En un mundo donde la historia se ha generado, creado y asaltado por el hombre, celebrar un día, solo por no dejar, es una idea desafortunada.

Por Edel López Olán (Permanencias Voluntarias)

Personalmente la «guerra de los géneros» es un tema que me tiene fastidiado. Hoy en día el género pretende definir todo, desde acciones hasta moral, desde valor hasta valentía, y francamente ningún género se salva de la inevitable volatilidad de ser humano.

Hombres y mujeres (y todos los géneros que tenemos en medio) pueden ser las mejores personas del mundo o las mayores porquerías de la existencia, por eso, en este debate estéril, es imposible ponerse de acuerdo de quién es o como es mejor, por que no existe tal situación, es simplemente una idea generalizada que hoy sigue dividiendo un mundo que ya no entiende nada.

Pero en este inevitable sin sentido de las cosas, tenemos que hablar de un «día» que, al igual que el día de la mujer, no se entiende del todo, pero que sigue abonando a esta forma extraña de percibirmos como más (o menos) que el género de enfrente.

En 1992, el profesor Thomas Oaster, de la Universidad de Missouri-Kansas estableció el Día Internacional del Hombre y fue hasta 1999 cuando gracias a la iniciativa del Comité Internacional del Hombre en Trinidad y Tobago esta conmemoración fue proclamada a nivel global.

El evento se celebra en más de sesenta países de Oceanía, el Caribe, América del Norte, Asia, Europa, África y entre agencias de la Organización de las Naciones Unidas dondes sus pilares fundamentales son:

  1. Promover modelos masculinos positivos: hombres cotidianos con vidas decentes y honestas.
  2. Celebrar las contribuciones positivas de los hombres a la sociedad, la comunidad, la familia, el matrimonio, el cuidado de niños y el medio ambiente.
  3. Centrarse en la salud y el bienestar social, emocional, físico y espiritual de los hombres.

¿Hasta aquí vamos bien?…¡Ok!

La idea de crear una masculinidad positiva es algo loable que pretende cambiar el chip que por generaciones ha creado el patriarcado (si, esa palabra que a muchos hombres les encabrona, pero existe) en la sociedad y que desafortunadamente sigue hasta nuestros días. La «celebración» de un día para el hombre (inventada por algunos fuera de la estructura original del día) crea una necesidad de muchos masculinos de pensar que ese día sirve para visualizarlos como género, cuando, estoy seguro, la mayoría ni siquiera entienden la razón principal del por qué «celebran» (muchos más ni siquiera saben que existe)

A pesar de nuestro hartazgo, este tipo de «celebraciones» abonan a la lamentable indiferencia del papel del hombre en la sociedad. Muchos de ellos piensan, creen y sostienen que todo gira alrededor de su reconocimiento como masculinos, cuando ese reconocimiento ha sido tomado por asalto a lo largo de la historia y para ejemplos existen muchos:

Dorothy Hodgkin, la brillante cristalógrafa que mapeó la estructura de la penicilina, descubrimiento que le valió un Nobel en 1964. Ella fue la primera mujer en obtener la prestigiosa Medalla Copley, y sigue siendo la única mujer británica en conquistar un Nobel en categorías científicas. Sin embargo, los periódicos británicos titularon la noticia como «Ama de casa de Oxford gana un Nobel».

Esther Lederberg, microbióloga estadounidense, condujo investigaciones pioneras en el campo de la genética. Desarrolló técnicas básicas que se perfeccionaron más tarde y contribuyeron al entendimiento de cómo funcionan los genes. Su trabajo ayudó a su marido, Joshua, a ganar un premio Nobel en 1958. Sin embargo, nadie la mencionó a ella.

La biofísica británica Rosalind Franklin fue una pionera en cristalografía de rayos x. Su imagen de una molécula de ADN resultó crítica para descifrar su estructura, uno de los avances científicos más importantes del siglo XX. Pero fueron James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins quienes recibieron en 1962 el Premio Nobel en Fisiología o Medicina por su trabajo, ella ni siquiera figuro en el impreso final del trabajo.

¿Ven?…¡No necesitamos un día para celebrarnos! Necesitamos crear consciencia.

«El día del hombre» no debe conmemorarse como una fecha de lucha o reconocimiento. Los hombres no tuvimos que salir a las calles en Nueva York para protestar por mejores condiciones laborales, un horario más corto y reconocimiento al trabajo. No fuimos reprimidos brutalmente por la policía en esa tarde del 8 de marzo de 1857 por la policía dejando a 12 de nuestros compañeros muertos y decenas más violados y violentados por las calles, no, nosotros, LOS HOMBRES, estábamos en el otro lado de la historia donde era más fácil levantar un garrote y golpear a una mujer en la cabeza que ser empáticos con su lucha.

​Y a raíz de esa lucha que crearon las mujeres, de esa voz que se levantó desde la oscuridad, el hombre intenta (de nuevo) tomar por asalto, con una fecha que no tiene como objetivo contrapuntear los géneros, sino incluir a los varones y niños en la agenda global de equidad en salud, cambiar la menor esperanza de vida de los hombres y que está reflejada por varios factores: mayores niveles de exposición ocupacional a peligros físicos y químicos, comportamientos asociados con las normas masculinas de previsión de riesgos y aventuras o paradigmas de comportamiento de salud relacionados con la masculinidad, por qué, a pesar de que estamos en pleno siglo XXI, la Organización Panamericana de la Salud, afirma que:

«Los hombres tienen menos probabilidades de visitar al médico cuando están enfermos y, cuando lo visitan, es menos probable que informen sobre los síntomas de una enfermedad o dolencia»​

El día del hombre y el día de la mujer NUNCA serán iguales y es nuestra obligación seguir apuntalando las ideas esenciales de sus diferencias qué, a pesar de que sea chocante para muchos, existen y deben ser incluidas en la agenda personal de todos.

El día del hombre es un día para generar la consciencia de qué somos privilegiados, por que a pesar de que hemos sido el centro de la historia en muchos sentidos (y en muchos más no de forma positiva) existen personas que tienen la esperanza de que cambiemos nuestra forma pensar y creemos esa sinergia necesaria para dejar de combatir con un género que nos ha dado todo, desde la vida hasta la oportunidad de redimirnos con la historia.

Pero para muchos, sigue siendo un día de victoria del hombre sobre la mujer en su mismo terreno de lucha, lo que nos indica que no hemos aprendido nada y seguimos siendo el opresor patriarcal que necesita reconocimiento a gritos para sentirse importante en medio de un mundo que le da la oportunidad de cambiar la historia, aunque muchos no les guste.

Y eso, eso es muy pinche lamentable.

Hasta la próxima.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Permanencias Voluntarias tiene como única prioridad ser un nuevo canal de comunicación comprometido con toda su audiencia y con la verdad, creando contenidos dinámicos que lleguen a cada uno de los rincones digitales del mundo.

La frase de la semana

El derecho viene a perecer menos veces por la violencia que por la corrupción.

Herni Dominique Lacordaire
 (1802-1861)
acerdote y predicador francés.