No van a parar la inflación


Por Enrique Quintana (El Financiero)

En la conferencia mañanera del día de hoy, el presidente López Obrador, el secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, y diversos funcionarios y empresarios, presentarán el programa para bajar los precios de un paquete de 24 productos, mayormente alimenticios.

Todo indica que se establecerá un acuerdo con grandes productores y distribuidores para que una canasta formada por esos productos baje de precio en rangos de 10 a 20 por ciento respecto a los niveles actuales, y así se mantenga el resto del año.

Algunos de los productos que estarán incluidos son maíz, frijol, arroz, leche, huevo, azúcar, tortilla, aceite, pan de caja, sardina, atún, bistec de res, pollo entero, y algunos perecederos como limón, jitomate, chile, cebolla, naranja, entre otros.

Creo que el esfuerzo hecho por el gobierno para tratar de garantizar que una parte de la canasta básica sea más accesible a las personas de menores ingresos, debe ser reconocido positivamente.

Aunque no se establecerá jurídicamente un control de precios, la vigilancia de la Profeco conducirá a tener de facto un control real de los precios de algunos productos.

El gobierno sabe que cuenta con diferentes instrumentos para presionar a que los precios de esos productos bajen o al menos que no suban tanto.

Y, en el caso de productores y distribuidores, saben que –en términos generales– pueden mantener precios más bajos en algunos casos, pero reflejando en otros bienes las presiones que existen en diversas variedades de sus productos.

Aun suponiendo que este programa sea exitoso, de acuerdo con los datos del Coneval, la canasta alimentaria básica incluye más de 40 productos, muchos de los cuales no están en la lista que hoy se hará oficial.

Y de la canasta no alimentaria, hay 12 conceptos más, que desde luego no estarán en el paquete que se anuncie hoy y que representan 52 por ciento del gasto total de la canasta básica.

Y, yendo más allá, el índice nacional de precios al consumidor, que mide la inflación, incluye muchos otros conceptos que trascienden la canasta básica.

Insisto en que no hay que desestimar el esfuerzo hecho por el gobierno y ahora un grupo importante de empresas privadas, pero tampoco nos sorprendamos si a pesar de ello, en las siguientes quincenas y meses sigue muy elevada la inflación, pues este esquema no la va a contener.

Va a ser útil para que la población tenga algunas opciones para adquirir un paquete de bienes básicos a mejores precios. Pero nada más.

Tampoco va a detener la presión sobre la pobreza, pues tiene que ver con múltiples factores que no se van a resolver con el paquete que hoy se va a presentar.

El efecto inmediato de la inflación sobre los ingresos va a ser inevitable, como en muchos lugares del mundo.

Sin embargo, la posibilidad de impedir que el alza de los precios impacte negativamente sobre la pobreza depende principalmente de la estructura del empleo.

Mientras más de la mitad de las ocupaciones tengan lugar en la economía informal, será muy difícil impedir que el alza de precios afecte negativamente al poder adquisitivo de los hogares.

Y la solución estará fuera del ámbito de acción de la autoridad. No podrá argumentar ni el aumento del salario mínimo ni el crecimiento del empleo formal.

La única opción es que la economía se recupere, y es lo que el gobierno de López Obrador no podrá conseguir.

Malos augurios para el 2024


Por Enrique Quintana (El Financiero)

En pocos procesos electorales o de consulta popular hemos visto tantas violaciones a las reglas del juego fijadas en la ley como en el de la consulta popular por la revocación de mandato.

A partir del día de hoy entramos al llamado periodo de silencio y reflexión en el que ya no se puede realizar promoción del proceso.

Ayer por la tarde, como si fuera cierre de una campaña electoral, se realizó en el Monumento a la Revolución de la Ciudad de México un evento organizado por Morena, pero promovido abiertamente por las autoridades de la Ciudad de México… para respaldar la reforma eléctrica.

No se puede ser más obvio en el modo de darle la vuelta a las restricciones impuestas por la autoridad electoral.

El tema de fondo es que las sanciones han sido relativamente menores, como la instrucción para bajar de redes sociales pronunciamientos de funcionarios o amonestaciones públicas.

Este clima debe conducir a una reflexión relevante: ¿cómo será el proceso electoral de 2024?, ¿qué podrá hacer la autoridad electoral si entonces hay violaciones a la ley?

Lo que ya sabemos es que el presidente López Obrador quiere otras autoridades electorales, por lo que presentará su iniciativa de reforma constitucional en la materia quizá la próxima semana o al menos en una fecha cercana.

