Economía y Finanzas, Editoriales

2020: las batallas que vienen


Por Darío Celis (El Financiero)

El primer año de la 4T concluye con un gabinete dividido. Hay muchos secretarios que se sienten incómodos y frustrados por el avasallamiento de que son objeto dentro del mismo gobierno.

En el sector privado ocurre lo mismo. A veces la narrativa abona a favor de la confianza, lo que entusiasma a los empresarios, pero casi siempre gravita, sobre todo las acciones, en la animadversión.

Hay titulares de carteras estratégicas que ya están cansados por lo difícil que ha sido manejarse en el contexto de un estilo tan vertical que tiene Andrés Manuel López Obrador para gobernar.

Ahí están Javier Jiménez Espriú, Jorge AlcocerAlejandro Gertz Víctor Villalobos, secretarios de Comunicaciones, Salud, Fiscalía General y de Agricultura, respectivamente, por mencionar unos.

Los propios diputados y senadores de Morena, el partido en el poder, les han arrebatado banderas proponiendo y legislando iniciativas de ley que rayan en el exceso de atribuciones.

Son los expedientes que los llamados ‘rudos’ han ganado en un primer round, pero que no soltarán los ‘técnicos’ porque de ello depende que AMLO no sea abandonado por los mercados.

Le decía que el 2020 se va convertir en la arena pública en la que se librarán muchas batallas para evitar que se materialicen en leyes y normas, medidas que socavan los negocios e inversiones.

La militarización de los puertos es uno de esos tópicos: permitir que las administradoras portuarias integrales dejen de ser instalaciones civiles, es un despropósito que ahuyentará inversiones.

Ilustraciones de Nelly Vega

La iniciativa que pretende dotar de más poder a la Unidad de Inteligencia Financiera, atorada en la Cámara de Diputados, es otro expediente que ahora mismo se está revisando.

Lo mismo puede decirse de la Ley de Etiquetado de Alimentos: pasó en el Congreso, pero sus excesos buscan matizarse con una Norma Oficial Mexicana que dé margen a los dueños de las marcas.

La decisión de gravar el ahorro con una tasa que va de 1.04 a 1.45, y además limitar a 30 por ciento la deducción de intereses netos para créditos de personas morales, son otro par de temas que se pelearán.

RAÚL ROCHA CANTÚ asegura que no conoce a la profesora Elba Esther Gordillo, ni a ninguna otra persona de su círculo cercano. Tampoco tiene vínculos con Luis Carlos Urzúa ni con Juan Iván Peña Neder. Precisa que es falso que realice acciones de cabildeo con la Dirección de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación, además se deslindó de cualquier cobro de comisiones que usen con su nombre, pues nunca ha realizado actos fuera de la ley a lo largo de su historia personal y empresarial. Rocha Cantú es uno de los principales empresarios de la industria casinera del país, la cual crecerá por lo menos 50 por ciento en la siguiente década.

PEMEX VA A INVERTIR cerca de 22 mil millones de pesos en siete plataformas marinas para extraer petróleo en aguas someras del Golfo de México. Las estructuras serán construidas por grupos mexicanos en astilleros del país. Apunte a Protexa de Rodrigo Lobo, Grupo R de Ramiro Garza, Cotemar de Mario Dávila y Carso de Carlos Slim. Las plataformas forman parte del paquete A de Protexa y el paquete B de Grupo R. La empresa productiva del Estado a cargo de Octavio Romero está metiendo el acelerador en la producción Quiere cerrar el año con un millón 770 mil barriles diarios.

ESTE VIERNES SE entregan las posturas para la escollera de Salina Cruz. Se trata del rompeolas oeste de ese puerto. Es un componente crucial del Tren Transístmico. El contrato ronda los 5 mil millones de pesos y algunas de las firmas que ya alzaron la mano son ICA que lleva Guadalupe Phillips, Indi de Manuel Muñozcano, La Peninsular de Carlos Hank Rohn, la española Sacyr que maneja Enrique Alonso y las holandesas Royal Boskalis de PAM Berdowksi y Royal Van Oord de Govert Van Oord, esta última ganadora en Dos Bocas.

