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Médicos: Acoso y suicidio


Por Ixtaro Arteta (Animal Político)

El Doctor N recuerda el infierno que fue su primer año como residente en Urología del Centro Médico Siglo XXI, Ciudad de México. Gritos, insultos, castigos, pastillas para no dormir y para no ir al baño porque le decían que no tenía derecho a hacerlo. Un trato que lo sumió en una depresión profunda, que él denunció pero fue ignorado por autoridades educativas, médicas e incluso la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHDF). Hasta que intentó suicidarse.

Su historia no es un caso extremo y único. Estudiantes de Medicina con cuadros de depresión y ataques de ansiedad son algo generalizado por el maltrato y hostigamiento del que son víctimas en los primeros años de la residencia, una situación tolerada y fomentada por residentes de mayor rango y por los médicos adscritos, denuncia la Asamblea Nacional de Médicos Residentes (ANMR).

Además, cuando alguien llega a presentar una queja formal, es desestimada o ignorada, y en algunos casos la solución que se ofrece a la víctima es cambiarla de sede, mientras que sus acosadores permanecen impunes en sus puestos.

La Asamblea tiene documentados al menos 10 casos de acoso, actuales, en distintos estados del país, dependientes de diferentes instituciones de salud, que han llevado a quejas ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), instituciones educativas como la UNAM, y Comisiones de Derechos Humanos Nacional o locales, sin que alguna haya tenido consecuencias.

Animal Político habló con tres víctimas que contaron lo que han vivido como médicos residentes.

 Castigos, derechos anulados y obligaciones extracurriculares

Ahora ya puede hablar de lo que le pasó. Hasta hace unos meses, el Doctor N lloraba reviviendo las situaciones que lo llevaron casi a la muerte.

Desde que entró como residente de segundo año (R2) a Centro Médico, no pudo salir en una semana, entre castigos y guardias que le impusieron, sin bañarse, comer o descansar. Les decían que por ser los nuevos no tenían derecho a usar el elevador, ni a sentarse.

Como no les daban tiempo para comer, las enfermeras se volvían su cómplice y le vendían sándwiches que dejaban escondido en un punto para que pudiera recogerlo. Se metía al baño a comérselo rápidamente sentado en la taza, porque si se tardaba vendría un regaño. Una vez que detectaron en su aliento y en sus manos que había comido, lo regañaron.

Para no dormirse después de guardias de toda la noche impuestas por castigo, tomaba metilfenidato, un medicamento con el que se tratan trastornos del sueño. También tomaba pastillas para no ir al baño.

Cuando se acercaba el fin de semana, evitaba decir que tenía algún plan de ver a su familia o a su novia, porque si lo hacía de inmediato le imponían alguna guardia o lo “guardaban”, como le dicen a dejarlos en el hospital castigados.

Los estudiantes de medicina viven como en jerarquías militares. Los R2 le reportan a los R3, y estos a los R4. Cada superior puede exigirle al inferior, y en esa lógica se cometen los abusos contra los de menor rango.

Al Doctor N le imponían obligaciones como llegar en la mañana a preguntarle a cada residente mayor qué quería desayunar e ir a comprárselo, con su dinero, pese a que un residente solo recibe 6 mil 500 pesos quincenales. Un compañero suyo incluso tuvo una vez que ir a un bar de madrugada porque un superior le exigió ir a pagarle la cuenta de lo que había bebido, si no sería castigado.

Si cometía un error en una nota médica, lo castigaban con escribir esa misma nota 10 veces en máquina de escribir, o apuntes que se hacen a mano sobre signos vitales de los pacientes,  pasarlos a máquina y de todos los pacientes del piso, aunque no le correspondieran. Incluso por una falta ortográfica se la rompían en la cara y tenía que volverla a hacer.

También le aventaban a la cara las carpetas metálicas donde se guardan los expedientes, le gritaban e insultaban.

Pensaba que tenía que aguantar, que era una residencia y era su futuro, y renunciar sería defraudar a su familia. Pero lloraba y se sentía mal todo el tiempo.

Hasta que después de unos meses y presionado porque su papá se enfermó, el Doctor N cayó en una depresión tan profunda que trató de suicidarse con pastillas.

