente, ningún político ha hecho: Tener un poquito de madre.

Hasta la próxima.

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La frase de la semana

Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul (…) Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar.

Juan Rulfo 
Novelista y cuentista mexicano.