Sin lugar a dudas, en toda guerra existen bajas sensibles, y en la guerra por los derechos no podía existir una excepción. El éxito de X-Men en el 2000 empujó a Marvel a vender a diestra y siniestra derechos en su loca carrera por salvarse de la bancarrota. Algunos aciertos como Spiderman y los mismos 4 fantásticos fueron suficientes para soportar bodrios tan terribles como merecedores del olvido como Daredevil (que gracias a Dios recupero Netflix con una insuperable adaptación) y las mismas Electra y segundas partes tan absurdas de Spiderman y los 4 fantásticos que son merecedoras del olvido. En el 2009, para cerrar con broche de oro, el Rey Midas de los negocios Disney tuvo a bien comprar por 4 mil millones de dólares una de las compañías emblemáticas de la industria del comic con los resultados ya conocidos hasta el momento. Uno de las «victimas» sin lugar a dudas es (a mi parecer) uno de los superheroes más inadaptados, irreverentes y cuestionables del mundo Marvel: Deadpool.
Wade Winston Wilson, mejor conocido como Deadpool (Ryan Reynolds) es un personaje ficticio, mercenario y antihéroe, el cual aparece intenta por todos los medios recuperar los pedazos de su vida después de ser sometido a un «tratamiento» para hacerlo invencible con resultados… ¡bueno!..¡Ya los verán!


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