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¿Qué sostiene la aprobación de AMLO?


Por Alejandro Moreno (El Financiero)

Las encuestas que se dieron a conocer esta semana sobre los niveles de popularidad presidencial coinciden en que López Obrador cuenta con un nivel de apoyo entre 60 y 70 por ciento. Podríamos decir que desde que inició el gobierno, la popularidad del mandatario pasó de ser muy alta a alta, y que en ese nivel se ha estabilizado desde hace ya varios meses. El Presidente rendirá su Primer Informe a la nación así, con una aprobación alta y estable.

¿Qué sostiene la aprobación del Presidente? Antes de formular una respuesta, es importante recordar que la popularidad presidencial no necesariamente es un indicador de buen o mal gobierno; lo que indica es cuánto apoyo popular tiene un presidente en un momento dado. Ese apoyo puede tener diversas explicaciones, y el desempeño de gobierno es tan sólo uno de ellos.

En el libro The Macro Polity, publicado hace una década y media, Robert Erikson y sus coautores listan una serie de aspectos por los cuales consideran que la gente en Estados Unidos aprueba o no a un presidente. Una razón es que, efectivamente, evalúan su trabajo, pero la evaluación no se limita a resultados tangibles. También se incluyen las percepciones de si el Presidente luce competente y en control de las cosas.

Si este aspecto tiene aplicación a México, podríamos decir que la mayoría de la gente aún no ve resultados concretos en diversas problemáticas que les interesa resolver: el manejo de la economía, la seguridad y la corrupción sacan notas negativas. Sin embargo, la mayoría percibe al Presidente como capaz, competente y en control de la situación. La mayoría de los encuestados valoran positivamente su liderazgo y su capacidad.

Un segundo aspecto de la popularidad es el grado de acuerdo o coincidencia con lo que propone el Presidente, qué rumbo y qué políticas debe seguir el país. Ante la inseguridad, la mayoría de la gente cree que la Guardia Nacional es la apuesta correcta. Ante la corrupción, la honestidad del Presidente va por delante. Ante la economía, la idea de que hay que favorecer a todos y no a unos cuantos difícilmente encuentra oposición. Las cancelaciones a estancias infantiles y programas sociales han generado una mayoría de opiniones negativas, pero, curiosamente, éstas no se han traducido en desaprobación. Aun entre quienes se muestran inconformes con esas medidas, la aprobación al Presidente es mayoritaria.

Un tercer y último aspecto es un tema de identidad. No todos, pero sí la mayoría de los mexicanos se identifica con él. López Obrador ha sido muy efectivo en cultivar una imagen de sencillez, de integridad, de trabajo y, quizá lo más importante, que le importa la gente, el pueblo. Esa reputación es uno de sus activos más potentes como líder político y seguramente la defenderá al máximo. El sentido de identificación de la gente con él es invaluable, y esa es una de las mayores carencias que tiene hoy la oposición.

Si acaso se mueve en los siguientes meses, la aprobación podría ir recalibrando el peso de esos y otros posibles factores. Hoy por hoy, creo que el acuerdo y la identidad pesan más que la evaluación. En otras palabras, la empatía está pesando más que los resultados. Veremos si eso cambia.

Por lo pronto, la reciente encuesta de El Financiero muestra que el apoyo al Presidente es alto en general, pero es más alto entre las mujeres, entre los segmentos de mayor edad y con menor escolaridad. Por denominación religiosa, al Presidente lo aprueba el 66 por ciento de los católicos, el 85 por ciento de los cristianos evangélicos y el 54 por ciento de quienes no profesan ninguna religión. Además, la aprobación supera el 70 por ciento entre quienes asisten a servicios religiosos con frecuencia, y cae a 60 por ciento entre quienes no van nunca a las iglesias o templos. Así los públicos más afines al Presidente.

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¿Quién es el pueblo?


