Editoriales

Visión Anacrónica


Por Macario Schettino (El Financiero)

Ayer comentamos el problema de ingresos que tiene el sector público para 2020. Hoy revisaremos en qué piensan gastar, porque el presupuesto es la concreción de la política. Todo lo demás es demagogia.

La transformación en el gasto que ha realizado este gobierno es espectacular. No recuerdo nada parecido desde que tenemos datos. Utilizo el gasto promedio por rubro en los años 2017-2018, frente a 2019-2020. Y considero el cambio real de cada secretaría u organismo, comparado con lo que cambió el gasto total del gobierno en esos dos periodos.

Hay 8 renglones que han tenido una caída superior al 50% en sus presupuestos: Presidencia, el INEE (que ya desapareció), Gobernación (incluyendo Seguridad Pública, hoy Guardia Nacional), Comunicaciones y Transportes, Turismo, CRE, CNH, y provisiones salariales (que es el recurso destinado a incrementos salariales durante 2020). Aunque todos celebran que la Presidencia gaste menos, no parece razonable que Gobernación y Seguridad Pública tengan una contracción de 2/3 partes de su presupuesto en una crisis de seguridad. O que se abandone a los reguladores del mercado energético. O que se olvide la infraestructura de Comunicaciones y Transportes. Pero así es.

Con caídas de entre 25 y 50% están Hacienda, Desarrollo Agrario, Agricultura, Relaciones Exteriores, Medio Ambiente y Función Pública. Total, ni el resto del mundo ni el ordenamiento urbano ni el cambio climático importan para este gobierno.

Caídas de entre 10 y 25%: Poder Legislativo, Ifetel, Economía, Cultura, Tribunales Agrarios, Marina, PGR (hoy FGR), Conacyt, Acceso a la información. Ahí usted juzgue. Salud y Educación Pública tienen una caída de 8%, en promedio.

¿Quiénes aumentan su presupuesto? La CFE, muy moderadamente, 1.4%. Pemex, 8%. Defensa, 9%. Pensiones crece 12%, con lo que el presupuesto de IMSS e ISSSTE, quitando este renglón, se reduce bajo este gobierno.

Todas las contracciones presupuestales previas sirven para alimentar tres rubros con crecimientos espectaculares: Desarrollo Social (hoy Bienestar) crece 55%, Trabajo crece 466% y Energía crece 1,400%.

En suma, el gobierno sacrifica todo: seguridad pública, educación, salud, relaciones con el exterior, ambiente, ciencia, cultura, para financiar dos ideas: la construcción de una refinería y la sustitución de todos los programas sociales construidos en los últimos 25 años por la entrega de dinero en efectivo, sin reglas de operación, sin vigilancia y sin objetivo alguno.

El presupuesto para 2019 podía tener alguna excusa, el de ahora ya no. Lo que este gobierno propone es criminal. Ha dejado sin atención de salud a millones de mexicanos, al cancelar el Seguro Popular; abandonó a otros millones al eliminar Oportunidades-Progresa; hipoteca el futuro al reducir la inversión en educación, salud, ciencia, tecnología, ambiente, infraestructura y cultura. En la situación más complicada en términos políticos y de seguridad en décadas, reduce el gasto en estos renglones ¡en dos terceras partes!

Y todo eso se hace para invertir en un proyecto que no tiene ningún sentido, la refinería que empezará a funcionar (si lo hace) justo cuando la demanda global por gasolina y diésel empiece a reducirse, para no volver a crecer jamás.

Pero tal vez lo más grave sea la transformación en la política social. El reparto de dinero en efectivo le asegura a quienes hoy tienen el poder la gratitud (temporal) de millones de personas que están recibiendo una limosna. Al no tener objetivos ni reglas de operación, ese dinero no va a mejorar las condiciones de vida de las personas de forma estable. Y funcionará sólo mientras haya recursos para regalar. Cuando eso se termine, el enojo de esas mismas personas será épico.

López Obrador no ha entendido que no vive en los setenta, ni es Hugo Chávez en el boom petrolero de 2004. Está destruyendo una economía moderna, compleja, en aras de una visión anacrónica.