Su casera lo encontró tirado en su departamento. Estuvo tres días inconsciente. Cuando despertó, lo dejaron tres semanas hospitalizado en un psiquiátrico y dos semanas de incapacidad en su casa. Empezó a tomar tratamiento médico y terapia psicológica.

Con el escándalo por el intento de suicidio, la UNAM intervino y castigó al servicio de Urología con no enviar a nuevos residentes hasta que mejoraran sus prácticas. Así, en todo 2018 no hubo R2s.

En ese tiempo, asegura que sí vio mejorar la situación y que han cambiado los abusos contra los nuevos residentes.

Pero él regresó a sus estudios lleno de vergüenza, señalado por haber difamado a un hospital tan reconocido. Acusa que los doctores jefes en Urología, han seguido con el acoso, ya que a veces le impiden presentar a los pacientes que atiende, entrar a quirófano, o le ponen malas calificaciones injustificadamente.

 Cómo acaba en el psiquiátrico una estudiante de psiquiatría

La doctora Xóchitl (nombre cambiado para preservar su identidad) obtuvo uno de los mejores resultados de su generación en el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM) y logró entrar a la Unidad de Psiquiatría del Centro Médico Siglo XXI. No se imaginaba que ese paso en su carrera la iba a llevar a ser hospitalizada en un psiquiátrico meses después.

En mayo de este año, una carta anónima denunciando irregularidades y trato diferenciado a los estudiantes despertó el enojo de la jefa de unidad. Xóchitl se vio afectada por un cambio en su programa académico, así que cuando cuestionó abiertamente a la jefa, empezó un acoso selectivo contra ella.

Al llegar el periodo de vacaciones, cuando ya había salido de la ciudad, se enteró por un compañero que la encargada había decidido cancelárselo, y días después recibió una llamada del servicio central de Centro Médico amenazando con darla de baja si no se presentaba. Pero ella insistió en que tenía derecho a tomar sus vacaciones.

Cuenta que entonces la doctora empezó a hablar con el resto de sus compañeros, a decir que ella tenía trastornos psiquiátricos e incluso buscó a su pareja para pedirle que la hiciera “entrar en razón”.

Xóchitl se quejó ante las autoridades y le dijeron que no se preocupara porque iban a investigar, pero al regresar de las vacaciones, la situación se volvió mucho peor. La doctora le gritaba, la corría de su consultorio, le ponía tareas específicas durante sus horas de clase y después la regañaba por no haberse presentado.

La residente empezó a tener ataques de pánico. Le angustiaba despertar y pensar en que tenía que ir al hospital, ver a su acosadora y a otros residentes mayores que también la maltrataban o miraban mal, y empezó a ausentarse. Lloraba a escondidas. Se sentía culpable por todo.

Sus compañeros le decían que aguantara, que no se quejara, porque la doctora siempre es así, y porque sabían que dos años antes hubo un residente que llevó su queja a las autoridades y a la Comisión de Derechos humanos, pero después le fue peor.

Empezó a pensar en renunciar a la residencia y, por lo tanto, a su carrera como psiquiatra. Eso, además de depresión, le despertó pensamientos suicidas.

Su familia y amigos la convencieron de seguir adelante, pero un día, la doctora de plano la empujó fuera de su consultorio. Xóchitl se encerró en un baño y no pudo dejar de llorar en hora y media.

Buscó apoyo en el sindicato para ir a denunciarla a la dirección de Enseñanza. La respuesta fue que ella tenía la culpa porque sus quejas ya estaban metiendo en problemas a la doctora.

El caso escaló hasta que la reunieron con el subdirector médico de Centro Médico. Llorando, en medio de un nuevo ataque de pánico, el directivo le dijo que no podía ponerse así si estudiaba psiquiatría.

“¿Entonces ningún médico puede enfermarse porque es médico?”, recuerda Xóchitl que le preguntó indignada.

El acoso de la doctora siguió e incluso un día, tratando el tema del suicidio, dijo frente a ella que algunas personas mejor sí deberían tomar ese camino.

Xóchitl se quebró. Fue a valoración psiquiátrica y el doctor le dijo que no podía dejarla ir porque estaba ya muy mal y había riesgo de que intentara suicidarse.

Así se quedó dos semanas internada en un hospital psiquiátrico en agosto pasado.

