
En la tempestad, el marinero experimentado decide esperar a donde lo lleva el viento. En ocasiones, la fuerza del viento, la fuerza del infortunio, lo arrastra a mar abierto esperando un final inevitable. El sabe que al momento de cesar los vientos, podrá navegar tranquilamente a tierra firme, sin engaños, sin recelo.
El marinero novel decide luchar contra la tormenta. Decide emprender un sin fin de acciones contra la adversidad. Al principio pensará que está ganando por la inevitable carga energética de su alma. Al paso de las horas se cansará abandonando todas las esperanzas por la borda; en un vacío inherente, triste, solitario.
Al terminar la tempestad, el novel marinero se dará cuenta del sol que rebota en su rostro en una flagrante armonía con su alma, observando a la distancia la vela del marinero experimentado, que con tranquilidad, avanza a tierra firme.
Él, se coloca de pie en medio de la embarcación, y comienza a remar, asimilando la lección.

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