Un hombre armado disparó y mató a más de dos docenas de personas e hirió a una veintena dentro de una pequeña iglesia bautista de la localidad de Sutherland Springs, en el sur de Texas, y fue hallado muerto a varios kilómetros de la escena después de huir.
La tragedia ocurre 35 días después de la matanza en las Vegas en la que murieron 58.
Los testigos describieron al tirador como un hombre blanco de unos 20 años que vestía ropa negra y un chaleco que parecía ser antibalas. Los vecinos dijeron que escucharon fuertes explosiones e incluso uno lo persiguió y le disparó con su rifle. El atacante, identificado como Devin P. Kelley, de 26 años, huyó en un vehículo tras el incidente y posteriormente murió, ya sea por una herida autoinfligida o por los disparos del vecino.
“Aunque el número puede cambiar, por el momento se confirman 26 muertos (…) Esta es la peor masacre ocurrida en el estado”, dijo en conferencia de prensa el gobernador del estado, Greg Abbott.
El fiscal general de Texas, Ken Paxton, informó a Fox News que hay un número aún mayor de heridos.
Las edades de las víctimas oscilan entre los cinco y los 72 años, una de las cuales es Annabel Pomeroy, la hija de 14 de años del pastor de la iglesia, Frank Pomeroy.
Se desconocían los motivos del autor del tiroteo. Un funcionario federal que habló bajo condición de anonimato reveló que Kelley, vestido con “uniforme táctico” vivía en un suburbio de San Antonio y no parecía estar vinculado a grupos terroristas. Agregó que los investigadores revisan las publicaciones de Kelley en las redes sociales días antes del ataque, incluyendo una en que parecía mostrar un arma semiautomática AR-15.
Diana Segura, de 69 años, estaba en su casa, a pasos de la iglesia, cuando fue sobresaltada por una serie de ruidos tan fuertes que pensó que había explotado algún motor cerca de su vivienda. Minutos después, su calle usualmente tranquila se había colmado de patrulleros y de sirenas, pero sobre todo de una imagen que jamás podrá olvidar: decenas de cuerpos en el suelo fuera de la iglesia donde ella suele ir a misa. “Esta es una pequeña comunidad y nunca pasa nada por acá”, dijo. “Somos familia aquí y esa iglesia siempre está llena de amigos”.
“Es una pequeña ciudad, puedo imaginar que la gente está devastada. Y todos en esta comunidad tienen una relación muy cercana con los muertos o los heridos”, dijo el fiscal Paxton.
En la misa participaban unas 50 personas de los 700 habitantes del pueblo.
Esta matanza volvió a conmover a los Estados Unidos, pocos días después de que un hombre nacido en Uzbekistán, embistiera con su camioneta y matara a ocho personas en Manhattan.
Texto original: Peter Holley, Kristine Phillips Y Wesley Lowery (El Economista)

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