Editoriales

Destrucción legal


Por Macario Schettino (El Financiero)

Hace más de 70 años, Henry Hazlitt, periodista especializado en economía, publicó un libro titulado Economía en una lección. Es un libro interesante, construido alrededor de la idea de que las decisiones y acciones no ocurren en el vacío, y tienen repercusiones de distinto orden, que trascienden lo inmediato. En palabras de Hazlitt, “el arte de la economía consiste no sólo en ver lo inmediato, sino los efectos de largo plazo de cualquier acción o política. Consiste en trazar las consecuencias de dicha política no sólo para un grupo sino para todos.” (p.17, edición de 1979).

Más allá de que Hazlitt no tenía buena opinión de las políticas keynesianas, y por eso su insistencia en las repercusiones de largo plazo, el argumento es correcto. Decisiones que se toman pensando en resultados inmediatos pueden provocar problemas muy serios en periodos un poco más largos. Por ejemplo, a ojos de ese autor, el déficit fiscal, que busca impulsar la economía, podría convertirse en un problema de deuda difícil de manejar.

Esto no significa que haya que cancelar acciones inmediatas, sino que es necesario considerar los efectos a diferentes plazos, para diferentes grupos, de forma que la decisión pueda tener impacto ahora, y los costos posteriores puedan administrarse o reducirse.

Bueno, todo esto es para comentar con usted la aprobación, el martes 8, de la Ley Federal de Austeridad Republicana, que en su artículo 24 quedó de la siguiente manera: “Los servidores públicos comprendidos en los grupos jerárquicos de mando superior a que se refiere el manual de percepciones previsto en la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria del Gobierno Federal, que por cualquier motivo se separen de su cargo, no podrán ocupar puestos en empresas que hayan supervisado, regulado o respecto de las cuales hayan tenido información privilegiada en el ejercicio de su cargo público, salvo que hubiesen transcurrido al menos diez años”.

El manual a que se refiere el artículo se publica en el Diario Oficial. Me parece que el más reciente fue el del 31 de diciembre pasado, que establece que los mandos superiores son quienes están en niveles de la G a la K. Esto significa de director general para arriba. En Hacienda, por ejemplo, hay 74 personas en estos niveles, nada más en el sector central, a lo que hay que sumar 57 en la CNBV, 17 en CNSF, 18 en Consar, 172 en el SAT, y algunas decenas más en otras dependencias sectorizadas ahí. Ninguno de ellos podrá trabajar durante diez años en el sector financiero, y tal vez los del SAT en ninguna empresa, si se lee estrictamente el artículo.

En la Secretaría de Economía hay cerca de cien personas en esos niveles, ¿en qué empresa podrían trabajar, si la secretaría afecta a todas las empresas? En Educación, hay 42 en el sector central, pero los rectores o directores de universidades también caen en ese nivel, ¿tendrán que pasar diez años fuera de la academia?

Pero, decíamos, es necesario considerar los efectos de segundo orden. Si una persona sabe que llegando a un puesto de mando superior en la administración pública federal implica diez años fuera de su línea de conocimiento, ¿por qué querría ocuparlo? Lo lógico es que lleguen a esos puestos sólo aquéllos que no tienen futuro alguno, sea por la edad o la capacidad. O, si quiere pensar mal, también quienes buscan enriquecerse ilegalmente en el puesto, con lo que podrían pasar los diez años de veda en calma y seguridad.

Ya habíamos comentado la grave destrucción de capital humano que este gobierno había causado a su llegada. Ahora lo han institucionalizado. Los puestos de mando sólo serán para corruptos, ancianos, o incapaces. Está en la ley.

Editoriales

Primero sueño


Por Macario Schettino  (El Financiero)

Este domingo es 1 de septiembre, fecha en que el Presidente debe entregar su Primer Informe de Gobierno al Congreso. La Constitución no establece que deba acudir personalmente al recinto y dirigir un discurso, pero esa fue la tradición hasta 2006, cuando los seguidores del actual Presidente impidieron que el de entonces, Vicente Fox, acudiera a rendir personalmente el Sexto Informe de su administración.

Desde entonces, ningún presidente ha podido asistir al Congreso, salvo para la llegada y salida de la presidencia. Siempre, debido a los seguidores de López Obrador. Por esa razón, suponíamos que ahora que él es Presidente, podríamos recuperar una tradición que proviene de Estados Unidos, y ahí sigue al día de hoy, 243 años después de instituida.

