¿Por qué Jackie Robinson era un mejor jugador de béisbol de lo que crees?


David Schoenfield (ESPN)

La reunión que se llevó a cabo a finales de agosto de 1945 en la oficina de Branch Rickey de la calle Montague de Brooklyn ha adquirido un carácter casi apócrifo. El scout de los Dodgers Clyde Sukeforth venía de toparse con Jackie Robinson en Toledo y ambos viajaron juntos a Nueva York para conversar con el gerente general de los Dodgers. Sukeforth llevó a Robinson a la oficina de Rickey, advirtiéndole a su jefe que no tuvo la oportunidad de ver a Robinson lanzando desde el hueco del campocorto, tal como lo había pedido Rickey, porque Robinson se recuperaba de una molestia en su hombro.

Rickey y Robinson se vieron las caras. Pasó un largo minuto de silencio. «Cuando Rickey conocía a alguien que le interesaba, lo estudiaba de la forma más profunda», dijo Sukefort posteriormente. «Simplemente, se sentaba y se quedaba mirando. Y eso fue lo que hizo con Robinson: lo miró fijamente como si intentara meterse dentro del hombre».

Robinson le devolvió el gesto, mirándolo fijamente.

En algún momento de la reunión, Rickey enfadó a Robinson, insultándolo de forma similar a los agravios de los que sería objeto en el diamante. Le dijo a Robinson que recibiría múltiples pelotazos, que sería atacado físicamente, que le clavarían las puntas de los spikes y le escupirían, que tendría que controlar su temperamento. Robinson relató el incidente en su autobiografía:

«Sr. Rickey», pregunté. «¿Busca un Negro que tenga miedo de devolver los golpes?»

Nunca olvidaré la forma en la que explotó.

«Robinson», respondió. «Busco un pelotero con suficientes agallas como para no devolver los golpes».

Allí fue cuando Robinson accedió a firmar un contrato para jugar con el Montreal, equipo afiliado de la organización de Brooklyn en la International League, durante la temporada de 1946.

A pesar de ello, no había garantía alguna de que Robinson se convirtiera en el primer pelotero de raza Negra en Grandes Ligas. Hasta ese momento, no había mucha experiencia en el resumen curricular beisbolístico de Robinson como para presumir que alcanzaría la grandeza. Y, como primer pelotero de raza Negra, Robinson debía ser un grande, más allá de lo meramente aceptable.

En el 75 aniversario del debut de Robinson con los Dodgers, ocasionalmente las habilidades de Robinson como pelotero pasan por debajo de la mesa (y con toda razón) a la hora de rendir homenaje a su impacto cultural e histórico. Todos estos años después, aprendemos y recordamos las cosas por las que Robinson pasó, los abusos que sufrió, las presiones a las que se vio sometido.

Esa reunión en Brooklyn fue solo el comienzo. Tras la firma del contrato, había llegado la hora de jugar para Robinson. Y vaya que Jackie Robinson podía jugar al béisbol.


El propio Robinson siempre expresó su sorpresa por haber sido la selección de Rickey. Las más rutilantes estrellas de las Ligas Negras en aquella época incluían a los futuros miembros del Salón de la Fama Josh Gibson, Satchel Paige y Monte Irvin, el último considerado como el mejor pelotero joven del circuito. Parecía que uno de los tres sería el primero; sin embargo, Gibson y Paige ya eran demasiado mayores en 1945 e Irvin, después de servir en la II Guerra Mundial, no creía tener la mentalidad necesaria para volver inmediatamente al béisbol.

Mientras tanto, Robinson ni siquiera habría participado en las pruebas de los Kansas City Monarchs si no hubiese ofrecido una mejor remuneración que su empleo para ese momento.

Robinson había sido una figura del béisbol con el Pasadena City College. No obstante, en sus dos años jugando con la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) fue mucho más conocido como corredor estrella del equipo de fútbol americano, aparte de figurar en los equipos de baloncesto y atletismo. Sólo jugó una temporada de béisbol, que ni siquiera es mencionada en su autobiografía. Y quizás la omisión sea justificada porque, según indica el sitio web oficial de la UCLA, Robinson bateó para .097 con los Bruins, estadísticamente aparentemente extraída de la biografía de Robinson escrita por Arnold Rampersad (aunque las fuentes de Rampersad no están precisamente establecidas).

Es evidente que, en ese momento, el béisbol no era precisamente la mejor disciplina deportiva del joven. Por su parte, Robinson también ganó el campeonato interuniversitario de golf de la Costa del Pacífico y clasificó a las semifinales del torneo nacional de tenis para jugadores de raza Negra. También fue ganador de eventos de natación defendiendo a la UCLA. Así que, si realmente ligó para .097, el béisbol quizás era su séptimo mejor deporte.