Su familia fue a hablar con los responsables médicos y académicos, con la UNAM (quien expide los títulos al final de las residencias en Centro Médico), y en todos lados les cerraron la puerta. Los pocos compañeros que se atrevieron a apoyar la denuncia de Xóchitl fueron amenazados con ser cambiados de sede por “problemáticos”.

Ni así paró el acoso. La doctora obtuvo ilegalmente expediente médico de Xóchitl y otros residentes de mayor grado lo divulgaron en redes sociales.

Hasta que intervino la Asamblea Nacional de Médicos Residentes, organización creada este año, y dio publicidad al caso, el Centro Médico respondió argumentando que sus autoridades no estaban enteradas.

Le ofrecieron una disculpa a Xóchitl e hicieron modificaciones en los programas, ajustándose a lo que indica la normativa. A ella le ofrecieron cambiarse de sede, pero no aceptó porque se ganó su lugar en este hospital y cree que no tendría por qué irse a otro.

Sigue en tratamiento y ya ha mejorado de la depresión, pero todavía tiene ataques de pánico. Ve cómo sus otros compañeros amenazados tienen síntomas de ansiedad y sabe que es vista como “apestada”.

Lo que más coraje le da es que con la jefa de unidad de Psiquiatría no pasó nada.

Problemas de salud mental que llevan al suicidio

Carmen García está actualmente de incapacidad en casa de sus papás, en el Estado de México, después de ser ingresada tres veces en psiquiatría en solo dos meses, la última por un intento de suicidio que ni siquiera recuerda bien.

No sabe si cuando sea dada de alta podrá continuar con su carrera como médica de urgencias, porque justo lo que la llevó a una crisis de depresión fue el acoso que sufre en el Hospital General de Querétaro, por el que incluso le quitaron un examen acusándola de copiar y le dijeron que reprobó el extraordinario, sin mostrarle el examen o la justificación para esa calificación, que provocaría su expulsión de la residencia.

A sus 33 años, Carmen nunca antes había tenido problemas de salud mental. La depresión empezó con el maltrato cuando era R1. Aunque cuando pasó a segundo año y la propia jefa del servicio de Urgencias dijo que ahora le tocaba sufrir a los de primero, el acoso contra ella siguió.

Al reconocer que estaba mal, empezó a ir al psiquiatra. También empezó a quejarse ante autoridades del hospital, en redes sociales, en Derechos Humanos. Entonces obligaron a sus compañeros a firmar un oficio respaldando a las doctoras del Servicio y desmintiendo a Carmen.

La mandaron a Medicina del Trabajo para hacer una investigación. Tenía una rotación programada a la Ciudad de México y una doctora le dijo que iba a haber un resultado favorable para ella. Pero a los días tuvo que regresarse porque el Hospital de Querétaro informó que había reprobado un examen y sería expulsada. Entonces Carmen volvió a ver a los de Medicina de Trabajo y le dijeron que la investigación había salido limpia y no había nada que castigar.

La acusaron de filtrar los datos del resultado de laboratorio de un compañero, aunque no se lo pudieron comprobar.

No pudo más. En agosto tuvo su primer ingreso al psiquiátrico. Apenas salió, tuvo una recaída, y después, a finales de septiembre, intentó suicidarse.

“Perdí el juicio, la razón. No era yo”, cuenta.

Le dieron terapia electroconvulsiva porque seguía con ideas suicidas, una técnica de choques eléctricos para tratar la depresión severa, y que provoca pérdida de memoria.

Apenas salió del psiquiátrico el 14 de octubre y está tratando de entender qué fue lo que le pasó. Revisó los chats en los que estaba con otros residentes y de los que ya la sacaron, en los que corrieron las acusaciones en su contra y los temores por amenazas si la apoyaban.

Lo único que Carmen quiere es ser cambiada de sede para no tener que volver a ver a las jefas que la han acosado, y seguir adelante con su terapia para recuperarse.

 Una exigencia generalizada

La Asamblea Nacional de Médicos Residentes quiere que el tema del acoso y la salud mental de los doctores en formación deje de ser un tabú para las autoridades y que realmente se le ponga atención, ya que por décadas se ha perpetuado el abuso.

“En el aspecto psiquiátrico los rangos de prevalencia para depresión y ansiedad son mayores a los de la población general. Los reportes en unidades médicas del IMSS en UMAE (Unidades Médicas de Alta Especialidad) van del 25 al 79.6% para depresión, y de 39 a 69.9% para ansiedad, con una mayor prevalencia en residentes de segundo año”, reporta la organización en una carta.