SEGALMEX, QUE DIRIGE Ignacio Ovalle, va recuperando los negocios que Liconsa perdió en los llamados sexenios neoliberales. En este año que está concluyendo ganó los contratos para proveeduría de leche en las Fuerzas Armadas. Unos 250 mil efectivos de la Secretaría de la Defensa, que comanda Luis Cresencio Sandoval, y cerca de 100 mil de la Marina, que capitanea José Rafael Ojeda. Son 73 millones de litros anuales los que perdieron Lala, de Eduardo Tricio, y Alpura, que encabeza Jorge Aguilar.

OTRO NEGOCIO QUE la llamada 4T se apresta a desarticular es Silodisa, la empresa de logística y distribución de medicamentos del ISSSTE a la que Miguel Ángel Yunes asignó un contrato por 10 años. Arrancó en abril de 2009 y está llegando a su fin. Se estima que en una década generó ganancias por unos 300 millones de dólares. El 50 por ciento pertenece a Fármacos Especializados, de José Antonio Pérez Fayad, y el resto, se dice, a Raúl López, un notario de Coahuila cercano a Humberto Moreira y a la profesora Elba Esther Gordillo.

EL ABOGADO JOSÉ Antonio García Alcocer es un litigante muy avezado en temas familiares. En el pleito familiar tras la muerte de Roberto González Barrera intervino en el conflicto de la sucesión con la señora Graciela Moreno y ahora mismo representa a Miguel Zaragoza Fuentes, el influyente gasero, en la disputa con su exmujer Evangelina López Guzmán. Le cuento esto porque el famoso Morris está asesorando a Angélica Fuentes en la controversia que se ve venir por la herencia de Jorge Vergara Madrigal.

AYER POR LA noche dos nombres se barajaban para sustituir a Margarita Ríos-Farjat en la jefatura del SAT. Curiosamente, hace más de un año complementaban la terna original. Una es Rosalinda López, la actual administradora general de Auditoría Fiscal Federal. El otro es Rafael Espino, actualmente consejero independiente de Pemex. Ambos son muy cercanos a Andrés Manuel López Obrador. Los dos acompañaron al presidente el fin de semana

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Las narrativas de la seguridad


Por Eduardo Guerrero Gutiérrez (El Financiero)

La seguridad del país se nos fue de las manos en 2008. Desde entonces, con la excepción de algunos meses de tregua en 2012 y 2013, las cosas han ido siempre de mal en peor. Ante el fracaso, los altos funcionarios del gobierno no han sabido que hacer. Así que buscan, por lo menos, tener algo que decir. Lo mismo con Calderón, que con Peña Nieto, que ahora con López Obrador, el gobierno se ha volcado ansiosamente a buscar narrativas.

La palabra narrativa, muy en boga en las áreas de comunicación social, se ha convertido en el eufemismo perfecto para no decir justificación. Sin embargo, las narrativas de la seguridad han sido sólo eso, argumentos que se construyen para justificar los malos resultados, siempre a partir de causas ajenas al gobierno: la geografía, las presiones migratorias, o el consumo y los precios internacionales de las drogas (lo mismo si suben que si bajan). Las narrativas no tienen que probarse con evidencia. Deben sonar creíbles, eso sí. Pero lo más importante es que deben generar empatía. Por eso, las narrativas apelan a emociones, a lugares comunes y a causas honorables. Sin embargo, no necesariamente tienen que ver con los factores relevantes para explicar, y eventualmente resolver, la espiral de violencia en la que vivimos.

En las últimas semanas, Marcelo Ebrard revivió una de las narrativas más socorridas, la del tráfico de armas. Calderón usó esa misma narrativa después del ataque al Casino Royal de Monterrey, en 2011, donde murieron 52 personas. El cuento del tráfico de armas es irresistible. Casi por instinto, a los mexicanos nos gusta culpar a los gringos de nuestras desgracias. También se apoya en una verdad irrebatible y en una causa justa. Al norte de la frontera se venden armas de fuego con extrema facilidad, y algunas de esas armas terminan en manos de delincuentes en México. Además, el fácil acceso a armas es responsable del alto número de masacres en colegios y de homicidios en hogares que ocurren todos los años en Estados Unidos.

