Ante las primeras declaraciones del ex capo de la droga en México, la clase política en el país se encuentra en vilo
Durante medio siglo, Ismael “El Mayo” Zambada García se convirtió en un fantasma. Ni las agencias de inteligencia de México ni las de Estados Unidos lograron ponerlo tras las rejas. Su captura encubierta, digna de un guion de Netflix, rompió con la leyenda del capo que nunca caía.
Ante la Corte de Distrito Este de Brooklyn, Nueva York, el histórico líder del Cártel de Sinaloa se declaró culpable de dos cargos de crimen organizado. Pero más allá de la confesión, lo que estremeció a México fue la confirmación de lo que muchos sospechaban: el narco y la política han caminado de la mano durante décadas.
Sobornos y corrupción: la confesión que sacude a México
En su declaración, “El Mayo” no solo aceptó haber dirigido una vasta red criminal de tráfico de drogas hacia Estados Unidos, sino que reconoció que su poder se sostuvo gracias a la corrupción de políticos mexicanos. Funcionarios sobornados protegieron sus cargamentos, blindaron sus operaciones y permitieron que el cártel expandiera su alcance.
Este testimonio confirma lo que Edgardo Buscaglia, especialista en crimen organizado, llama “mafiocracia”: un sistema donde las redes criminales y la política forman una misma estructura de poder.
Según Buscaglia, lo más revelador de la confesión no es la aceptación del narcotráfico, sino la descripción de cómo el crimen organizado ha penetrado en los sistemas políticos.
La “mafiocracia” significa que los grupos criminales no solo trafican drogas, sino que capturan instituciones: ministerios públicos, policías, jueces y hasta partidos políticos. En palabras del especialista:
“El Cártel de Sinaloa no es una pirámide que se derrumba con la caída de un líder. Es una red horizontal con múltiples cabezas que se regeneran gracias a la protección política.”
El Cártel de Sinaloa: una red transnacional
Aunque la captura de Zambada parezca un golpe letal, la realidad es distinta. El Cártel de Sinaloa opera en al menos 78 países, con alianzas criminales y empresariales en lugares tan lejanos como India, China y Ghana.
La organización no solo trafica drogas, sino también armas, personas y bienes ilegales. Sus tentáculos llegan a América Latina, África y Europa, y en cada país cuentan con empresarios y políticos que los protegen.
La declaración de “El Mayo” también expuso las fracturas internas del narco. Su hijo, Ismael Zambada Siqueiros, alias “El Mayito Flaco”, ahora confronta a “Los Chapitos”, herederos de Joaquín Guzmán Loera.
El conflicto interno es más que una lucha de poder: refleja la capacidad del cártel para fragmentarse y, al mismo tiempo, sobrevivir.
En medio del juicio, las palabras del analista Buscaglia apuntaron hacia el poder político en México. Señaló que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo es “cobarde” para enfrentar al crimen organizado y que el país está atrapado entre la corrupción y la inacción.
Para el especialista, la gran tarea pendiente no es capturar capos, sino procesar a los políticos que han sido cómplices del narcotráfico, como ocurrió en Italia o Brasil con sus respectivos maxiprocesos.
Trump y el efecto político en Estados Unidos
Mientras tanto, del otro lado de la frontera, Donald Trump podría capitalizar las confesiones de Zambada como una moneda de cambio. El expresidente y candidato presidencial buscaría usar la información para presionar a México y obtener ventajas políticas y económicas.
En este tablero internacional, las palabras de “El Mayo” resuenan más allá de las rejas de Brooklyn: ponen en evidencia un sistema global de corrupción y crimen organizado.
‘El Mayo’ Zambada pide paz a Sinaloa tras declararse culpable de narcotráfico
La gran pregunta es si el caso de Zambada abrirá la puerta a un maxiproceso en México que siente a políticos, empresarios y funcionarios cómplices en el banquillo de los acusados.
Por ahora, el crimen organizado sigue operando, protegido por estructuras políticas intocadas. La confesión del capo no fue solo un cierre de capítulo, sino una ventana hacia la cruda verdad: el narco y la política son dos caras del mismo poder.
El legado de “El Mayo” y la verdad incómoda
La caída de Ismael Zambada confirma que ningún capo es eterno. Pero también deja claro que la verdadera raíz del problema no está solo en los líderes del narco, sino en la colusión política que los protege.
México enfrenta un dilema histórico: seguir atrapado en la mafiocracia o dar el paso hacia una justicia real que persiga no solo a los criminales, sino también a los políticos que les abrieron la puerta.
Texto original: La Verdad Noticias


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