El “plan de negocios” de Pemex


Por Enrique Quintana (El Financiero)

Se espera que en el curso de este mes se de a conocer el esperado Plan de Negocios de Pemex.

En contra de lo que algunos piensan, no tendrá sorpresas. La mayor parte de los planteamientos y estrategias se han dado a conocer en semanas y meses previos.

Habrá dos claves en este plan. La primera es la estrategia para recuperar la producción de crudo. La segunda es la que permita la viabilidad financiera de la empresa.

Veamos el tema de la producción. Durante la administración de Peña, la caída de la producción de Pemex fue de 34.2 por ciento.

Pero la caída no es nueva. En el sexenio de Calderón el retroceso fue de 18.6 por ciento.

¿Qué ha pasado en los pocos meses del gobierno de AMLO?

Se pasó de una producción de 1 millón 695 mil barriles al final de noviembre a 1 millón 657 mil en mayo.

Si las cifras hasta el 19 de junio se sostuvieron el mes pasado, entonces llegaríamos a 1 millón 680 mil barriles diarios.

Es decir, simplemente se habría contenido la caída.

El Plan de Negocios de Pemex, debe demostrar claramente que se puede aumentar la producción a 1 millón 829 mil barriles en diciembre y a 2 millones 654 mil barriles para el final de 2024.

En la presentación a inversionistas que se realizó en NY a principios de junio, por parte de directivos de la empresa, se especificó el detalle de las inversiones que se están realizando. El estimado de este año es de 273 mil millones de pesos, contra los 198 mil millones del año pasado.

Para 2020 y 2021, los estimados son de 320 y 412 mil millones, con lo cual se regresará a niveles cercanos a los que hubo en 2013 y 2014.

Hay 20 desarrollos en curso, y se espera que 17 de ellos ya estén produciendo petróleo a finales de este año en un monto de 70 mil barriles diarios adicionales.

El otro ingrediente del plan de Pemex tiene que ver con darle la vuelta a su deterioro financiero.

En este caso, hay una combinación de reducciones de gasto, estímulos fiscales y una capitalización pendiente por parte del gobierno, que podría modificar la trayectoria de las pérdidas.

De acuerdo con el reporte presentado en NY en junio, durante abril y mayohubo un balance financiero positivo de alrededor de 18 mil millones de pesos.

Sin embargo, en los primeros cinco meses todavía resultó negativo en casi 62 mil millones debido a que en enero hubo liquidaciones de cuentas por pagar por 64 mil 965 millones de pesos.

Por otra parte, la renovación y ampliación de las líneas de crédito contingente que venían desde la administración anterior dio un margen de maniobra adicional en condiciones en las que no es nada fácil para Pemex hacer nuevas colocaciones de deuda en los mercados.

En el Plan de Negocios de Pemex deberá incluirse algo que hasta ahora no se ha especificado: ¿cuál será el monto de la capitalización que el gobierno hará a la empresa en 2020 y 2021 luego de los 25 mil millones aportados en este año?

No será sencillo convencer a los inversionistas de la viabilidad financiera de la empresa en el mediano plazo, pero no habrá de otra si se quiere que Moody’s no le quite también el grado de inversión a la deuda de la petrolera (como ya lo hizo Fitch) lo que generaría fuertes presiones en sus costos financieros y probablemente también le pegaría al tipo de cambio del peso frente al dólar.

Por eso, Hacienda y Pemex están valorando con todo cuidado cuándo y cómo presentan ese esperado Plan de Negocios.

Anuncios

¿Resistirá el tipo de cambio?


Por Enrique Quintana (El Financiero)

Hace 12 meses estábamos en la recta final del proceso electoral. Y el nerviosismo en el mercado financiero se había dejado sentir.

El 18 de junio de 2018, el tipo de cambio del peso frente al dólar se ubicaba en 20.51 pesos.

Un año después, la cotización de nuestra moneda se ubicó en 19.15. Esto significa una apreciación de 6.7 por ciento frente al dólar.

Se trata del mayor avance frente al dólar entre todas las divisas importantes en el mundo.

Y si uno observa el desempeño de este gobierno, no se ha caracterizado por generar confianza entre los inversionistas.