También sabemos que, salvo que algo completamente inesperado ocurra, los partidos opositores rechazarán esa propuesta. Creo que ninguno tiene vocación suicida… aunque a veces esa sea la impresión que dejen.

Y tendremos entonces en abril de 2023 una gran batalla por el nombramiento de cuatro consejeros electorales para reemplazar a Lorenzo Córdova, Ciro Murayama, Adriana Favela y Roberto Ruiz.

Si la ley no cambia, lo que me parece el escenario más probable, será la Cámara de Diputados, por mayoría calificada, la instancia que designe a los nuevos consejeros, incluyendo al consejero presidente.

Ya sabemos que Morena y sus aliados no cuentan con los votos necesarios, por lo que será indispensable una negociación para que el perfil del presidente y de los otros tres consejeros, sea aceptable también para la oposición.

Morena, obviamente, buscará fracturar al bloque opositor, que en ese proceso tendrá una de sus pruebas de fuego.

Si la autoridad electoral que resulte tras los cambios del próximo año no tiene plena legitimidad, quizá nos esperen campañas en 2024 que podrían estar caracterizadas por el caos, por la falta de respeto a la ley y por una presencia creciente de la violencia promovida por el crimen organizado en diversas regiones del país.

Y, si el resultado de la próxima elección presidencial fuera cerrado, en caso de que la autoridad electoral no tuviera el peso moral requerido, probablemente habría incentivos para desconocer el resultado.

Nuestro país consiguió que, a partir de los procesos electorales federales de 1994, y sobre todo de 1997, el término ‘conflicto poselectoral’, que era frecuente en el pasado, quedara casi en el olvido.

¿Por qué los banqueros están optimistas?


Por Enrique Quintana (El Financiero)

El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, inaugurará esta tarde la convención anual de la Asociación de Bancos de México (ABM).

Como ha ocurrido a lo largo de esta administración, el presidente seguramente va a aprovechar la ocasión para exponer lo que él considera que son los logros económicos de su administración.

Le pondrá énfasis al hecho de que se ha preservado la estabilidad y que hay un crecimiento económico, pero además, pondrá el acento en los aspectos sociales de este crecimiento.

¿En qué medida este discurso tendrá algún efecto entre los banqueros que asistirán a la convención que hoy comienza en Acapulco?

Los hombres y mujeres de la banca ya conocen este tipo de planteamientos desde hace varios años.

En términos generales, lo que los directivos y propietarios de las instituciones bancarias que operan en México quieren son garantías de que se mantendrá la estabilidad en los últimos años de esta administración.

Con que no haya sorpresas desagradables, estarán satisfechos.

Prácticamente ya no hay quien crea que en este sexenio podrá alcanzarse un crecimiento económico de 4 por ciento.

El consenso entre los analistas de la banca es que este año creceremos un 2 por ciento, pero ya hay un buen número de expertos que piensan que el crecimiento estará más cerca del 1.5 por ciento.

Así haya un mejor desempeño en los dos últimos años de esta administración, lo que se percibe es que difícilmente se podrá alcanzar una tasa promedio anual para el sexenio que sea superior al 1 por ciento y, seguramente, en términos per cápita, tendremos un decrecimiento.

Pero, eso ya se sabe y no se concibe como tragedia.

Lo que se quiere escuchar es que en lo que resta del actual sexenio no se tomarán decisiones que amenacen la estabilidad.

Entre ellas, destaca la reforma constitucional en materia eléctrica, la cual esperan que se modifique en el Congreso o que no tenga mayoría calificada.

Sin duda, entre los banqueros se aprecia positivamente el hecho de que la política fiscal de este gobierno haya permitido que los niveles de endeudamiento público sean relativamente manejables y mucho menores respecto a los que existen en otros países.

Igualmente, se pondera el respeto a la autonomía del Banco de México, que ha sido y será clave para la preservación de esta condición de estabilidad.

Uno de los temas que estarán presentes en la convención es el asunto de la venta de Banamex.

El hecho mismo de que haya diversos grupos nacionales e internacionales interesados en la adquisición de esta importante institución refleja la perspectiva de que, en el mediano plazo, se ve a la banca como una muy importante oportunidad de negocios para el país.

Y quizás en ello radique el optimismo que flota más entre las instituciones bancarias, pues cuando se observa el mediano y largo plazos, se puede tener una actitud optimista para México.