Citan un estudio que publicó el propio IMSS en su revista médica en 2017, hecho en un hospital de pediatría, donde de 137 residentes, 32% reportó abiertamente haber sufrido acoso, pero 82.4% lo reconoció en el cuestionario dirigido, lo que demuestra que muchos perciben ciertas conductas como normales dentro de su formación.

La Asamblea ha elaborado cuatro propuestas para el sistema de residencias: primero que se establezcan valoraciones periódicas y obligatorias del estado clínico de los médicos residentes, tanto físicas, ya que sufren sedentarismo y malos hábitos alimenticios, como psiquiátricas, ya la ansiedad y depresión son habituales en los estudiantes.

En segundo lugar, que se promuevan ambientes laborales sanos entre médicos residentes y adscritos (los que ya tienen plaza), se establezcan políticas de selección más rigurosas elegir a quienes van a desempeñar cargos de administración educativa y gestión de los médicos residentes, apegados estrictamente a la normativa expuesta por las universidades que avalan los cursos de especialidad.

Establecer canales confiables y comprometidos a atender las denuncias de los médicos residentes, mediante instancias descentralizadas del hospital sede, para que no haya conflictos de intereses. Además, que las resoluciones  sean rápidas, ya que en todos los casos que han documentado hasta ahora, no solo no ha habido soluciones, sino respuestas amenazantes para quien se atreve a denunciar.

Por último, esclarecer la condición jurídico-laboral del médico residente, ya que en el caso del IMSS, su contrato es un apéndice del contrato colectivo de trabajo que los pone como becarios y no les da garantías de trabajadores, por lo que incluso el sindicato se ha desentendido de casos de acoso laboral, igual que las universidades, que no los tienen de estudiantes dentro de sus instalaciones.

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Médicos: Acoso y suicidio


Por Ixtaro Arteta (Animal Político)

El Doctor N recuerda el infierno que fue su primer año como residente en Urología del Centro Médico Siglo XXI, Ciudad de México. Gritos, insultos, castigos, pastillas para no dormir y para no ir al baño porque le decían que no tenía derecho a hacerlo. Un trato que lo sumió en una depresión profunda, que él denunció pero fue ignorado por autoridades educativas, médicas e incluso la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHDF). Hasta que intentó suicidarse.

Su historia no es un caso extremo y único. Estudiantes de Medicina con cuadros de depresión y ataques de ansiedad son algo generalizado por el maltrato y hostigamiento del que son víctimas en los primeros años de la residencia, una situación tolerada y fomentada por residentes de mayor rango y por los médicos adscritos, denuncia la Asamblea Nacional de Médicos Residentes (ANMR).

Además, cuando alguien llega a presentar una queja formal, es desestimada o ignorada, y en algunos casos la solución que se ofrece a la víctima es cambiarla de sede, mientras que sus acosadores permanecen impunes en sus puestos.

La Asamblea tiene documentados al menos 10 casos de acoso, actuales, en distintos estados del país, dependientes de diferentes instituciones de salud, que han llevado a quejas ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), instituciones educativas como la UNAM, y Comisiones de Derechos Humanos Nacional o locales, sin que alguna haya tenido consecuencias.

Animal Político habló con tres víctimas que contaron lo que han vivido como médicos residentes.

 Castigos, derechos anulados y obligaciones extracurriculares

Ahora ya puede hablar de lo que le pasó. Hasta hace unos meses, el Doctor N lloraba reviviendo las situaciones que lo llevaron casi a la muerte.

Desde que entró como residente de segundo año (R2) a Centro Médico, no pudo salir en una semana, entre castigos y guardias que le impusieron, sin bañarse, comer o descansar. Les decían que por ser los nuevos no tenían derecho a usar el elevador, ni a sentarse.

Como no les daban tiempo para comer, las enfermeras se volvían su cómplice y le vendían sándwiches que dejaban escondido en un punto para que pudiera recogerlo. Se metía al baño a comérselo rápidamente sentado en la taza, porque si se tardaba vendría un regaño. Una vez que detectaron en su aliento y en sus manos que había comido, lo regañaron.