Desafortunadamente, la disponibilidad de armas en Estados Unidos, y por extensión en México, no se va a terminar. No importa cuántas reuniones celebre nuestro canciller. Hay, al respecto, una intocable segunda enmienda. Sin embargo, incluso en el remoto caso de que se pudiera hacer algo para evitar que las armas entraran tan fácilmente de Estados Unidos a México, es poco probable que ello redundara en una disminución en nuestros niveles de violencia. Lo único distinto es que tendríamos un mercado multimillonario de tráfico de armas, tal como ocurre en Sudán y otros países africanos que llevan décadas en conflictos civiles. Las ametralladoras Browning, como las que se usaron en los ataques en Culiacán, costarían el doble o el triple. Aun así, nuestros cárteles las seguirían comprando al por mayor. De algo podemos estar seguros: la guerra en México no va a detenerse por falta de parque.

Sin embargo, la verdadera narrativa con la que el gobierno de AMLO busca justificar el fracaso es otra. Se viene cocinando desde hace meses y tiene que ver con la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades. Es una narrativa muy útil, pues implica que este gobierno va por una solución de fondo. También implica que el problema, comprensiblemente, tardará años en resolverse. Como ocurre con el tráfico de armas, esta narrativa engañosa se apoya en una premisa cierta y en una causa justa.

Es cierto que México es un país terriblemente desigual. Además, hay estudios serios que demuestran que la desigualdad es uno de los factores que propicia la delincuencia. Sin embargo, esta evidencia se refiere a fenómenos delictivos como los robos y asaltos, el narcomenudeo y la violencia de las pandillas. En las zonas urbanas marginadas, donde la economía formal y las instituciones educativas rechazan a muchos adolescentes y hombres jóvenes, la delincuencia ofrece una de las pocas alternativas para generar ingresos y algún sentido de pertenencia. En las ciudades mexicanas, especialmente en la capital, padecemos desde hace décadas este fenómeno.

Esta delincuencia de los barrios pobres tiene muy poco en común con las milicias criminales de élite que actualmente están destruyendo al país. Tampoco queda claro que “todo esté interconectado” en un “caldo de cultivo criminal” o que exista una misteriosa escalinata delictiva donde el adolescente que inicia robando en el transporte público termine como sicario. Basta con ver las estadísticas que año con año se publican en las encuestas de victimización del INEGI. Simplemente no hay una correlación entre la incidencia delictiva y las ejecuciones y enfrentamientos del crimen organizado.

Es inevitable que el gobierno busque justificaciones y narrativas. Más en estos tiempos de debate público mañanero. Sin embargo, se corre el riesgo de que el mensaje que se prepara para la opinión pública sustituya el verdadero análisis de las causas y, sobre todo, a la construcción de soluciones viables a la crisis de violencia. Esas soluciones ya se han pospuesto demasiados años. Ojalá este gobierno no se compre su propio cuento.

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La Desinformación


Por Jorge Berry (El Financiero)

La imagen que queda grabada en la mente después de una caótica semana en Washington, es la del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vociferando esquizofrénico, “No quiero nada, no quiero nada, no hay quid pro quo.” Se refería, por supuesto, al proceso de destitución en su contra que el comité de inteligencia de la Cámara de Representantes tiene abierto.

Una vez más, Trump miente. Esto es claro con solo leer el contenido de la famosa llamada del 25 de julio entre el presidente de Ucrania, Vlodomyr Zelinskiy, y el propio Trump, en donde, con todas sus letras, Trump solicita a Zelinskiy investigar al ex-vicepresidente de EU Joe Biden y a su hijo Hunter. Además, le pide al ucraniano averiguar detalles sobre una supuesta intervención ucraniana en las elecciones presidenciales de 2016 en EU en apoyo a Hillary Clinton.

Esto último es una versión originada en el Kremlin en 2017, para tratar de desviar la atención sobre la evidente intervención de Rusia en ese proceso, pero, claro, a favor de Trump. Una clásica estrategia de desinformación, en la que el propio Vladimir Putin participó, expresándola públicamente, en una conferencia de prensa en febrero de ese año.

Esta extraña narrativa, a pesar de lo francamente fantástica, se ha vuelto uno de los ejes de la defensa de Trump en las audiencias, y es vigorosamente impulsada por los republicanos. En ese marco, el jueves pasado la Dra. Fiona Hill compareció ante el comité.

La Dra. Hill trabajaba en la Casa Blanca para el Consejo Nacional de Seguridad, y su jefe era John Bolton, recientemente despedido como asesor de seguridad nacional. Ella nació en Inglaterra, pero emigró a Estados Unidos, donde se graduó summa cum laude de Harvard, y lleva años siendo considerada la máxima autoridad sobre Rusia y los países que emergieron con el derrumbe de la Unión Soviética, entre los cuales, por supuesto, está Ucrania. Es, además, autora de la más completa y analítica biografía de Vladimir Putin publicada en occidente.