Entonces, ¿por qué tenemos un peso que se mantiene relativamente fuerte?

El presidente López Obrador lo refiere con frecuencia como una muestra de que la economía va mejor de lo que muchos dicen.

Y, seguramente, en su discurso del 1 de julio, cuando celebre en el Zócalo, el primer año de su triunfo electoral, va a citar la solidez de nuestra moneda como un ejemplo de que las cosas van bien.

Pero, ¿es así?

Uno de los factores que ha permitido que el peso se mantenga fuerte son las altas tasas de interés que ha propiciado la política del Banxico.

La tasa de referencia del Banco Central se ubica actualmente en 8.25 por ciento. Hace un año estaba en 7.50 por ciento. Pero con la apreciación de nuestra moneda, los rendimientos en dólares han sido espectaculares.

Como referencia, la tasa de la Reserva Federal en EU está en un nivel de 2.25-2.50 por ciento. El diferencial de tasas de interés entre México y EU, ha sido fundamental para que el peso se mantenga fuerte.

Claro que no ha sido el único factor. El otro elemento clave ha sido la decisión del gobierno de mantener en equilibrio las finanzas públicas.

No le ha importado a la administración de López Obrador realizar recortes drásticos en el gasto de muchas dependencias; ha lidiado con los problemas sociales que se han generado con estos ajustes, con tal de conseguir finanzas equilibradas.

Esto ha sido apreciado por los inversionistas, quienes no han visto riesgo de que la economía se desordene por razones domésticas.

Al inversionista financiero no le afecta directamente el bajo crecimiento. Estará satisfecho si recibe un rendimiento elevado, aunque la economía crezca poco o incluso no crezca.

Sin embargo, este cuadro puede descomponerse en las siguientessemanas, en caso de que el gobierno de Trump insista en la aplicación de aranceles a las exportaciones mexicanas.

Por esa razón es que, si en la evaluación que se realice en la tercera semana de julio no se ve una reducción sensible de la migración, es muy probable que el gobierno de México va a aceptar el que se pongan sobre la mesa otras fórmulas migratorias, como la del tercer país seguro, antes que aceptar los aranceles, aunque esto propicie un debate interno en el gobierno y con el Congreso.

Es positivo, sin duda, que en los casi siete meses de esta administración hayamos tenido un tipo de cambio relativamente estable, pero ese hecho no es el signo de que la economía está bien.

Para poder caracterizar a la economía mexicana como saludable, deben darse un conjunto de circunstancias que hoy no están presentándose, en particular, el desarrollar la capacidad de crecimiento.

Y, hasta este momento, el desempeño de la inversión productiva ha sido muy malo, pese a todas las promesas y discursos.

Sin inversión al alza, pese a la estabilidad cambiaria, no tendremos una economía sana.

Una ventana que quiere cerrar Trump por Enrique Quintana


Texto original: El Financiero

La ratificación del nuevo tratado comercial México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC) va a ser tersa en los casos de México y Canadá, pero va a ser un dolor de cabeza en el caso de Estados Unidos.

La primera muestra de ello fue el anuncio del arancel generalizado de 5 por ciento a partir del 10 de junio, que subiría hasta el 25 por ciento en octubre, si no se emprenden acciones para frenar la migración centroamericana que pasa por México.

Esto ocurrió precisamente cuando el presidente López Obrador solicitó al Senado la convocatoria a un periodo extraordinario y presentó el T-MEC a ratificación de ese órgano legislativo.

Cuando se presente la votación en junio en el Senado mexicano, la aprobación seguramente será casi por unanimidad.

En el caso de Canadá, la mayoría parlamentaria del Partido Liberal de Trudeau permitirá su fácil ratificación.

El problema es Estados Unidos, donde la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes le cobraría cara a Trump su ratificación, y con un presidente tan impredecible como ya se vio ayer, no hay seguridad de que el proceso llegue a buen puerto.

De hecho, el Ejecutivo norteamericano ya debió haber presentado la Statement of Administrative Action (SSA) con la que empieza a correr el proceso formal de ratificación… y no lo ha hecho.