Luego de recibir una baja honrosa del ejército en 1944, Robinson jugó fútbol americano profesional con el equipo Los Angeles Bulldogs. Posteriormente, consiguió un empleo en el Samuel Huston College de Austin, Texas, impartiendo clases de educación física y fungiendo como entrenador de baloncesto en la casa de estudios caracterizada por tener exclusivamente estudiantes de raza negra.

En su autobiografía, Robinson explica cómo logró enterarse de unas pruebas que los Kansas City Monarchs de las Ligas Negras llevarían a cabo en el mes de marzo. Escuchó que los Monarchs pagaban un sueldo mensual de $400, cifra muy superior a sus ingresos como entrenador de baloncesto.

Debió haber causado una inmediata grata impresión dentro de los Monarchs. En un artículo de pretemporada publicado en la edición de abril de la revista Negro Baseball, el legendario periodista deportivo Sam Lacy mencionó a Robinson en su lista de peloteros que tentativamente podrían iniciar el proceso de integración en Grandes Ligas, catalogándolo como «el hombre ideal para dirigir el experimento».

Evidentemente, Robinson fue uno de los mejores peloteros de la liga en aquella temporada. En 34 juegos de liga cuyas estadísticas han sido halladas por los investigadores, Robinson bateó para .375/.449/.600 con cuatro jonrones. Quizás no tenía el brazo necesario para jugar a las paradas cortas; sin embargo, contaba con el resto de las herramientas buscadas por Rickey y Sukeforth: velocidad, habilidad para el bateo para promedio y, lo más obvio entre todo: tal como Rickey percibió en su oficina, una intensa competitividad.

Luego de liderar la International League en promedio ofensivo (.349) y carreras anotadas (113), aparte de quedar segundo en bases robadas (40) con el Montreal en 1946, Robinson se incorporó a Brooklyn en 1947, alzando el trofeo al Novato del Año y quedando en el quinto puesto de la votación al Jugador Más Valioso.

Asimismo, Robinson se hizo con los honores al Más Valioso de la Nacional en 1949, comandando el circuito con promedio de .342 y 37 estafas, con 122 rayitas anotadas y 124 empujadas. En sus primeras siete campañas en las Mayores, anotó 773 carreras, más que cualquier otro jugador en todo el béisbol mayor con la excepción de Stan «The Man» Musial. Solo Musial lo superó en imparables. Solo Musial, Ted Williams y George Kell ligaron promedios superiores al .319 de Robinson. Nadie robó más bases que él. Solo Musial tuvo mejor WAR, y la brecha entre Robinson y el tercer pelotero en la categoría era superior a la existente entre Musial y Robinson.


¿Qué hizo de Robinson un pelotero de tanta calidad? Es casi demasiado fácil atribuir sus éxitos únicamente a una convicción abrumadora de que no podía darse el lujo de fracasar. Indudablemente, eso formó parte importante de su carrera con los Dodgers. Pero también ayuda a subestimar sus habilidades.

Como bateador

A pesar de que su swing no necesariamente se vería o impartiría en la actualidad, Robinson se adaptó con rapidez al pitcheo de Grandes Ligas (a pesar de la declaración de Bob Feller, en la que afirmó que Robinson «no era capaz de batear un pitcheo adentro ni para salvar su cuello»). Tenía un pequeño enganche cuando llevaba su bate de vuelta para iniciar el swing, con su bate comenzando casi paralelo al suelo, un estilo más profuso en aquellos tiempos. A pesar de ello, es evidente por qué algunos pudieron creer que Robinson tendría problemas para halar las manos y manejar cualquier envío adentro. Sin embargo, está claro que Robinson sí contaba con la velocidad en su bate y coordinación entre manos y ojos para causar daño con dichos pitcheos.

En las filmaciones de la época también podemos ver a Robinson bateando mucho con su pie delantero, otro estilo mucho más popular antaño, cuando la mayoría de los peloteros no buscaban poder en cada swing. (Roberto Clemente fue otro famoso toletero con el pie delantero). Tal como lo demuestra su promedio ofensivo de por vida con los Dodgers (.311), Robinson fue bateador de líneas. Su mejor registro de jonrones en una temporada fue de 19, a pesar de alcanzar los dos dígitos en nueve de sus 10 temporadas con Brooklyn.

«Es el mejor bateador que haya visto con dos strikes en la cuenta, afirmó Rickey en 1950. «La mayoría de los bateadores no hacen el mismo swing después de tener dos strikes. No tienen el mismo poder. Robinson hace swing con el mismo poder, independientemente del conteo. Y sus reflejos son tan buenos que puede conectar el pitcheo en el último segundo, incluso después de que uno pueda creer que se rindió».

