Quizás el nombre Andrew Rork Getty no os diga nada. Heredero de una dinastía petrolera y sin experiencia previa en el audiovisual, Andrew se embarcó en el quijotesco proyecto de escribir y dirigir una película de terror basada en sus propias pesadillas. Getty también financiaría su cinta, sirviéndose de la fortuna familiar para dicha empresa.
El director de esta cinta nos dejaba en 2015, a la edad de 47 años, sin ver su obra estrenada. La muerte prematura de Andrew tiene una explicación que, a la vez, sirve para entender lo intenso de sus pesadillas:el director amateur perecía a causa de una hemorragia provocada por el uso reiterado y recreativo de metanfetamina, la droga a la que Getty estaba enganchado.
The Evil Within nos presenta la historia de un hombre con dificultades de aprendizaje que empieza a cometer crímenes bajo la influencia de su malévolo reflejo. Getty, sobre esta sinopsis, se toma todas las libertades autorales posibles: los personajes aparecen y desaparecen sin explicación alguna; los interludios surrealistas no parecen tener ningún peso en la trama; el guión toma, de forma frecuente, rumbos inexplicables…
¿Puntos a favor? Los efectos especiales, con mucho látex y mucho animatronic, encantarán a aquellos aficionados que echen de menos el cine de terror que se hacía en los ochenta. The Evil Within, ética y estéticamente, puede inscribirse en ese tipo de horror onírico que nos envolvió, por ejemplo, en la sagaPesadilla en Elm Street de Wes Craven.
Por otro lado, los más de diez años que Andrew tardó en levantar su primera y única película se notan en el mimo que hay puesto en cada plano de The Evil Within. “Lo que me atrajo de esta película”, dice Lise Romanoff, de Vison Films, “fue la manera tan cuidadosa en la que su director se aseguró de que todos y cada uno de los fotogramas fuesen perfectos, optando por utilizar efectos especiales de los de toda la vida”.
“Es el tipo de trabajo meticuloso que hoy en día se echa en falta en el cine indie”.
Quizás por ello ya se esté creando un culto alrededor de The Evil Within, una película tan terrorífica como dramáticamente confesional.
Texto original: Playground

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