Pero no, ignoro si para evitar que se le pague con la misma moneda, o para continuar su cuento de cercanía con el pueblo y desprecio a las instituciones, López Obrador no acudirá al Congreso este domingo. Enviará algún documento, tal vez con el mismo respeto por la ley que mostró con el Plan Nacional de Desarrollo, y hará algún evento público, que será difícil de distinguir de las mañaneras.

En realidad, poco importa, porque no hay mucho que informar, o más bien, habría mucho, si existiese algún respeto por la verdad, pero no ha sido el caso en lo que va de la administración. Podría el Presidente, por ejemplo, presentar información detallada de Jóvenes Construyendo el Futuro, que eliminase las dudas que le presenté en la semana, siguiendo la investigación de Mexicanos Contra la Corrupción. Podría presentar los mapas de los lugares donde han sembrado los millones de árboles que anuncia en su spot. Podría explicarnos la situación real del abasto de medicinas y material de salud, de la entrega de libros de texto al inicio del ciclo escolar, los datos exactos de reparto de recursos a personas de la tercera edad.

También podría informar de los resultados de su estrategia energética: cuánto más producen de petróleo, cuánto de gasolinas, cuánto se redujo el robo de combustibles, cómo operarán las subastas para renovables, cómo es que el affaire de los gasoductos acabó costando casi mil millones de dólares más de lo original, sin contar con la pérdida de confiabilidad del gobierno para inversionistas.

Otro tema que nos gustaría ver en el Informe es el desempeño de la economía. ¿Por qué cree el Presidente que pasamos de un crecimiento de 2.5 por ciento anual a cero? ¿Cómo piensa revertir ese proceso? ¿Tiene ya alguna idea del costo fiscal de esa diferencia en crecimiento? ¿Cómo compensarán la menor recaudación? Y ya entrados en este asunto económico, podría informar cómo espera enfrentar una recesión externa, que es probable, si el fondo que se construía para ello ya fue utilizado, al menos en la mitad, durante este año.

Indudablemente, nos gustaría ser informados, seriamente, del tema migratorio. Al menos esta columna querría saber cuál será la política para quienes llegan a México, y para quienes salen de aquí rumbo a Estados Unidos. Que fuese claro si estamos sirviendo de tercer país seguro, o de policía migratoria para el vecino del norte.

Y, sin duda, el tema que más interesa a los mexicanos, y sobre el que exigimos información, es la seguridad. ¿Cuántos elementos tiene la Guardia Nacional? ¿Cómo piensan fortalecerla en los próximos años? ¿Cuáles han sido los resultados hasta hoy, y cómo piensa medirse su efectividad en el futuro? ¿En qué quedaron los conflictos con la Policía Federal?

Es decir, hay muchos temas que podrían aclararse, datos que deben ser confirmados, políticas que hay que evaluar. Pero si el Presidente ha mentido al respecto, de manera consistente, durante todas y cada una de sus conferencias mañaneras por nueve meses, sería absurdo esperar que hoy hiciera algo diferente. Es, sin duda, un sueño.

AMLO-Permanencias-Voluntarias
Economía y Finanzas

Rumbo al túnel


Por Macario Schettino (El Financiero)

Ayer se publicó el dato de inversión al mes de mayo. Hoy ocurrirá lo mismo con el consumo, mañana con la inflación, y el viernes con la actividad industrial de junio, así como los datos corregidos de la balanza comercial. En términos de actividad económica, el dato de ayer y los del viernes son los más importantes.

Como usted sabe, la inversión ha venido cayendo desde hace algunos meses. Seis de los últimos siete meses (a mayo) han reportado una contracción en términos anuales, que además ha ido creciendo. En abril, en datos originales, la caída anual era de casi -6%, y en mayo fue de -7.4%. Si tomamos una visión más larga, desde mayo de 2015 hasta octubre pasado prácticamente no hubo cambio en la inversión: unos meses un poco más, otros un poco menos, pero el promedio se mantuvo estable. De noviembre para acá, ese promedio es 5% inferior.

Al interior de la inversión hay tres grandes apartados: construcción, maquinaria y equipo nacional, y maquinaria y equipo importados. El primero representa 61.5% del total, lo importado un 23%, y el 15.5% es el equipo nacional. La caída más importante es en construcción, con -9% en mayo, pero los otros dos componentes tampoco están muy bien. Maquinaria y equipo nacional cayó -6% en mayo, mientras lo importado lo hizo en -5%. Todos estos datos también son originales. Si se quita el efecto estacional, no varía mucho la información en esta ocasión.

