México

Ser mexicanos y no morir en el intento
Por Edel López Olán.

Hace unas semanas platicaba con un chef argentino sobre la comida mexicana en el mundo. El hombre, visiblemente emocionado platicaba sobre como el color, la abundancia y la diversidad de la gastronomía mexicana transformaba cualquier mesa en un agasajo inmediato. Entre otras cosas, platicamos sobre sus inicios en México. Me comentó que vino a Cancún; ahí conoció a un chef local que sin estudios era solicitado por casi todos los servicios de banquetes de la región; no solo por su forma de hablar característica, sino por su exquisita forma de expresar con sabores y color la mítica cultura de nuestro sazón. Cómo una cortesía profesional decidió recomendarlo en Buenos Aires y así llevar allá la exquisita comida mexicana. El hombre se desencaja. Recordar las palabras que articularon la peor decepción que pudo pasar como un profesional de la gastronomía rebotaron en los oídos de todos en la mesa como una forma fría de expresarse de nuestros connacionales: “Aquí los mexicanos no entran, por flojos y ladrones”.

La aseveración fulminó por completo la expresión de un hombre que jugaba con una servilleta. La observaba de una forma triste al narrar sobre el concepto de un país que él amaba era mancillado; sobajado, como decimos en mi tierra.

Ver a un extranjero visiblemente acongojado por el cómo tratan a nuestro país me conmovió, pero también me hizo reflexionar sobre el concepto que tienen de los mexicanos en el exterior y que solamente alimenta un concepto muy lejano a la realidad.

El mexicano lucha, se esfuerza. Todos los días sale a trabajar por los “centavitos” en una cultura de corrupción y políticas baratas. El mexicano trata de encontrar ese balance que le permita mantener una sonrisa en un mundo cada día más complicado. Pero hemos agotado la forma de cómo crear ese balance. Provenimos de la cultura del agandalle, donde, la mayoría de las personas intentan fulminarse las buenas intenciones de la sociedad a beneficio propio.

Los mexicanos nos encontramos condenados por nuestra misma ideología. Si nuestra hora de llegada es a las 8 pero tenemos 10 minutos de tolerancia, llegamos 8:09; no vivimos acordes a las ideas propias de un mundo globalizado donde desafortunadamente las reglas son lo esencial. Vivimos siempre queriendo adelantar la vida de forma corrupta. Si un paquete tarda 10 días en llegar, pues pasamos “la corta” para que los tiempos se adapten a nuestras pretensiones, somos, una cultura corrupta que ha traspasado las fronteras y que construye muros de odio e ideologías hacía nosotros como mexicanos.

Cambiemos nuestra mentalidad. Cambiemos nuestros puntos de vista. Vamos a crear en lugar de destruir. Tratemos de dejar al mexicano esquivo, huevon, y sin escrúpulos fuera de nuestras vidas, tratemos de ser civilizados con los demás y con nosotros mismos. Lleguemos temprano. No demos mordida. Tratemos de no culpar de todo nuestro infortunio a un gobierno corrupto que es colocado por nosotros mismos. Investiguemos las plataformas políticas gubernamentales. Tratemos de crear un mejor país para nuestros hijos, para nuestro futuro, para un mejor México.

¿Tenemos esperanza?

¡Claro que sí!… Somos un país mágico de enormes posibilidades. Vean a nuestros niños ondear la bandera con la vista brillante y una sonrisa de par en par al ver su verde, blanco y rojo papalotear en todo lo alto. Somos un país de habitantes que si se interesan por su entorno. Un país de ideas férreas que no nos permiten bajar los brazos ante la adversidad. Debemos estar orgullosos de nuestro país, de todo nuestro territorio, aún con todos los defectos y virtudes que le hemos endosado.

No podemos hacer más, ese cambio tan famoso, tan trilladamente utilizado siempre para pretender ocultar nuestra decidía late en cada uno de nuestros corazones, para que así, podamos ser esos mexicanos que el mundo reconozca más allá de las actitudes negativas o simples estereotipos. Seamos mexicanos que vivan y que no mueran en el intento de ser esa caricatura que tanto nos ha condenado.

¿Imaginen un mundo sin mexicanos?

Sería un mundo sin color. Un mundo sin sonrisa. Sería simplemente un mundo árido de ideas.

Sí, esto es México, y nuestra misión de ahora en adelante, debe ser borrar los lastres estereotipados de nosotros, es borrar cada detalle por un orgulloso verde esperanza. Si, somos mexicanos, y como no aún seguimos de pie, orgullosos de nuestra tierra, de nuestro país y si no es así, moriremos en el intento.

¡Viva México!

Hasta la próxima.

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La frase de la semana

Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul (…) Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar.

Juan Rulfo 
Novelista y cuentista mexicano.