Lo que más se destaca, por encima de todo, es la disciplina de Robinson al plato. Negoció 740 boletos con los Dodgers, mientras que acumuló solo 291 ponches. Incluso en esa época con menores registros de ponches, hablamos de una estadística excepcional. Miren el puesto que Robinson ocupó en promedio entre ponches y bases por bolas entre todos los peloteros de Grandes Ligas en cada una de sus temporadas con Brooklyn:

1947: 22

1948: 42

1949: 10

1950: 8

1951: 8

1952: 8

1953: 9

1954: 5

1955: 2

1956: 11

No estaba dispuesto a darle ventajas a los pitchers, haciendo swing a envíos por fuera de la zona de strike. Además, era capaz de superar al rival de múltiples formas. En aquellos tiempos, el toque de bola era parte importante de este deporte y Robinson era considerado tal vez el mejor tocador de bola del momento. Fue líder de la Liga Nacional en hits de sacrificio en 1947 (28) y 1949 (17). En su excelente libro «Opening Day», que trata de la primera temporada de Robinson en Grandes Ligas, Jonathan Eig informa que Robinson sumó 14 sencillos producto del toque de bola en su campaña de novato, destreza que siguió utilizando durante toda su carrera.

Recorriendo las bases

Su velocidad se hizo famosa como parte fundamental de su juego. A pesar de ello, Robinson no era un corredor elegante, con los brazos separados del cuerpo, agitándose para tomar impulso. De hecho, era todo energía, un corredor de fútbol americano irrumpiendo por las bases y amenazando robar con cada lanzamiento. Mi suegro, ya fallecido, creció en Brooklyn y solía decirme: «No había nada más emocionante que ver a Jackie Robinson bailar por las bases».

Otra razón por la cual la audacia de Robinson recorriendo las bases parecía sorprender a los rivales: el robo de almohadillas no era muy común en aquellos tiempos. El año previo a la llegada de Robinson a los Dodgers, el jardinero y antesalista de Brooklyn Pete Reiser fue líder de la Liga Nacional con 34 estafas, mientras que George Case comandó la Americana con 28. Solo otros dos peloteros superaban la veintena de robos. La época se caracterizó por un béisbol bastante estacionario. Hasta que llegó Robinson, una fuerza de la naturaleza: independientemente de si corría todo el tiempo o no, ciertamente amenazaba con correr en toda ocasión. Fue líder del Viejo Circuito con 29 estafas en su campaña de novato y 37 en 1949. Sus fuertes embestidas desde las bases se hicieron legendarias.

«Ha pasado mucho tiempo desde que tuvimos un hombre en la liga capaz de surtir un efecto desequilibrante en cada infield cada vez que se embasaba», afirmó el manager de los Chicago Cubs Charlie Grimm durante la temporada de novato de Robinson. «Robinson hace que todos se retuerzan del temor. Después de todo, toma tanta ventaja que debes intentar hacer una jugada con él. Debes intentar hacerle out. Él mismo crea la jugada y no hay más remedio que intentar hacerle retroceder uno o dos pasos».

Sobre el terreno

El aspecto más subestimado del juego de Robinson fue su fildeo. Cuando Bill James publicó su libro «New Historical Baseball Abstract» en 2001, su análisis de aquel momento mostraba a Robinson como uno de los mejores camareros defensivos de todos los tiempos, a un punto que quizás hasta llegaría a sorprender a los más apasionados seguidores de Robinson, tal como lo afirmó el propio James.

«No descartaría la posibilidad de que Jackie haya sido un segunda base defensivo mucho mejor de lo que incluso hasta la gente que lo vio con regularidad se dio cuenta. Jackie, sugiero, fue una figura tan controversial, una figura tan polarizadora, que debió haber sido sumamente difícil verle por lo que exactamente fue, incluso hasta teniéndolo justo frente a ti», redactó James. «Además Jackie era, según todos los testimonios, inusualmente inteligente. ¿No es posible, me pregunto, que la inteligencia de Jackie creara beneficios para su equipo que sólo aparecen en las estadísticas?»

James luego pasa a mencionar la versatilidad de Robinson. Jugó aproximadamente 2.000 innings defendiendo la tercera base en una fase posterior de su carrera y, según el método «win shares» desarrollado por James, las estadísticas defensivas de Robinson se salen de lote. Jugó cerca de 1.100 entradas en el jardín izquierdo y sus estadísticas son excepcionales. Los estimados defensivos utilizados por la web Baseball-Reference acreditan a Robinson 81 carreras salvadas de por vida. Mencionamos todo ello, sin olvidar que la aptitud defensiva suele llegar a su cúspide al principio de la carrera de un pelotero, mientras que Robinson tenía 28 años cuando jugó su temporada de novato.

