Cachetada y perdón
Por Edel López Olán
Decía mi abuela: “La forma del pedir, está el dar”, y obviamente como regla de urbanidad, esta frase sería el principio de una relación utópica de convivencia. En el ramo profesional, según dicen los conocedores, el trato entre el contratante y el contratado siempre debe ser de mutuo respeto, basado principalmente, en las reglas de convivencia específica para no llegar a tratos indeseables que puedan mermar en dicha convivencia. En fin, palabras más; palabras menos, en un mundo perfecto, eso sucedería siempre en una sociedad tan civilizada como consciente, pero, desafortunadamente, vivimos en México.
En diciembre pasado, el Gobernador del estado de Chiapas, Manuel Velasco se encontraba en un evento público. El día parecía perfecto. Parafernalia. Sonrisas. Apretones de mano, todo lo que un buen evento político puede tener en un país donde la marquesina es más importante que el decoro. Una persona se acerca desde el entarimado; de inmediato el gobernador se dirige a una de las personas que lo acompañan en la comitiva. Algo secretean…Y entonces sucedió… (Si, puede leerlo con la voz de Kevin Arnold de “Los años maravillosos”) El gobernador del estado, en un acto público, cachetea a su subordinado ante la sorpresa de muchos y obviamente, del mismo implicado.
Es sorprendente que un político, de cualquier partido, caminando por ese hielo tan delgado en por el que circulan en este país, se atreva a realizar un acto como este. La falta de tacto al querer (quiero pensar) llamar la atención a un trabajador, de nuevo sacan a la luz las actividades que se dan en todos los niveles de gobierno, así como la impunidad con la que se desarrolla el ejercicio de la ley en este país.
Hace unos meses, leí en el New York Times, el caso de una secretaria de una empresa de software en Alabama, Estados Unidos. La chica demando a la empresa por más de quince millones de dólares por daños psicológicos y atentado a su persona; la razón: Su jefe le comentó que se veía muy gorda con ese vestido. La mujer llevo a corte el caso y gano cinco de los quince millones que pretendía, en un país, donde (paradójicamente) la ley es demasiado estricta y se puede uno quejar (con sus excepciones de aplicación y seguimiento) hasta por el aire que respira.
Ahora, ¿ustedes imaginan cuanto dinero pudo sacar este hombre si México fuera un país de leyes estrictas y cero impunidad?
Pero como vivimos en un país donde la mayoría de los actos son permisibles y todo es completamente “legal” pues, este pobre hombre solamente se quedará con ese perdón simplón y sin sentido, que en la época electorera, arreará más adeptos al partido y comenzará una carnicería en las redes sociales y demás medios de todos los actos del que se perfila como el candidato a la Presidencia de la República para el 2019.
Como sociedad, también tendemos crear booms mediáticos de cualquier situación, más aun, si son políticos. Nos ofende una cachetada (que dicho sea de paso siempre será ofensiva) y no nos ofende los actos que políticos y similares llegan a realizar en el poder, y que nunca son captados en cámara y que nos arrastran más a un abismo de incertidumbre cada día más profundo, donde, ya estamos casi todos.
Sin embargo, también, en esta vida, todos tenemos el beneficio de la duda.
Probablemente no era la primera vez que el gobernador cachetea a alguien de su personal. Probablemente es una muestra de “cariño” por parte de él. Probablemente fue un mal momento del gobernador. Probablemente es un prepotente cerdo sin ningún sentido común, pero, de lo que si debemos estar seguros; es que si está persona después de ser expuesto en las redes sociales, lastimado en lo personal y probablemente en lo profesional por el acto del gobernador, acepta un perdón público como parte de una carnaval de posicionamiento, pues, también, probablemente merezca la cachetada.
A esto hemos llegado en el país, a un grado donde las gentes en el poder pueden denostar sin ton ni son, y los denostados deben simplemente aceptar de forma obligatoria un perdón que solamente llena el ojo de unos cuantos en la sociedad, donde las cachetadas ofenden más que los golpes a la nación.
En fin…¡Viva México!…¿no?… y sino… ¡Hay cachetada!
Hasta la próxima


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