Pero pareciera que las prioridades del gobierno de Trump están en otros ámbitos en este momento y cuando se acuerda de México, es para golpear.

Por eso, el sector privado decidió ya hace algunas semanas no esperar más y nuevamente está desplegando un intenso esfuerzo de cabildeo con la clase política norteamericana y con representantes empresariales.

La clave es asegurar que los representantes demócratas tengan la percepción de que tendrían un costo electoral entre sus bases en caso de que no ratifiquen el T-MEC, pues podría existir la percepción de que bloquear este tratado perjudicará a Trump y con ello daría beneficios al Partido Demócrata.

Como aquí le hemos comentado, se requiere que el esfuerzo que está haciendo el sector privado se replique por parte del gobierno de AMLO, para que todo el esfuerzo sea desplegado en las siguientes semanas.

Ya se anunció una respuesta enérgica del gobierno mexicano. Veremos cómo es asumida este día por Trump.

Tener un tratado ratificado antes del receso legislativo en agosto en EU o al menos aprobado en la Cámara de Representantes, para que los senadores lo ratifiquen en septiembre u octubre, puede ser la diferencia entre la viabilidad económica del gobierno de AMLO o no.

Hay inversiones que se encuentran a la espera que se definan las reglas del tratado. Eso ya afectó a la economía mexicana desde noviembre de 2016 y lo sigue haciendo hasta ahora. El tipo de cambio llegó ayer a 19.50 tras conocerse la noticia.

Si, en medio de todo este jaleo, se deja que el proceso de ratificación se empalme con los tiempos electorales, entonces lo más probable es que la ratificación, si ocurre, se dé hasta el 2021, con una nueva administración quizás y un nuevo Congreso, con todos los riesgos que ello implica, prolongando una situación de incertidumbre para las inversiones en México.

Tenemos una ventana de oportunidad de alrededor de ocho semanas que, sin exagerar, pueden ser determinantes para el resultado económico de esta administración y en buena medida también para el futuro económico del país. Una ventana que Trump parece querer cerrar ya.

El peor pecado en el México actual: criticar las mañaneras de López Obrador por Enrique Quintana


El que mucho habla mucho se equivoca y si habla de temas diversos debe esperarse que no todos los que escuchan están de acuerdo y también reaccionan y hablan, comentan, se expresan en los medios de comunicación y generan polémicas en las redes sociales.

Esto es lo que sucede hoy en México a partir de que con su estilo personal de gobernar el presidente Andrés Manuel López Obrador inició con sus conferencias de prensa mañaneras.

Las conferencias de prensa de López Obrador son vistas y escuchadas por diversos públicos que de inmediato o en el transcurso del día, expresan su acuerdo con lo dicho por el presidente, manifiestan su extrañeza o fijan su posición en contra y todo parte de la estructura y contenidos del ejercicio diario que, por razones obvias, debe ser preparado por los colaboradores cercanos del mandatario.

A las siete de la mañana de lunes a viernes, el presidente López Obrador sale al escenario y empieza su actuación frente a los reporteros de los medios de comunicación y todos los días hace la “hazaña” de fijar la agenda que llama la atención de sus críticos y los líderes de los grupos de interés que, con incertidumbre, esperan la “ocurrencia”, la expresión polémica, la descalificación a algún “adversario” o la participación fuera de lugar de algún “invitado especial”.

En la conferencia de prensa mañanera del 9 de mayo uno de los reporteros asistentes cedió el micrófono al diputado de Perú, Ricardo Belmont Cassinelli, empresario y exalcalde de Lima, Perú, quien aduló al presidente y calificó de nazis a los participantes en la manifestación del silencio que se había expresado en diversas ciudades del país días antes. Los comentarios de este tipo de “invitados de alguien” conllevan el riesgo de dar espacio en el informativo presidencial a opiniones ligeras de personajes extraños a nuestra realidad, que pueden comprometer al Estado.

En esa misma ocasión la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval Ballesteros, en su turno de la conferencia matutina, dijo que el presidente de Argentina, Mauricio Macri, era el culpable de la crisis macroeconómica que afecta a ese país, con lo que la política de no intervención en los asuntos de otros Estados, en la que ha insistido el presidente López Obrador, se fue a la basura y en caso de que haya un reclamo del gobierno argentino, el canciller Marcelo Ebrard tendrá que dar la cara.

