Pájaros bobos. Si existen aves que recordar cuando se trata de las Islas Marietas son ellos. Los hay de patas cafés y también azules, andan torpemente cuando están tierra, pero con elegancia vuelan y se zambullen en busca de pequeños peces. Luego están los demás habitantes de este paraíso nayarita: delfines nariz de botella, mantarrayas gigantes, tortugas golfinas y ballenas jorobadas que en invierno llegan queriendo olvidarse de Alaska. Y mientras las ballenas dan saltos, debajo de ellas, entre arrecifes de corales, se agitan esponjas, anémonas y erizos. Es un espectáculo de transparencias reservado para buzos y entusiastas del esnórquel.
Lo asombroso:
A ese pequeño archipiélago declarado Reserva de la Biósfera, se accede en lancha desde Punta Mita. Ajenas, rocosas, las Islas Marietas están llenas de túneles y cuevas. Los humanos las pisan para visitarlas, no para vivirlas. Están las de Isla Larga, y aquella, la Playa del Amor, en Isla Redonda, que nadie olvida. Solo atravesando a nado una caverna es que puede conocerse su oculta arena. Se trata de una playa encerrada, con un círculo de cielo haciendo las veces de techo.


Deja un comentario