Para el segundo trimestre de 2019, contamos con los datos de abril y mayo. En esos dos meses, la inversión en su conjunto cae -6.6%, la construcción prácticamente lo mismo, maquinaria y equipo nacional casi -3%, y lo importado cae -9%. Sin embargo, tenemos ya el dato de importaciones de bienes de capital de junio, que fue espectacular: -21.2%. Esto significa que durante el primer trimestre la caída en maquinaria y equipo importados será cercana al -13%.

Para estimar construcción, lo más que podemos hacer es asociar el comportamiento de construcción no residencial al gasto de inversión física del gobierno. No es lo mismo, pero su comportamiento es parecido. En junio, según los datos de Hacienda, se gastó un poco más que en los dos meses previos, de forma que será razonable esperar una ligera mejoría en esta parte de la construcción. Como sea, para el trimestre completo estaremos cerca del -8%. En construcción residencial también hay señales de que junio fue mejor que mayo, pero en tasa anual seguiríamos cayendo, -6%.

Con estos cálculos, la inversión fija bruta durante el segundo trimestre del año tendría una contracción de cerca de -8%, en datos originales, tal vez -7% en desestacionalizados. Estos datos estarían en línea con lo que platicamos hace algunas semanas, y ayer recordábamos al revisar el tema de distribución de la pobreza en el país: la inversión cae, y su lugar es ocupado por un superávit comercial. Esto significa que la demanda externa de bienes compensa una parte de la caída de la demanda interna. Más claro: en la actual administración el mercado interno se reduce.

Hasta este momento, todo indica que la causa del menor crecimiento es el desplome de la inversión, que acabamos de documentar. Si ese desplome es producto de la falta de confianza en el gobierno, como muchos creemos, entonces no hay forma de resolverlo durante lo que resta de la administración. Esto implicaría que la única forma de crecer, en los próximos cinco años, tendría que ser a través de un déficit público, es decir, de deuda. Sería un crecimiento sin sustento, y que no podría durar más allá de tres o cuatro años, pero es la única opción. Las decisiones tienen costos, como se ve.

Editoriales

Renovación en Morena


Por Macario Schettino (El Financiero)

Hoy conocerá usted el comportamiento de la actividad industrial de junio. De particular importancia será el tamaño de la caída en construcción, que ojalá sea inferior al terrible dato de mayo, que fue de -9 por ciento en términos anuales. También es relevante ver si manufacturas se mantiene por encima del cero. Lo platicaremos el lunes.

Mientras, conviene un comentario acerca de la renovación de la dirigencia de Morena, que ocurrirá en algún momento en los próximos tres meses. Compiten por la presidencia de ese partido la actual dirigente, que entiendo que es interina, Yeidckol Polevnsky, Bertha Luján, Mario Delgado y Alejandro Rojas Díaz-Durán.

Los candidatos reflejan de forma casi exacta los grupos que esta columna ha identificado al interior de Morena, que no es un partido político propiamente hablando, sino un frente en el que se agruparon tanto los que querían apoyar a López Obrador como los que querían colgarse de su triunfo. La manera en que se derrumbó el sistema de partidos que conocimos entre 1996 y 2018 provocó que en este frente haya personas que no tienen cercanía de ningún tipo, ni ideológica ni política ni histórica. Es decir, no tienen pasado común, prácticas similares, o una visión coincidente del país que querrían construir. Lo único que los une es la subordinación a López Obrador, que es absoluta.

En esa mescolanza, esta columna identificó hace meses cuatro grupos. Primero, el que hoy tiene el control del partido, que hemos llamado ‘los bolivarianos’ por su declarada admiración por el socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez, aunque también son adoradores de la Revolución cubana. En segundo lugar, está el grupo en construcción alrededor de Marcelo Ebrard, del que Mario Delgado es integrante destacado. Tercero, el liderado por Ricardo Monreal, verdadero jefe del Senado, en el cual se encuentra Alejandro Rojas. Finalmente, existe un grupo en el que la cabeza es la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, pero que está articulado en asociación con el grupo de jóvenes académicos conocidos como Democracia Deliberada.