Los temas de las conferencias de prensa suelen ser repetitivos y predecibles, como el caso de la Reforma Educativa que fue comentado por días y de la que con detalle no se sabe que tan diferente es de la “mal llamada reforma educativa” de Peña Nieto.

Lo que sí se sabe es que no dejó satisfecha a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que ya amenazó con seguir con su oposición. También sabemos que al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), como en sus mejores tiempos al servicio del presidencialismo, ya declaró que está de acuerdo con la reforma educativa de López Obrador. En esta línea Elba Esther Gordillo no se equivocó para regresar al liderazgo del Sindicato de maestros.

Desde luego que el espacio informativo del presidente López Obrador comunica novedades, pero también sirve para dar sorpresas como la construcción de la refinería de Dos Bocas que le fue encargada a Pemex y a la secretaria de Energía que tendrán que cumplir el “reto-capricho” del presidente de hacerlo con ocho mil millones y en tres años. Ya veremos.

En las conferencias mañaneras de Amlo se hacen promesas que conviene tener presentes, como esa que recientemente hizo de no hacer ninguna obra que no se termine en su sexenio, que podría indicar que, para cumplir la promesa, las obras que hará este gobierno, conforme avance el sexenio, serán mas pequeñas y el día para poner el último ladrillo será el 30 de noviembre de 2024. Ya veremos.

Las redes sociales participan activamente a partir de lo que escuchan en las conferencias de prensa de AMLO, si algún ciudadano se expresa a favor es secundado por otros que se unen a su punto de vista. Si algún ciudadano manifiesta su desacuerdo es posible que los ataques en su contra se expresen adjudicándole todo tipo adjetivos.

En las redes sociales militan muchos de los “seguidores” de AMLO que se ponen “rabiosos” cuando llega a expresarse un juicio en su contra. La reacción es visceral, numerosa y repetitiva, lo que estaría indicando que “alguien” le da cuerda a los robots para que reaccionen y linchen al opositor, adversario, fifí o neoliberal.

Claro, como dice Ya Sabes Quien, “con mucho respeto”. Es la disuasión a través de las redes en los primeros días de la Cuarta Transformación, después podría ser peor.

Viene un nuevo ciclo de recortes por Enrique Quintana


Texto original: El Financiero 

Si usted creía que los recortes al gasto público ya habían acabado, pues se equivocó.

El viernes pasado se anunció un nuevo ciclo de ajustes con objeto de generar ahorros, no sabemos en qué monto, pero lo que resulte será reasignado a Pemex.

La administración de López Obrador recibió un aplauso generalizado de la población cuando tomó la decisión de ajustar los salarios de la alta burocracia, así como al reducir el Presupuesto y las estructuras de la administración pública.

Por años, el sector privado se había quejado de los excesos en el gasto público.

Sin embargo, igualmente, muchos advertimos respecto al riesgo de que estos ajustes podrían producir un deterioro de la calidad del servicio público y contribuir al freno económico.

Y creo que ambas cosas ya son notorias.

Hasta marzo, el gasto programable del sector público cayó en 5 por ciento real respecto al primer trimestre del año pasado.

Si se ven los totales, la reducción está lejos de ser una catástrofe. Con todo y el ajuste realizado, el gobierno de López Obrador gastó 13.4 por ciento más en términos reales que en el primer trimestre del gobierno de Peña.

El problema no es el monto general, sino rubros específicos.

Por ejemplo, la inversión pública realizada en el primer trimestre está 7.8 por ciento por abajo en términos reales respecto a la realizada en elprimer trimestre del gobierno de Peña.

Hay otros rubros sensibles cuyo gasto cayó de manera notable en los primeros tres meses de este año: el asignado a la Secretaría de Salud descendió en -12.2 por ciento a tasa anual y el destinado a la SEP en -30 por ciento en términos reales.

No se trata solo de caídas respecto a lo ejercido el año pasado, sino de reducciones en gastos que ya estaban autorizados y calendarizados.