Por Alejandro Moreno (El Financiero)

El ‘pueblo’ se ha vuelto nuevamente un referente común en el discurso político. Antes lo era, pero durante algunos años su espacio lo ocupó el término ‘ciudadanía’, reflejando los tiempos de la transformación democrática y de la construcción de nuevas instituciones bajo las demandas de la sociedad civil. Hoy, el ‘pueblo’ se escucha con tal frecuencia que vale la pena preguntarse cuántos mexicanos se identifican como tal y quiénes son.

La encuesta nacional de El Financiero del mes de julio incluyó la siguiente pregunta: ¿Usted se describiría como pueblo? El 61 por ciento de los entrevistados dijo que sí, lo cual sugiere que la referencia al ‘pueblo’, uno de los recursos retóricos predilectos del presidente López Obrador, puede conectar con la mayoría de los mexicanos.

Para comparar, el 65 por ciento de los entrevistados se describe como clase media, un porcentaje muy similar al de pueblo. Según la encuesta, el 37 por ciento de los entrevistados se identifica como clase media y, a la vez, como pueblo, sin considerarlas como categorías excluyentes. El 27 por ciento se considera solamente clase media, pero no pueblo; mientras que el 23 por ciento se autodescribe como pueblo, pero no como clase media. El 12 por ciento no se identifica con ninguna de esas categorías y el 1 por ciento no contestó.

La identidad de pueblo no permea igual entre los diversos grupos sociales. Si vemos las respuestas de los jóvenes menores de 30 años, la mitad se identifica como pueblo y la otra mitad no. En contraste, entre los mayores de 50 años, tres cuartas partes se considera pueblo y una cuarta parte no. La identificación con el pueblo es mayor entre los mexicanos de más edad.

Por otro lado, la identidad de pueblo es más alta entre los mexicanos con menores niveles de educación y con menores niveles de ingreso. Regionalmente, la identidad de pueblo es más alta en el sur y más baja en el norte del país. Políticamente, los morenistas se identifican más como pueblo, mientras que los apartidistas son los que menos se consideran así. Ideológicamente, la identidad de pueblo es la misma entre los mexicanos de izquierda y los de derecha, no hay diferencia, aunque esa identidad sí es más alta entre los que no se identifican con ninguna corriente ideológica. El pueblo luce menos ideológico. Pero, eso sí, el pueblo es más religioso: quienes asisten más a la iglesia se consideran más pueblo que quienes van poco o no van a la iglesia. Finalmente, la encuesta revela que quienes se identifican como pueblo utilizan menos internet y redes sociales que los que no se consideran pueblo.

Con estos datos, queda claro que el referente ‘pueblo’ no solamente puede tener una connotación social de parte de quien usa el término, sino que la identidad con esa categoría sí corresponde a cierto perfil social en México. La identificación con el pueblo es mayor entre quienes tienen 50 años o más, es más alta en el sur, entre los segmentos menos educados y con menos ingresos, y también es mayor entre los mexicanos que no se han subido a la ola de internet y redes sociales. Los mexicanos con esas características son los más probables de identificarse como el pueblo.

Al hablar hoy de pueblo, el perfil social hace sentido, y el propósito político, también. De acuerdo con la encuesta, los mexicanos que se identifican como pueblo apoyan más al presidente, confían más en la Guardia Nacional y están más de acuerdo con la mayoría de las decisiones del gobierno, incluida la política de austeridad. Habrá que tener en cuenta esta categoría de identidad como uno de los segmentos más afines al presidente de la República y su gobierno, y también explorar en qué áreas el pueblo podría también mostrar ciertos desacuerdos.

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A un año: dos terceras partes de la población respaldan a AMLO


Por Alejandro Moreno (El Financiero)

A un año de la jornada electoral en la que resultó ganador con una mayoría del 53 por ciento de los votos, Andrés Manuel López Obrador cuenta con el 66 por ciento de aprobación a su trabajo como Presidente, según lo revela la más reciente encuesta nacional de El Financiero, realizada a 820 entrevistados adultos por vía telefónica.

Encuesta realizada por El Financiero.