Sin embargo, hay varias personas que no está claro que actúen como grupo, que han sido cercanas a López Obrador por mucho tiempo. Ahí se encuentran personalidades como Alfonso Romo, Julio Scherer, ahí mismo ubicaba a Carlos Urzúa, a César Yáñez y a Gabriel García. No conozco la dinámica de la presidencia, ni los vasos comunicantes con el grupo de Sheinbaum y los deliberados, de forma que no puedo asegurar si Bertha Luján va con apoyo de este último grupo, o sólo como personalidad cercana al líder máximo.

La forma en que este proceso se lleve a cabo es muy importante para el futuro. Morena, junto con sus partidos satélites, tiene el control de la mayoría del Senado y los congresos locales, y la mayoría calificada en Diputados. La capacidad que tengan de actuar articuladamente es de gran importancia para la estabilidad política del país. Sin embargo, en las elecciones de este año, en las que no participó López Obrador, a duras penas pudieron ganar. De hecho, si no consideramos a los satélites, Morena no pudo rebasar en votos al PAN, en una elección que ocurrió a meses de la llegada de López Obrador a la presidencia, y contando éste con aprobación de más de setenta por ciento.

La incompetencia mostrada por la administración pública, más los conflictos internos del grupo gobernante, pueden llevar al fracaso el proyecto de López Obrador. Para evitarlo, necesitaría encauzar su fuerza política mediante una organización de verdad, y no un frente caótico. El primer paso es la renovación de la dirigencia, que no sólo debe ir en esa dirección, sino además definirse de forma legítima para los involucrados. Es un gran reto.

 

AMLO-Permanencias-Voluntarias
Economía y Finanzas

Rumbo al túnel


Por Macario Schettino (El Financiero)

Ayer se publicó el dato de inversión al mes de mayo. Hoy ocurrirá lo mismo con el consumo, mañana con la inflación, y el viernes con la actividad industrial de junio, así como los datos corregidos de la balanza comercial. En términos de actividad económica, el dato de ayer y los del viernes son los más importantes.

Como usted sabe, la inversión ha venido cayendo desde hace algunos meses. Seis de los últimos siete meses (a mayo) han reportado una contracción en términos anuales, que además ha ido creciendo. En abril, en datos originales, la caída anual era de casi -6%, y en mayo fue de -7.4%. Si tomamos una visión más larga, desde mayo de 2015 hasta octubre pasado prácticamente no hubo cambio en la inversión: unos meses un poco más, otros un poco menos, pero el promedio se mantuvo estable. De noviembre para acá, ese promedio es 5% inferior.

Al interior de la inversión hay tres grandes apartados: construcción, maquinaria y equipo nacional, y maquinaria y equipo importados. El primero representa 61.5% del total, lo importado un 23%, y el 15.5% es el equipo nacional. La caída más importante es en construcción, con -9% en mayo, pero los otros dos componentes tampoco están muy bien. Maquinaria y equipo nacional cayó -6% en mayo, mientras lo importado lo hizo en -5%. Todos estos datos también son originales. Si se quita el efecto estacional, no varía mucho la información en esta ocasión.

Para el segundo trimestre de 2019, contamos con los datos de abril y mayo. En esos dos meses, la inversión en su conjunto cae -6.6%, la construcción prácticamente lo mismo, maquinaria y equipo nacional casi -3%, y lo importado cae -9%. Sin embargo, tenemos ya el dato de importaciones de bienes de capital de junio, que fue espectacular: -21.2%. Esto significa que durante el primer trimestre la caída en maquinaria y equipo importados será cercana al -13%.

Para estimar construcción, lo más que podemos hacer es asociar el comportamiento de construcción no residencial al gasto de inversión física del gobierno. No es lo mismo, pero su comportamiento es parecido. En junio, según los datos de Hacienda, se gastó un poco más que en los dos meses previos, de forma que será razonable esperar una ligera mejoría en esta parte de la construcción. Como sea, para el trimestre completo estaremos cerca del -8%. En construcción residencial también hay señales de que junio fue mejor que mayo, pero en tasa anual seguiríamos cayendo, -6%.

Con estos cálculos, la inversión fija bruta durante el segundo trimestre del año tendría una contracción de cerca de -8%, en datos originales, tal vez -7% en desestacionalizados. Estos datos estarían en línea con lo que platicamos hace algunas semanas, y ayer recordábamos al revisar el tema de distribución de la pobreza en el país: la inversión cae, y su lugar es ocupado por un superávit comercial. Esto significa que la demanda externa de bienes compensa una parte de la caída de la demanda interna. Más claro: en la actual administración el mercado interno se reduce.