Por ejemplo, en Salud no se ejercieron 2 mil 245 millones de pesos; en Educación el subejercicio, perdón, ‘ahorro’, fue de 14 mil 706 millones en el primer trimestre.

Para el conjunto de las dependencias de la administración central, el monto no ejercido respecto a lo que se tenía programado fue de 21 mil 765 millones de pesos.

Hay otros descensos importantes en los que no se han prendido suficientes alarmas, pero pueden tener un efecto notorio en el deterioro del servicio público, como el de la Secretaría de Economía, que cayó -79.3 por ciento; el de Turismo, que descendió en -73.5 por ciento; de Comunicaciones y Transportes, con una reducción de -65.9 por ciento.

Entiendo el esfuerzo que está realizando el gobierno para reducir el gasto corriente, pero la realidad es que también se ha recortado la inversión y en algunos rubros críticos del gasto corriente, ya ‘se les pasó la mano’.

Un funcionario me contó que en una reunión de gabinete llevaba preparada una explicación respecto a la reasignación de gasto que estaba realizando en su dependencia, aprovechando en áreas relevantes los ahorros generados por los programas de austeridad.

Sin embargo, cuando observó que el presidente López Obrador ponderaba las reducciones de gasto simples y llanas, sin más esfuerzo de reasignación racional, el funcionario en cuestión mejor se guardó su presentación.

Ahora sabemos que la consigna es: todo el dinero para Pemex.

Esperemos que no sea como tirarlo.

“Y podría ser peor…” por Enrique Quintana


Texto original: El Financiero

En su conferencia mañanera de ayer, el presidente López Obrador dijo que en las proyecciones económicas para este año y el siguiente que fueron entregadas al Congreso, la Secretaría de Hacienda se quedó corta.

“La proyección que presentó Hacienda al Congreso es un estimado prudente, conservador, para no contradecir a quienes están elaborando proyecciones de crecimiento, sobre todo para no contradecir al Banco de México”, fue su afirmación.

En el documento de Pre-Criterios de Política Económica, Hacienda explica el porqué de sus estimaciones, señala que se trata de cifras inerciales. “Estas estimaciones son inerciales en el sentido de que no consideran los efectos de la estrategia de desarrollo económico de la actual administración ni otros factores que pueden implicar un mayor crecimiento”.

Y refiere cuáles pueden ser algunos factores positivos: el empuje al consumo derivado de programas sociales y de inclusión financiera; el impulso a la inversión por los proyectos de infraestructura y la mayor inversión pública, y el incremento de las exportaciones por la reconfiguración de las cadenas de valor.

Llevamos poco tiempo, pero los datos disponibles hasta ahora no sustentan ninguno de estos probables efectos positivos.

Por ejemplo, el gasto en la actual Secretaría del Bienestar y en la del Trabajo, que manejan diversos programas sociales, cayó en 36 y 40 por ciento en los primeros dos meses del año. En ese mismo lapso, la inversión fija del sector público cayó en 5.6 por ciento. Y las exportaciones de febrero se desaceleraron y crecieron 3.4 por ciento.

Las cifras planteadas por Hacienda también pueden irse hacia abajo.

En el balance de riesgos son señalados los siguientes: mayor desaceleración de la producción industrial de EU; mayor volatilidad financiera internacional; incertidumbre política externa; mayor debilitamiento de la inversión privadaretraso en la ratificación del T-MEC en Estados Unidos; mayor deterioro en la calificación crediticia de Pemex.

Si asignáramos probabilidades, me temo que las que tienen sesgo negativo tienen un valor mayor que las que pueden producir un efecto positivo.

No es casualidad que las previsiones de los analistas privados ya están ligeramente por debajo de las estimaciones puntuales de Hacienda.

Hay algunos asuntos en los que el gobierno no puede incidir, pero en otros sí.

Uno de los que va a adquirir mayor intensidad en los siguientes días y semanas es la relación con EU.

Si México mantiene la misma posición que hoy tiene frente a Venezuela y si no toma medidas para regular la migración de centroamericanos a través de su territorio, me temo que el presidente Trump no va a invertir la energía necesaria en la ratificación del T-MEC.