Encuesta realizada por El Financiero.Fuente: Especial

Según la encuesta, los que votaron por López Obrador hace un año le otorgan hoy una aprobación de 85 por ciento. En contraste, los votantes de José Antonio Meadey de Ricardo Anaya, sus principales adversarios en las urnas, le dan 40 y 35 por ciento de aprobación al presidente. Entre quienes no votaron el pasado 1 de julio, AMLO cuenta con 54 por ciento de apoyo.

Encuesta realizada por El Financiero.

Encuesta realizada por El Financiero.Fuente: Especial

De acuerdo con la serie de encuestas de El Financiero, que en esta entrega se presentan con promedios mensuales, López Obrador tuvo niveles de aprobación por arriba de 80 por ciento en enero y febrero, de por lo menos 70 por ciento en marzo y abril, y obtuvo 67 y 66 por ciento en mayo y junio. Si bien el apoyo popular a López Obrador se mantiene alto, la mayoría de los ciudadanos opina que el país no ha cambiado desde las pasadas elecciones presidenciales.

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Al preguntarles si el país está mejor o peor con López Obrador como Presidente, 27 por ciento dijo que está “mejor”, el 26 por ciento dijo que está “peor”, y el 46 por ciento afirmó que el país sigue “igual”. Pero eso no quiere decir que la ciudadanía no espere mejoras con el gobierno de AMLO, a quien ratifican un apoyo mayoritario. De acuerdo con la encuesta, si hoy hubiera una consulta de revocación de mandato, el 62 por ciento de los entrevistados votaría para que López Obrador siga en el cargo, mientras que 34 por ciento preferiría que no continúe.

Encuesta realizada por El Financiero.

Encuesta realizada por El Financiero.Fuente: Especial

Además, el estudio indica que 76 por ciento de los entrevistados está de acuerdo en que los problemas del país son culpa de los gobiernos anteriores, mientras que el 22 por ciento opina que los problemas ya son responsabilidad del gobierno de López Obrador. A un año de las elecciones, se percibe que los problemas a resolver, como inseguridad, pobreza o corrupción, vienen de atrás, y la mayoría de los ciudadanos aún ve con paciencia el accionar del gobierno de la llamada cuarta transformación durante sus primeros meses.

Encuesta realizada por El Financiero.

Encuesta realizada por El Financiero.Fuente: Especial

Según el sondeo, varias de las acciones del presidente son populares. La Guardia Nacional cuenta con un apoyo de 61 por ciento, las medidas de austeridad cuentan con 51 por ciento de opinión positiva, y la construcción de la refinería de Dos Bocas cuenta con 48 por ciento de opiniones favorables.

Encuesta realizada por El Financiero.

Encuesta realizada por El Financiero.Fuente: Especial

También cuentan con una evaluación positiva las consultas a mano alzada y las conferencias matutinas que el mandatario ha mantenido casi todos los días.

Encuesta realizada por El Financiero.

Encuesta realizada por El Financiero.Fuente: Especial

Sin embargo, otras acciones del gobierno de AMLO no son tan populares, como el aeropuerto de Santa Lucía, que registra 32 por ciento de opinión favorable y 41 por ciento desfavorable. Respecto a la cancelación del aeropuerto en Texcoco, el 40 por ciento opina que fue una decisión correcta, frente a 51 por ciento que cree que fue un error. Pero lo más impopular sigue siendo el retiro de recursos a las estancias infantiles, que tiene 27 por ciento de opinión positiva y 61 por ciento de negativa.

Encuesta realizada por El Financiero.

Encuesta realizada por El Financiero.Fuente: Especial

Cuando tomó posesión el 1 de diciembre, el mandatario dijo que no tenía derecho a fallar, y a ese respecto, en la encuesta se preguntó qué decepcionaría más de López Obrador: el 40 por ciento dijo que una crisis económica, 28 por ciento que se olvide de la gente pobre, 12 por ciento que permita la corrupción, 11 por ciento que aumente los impuestos y 7 por ciento que se doble ante Donald Trump.

Encuesta realizada por El Financiero.