Abrió su declaración haciendo una aguda crítica a varios legisladores republicanos que impulsan la versión de la intervención ucraniana. Les dijo que, al esparcir esa narrativa falsa, le están haciendo el trabajo a Putin, quien pretende no solo culpar a Ucrania de la intervención que él mismo ordenó, sino también desestabilizar la relación entre Ucrania y EU, que le resulta estorbosa para sus planes expansionistas. En pocas palabras, la Dra. Hill les hizo ver que su desesperada defensa de Trump se contrapone diametralmente a los intereses estratégicos y de seguridad nacional de Estados Unidos.

¿Qué hicieron los republicanos? Empezando con Devin Nunes, el impresentable equivalente gabacho de Mario Delgado, continuaron exactamente con la misma narrativa, aunque tuvieron cuidado de no hacerlo en forma de pregunta, para evitar lo que hubiera sido una lacerante respuesta de Fiona Hill, una mujer que no se intimida ante el poder.

El señor Nunes, además, quedó exhibido, cuando el viernes CNN reportó un viaje de Nunes a Vienna, donde se reunió con ucranianos pro-Rusia a instancias de Rudy Giuliani. CNN obtuvo la información del abogado de Lev Parnas, el socio de Giuliani, quien enfrenta cargos federales por contribuciones ilegales al partido republicano, y quien parece estar dispuesto a soltar la sopa a cambio de inmunidad.

Total, un cochinero. Así como Trump tiene muchas similitudes con el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, los republicanos se comportan de forma muy parecida a los legisladores de Morena. No importa la realidad, ni los intereses nacionales. Lo que importa, es seguir ciega e incondicionalmente al líder, y al diablo con las consecuencias.

Esta semana, aunque los legisladores no sesionan porque el jueves es el día de Acción de Gracias, la información seguirá fluyendo, y aparecerán las primeras encuestas levantadas después de las dramáticas audiencias de destitución. Dependiendo de esos datos, veremos si modifican posturas por lo menos, algunos republicanos. No hay, hasta el momento, nuevas comparecencias programadas.

Economía y Finanzas, Editoriales

Paquete Económico de la 4T, un fiasco


Por Alejo Sánchez Cano (El Financiero)

El primer Paquete Económico elaborado por la 4T ha sido un fiasco, tanto por su contenido, como por el incumplimiento en su aprobación, ya que el PEF 2020 debió quedar aprobado desde el 15 de noviembre.

Festivos y jubilosos, gritaron a los cuatro vientos que ahora sí se iba a ver el nivel de preparación y de alcance social y económico de los ingresos y egresos para el 2020, porque ellos los iban a preparar solitos, pero, ¡decepción¡, no solo reflejó criterios surgidos de una bola de improvisados, sino que solo se atiende a la voluntad del presidente de la República, quien se jacta de ser un experto en temas económicos, pero que en la realidad, conoce muy poco de ello.

El Congreso es un caos, ambas Cámaras federales están paralizadas por falta de oficio político, principalmente de los líderes parlamentarios de Morena; tanto Ricardo Monreal como Mario Delgado han sido rebasados por su soberbia, por sus correligionarios y hay que decirlo, también por pretender cumplirle los caprichos al huésped de Palacio Nacional.

La imposición de Piedra en la CNDH vino a resquebrajar el ambiente de diálogo que existía en la Cámara de Senadores, donde acababan de aprobar la revocación de mandato, la joya de la corona que más le interesaba a AMLO.

En la Cámara baja, en donde está atorado el PEF, pues las cosas están peor, ya que allí el problema no son los partidos de oposición de Morena, sino los propios diputados de esta fracción que están molestos, por decir lo menos, por la conformación del presupuesto que se hizo sin considerarlos.

EL presupuesto 2020 tiene solo un criterio y ése responde a los designios de AMLO y nada más. No busca atajar el desplome de la economía mexicana, ni siquiera dotar de más recursos al rubro de la seguridad pública y mucho menos a impulsar a la inclusión social a millones de mexicanos que sobreviven en condiciones de pobreza extrema.

Lo que se pretende es consolidar el proyecto político de AMLO rumbo al 2021, elecciones intermedias; 2022, revocación de mandato; 2024, reelección presidencial.

Esta es la hoja de ruta y por ello se hizo un presupuesto a modo en donde los programas asistenciales de la 4T no buscan acabar con la pobreza, al contrario pretender mantener en ese estatus a los pobres, mediante dádivas que permita al gobierno contar con ellos cuando sean llamados para defender la permanencia de Obrador en la Presidencia.

La decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco ha salido muy costosa, ya que no solo implicó enormes recursos públicos y privados que se tiraron a la basura, sino el pago mismo a los tenedores de bonos de deuda, así como sacar de la chistera un aeropuerto militar para reconvertirlo en uno civil: Santa Lucía.

El aeropuerto de Santa Lucía se suma a la refinería de Dos Bocas como prototipos de obras catalogadas como elefantes blancos, por su inoperancia, costo elevado, nula operatividad y cero beneficios a la sociedad. Ambas obras, si es que algún día se terminan, nacerán muertas.

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Visión Anacrónica


Por Macario Schettino (El Financiero)

Ayer comentamos el problema de ingresos que tiene el sector público para 2020. Hoy revisaremos en qué piensan gastar, porque el presupuesto es la concreción de la política. Todo lo demás es demagogia.

La transformación en el gasto que ha realizado este gobierno es espectacular. No recuerdo nada parecido desde que tenemos datos. Utilizo el gasto promedio por rubro en los años 2017-2018, frente a 2019-2020. Y considero el cambio real de cada secretaría u organismo, comparado con lo que cambió el gasto total del gobierno en esos dos periodos.

Hay 8 renglones que han tenido una caída superior al 50% en sus presupuestos: Presidencia, el INEE (que ya desapareció), Gobernación (incluyendo Seguridad Pública, hoy Guardia Nacional), Comunicaciones y Transportes, Turismo, CRE, CNH, y provisiones salariales (que es el recurso destinado a incrementos salariales durante 2020). Aunque todos celebran que la Presidencia gaste menos, no parece razonable que Gobernación y Seguridad Pública tengan una contracción de 2/3 partes de su presupuesto en una crisis de seguridad. O que se abandone a los reguladores del mercado energético. O que se olvide la infraestructura de Comunicaciones y Transportes. Pero así es.

Con caídas de entre 25 y 50% están Hacienda, Desarrollo Agrario, Agricultura, Relaciones Exteriores, Medio Ambiente y Función Pública. Total, ni el resto del mundo ni el ordenamiento urbano ni el cambio climático importan para este gobierno.

Caídas de entre 10 y 25%: Poder Legislativo, Ifetel, Economía, Cultura, Tribunales Agrarios, Marina, PGR (hoy FGR), Conacyt, Acceso a la información. Ahí usted juzgue. Salud y Educación Pública tienen una caída de 8%, en promedio.

¿Quiénes aumentan su presupuesto? La CFE, muy moderadamente, 1.4%. Pemex, 8%. Defensa, 9%. Pensiones crece 12%, con lo que el presupuesto de IMSS e ISSSTE, quitando este renglón, se reduce bajo este gobierno.

Todas las contracciones presupuestales previas sirven para alimentar tres rubros con crecimientos espectaculares: Desarrollo Social (hoy Bienestar) crece 55%, Trabajo crece 466% y Energía crece 1,400%.

En suma, el gobierno sacrifica todo: seguridad pública, educación, salud, relaciones con el exterior, ambiente, ciencia, cultura, para financiar dos ideas: la construcción de una refinería y la sustitución de todos los programas sociales construidos en los últimos 25 años por la entrega de dinero en efectivo, sin reglas de operación, sin vigilancia y sin objetivo alguno.

El presupuesto para 2019 podía tener alguna excusa, el de ahora ya no. Lo que este gobierno propone es criminal. Ha dejado sin atención de salud a millones de mexicanos, al cancelar el Seguro Popular; abandonó a otros millones al eliminar Oportunidades-Progresa; hipoteca el futuro al reducir la inversión en educación, salud, ciencia, tecnología, ambiente, infraestructura y cultura. En la situación más complicada en términos políticos y de seguridad en décadas, reduce el gasto en estos renglones ¡en dos terceras partes!

Y todo eso se hace para invertir en un proyecto que no tiene ningún sentido, la refinería que empezará a funcionar (si lo hace) justo cuando la demanda global por gasolina y diésel empiece a reducirse, para no volver a crecer jamás.