En la medida que tenemos como vecino y principal socio comercial al país con la economía más grande del mundo; que tenemos un tratado comercial con Norteamérica; que contamos aún con una situación de estabilidad política, así como una clase media emergente que le da densidad social al país, y un perfil demográfico caracterizado por el hecho de que hay un porcentaje elevado de población joven en México, en esa medida las perspectivas de mediano y largo plazos se ven alentadoras para las instituciones bancarias.

La proporción del financiamiento bancario respecto al Producto Interno Bruto, que fue el año pasado de 28 por ciento, una cifra baja en comparativos internacionales, todavía muestra un potencial de crecimiento muy importante.

Así que, más que por los dichos del presidente López Obrador, el optimismo de los banqueros deriva de lo que ven en el mediano y largo plazos para México.


Por Enrique Quintana (El Financiero)

El 11 de febrero del 2021 escribí un texto en este espacio que titulé: “Santa Lucía puede aspirar a ser Toluca”.

Hoy, trece meses después, tras haber arrancado operaciones, sigo pensando que ese puede ser su horizonte… si las cosas salen bien.

Hay muchas discusiones en torno al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA): que si está sin terminar (obviamente está a medias); que si hubiera sido mejor no construirlo (en discusión) y otros temas.

Pero, a mi parecer, una de las más relevantes tiene que ver con el impacto que tendrá en la industria área mexicana, es decir, en el volumen de operaciones que será capaz de realizar.

En su primer día de actividad, operó ocho vuelos comerciales y realizó un total de 20 operaciones.

No sabemos aún cuál vaya a ser su ritmo de crecimiento. Pero en cuanto al volumen de operaciones con pasajeros, se ha señalado que el punto de equilibrio para el aeropuerto implicaría 120 operaciones al día y que esta meta podría alcanzarse entre este año y el próximo.

Es decir, tras un año de operaciones, ¿con cuáles aeropuertos se podrá comparar el AIFA en cuanto a su nivel operativo?

Si pensamos en 3 mil 600 operaciones por mes, estaría cerca del volumen que tienen los aeropuertos de Ciudad del Carmen, Culiacán, Mérida o Querétaro.

Sin embargo, estaría a la mitad de las operaciones del aeropuerto de Monterrey o a la tercera parte del de Guadalajara.

Respecto al Benito Juárez, de la Ciudad de México, estaría en 12 por ciento.

Esto, desde luego, en el escenario de un desempeño en el que se cumplen las previsiones. Si, por cualquier razón, como falta de demanda o problemas de cualquier índole, las metas no se alcanzan, el porcentaje estará por abajo.

Si la operación simultánea de los dos aeropuertos con un mayor volumen en el AIFA realmente puede resolverse, lo más probable es que el nuevo aeropuerto sea una terminal suplementaria, en la que preferentemente se operarán vuelos nacionales y con destino final en la Ciudad de México.

Se atenderá prioritariamente a un mercado ubicado en el centro y oriente de la Ciudad de México y en zonas del Estado de México e Hidalgo.

Poco a poco, los problemas de acceso serán menores, pero el Benito Juárez seguirá teniendo amplias ventajas respecto al AIFA con relación a las zonas de la capital de las que sale o a dónde llegan la mayor parte de los pasajeros.

Para dar una idea del impacto que tendrá el AIFA en el tráfico aéreo metropolitano, hay que recordar que, en el mejor año de operaciones en el Aeropuerto de Toluca, en 2008, hubo casi 4 millones de pasajeros, que llegaron a representar 15 por ciento del volumen que se operaba en la Ciudad de México.

Es decir, como le comentaba ya desde hace un año, en un buen escenario, Santa Lucía podría llegar a jugar el papel que tuvo Toluca hace 14 años.

No está mal, probablemente podría bajar un poco la presión que tiene el aeropuerto Benito Juárez, sobre todo si se avanza en las vialidades que comuniquen a las dos terminales y en los sistemas de transporte público que permitan, aun con una inversión de tiempo adicional, conexiones entre las dos terminales.

Sin embargo, lo que es un hecho es que la mejor opción que tiene es convertirse en un aeropuerto menor complementario, por lo que probablemente seguiríamos padeciendo por muchos años más la saturación del principal aeropuerto de la Ciudad de México.

La cantidad de operaciones que se hicieron en enero pasado en el aeropuerto Benito Juárez fue inferior en 20 por ciento al máximo nivel que se alcanzó en 2017 y es comparable con el volumen que se tuvo en enero de 2012.

