- ¡Mamá! – grito aterrorizado.
Los pasos acelerados de mi madre caen de pronto de la cama. La lentitud propia de la noche eran el motivo suficiente para que yo volviera a pedir su presencia.
- ¡Mamá! – vuelvo a gritar
Los pasos se aceleran. Ese piso, terrible piso de madera delataba la cercanía de cualquier persona en un hogar tan viejo como la historia misma. Yo me encuentro sudoroso debajo de unas sabanas de algodón color blanco. Como mi conciencia; Pedirle a un niño de ocho años dormir tranquilo en una tormenta, era tan ilógico como pedir la convivencia entre perros y gatos en una habitación cerrada. A mi mano derecha un enorme ventanal en círculo que adornaba mi habitación con una enorme telaraña que abarcaba desde el techo hasta el piso. Incólume. Oscura. Totalmente amenazante a la razón.
Mi madre entra como empujada por un rayo, su respiración era el…
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