Pero tal vez lo más grave sea la transformación en la política social. El reparto de dinero en efectivo le asegura a quienes hoy tienen el poder la gratitud (temporal) de millones de personas que están recibiendo una limosna. Al no tener objetivos ni reglas de operación, ese dinero no va a mejorar las condiciones de vida de las personas de forma estable. Y funcionará sólo mientras haya recursos para regalar. Cuando eso se termine, el enojo de esas mismas personas será épico.

López Obrador no ha entendido que no vive en los setenta, ni es Hugo Chávez en el boom petrolero de 2004. Está destruyendo una economía moderna, compleja, en aras de una visión anacrónica.

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Revolución, Ángeles y caballos


Por Salvador Camarena (El Financiero)

Tengo ganas enormes de que el desfile de hoy salga requetebién. No creo que haya espacio para esperar algo de la emotividad vista la noche del Grito de Independencia, pero qué bueno sería que nos lleváramos una grata sorpresa con lo que ocurra hoy en la capital, donde por la Revolución desfilarán 2,700 jinetes, unas locomotoras y carros alegóricos.

Este gobierno se las ingenia para hacer cosas igualmente sorprendentes que preocupantes. No sé aún en cuál de esas categorías poner al desfile de hoy. Sin embargo, se ha adelantado que serán dos los grandes protagonistas de la parada de este 20 de noviembre: los caballos y las locomotoras.

El porqué de lo anterior parece obvio: la revuelta fue a pie, a lomo de cuaco y sobre rieles. También fue a golpe de proclamas, alianzas y traiciones, pero un desfile no es necesariamente el espacio para entrar en los detalles del Plan de San Luis, o el de Ayala, o el de Guadalupe…; así que mejor apelar a lo vistoso y poner un chingo de caballos a transitar por la ciudad menos rural del país y desempolvar una locomotora que a ver si no rompe el (ya de por sí maltrecho) pavimento capitalino.

Pero a dónde quiere el gobierno que en la evocación nos lleven esos caballos, qué viajes revolucionarios rememorarán esas locomotoras. Sabe.

Lo único que me queda claro es que la idea de hacer a los equinos y a los trenes entes protagónicos suena a coreografía de cartita de papelería, de festival escolar elemental, maniqueo y repetitivo: lo más vistoso y menos polémico de una guerra civil donde todos los que la presidieron fueron buenos (menos Huerta), aunque luego todos se mataran –huyendo en trenes y caballos– entre ellos, pero de esas “minucias” no discutiremos.

Si Calderón usó el bicentenario de 1810 para pasear huesos de supuestos héroes independentistas de un lado a otro, López Obrador reivindicará puro folclor. Juro, reitero, que espero estar equivocado y mañana decir aquí mismo que qué bien salió, que qué innovador, que qué visión tan refrescante sobre la gesta iniciada por Madero, etc.

Mientras eso ocurre, y ya puestos a hablar de Revolución, caudillos y caballos, propongo que nos felicitemos porque Adolfo Gilly acaba de sacar El Estratega, un nuevo libro suyo sobre el general Felipe Ángeles (Editorial Era).

Gilly entrega un tacho de 784 páginas donde aborda de nueva cuenta la figura del hidalguense.

Ya habrá tiempo de darle el golpe a tan amplio volumen, por lo pronto, si quieren saber de caballos y la Revolución, más que escuchar corridos lean a Gilly, revisen por ejemplo Felipe Ángeles en la Revolución (Era, 2008), donde habla de los cuacos de mi general y el particular estilo de este soldado –el más romántico, el más preparado, el de más mala fortuna en la Revolución– para nombrar a sus cabalgaduras.

“El general Felipe Ángeles”, dice Gilly en ese volumen, “tenía un especial afecto por sus caballos a los cuales solía poner nombres de mariscales de Francia. Turena, como el mariscal general de los ejércitos franceses bajo Luis XIII y Luis XIV, se llamaba su caballo en la batalla de Zacatecas: ‘sobre mi Turena, que saltaba deliciosamente los muros y las anchas zanjas, fui a rogar a mi general Villa que me diera cuatro brigadas de caballería para ir a tomar Aguascalientes’”, recuerda en su relato de aquella batalla.