Encuesta realizada por El Financiero.Fuente: Especial

Así, a un año de haber sido favorecido con la mayoría de votos, AMLO cuenta con dos tercios de apoyo de la ciudadanía.

Encuesta realizada por El Financiero.

Encuesta realizada por El Financiero.Fuente: Especial

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Esa luna de miel, ni Obama por Alejandro Moreno


Texto original: El Financiero

La serie de encuestas sobre aprobación presidencial que publicó El Financiero el lunes 14 de enero, ilustra con claridad que, a mes y medio de haber tomado posesión, el presidente López Obrador está en plena luna de miel con la ciudadanía. Según la encuesta más reciente, concluida el 11 de enero, el 76 por ciento de los consultados dijo aprobar el trabajo que está haciendo el mandatario, frente a un 22 por ciento que lo desaprueba.

La ‘luna de miel’, o honeymoon period, como le han llamado en Estados Unidos, se refiere a los altos niveles de apoyo popular otorgados a un presidente al inicio de su gobierno, apoyo que se registra aún entre los simpatizantes de partidos distintos al suyo. Según la encuesta de El Financiero, la aprobación a López Obrador entre los entrevistados que se autoidentifican como morenistas, alcanza 93 por ciento, 17 puntos por arriba del promedio nacional. Como sería de esperarse, el apoyo entre los seguidores de otros partidos es menor, pero aún entre ellos, el presidente cuenta con un porcentaje mayoritario de aprobación: 67 por ciento entre perredistas, 64 por ciento entre panistas, 62 por ciento entre priistas y 71 por ciento entre los apartidistas, que representan el grupo más numeroso de todos. En su luna de miel, la popularidad de AMLO cruza sin problema las líneas partidarias.

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Además de permitirnos ver estos desgloses por subgrupos, las encuestas de El Financiero también han registrado variaciones en la popularidad de AMLO, que valen la pena comentar. Las variaciones han sido tanto al alza, llegando hasta 82 por ciento unos días antes de Navidad, como a la baja, perdiendo 12 puntos para ubicarse en 70 por ciento, luego de que el presidente decidiera no asistir al funeral de la fallecida gobernadora de Puebla, la panista Martha Erika Alonso, y de su esposo, el exgobernador y senador blanquiazul, Rafael Moreno Valle. López Obrador atribuyó su decisión al ambiente “mezquino”, pero en ese caso sus descalificaciones no parecen haber generado simpatías: una pérdida de 12 puntos no es cosa menor y refleja que la popularidad del presidente es sensible a los eventos y a sus propias acciones y declaraciones. Quienes más le pasaron la factura fueron los apartidistas, entre los cuales se registró una baja de 16 puntos en la aprobación.

Pero la caída en popularidad se revirtió luego de lanzar el combate contra el robo de combustibles. Además de beneficiarse de un periodo de luna de miel, la popularidad de AMLO parece haber generado simpatías adicionales debido a su política contra el huachicoleo, un efecto rally round the flag, como se le ha denominado a los incrementos en popularidad en momentos de contingencia o crisis. El efecto rally se evidencia en que, si bien el esfuerzo por combatir el robo de combustibles trajo consigo un desabasto de gasolina (la medicina amarga en contra de la enfermedad), aún los más afectados por el desabasto han expresado un apoyo mayoritario al presidente: según la encuesta, la aprobación alcanza 82 por ciento entre quienes dicen que el desabasto no les ha perjudicado en nada, 73 por ciento entre los que dicen que les ha perjudicado poco o algo, y 52 por ciento entre quienes reportan que les ha perjudicado mucho.

Entre más se ha resentido la afectación por el desabasto, la aprobación al presidente es menor, pero aún los más perjudicados aprueban mayoritariamente el trabajo que está haciendo López Obrador.