Quizás sea comprensible el por qué los observadores del béisbol de la época probablemente subestimaron la aptitud defensiva de Robinson. Su juego sobre el terreno era carente de cualquier indicio de elegancia. Me lo imagino jugando a la defensiva de la misma forma: sin la sutilidad y fluidez de un segunda base arquetípico como Roberto Alomar; más bien, comiéndose el terreno mientras perseguía roletazos. Sin embargo, no podemos olvidar lo expresado por su colega en el Salón de la Fama Ralph Kiner: «Jackie Robinson fue el mejor atleta que ha jugado Béisbol de Grandes Ligas en toda la historia». Sin duda, Robinson hacía que las jugadas rutinarias parecieran sencillas; no tenía que deslizarse para atrapar pelotas porque ya estaba allí.

Sumándolo todo

Probablemente, la temporada más grande de Robinson fue la de 1949, la que le hizo merecedor del Más Valioso y avaluada por Baseball-Reference con 9.3 WAR, mejor registro entre todos los peloteros de la Liga Nacional. O quizás fue la de 1951, cuando ligó para .338/.429/.527 y volvió a comandar el Viejo Circuito en WAR con 9.7. O probablemente fue la de 1952, cuando bateó para .308/.440/.465 y lideró a los peloteros de posición de la Nacional con 8.4 WAR.

Cuando analizamos las mejores campañas por un camarero desde la integración mediante WAR, las tres mejores temporadas de Robinson se ubican en el segundo, quinto (empate) y decimocuarto puestos. Joe Morgan tiene cinco temporadas entre las 11 mejores y es considerado como el mejor segunda base desde la II Guerra Mundial y el más grande de todos los tiempos junto a Rogers Hornsby y Eddie Collins. Por supuesto que Morgan disfrutó de una carrera completa. Robinson vio como gran parte de sus mejores temporadas quedaron diezmadas por la guerra y la barrera racial.

Así las cosas, el 61.8 WAR de por vida de Robinson sigue ocupando el puesto 15 entre camareros. ¿Qué total pudo haber acumulado? Trabajemos en retroceso y ubiquemos a Robinson en Grandes Ligas con 21 años, al igual que Morgan. Le daremos una temporada promedio a sus 21 años, trasplantaremos su campaña de novato con los Dodgers jugada con 28 años, y la ubicaremos a los 28. Su temporada jugada con 29 años la pondremos como si la hubiese jugado con 23, para después asumir que alcanzó su máximo nivel de rendimiento en su cuarta campaña en las Mayores. Obtenemos algo similar a esto:

21 años: 2.5 WAR

22 años: 4.1

23 años: 5.3

24 años: 7.5

25 años: 8.5

26 años: 9.0

27 años: 10.0

28 años: 8.5

29 años: 9.5

Después, incluimos los totales del resto de su carrera:

30 años: 9.3

31 años: 7.4

32 años: 9.7

33 años: 8.4

34 años: 6.9

35 años: 3.6

36 años: 2.6

37 años: 4.5

Nuestro Jackie Robinson teórico termina con 117.3 WAR de por vida, lo que le ubicaría en el séptimo lugar entre los peloteros de posición que jugaron al menos una parte de sus carreras después de la integración: Barry Bonds (162.8), Willie Mays (156.1), Henry Aaron (143.0), Stan Musial (128.6), Ted Wiliams (122.0, sin incluir sus temporadas perdidas) y Alex Rodríguez (117.6).

Quizás sea una proyección optimista. Obviamente, es imposible saberlo. Por ejemplo, Morgan tuvo sus mejores temporadas entre los 28 y 32 años. Sin embargo, la tesis general sigue siendo cierta: Robinson, en su mejor momento, fue uno de los más grandes peloteros de todos los tiempos; y en muchos casos, hasta mejor de lo que generalmente se reconoce.

Nos encanta ubicar peloteros distintos en eras distintas e imaginar escenarios hipotéticos. ¿Cómo le iría a Babe Ruth en el béisbol de hoy? ¿Qué habría pasado si las rodillas de Mickey Mantle no se hubieran lesionado? Sin embargo, quizás no tengamos que hacerlo en el caso de Jackie Robinson. El legado de Jackie Robinson no se trata de lo que pudo haber hecho. Sigue vivo hoy, 75 años después de aquél primer juego en Ebbets Field, precisamente gracias a todos sus logros.

Texto original: ESPN

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