Derechos animales

 

Publicado originalmente en: En positivo

Por: Cristina Grao Escorihuela

Casos como la cruenta caza del león Cecil en Zimbaue a manos del dentista norteamericano  Walter J. Palmer han avivado el debate sobre una mayor protección animal y castigo ejemplarizante sobre estos actos. Si bien los avances en derechos humanos son notorios y necesarios al mismo tiempo se toman como legítimos ciertos actos de nuestra especie que sobrepasan toda competencia ¿Dónde están los límites?

Se suceden los casos de cazadores oportunistas que en busca de su minuto de gloria cuelgan en las redes con sonrisa triunfal la imagen sin vida de cualquier animal salvaje convertido en trofeo. Animalismo puro que nos hace cuestionar en según qué circunstancias si realmente merecemos la condición humana.

Las palabras de Walter J. Palmer “ignoraba que estaba haciendo algo ilegal” evidencian el grado de tolerancia sobre la brutalidad, no solo parte de la esfera privada como “juego recreativo” sino también como tácita exhibición.

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Recientemente una jueza neneoyorquina, Barbara Jaffe, dictaminaba que dos chimpancés de nombres Hércules y Leo investigados en la universidad de Stony Brook en Nueva York debían ser protegidos por el principio de hábeas corpus. De similar forma con anterioridad la Cámara Federal de Casación Penal reconoció a una orangutana en el zoológico de Buenos Aires también sujeto con plena protección.

Importantes sentencias que marcan precedente si la conciencia humana no es suficiente. Por suerte no son pocas las personalidades que abogan por el respeto del medioambiente y fauna en particular. Más allá de las cuestiones vitales, necesidad o incluso apetencia de ingerir alimentos cárnicos hay otras barreras que se cruzan por saciar una mera pulsión violenta.

Uno de los más avanzados, Peter Singer acuñó un término de igualdad entre humanos y animales en tanto y cuanto que ambos sienten y padecen. Términos muy similares que maneja el investigador en ética animal canadiense Frédéric Côté-Boudreau explicando que también los animales huyen del dolor y buscan su bienestar.

Otra de las grandes defensoras la primatóloga Jane Goodall reconocida por organizar una red de refugios para salvar a los chimpancés aporta una mirada humana de éstos siendo directos antecedentes en la evolución “El código de los primates está ya contenido en la relación entre madre e hijo: caricias, abrazos, muecas, palmadas y lo que significan. Cuando los monos crecen, no hacen sino seguir usando ese mismo código”.

Son varios los países que amplían sus derechos en materia animal como Alemania que incorporó en 2001  sobre el Cuerpo Jurídico de la Nación, un artículo que defiende el derecho de los animales como una tarea del Estado  o la regularización en España a través del Real Decreto de normas básicas para la protección de animales utilizados en experimentaciones científicos. El camino continua quizá todo parte de dejar de  cosificar a los animales y otorgarles el merecido reconocimiento como fundamental eslabón de nuestra cadena.

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Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul (…) Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar.

Juan Rulfo 
Novelista y cuentista mexicano.