Hasta este momento, todo indica que la causa del menor crecimiento es el desplome de la inversión, que acabamos de documentar. Si ese desplome es producto de la falta de confianza en el gobierno, como muchos creemos, entonces no hay forma de resolverlo durante lo que resta de la administración. Esto implicaría que la única forma de crecer, en los próximos cinco años, tendría que ser a través de un déficit público, es decir, de deuda. Sería un crecimiento sin sustento, y que no podría durar más allá de tres o cuatro años, pero es la única opción. Las decisiones tienen costos, como se ve.

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Revisen cuentas


Texto original: Macario Schettino (El Financiero)

Le comentaba la semana pasada del programa “Jóvenes construyendo el futuro”. Se trata de una beca de un año, que incluye seguro médico del IMSS, para que jóvenes de entre 18 y 29 años de edad se incorporen a alguna empresa o institución (pública o del sector social) en calidad de aprendices. Cada joven que se incorpora implica un compromiso de gasto del gobierno por 50 mil pesos anuales, que no parece mucho, hasta que uno multiplica.

En esta semana el número de jóvenes en este programa superará 750 mil. A grandes números, se acumulan 40 mil cada semana, aunque al inicio el ritmo era menor. Con los que hoy ya están inscritos, el compromiso del gobierno asciende a 37,500 millones de pesos. Si en lo que queda del año se mantiene el ritmo actual, se sumará poco más de un millón de jóvenes, que implican un gasto de 50 mil millones de pesos más. Suponiendo que ahí se mantenga el total, y nada más se incorpore una cantidad equivalente a los que tendrán que retirarse al término de sus doce meses, el gasto anual comprometido será de 89,500 millones de pesos.

El límite anunciado en el programa es todavía mayor, como usted sabe: hasta 2.3 millones de jóvenes, que elevarían el gasto a 110 mil millones de pesos anuales. Eso equivale a todo el presupuesto de programas sociales sujetos a reglas de operación durante 2018: 46 mil millones de Prospera, 39 mil millones de adultos mayores, 4 mil de estancias infantiles, 3 mil de comedores comunitarios, y varios otros con menores cantidades. No sé si quede claro ahora por qué todos esos programas desaparecieron o fueron mutilados.

Cabe aclarar que Prospera tiene presupuesto de tres ramos: desarrollo social (el mencionado arriba), educación y salud. Sumando los tres, son cerca de 83 mil millones de pesos. El Seguro Popular, que también ha sido mutilado, costaba menos de 70 mil millones. Para que sea todavía más claro: todo el presupuesto de la Secretaría de Desarrollo Social en 2018 es menos de lo que costará “Jóvenes…”. El de la Secretaría de Salud, completo, es apenas un poco superior a eso.

Terminar con programas sujetos a reglas de operación para sustituirlos por una beca anual sin realmente ninguna planeación ni objetivo, parece un absurdo. Más cuando considera uno que los programas mutilados realmente van a quienes más lo necesitan, mientras que el nuevo se destina a jóvenes que, en principio, uno supondría que no están en el grupo de más necesitados, en su mayoría.

A menos que exista alguna documentación seria, sigo sin imaginar cómo podría un programa que consiste en colocar cientos de miles de jóvenes en decenas de miles de establecimientos, tener un impacto real en el futuro del empleo o la productividad. No hay duda de que un programa de vinculación y aprendizaje dirigido puede tener gran utilidad, pero requiere planeación, objetivos claros, mecanismos de evaluación y ajuste, y es imposible de aplicar de manera masiva. Mucho menos si inicia 45 días después de la toma de posesión del nuevo gobierno, y en 24 semanas incorpora 750 mil personas para ubicar en casi 140 mil establecimientos.

Sin esa planeación, documentación y evaluación, la única conclusión a que se puede llegar es que se trata de un programa clientelar, que consiste en regalar 40 mil pesos a cada joven, y darle unas semanas de adoctrinamiento, para que no olvide a quien le debe. Para alcanzar este objetivo, han destrozado la política social construida en 30 años, y reconocida a nivel internacional.

O, en sus propios términos, le están cargando el costo del clientelismo electoral, “primero a los pobres”.