La pregunta que algunos se plantean es cuánto durará la luna de miel del presidente, pero eso es algo que no se puede saber. AMLO cuenta con un importante capital político y puede darse el lujo de apostar un poco. La caída de 12 puntos en diciembre podría ser enorme si los niveles de popularidad fueran menores, pero resulta casi imperceptible cuando se sustraen de una aprobación que llegó a 82 por ciento. Esa luna de miel no la tuvo ni Obama.

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Linchamientos por Alejandro Moreno


Texto original: El Financiero

Las noticias que nos llegaron desde Valle de Chalco el día de ayer no son las de un linchamiento que no fue, sino las de la furiosa movilización de la gente tras un presunto violador y homicida para hacer justicia por su propia mano. No es la primera vez que sucede, ni tampoco es el único lugar. La detonación de ese tipo de conductas sociales en nuestro país no es rara, ya ha sucedido en otros estados y en otras ocasiones.

Decía Elías Canetti sobre la masa que, “una vez constituida, quiere crecer con rapidez. Resulta difícil hacerse una imagen exagerada de la fuerza e imperturbabilidad con que se extiende”. La persecución de ayer en Chalco ilustra la enorme capacidad de la sociedad mexicana para activar un tipo de solidaridad negativa que contrasta con aquella que surge en tiempos de emergencia para ayudar a otros. La turba que persigue a presuntos delincuentes no tiene como objetivo salvar vidas o ayudar a necesitados; por el contrario, busca ajusticiarlos quitándoles la vida. Para ello, la turba se sitúa por encima de la ley y las instituciones, y en muchos casos rebasa la capacidad de las autoridades. El detonante para hacerse justicia puede ser simplemente un rumor o una acusación sin fundamentos.

El lugar en Chalco donde se dieron los eventos ayer, la colonia Poder Popular, no podría tener un nombre más simbólico. El poder popular puede expresarse con gran fuerza, como lo hizo el 1 de julio, por la vía de la institucionalidad electoral y con grandes muestras de civismo. Pero también puede tomar la forma de una solidaridad negativa que lleva a ciertas atrocidades como la justificación del linchamiento. Nos guste o no, ése parece ser uno de los rasgos del carácter nacional.

De acuerdo con la encuesta CNEP, que se hizo en México en julio de 2018, el 43 por ciento de los mexicanos opina que el linchamiento, que la gente haga justicia por su propia mano, es justificable: el 13 por ciento opina que siempre se justifica y el 30 por ciento cree que algunas veces. El 52 por ciento cree que el linchamiento nunca se justifica, pero, a pesar de ser una mayoría, lo cierto es que por lo menos cuatro de cada diez mexicanos sí justifican el linchamiento y que la gente tome a la justicia en sus manos.

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El problema es muy amplio y afecta a cualquier ciudadano, pero me voy a permitir manifestar una preocupación gremial. Lamentablemente, la labor de los encuestadores de campo está expuesta con frecuencia a esos peligros, y basta con que alguien de la comunidad local donde se encuentra haciendo su trabajo de entrevistas lo señale como criminal, violador o secuestrador, para que desate una turba con todos los riesgos que ello representa. Los eventos de 2015 en Ajalpan, Puebla, donde dos jóvenes encuestadores fueron linchados, aún están fuertemente marcados en la memoria de la comunidad demoscópica (ver la declaración de WAPOR al respecto: https://wapor.org/statement-on-interviewers-lynched-in-ajalpan-mexico/).

En 2018 también hubo casos de turbas que afortunadamente no terminaron en linchamientos, pero que pudieron serlo. En el municipio Teotitlán de Flores Magón, Oaxaca, hubo un traumático incidente hace cuatro meses con un grupo de encuestadores; ahí hay que aplaudir la forma como se condujeron las autoridades, que también corren el riesgo ante una turba incontrolable. Como dije, la noticia en esos casos no es el linchamiento que no fue, sino ese rasgo social de organizarse para ajusticiar por mano propia. Hasta donde sé, ni en Puebla ni en Oaxaca hubo consecuencias legales o penales para la comunidad justiciera o para los provocadores, por lo que su conducta negativa queda impune. Chalco quizás quede en lo mismo.