La apuesta del gobierno con el AIFA es que, al declararse la saturación del Benito Juárez aun con este nivel, y con la expectativa de recuperar la categoría 1 en la segunda mitad de este año, se empuje a un número importante de aerolíneas tanto estadounidenses como mexicanas a usarlo, pues para regresar a niveles de 2017 se necesitaría un crecimiento de 30 por ciento en el número de vuelos.

Creo que (insisto, si realmente está resuelto el tema de la aeronavegabilidad con volúmenes altos de operaciones) el AIFA no va a resolver el problema de la saturación del AICM, pero tampoco va a ser el desastre que muchos auguraban apenas hace algunas semanas.

La popularidad de AMLO: ¿en un punto de quiebre?


Por Enrique Quintana (El Financiero)

La popularidad de AMLO: ¿en un punto de quiebre?

El presidente López Obrador perdió 13 puntos en su nivel de aprobación en los últimos dos meses, de acuerdo con la encuesta nacional realizada por El Financiero.

Lo relevante no sólo es la pérdida de aprobación, sino el hecho de que ésta se encuentra en el nivel más bajo de todo el sexenio con 54 por ciento de apoyo.

Para dimensionar lo que significa esta caída hay que poner sobre la mesa dos elementos de contexto.

El primero es que la votación obtenida en 2018 para triunfar en la elección presidencial fue de 53.2 por ciento de los votos válidos. Esto significa que todavía mantiene un nivel de respaldo por lo menos equiparable al de los sufragios que recibió en aquel proceso electoral.

El segundo elemento de contexto es que no es la primera vez que López Obrador tiene una caída sensible en su nivel de aprobación, de acuerdo con las mediciones de El Financiero.

Entre febrero de 2019 y junio del mismo año, el presidente perdió 17 puntos de aprobación. Se encontraba entonces en niveles mucho más elevados. Sin embargo, por cuatro meses hubo una tendencia a la baja antes de estabilizarse en 66 por ciento.

De nueva cuenta, después de abril del año 2020, cuando tuvimos el confinamiento más duro asociado a la pandemia, hubo una caída de 12 puntos en apenas un par de meses.

Es decir, no es la primera ocasión en la cual se presenta un fuerte retroceso en la aprobación.

La pregunta pertinente es si esta caída marca un punto de inflexión en la percepción de los ciudadanos respecto al presidente, o será solo otro tropezón del cual puede recuperarse en los próximos meses.

De este hecho depende una parte importante del futuro político del país para este año y los siguientes.

Aunque la popularidad del presidente López Obrador no es trasladable directamente a Morena y sus aliados, una pérdida de ésta sí puede afectar la simpatía de los votantes hacia Morena.

De acuerdo con los sondeos realizados por El Financiero, se presume que las elecciones estatales del próximo junio serán más competidas que las que tuvimos el año pasado.

Si, adicionalmente, se percibe una pérdida de apoyo a la figura presidencial, sería factible imaginar que Morena podría tener resultados menos favorables de los que supone.

Si la tendencia se mantuviera, eso podría también influir en el resultado electoral crucial de 2023 cuando se dispute la gubernatura del Estado de México, la entidad con mayor peso electoral en todo el país.

No es inusual que los presidentes de la República pierdan respaldo conforme avanza su gobierno.

De hecho, eso pasa en México y también en otras latitudes. Se trata de un proceso natural de desgaste de la imagen de los presidentes o primeros ministros que viene con el ejercicio del poder.

No obstante, en el caso del presidente López Obrador, el golpe a la aprobación parece asociado de manera más directa al tema de la casa de su hijo José Ramón y su esposa, en Texas.

El atributo de ‘honestidad’ del presidente, que estaba en 64 por ciento en noviembre de 2021, cayó a 45 por ciento en febrero, un retroceso de 19 puntos.

El manejo de la crisis derivada de la llamada ‘casa gris’ es un ejemplo de cómo no responder a una situación semejante.

Fue inevitable que en el imaginario público se evocara la llamada ‘casa blanca’, de Angélica Rivera, y el escándalo detonado en 2014, que marcó un descenso sin freno de la popularidad presidencial.

Si no se logra esclarecer el tema y la respuesta queda en ataques a periodistas y organismos de la sociedad civil, la sospecha seguirá flotando y puede dejar a AMLO solo con el respaldo de su voto duro, de los incondicionales.

Desacreditar a sus autores no esclarece el asunto. La duda puede seguir flotando.

Quizás el propio presidente y su círculo más cercano no hayan todavía calibrado la relevancia de este tema.

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: