El siguiente paso
Por Edel López Olán
Estás con una rodilla sobre el suelo.
Estás en un momento clave en tu vida. El enemigo está frente a ti, combate contra tu persona tratando de ganarte.
Lloras sin cesar, te preguntas por qué hoy estás luchando una batalla contra el destino, no lo entiendes.
La vida tuvo la fortuna de colocarte en este camino, sí, leíste bien, la fortuna. Por qué no se lo hizo a cualquier persona; se lo hizo a una guerrera de espada y escudo resplandeciente, a una guerrera que dará lucha sin tregua por su vida, por su felicidad.
El enemigo ruge, te atemoriza.
La vida te colocó en ese camino. Colocó esas pruebas que te hacen pensar en la vida, en la existencia, en lo bueno, en lo malo, lo hermoso y lo verdadero. El enemigo hoy, es el que manda y te mide hasta cuando y donde tu corazón y tu espíritu se fortalece. Se mueve de un lado a otro observándote fijamente. Hoy, el enemigo crece dentro de ti, tiene hambre y se alimenta de tu espíritu.
Esa mañana despertaste. Te observas al espejo en ese protocolo sin sentido. Tus ojos cansados, tu piel completamente sin color, tus venas ardiendo desde lo más profundo, tu alma y tú cuerpo cansados, ¿quieres vivir? pero, ¿con que motivo?
El enemigo sonríe, está ganando la batalla
Todo esto debe ser complicado. No lograría entender desde mi salud como puedes convivir con él todos los días. Hoy quiero que felicitarte por tu gran espíritu, por tu gran corazón.
Es el momento de resplandecer. Es el momento que tomes las pocas energías que tiene tu espíritu y te levantes a esa batalla; que el enemigo se dé cuenta que no estás derrotada, que sepa que quieres vencerlo que le sonríes a pesar de sus atemorizantes brazos.
Lenta y temblorosa te levantas del piso.
Tu cuerpo marchito se pone de pie, erguido a pesar del dolor. Tus manos temblorosas por el miedo al siguiente paso se mantienen firmes ante la batalla que se viene. Allá está tu enemigo. Te observa insidioso con esa mirada asesina que te atemoriza y de nuevo pone tu rodilla sobre el piso, un piso que has visto más de una vez, que ha sido tu verdugo.
Algo camina detrás de ti.
Unas manos te levantan. Te toman por la axila mientras te susurra al oído.
¡Vamos, estamos contigo!
Al girar tu mirada observas sonriente a esa legión que te acompaña: tus padres, tus amigos, tus médicos, enfermeras, compañeros de enfermedad, que sonrientes comienzan a mermar al enemigo. Lo confunden. Lo hacen retroceder. Tu rostro se llena de alegría. Tu corazón comienza a palpitar. Tu cuerpo toma un segundo aire en una batalla que apenas comienza.
La mano bajo tu axila te aprieta y vuelve a susurrarte:
¡Vamos, estamos contigo!…
Y ahí, en ese Armagedón personal, el enemigo retumba, ¡has dado ese paso!…
¡Felicidades!…¡Estás viva!..¡Estás luchando y estamos contigo!

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