“Sobre Turena, dejado en herencia por Ángeles cuando partió hacia Estados Unidos, cabalgaba Pancho Villa por la sierra de Chihuahua en enero de 1916, después de disuelta por él mismo, la División del Norte el 19 de diciembre de 1915. Sobre Turena seguía cabalgando a mediados de marzo de ese año por la región de Galeana, después del ataque a Columbus, eludiendo la persecución de la Expedición Punitiva.

“De sus caballos habla Felipe Ángeles en sus relatos de guerra: Ney, mariscal de Napoleón, fusilado en diciembre de 1815, y Curély, general de la caballería ligera de Napoleón en Rusia, eran los nombres de sus otros caballos en Zacatecas”.

Ángeles tuvo un caballo más, al que nombró “John Brown”. Es 20 de noviembre, en la espera de saber si el desfile de hoy es un éxito (ojalá) o una cosa de pena, lean a Ángeles por Gilly para saber sobre la evocación de John Brown. Ya con eso habrá valido la pena que el presidente López Obrador nos haya provocado a hablar de caballos y la Revolución. Se los prometo.

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El grado de inversión, en juego


Por Enrique Quintana (El Financiero)

No me gustaría estar en los zapatos de Arturo Herrera. El secretario de Hacienda es un hombre talentoso, honesto y dedicado, pero, pese a sus cualidades, no le será fácil evitar que en 2020 nuestro país pierda el grado de inversión.

La encuesta mensual que realiza entre administradores de fondos Bank of America Merrill Lynch (BoAML), correspondiente al mes de noviembre, fue elocuente: el 77 por ciento de los 26 entrevistados (20 de ellos) señaló que las agencias calificadoras quitarían a nuestro país el grado de inversión en 2020.

Pero entonces, si eso es lo que creen, ¿por qué no abandonan los activos en pesos ante esa amenaza?

Porque no hay una fecha previsible para que esto suceda y nadie quiere ser el tonto que dejó de ganar rendimientos de más de 7 por ciento en bonos por haber ‘corrido’ de México antes de tiempo.

Sin embargo, resultados como el de este sondeo de BoAML o reportes como el que la semana pasada presentó la casa de inversión Morgan Stanley, en donde recomendaba no amarrarse a largo plazo en activosmexicanos, representan ya indicios claros de que se están observando riesgos crecientes.

El más inmediato tiene que ver con Pemex. Para que la empresa petrolera logre eludir en los siguientes seis meses una degradación de su deuda por parte de Moody’s tiene que darle la vuelta a sus resultados a través de la recuperación de la producción de crudo.

Hasta ahora, lo que sí se ha logrado es frenar la caída invirtiendo más, pero no está claro si la velocidad de recuperación de la producción petrolera será suficiente para impedir que se baje la nota a la deuda de Pemex.

El resultado generaría presiones alcistas sobre las tasas de interés en México y sobre el tipo de cambio, lo que a su vez repercutiría en las finanzas públicas.

Pero, quizás incluso más que Pemex, el reto mayor será demostrar en el curso de 2020 que las metas fiscales son alcanzables.

Los pocos resultados del mes de octubre que ya son conocidos nos hacen pensar que en el último trimestre quizás tengamos datos negativos en materia productiva y por tanto quizá cerraremos el año con números rojos en el PIB.

Si esta condición se prolongara a los primeros meses del siguiente año, lo más probable es que la recaudación empezaría a quedarse sistemáticamente por debajo de lo previsto, lo que sería un indicio de las dificultades para conseguir que se sostenga el superávit primario.

En ese escenario, tendrían que empezar los recortes al gasto público, los que causarían de nueva cuenta un sesgo recesivo.Como aquí le hemos comentado, la buena noticia es que esta trayectoria se puede eludir. La mala es que hasta ahora el gobierno no ha tomado las decisiones que lleven a ello.

Veremos si finalmente el conjunto de proyectos de infraestructura que se presenta en dos semanas tiene el peso como para influir positivamente en la confianza.

Y, como aquí le hemos referido hasta aburrirlo, veremos si regresa la cordura y se anuncia que Pemex volverá a lanzar nuevamente las alianzas estratégicas con otras empresas (farmouts), así como la Secretaría de Energía la realización de licitaciones de bloques en aguas profundas del Golfo de México, en donde, ya se dijo, no invertirá Pemex. Ello cambiaría el ambiente positivamente.

Si contamos con algo de suerte, y además de lo anterior se ratifica el T-MEC antes de fin de año, entonces quizás podríamos sortear la tormenta y evitar la pérdida del grado de inversión.

Solo así.