Si llegamos al final del verano sin esa ratificación (dejando incluso de lado las bravatas respecto al cierre de la frontera), se nos va a volver a disparar el nerviosismo. El receso legislativo usualmente comienza en agosto, así que la clave es que en los próximos cuatro meses haya indicios claros de que el T-MEC tendrá luz verde.

El problema es que, por ahora, pareciera que particularmente en el caso de Venezuela, al gobierno mexicano no parece preocuparle su alineación con Maduro, con todas las consecuencias que ello puede tener.

Tiene razón AMLO, un enfrentamiento con Trump puede tener graves consecuencias, pero no parece actuar para prevenirlo.

¿Seguirá subiendo la gasolina? por Enrique Quintana


Texto original: El Financiero

La gasolina ha subido en las últimas semanas. Eso es un hecho que puede constatar cualquiera que vaya a cargar el tanque de su vehículo.

Hoy, el Inegi va a revelar, en el gran promedio nacional, cuánto es el aumento que se ha producido en la última quincena cuando dé a conocer el comportamiento de los precios.

Y la razón fundamental del incremento es que el precio internacional del combustible también se ha incrementado.

La tendencia alcista en los precios de las gasolinas en Estados Unidos, país del que importamos la mayor parte del combustible que consumimos, se empezó a notar a partir del 11 de febrero. Desde esa fecha hasta el día de ayer, el incremento en los mercados internacionales es de 12 por ciento en dólares.

A este incremento hay que sumarle el comportamiento del dólar. En los primeros días de febrero tuvimos un tipo de cambio que estuvo apenas por arriba de los 19 pesos y en el curso de los siguientes días se ha encarecido entre 20 y 30 centavos.

Hasta ahora, la Secretaría de Hacienda no ha introducido ‘incentivos fiscales’ en el mercado de las gasolinas, lo que significa que se sigue cobrando el IEPS completo.

El resultado es que, en lugar de tener una gasolina Magna o regular, en la Ciudad de México, en 19.70 o una cifra parecida, como estaba a final de enero, ayer, en buena parte de las estaciones de servicio en la Ciudad de México ya se vendía entre 20.30 y 20.50 pesos, lo que implica un incremento de alrededor de 3.5 por ciento.

Claro, si se compara el precio actual con el de noviembre pasado, prácticamente no hay cambio.

Hay que recordar que la política de precios explícita por parte del gobierno de AMLO es impedir que los incrementos de las gasolinas vayan a ser superiores a la inflación.

De modo que habrá que observar la trayectoria de los precios internacionales.

Si éstos siguieran hacia arriba, y por lo tanto, el costo de importar el combustible también, entonces lo más probable es que empezaran a operar los incentivos fiscales, y el gobierno a dejar de recaudar parte del IEPS que tenía previsto.

El estimado de recaudación de este impuesto para 2019 es de 269 mil millones de pesos.

Si los incentivos fiscales fueran ocasionales o pequeños, entonces habría un impacto limitado en los ingresos del gobierno.

Pero si resulta que los precios internacionales se van para arriba, entonces sí puede haber un impacto relevante en las finanzas públicas.

Y, este no es un escenario improbable, algunos operadores del mercado de combustibles ven presiones alcistas acentuadas en el verano.

El efecto de ello, me temo, sería un nuevo ciclo de recortes en el gasto del gobierno, pues ya quedó claro que no habrá incrementos de impuestos.

Una buena noticia, en medio de esta circunstancia de riesgo que se ha hecho visible en los últimos días, es que la expectativa del tipo de cambio ha mejorado para este año.

La más reciente encuesta de Citibanamex da una mediana de 20 pesos para el cierre de este año, cuando el mes anterior lo ubicaba en 20.17 pesos.

La perspectiva de que podría ya no haber más alzas en las tasas de EU ha ayudado a mejorar la perspectiva para el peso.

En resumen, si se cumple que la gasolina no suba más allá de la inflación, entonces, el escenario de mediano plazo son precios finales de las gasolinas que difícilmente subirán mucho más, pero probablemente con un costo fiscal más allá de lo estimado.