Michael Keaton

Reinvención y profesionalismo

Por Edel López Olán

La noche del domingo 11 de enero, se llevo a cabo la 72ava entrega de los premios Golden Globe en Hollywood, premios entregados por la prensa extranjera a lo más destacado del cine y la televisión americana y punto de partida a la temporada de premios de inicio de año. Varias sorpresas agradables invadieron la noche. Un George Clooney dando una excelente lección de amor, fe, y humildad se contrapuso con ese estilo hilarante, mordaz, y frío de Tina Fey y Amy Poehler, en una noche llena, como siempre; de risas, llanto y carcajadas, dentro de un glamour de Hollywood, tan criticado, como venerado.

En lo particular, me quedé  complacido al ver cómo uno de mis actores favoritos regresaba con bombo y platillo de la mano  de uno de los discursos más conmovedores de la noche: Michael Keaton

Interprete para los que no lo conocen por su nombre, del primer Batman de la gran pantalla, Keaton, el actor nacido en Pensilvania, gano el Golden Globe a mejor actor por su participación en Birdman del director mexicano Alejandro González Iñárritu y que desaparecido completamente de los escenarios, regresa en la interpretación más importante de su carrera, que más allá de los premios, lo coronan como un actor de carácter dispuesto a superar cualquier barrera mental o física en la reinvención de una carrera prodigiosa lejos de su rol como el caballero de la noche.

Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia, adaptación innegablemente sublime del mexicano, manifiesta que en ocasiones (como en el caso de Keaton) el giro de la vida alrededor de algo, siempre dará tumbos personales que probablemente te releguen al olvido. De inmediato, los conocedores, llamaron la atención sobre la similitud que existía entre el personaje principal de la cinta y Keaton, que fuera de todo estrabismo escénico; decidió aventurarse en una autobiografía indirecta sublime, de la cual, el siempre se ha desmarcado. Iñárritu como siempre envuelve al público con un drama psicológico envuelto en desazones cómicos muy interesantes, que le dieron a Keaton la oportunidad de seguir explorando su siempre lado amable, y sobre todo jovial que lo caracteriza.

“No existe ningún actor en esta sala que se niegue a trabajar contigo”, dijo enfático un actor a Iñárritu, agradecido más allá del premio que recibía anoche, agradecido paradójicamente por al oportunidad recibida y obviamente conmovido por todo su alrededor.

Keaton de nuevo demostró con esos diálogos impresionantes, que la mejor forma de encontrar la felicidad, en cualquier medio, es aprender a reencontrarse con uno mismo; a dejar de vivir en la mediocridad de los esquemas, y aventurarse a ser diferentes a la media a tu alrededor. Keaton demostró, más allá de su actuación, que es un actor profesional, entregado, y sobre todo, mimético en un mundo donde las glorias pasadas pueden ser más un estigma que un aliento a seguir. Keaton demostró, de nuevo, que la reinvención de uno mismo, es el primer paso, y el fundamental, para encontrar un éxito, que al parecer, se ha negado.

Keaton demostró de nuevo, que si haces algo, siempre con profesionalismo, el mejor premio, el mejor logro, se encuentra en la memoria eterna de tus actos.

Hasta la próxima.

 

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