Sirvan estos datos de las encuestas para reflexionar acerca de uno de los rasgos de cómo somos los mexicanos y de cómo el Estado de derecho sigue siendo un gran pendiente.

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¿Ciudadanía participativa?


Por Alejandro Moreno (El Financiero)

La consulta nacional sobre el aeropuerto ha desatado una buena discusión en torno al papel que debe jugar la ciudadanía en el proceso de toma de decisiones del gobierno. ¿Debe la gente ser partícipe de esas decisiones o debe el gobierno actuar con base al conocimiento de los expertos?

En México hemos llevado un seguimiento de estos dos puntos de vista por medio de la encuesta CNEP, un estudio internacional que se realiza en diversos países inmediatamente después de las elecciones. Según la encuesta, el porcentaje de mexicanos que apoya completamente la idea de aumentar la participación ciudadana en las decisiones de gobierno ha caído dramáticamente desde 2006. En ese año, 59 por ciento apoyaba una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones, pero la proporción bajó a 49 por ciento en 2012 y ésta cayó hasta 32 por ciento en 2018, justo después de la victoria de AMLO.

Por lo visto, la propuesta de democracia participativa del presidente electo no llega en el mejor momento de demanda popular. Hace doce años, la “demanda” por una mayor participación era casi el doble de lo que es hoy. Pero el paquete de consultas del nuevo gobierno es la oferta del momento y hay que ver cómo responde la gente.

Si bien la “demanda” por una mayor participación ha caído notablemente, eso no se ha traducido en un mayor apoyo a que los expertos orienten las decisiones. La opinión de que el gobierno debe tomar en cuenta a los expertos ha sido, y continúa siendo, minoritaria: 13 por ciento, en 2006; 18 por ciento, en 2012, y 11 por ciento, en 2018. ¿Cómo se ha compensado la caída en la demanda participativa? Según la encuesta, lo que creció fueron las posturas intermedias entre los dos puntos de vista extremos: de 24 a 32 por ciento entre 2006 y 2012, y hasta 56 por ciento en 2018. La combinación de voluntad popular con buena información experta es la postura ganadora y, hoy en día, mayoritaria. La mayoría de mexicanos se siente cómoda con la idea de participar, pero siente que requiere del conocimiento que asista sus decisiones. Ese es el sentir mayoritario con el que se topa la oferta de consultas populares del próximo gobierno.

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El CNEP también revela que al menos dos terceras partes de los mexicanos están de acuerdo con la frase “La gente como yo no tiene ninguna influencia sobre lo que hace el gobierno”: 67 por ciento, en 2012 y 69 por ciento, en 2018. Quizás las consultas sean una buena oportunidad para transformar ese sentir negativo, esa separación del ciudadano con los gobernantes. Pero para que eso suceda, la participación ciudadana debe contar con los canales debidos y apropiados, que generen confianza y certidumbre en el proceso mismo. Desafortunadamente la consulta sobre el NAIM ha dejado muchas dudas en su configuración. “No hay que tenerle miedo al pueblo”, dijo el presidente electo en torno a la consulta del NAIM, pero los temores que se escuchan no se centran tanto en el pueblo como en el mecanismo diseñado para esta consulta, o en los criterios para hacer consulta (NAIM sí, pero Tren Maya no).

“No es cara, ni que fuera el INE”, dijo AMLO, congruente con su discurso de austeridad. Pero el hecho es que el Instituto Electoral ha sido una garantía de las elecciones en el país aun en medio de una cultura de desconfianza. De igual manera, la exitosa realización de consultas populares requiere de una base institucional sólida, de reglas claras, de procesos transparentes y de organizadores no partidarias de alguna de las opciones en juego. La mayoría de los mexicanos están abiertos a la participación ciudadana y a contar con la información pertinente que asista sus decisiones. El deseo de expresar una voluntad popular lo mejor informada posible da muestra de que la gente sí quiere y sí le importa. Eso merece canales adecuados para la participación. Veremos cómo responde la gente a la oferta que hay.