Editoriales

Hasta el próximo destino María


Por Edel López Olán.

Una joven mexicana fue asesinada el domingo 5 de agosto en una concurrida playa de Costa Rica. Un aparente intento de asalto fue el móvil. Dos hombres fueron detenidos, el primero, por ayuda de vecinos y guardias del lugar y el segundo horas después según el Organismo de Investigación Judicial de Costa Rica.

María Trinidad Matus fue asesinada cuando caminaba por la playa de Santa Teresa al noroeste de Costa Rica. Ella iba en compañía de una amiga de nacionalidad inglesa que acababa de conocer y que se libero de los delincuentes que pretendían ahogarla en el mar. La sobreviviente narró como uno de los delincuentes la arrastró entre gritos e insultos hasta que, en un terrible silencio perturbador, pudo librarse de su prisión después de dos detonaciones de arma de fuego a la distancia. La británica logró huir y pedir ayuda. Entre sollozos dio la ubicación del atraco, y horas más tarde, encontraron el cuerpo sin vida de Matus sobre la arena de la popular playa.

“Hoy empieza mi viaje sola después de muchísimo tiempo de haberlo deseado. Irme por el planeta a viajar sola, por fin lo hago. Llegó la hora de llenarme de naturaleza. Costa Rica, pura vida”

Escribió Matus el 26 de julio en una foto que subió a Instagram. Sí, por fin lo haría, aunque ese viaje sería su primer y último destino.

Mar (como la conocían algunos de sus amigos) era músico, tenía 25 años y le gustaban las sirenas, la naturaleza, el mar. Había estudiado la carrera de composición clásica y si pudiera tener otro nombre, además de Sirena (según entrevistas con sus amigos y familiares), podría ser libertad.  En su piel llevaba tatuajes con decenas de símbolos que la conectaban con sus gustos, con su amor, con ella misma.

María era temeraria, valiente. Era mujer, apasionada, feliz, vulnerable. Hace unos meses, en abril para ser exactos, estrenó su último sencillo “Ultraviolent”, que forma parte de su proyecto “Marmaid”, una mezcla de música electrónica, pop, triphop y rythm & blues.

Pero, hoy solo hay silencio.

Ella decidió denunciar públicamente una violación. Lo hizo en Facebook después de siete años y de forma frontal, se lo hizo saber a su agresor, un músico conocido de ella y el cual convivió por años. Una noche durante un concierto, él se la llevó detrás del escenario; comenzó a besarla y a forcejear para quitarle la ropa “pensando” que ella quería algo con él. Como pudo, María logró zafarse y por años mantuvo en silencio el evento. Un día decidió alzar la voz después de años de miedo.

 “No tengo que perdonar a nadie que me falte al respeto, un intento de violación no se perdona y ahora me siento lo suficientemente fuerte para decirlo a gritos. La última vez que hablé con esta persona (***) aún sentía miedo y le reclame el intento de violación a lo que solo contesto un lo siento & lo lamento mucho”

Pero vivimos en un mundo mordaz, triste, sin compasión.

Después de su asesinato, medios noticiosos dieron la noticia como debe gritarse cada feminicidio en este mundo. Los mensajes, un mal necesario en la redes sociales, la culpaban a ella por viajar sola, por sentirse la “muy muy” por ser una presa que se convierte en vulnerable por ser mujer, vaya una “presa fácil”.

Viajar es mágico, y sí, es evidente que la aventura tiene tus riesgos, pero todo ser humano tiene derecho a viajar solo o acompañado y esto no tendría por qué ser causa de estar expuesta al peligro. Datos de la ONU aseguran que en México se cometen hasta siete feminicidios en un día, entonces, el problema no es “viajar sola”, ni caminar en la calle por la madrugada, sino la impunidad y la falta de humanidad en aquellos seres que cometen tales atrocidades.

Justificar la violación, los golpes, el asesinato habla precisamente de la población tan enferma en la cual nos estamos convirtiendo, y lo peor, a la cual estamos acostumbrados. Pensar más sobre el cómo y no hacer nada en el por qué, detona una inmensa preocupación que nos consume a todos desde la ignorancia, donde seguimos enseñando a las mujeres a taparse, pero no enseñamos a los hombres a no violentar.

Hoy, tenemos que darnos cuenta que en nuestro mundo, en nuestro país, en nuestra ciudad, existen millones de mujeres que viven presas del terror de morir a manos de la violencia y hoy, desafortunadamente, mueren en manos de alguien y  su recuerdo muere a manos del  juicio de una sociedad, que no tiene por que existir.

Hasta la próxima.

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