Para no dormirse después de guardias de toda la noche impuestas por castigo, tomaba metilfenidato, un medicamento con el que se tratan trastornos del sueño. También tomaba pastillas para no ir al baño.

Cuando se acercaba el fin de semana, evitaba decir que tenía algún plan de ver a su familia o a su novia, porque si lo hacía de inmediato le imponían alguna guardia o lo “guardaban”, como le dicen a dejarlos en el hospital castigados.

Los estudiantes de medicina viven como en jerarquías militares. Los R2 le reportan a los R3, y estos a los R4. Cada superior puede exigirle al inferior, y en esa lógica se cometen los abusos contra los de menor rango.

Al Doctor N le imponían obligaciones como llegar en la mañana a preguntarle a cada residente mayor qué quería desayunar e ir a comprárselo, con su dinero, pese a que un residente solo recibe 6 mil 500 pesos quincenales. Un compañero suyo incluso tuvo una vez que ir a un bar de madrugada porque un superior le exigió ir a pagarle la cuenta de lo que había bebido, si no sería castigado.

Si cometía un error en una nota médica, lo castigaban con escribir esa misma nota 10 veces en máquina de escribir, o apuntes que se hacen a mano sobre signos vitales de los pacientes,  pasarlos a máquina y de todos los pacientes del piso, aunque no le correspondieran. Incluso por una falta ortográfica se la rompían en la cara y tenía que volverla a hacer.

También le aventaban a la cara las carpetas metálicas donde se guardan los expedientes, le gritaban e insultaban.

Pensaba que tenía que aguantar, que era una residencia y era su futuro, y renunciar sería defraudar a su familia. Pero lloraba y se sentía mal todo el tiempo.

Hasta que después de unos meses y presionado porque su papá se enfermó, el Doctor N cayó en una depresión tan profunda que trató de suicidarse con pastillas.

Su casera lo encontró tirado en su departamento. Estuvo tres días inconsciente. Cuando despertó, lo dejaron tres semanas hospitalizado en un psiquiátrico y dos semanas de incapacidad en su casa. Empezó a tomar tratamiento médico y terapia psicológica.

Con el escándalo por el intento de suicidio, la UNAM intervino y castigó al servicio de Urología con no enviar a nuevos residentes hasta que mejoraran sus prácticas. Así, en todo 2018 no hubo R2s.

En ese tiempo, asegura que sí vio mejorar la situación y que han cambiado los abusos contra los nuevos residentes.

Pero él regresó a sus estudios lleno de vergüenza, señalado por haber difamado a un hospital tan reconocido. Acusa que los doctores jefes en Urología, han seguido con el acoso, ya que a veces le impiden presentar a los pacientes que atiende, entrar a quirófano, o le ponen malas calificaciones injustificadamente.

 Cómo acaba en el psiquiátrico una estudiante de psiquiatría

La doctora Xóchitl (nombre cambiado para preservar su identidad) obtuvo uno de los mejores resultados de su generación en el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM) y logró entrar a la Unidad de Psiquiatría del Centro Médico Siglo XXI. No se imaginaba que ese paso en su carrera la iba a llevar a ser hospitalizada en un psiquiátrico meses después.

En mayo de este año, una carta anónima denunciando irregularidades y trato diferenciado a los estudiantes despertó el enojo de la jefa de unidad. Xóchitl se vio afectada por un cambio en su programa académico, así que cuando cuestionó abiertamente a la jefa, empezó un acoso selectivo contra ella.

Al llegar el periodo de vacaciones, cuando ya había salido de la ciudad, se enteró por un compañero que la encargada había decidido cancelárselo, y días después recibió una llamada del servicio central de Centro Médico amenazando con darla de baja si no se presentaba. Pero ella insistió en que tenía derecho a tomar sus vacaciones.

Cuenta que entonces la doctora empezó a hablar con el resto de sus compañeros, a decir que ella tenía trastornos psiquiátricos e incluso buscó a su pareja para pedirle que la hiciera “entrar en razón”.

Xóchitl se quejó ante las autoridades y le dijeron que no se preocupara porque iban a investigar, pero al regresar de las vacaciones, la situación se volvió mucho peor. La doctora le gritaba, la corría de su consultorio, le ponía tareas específicas durante sus horas de clase y después la regañaba por no haberse presentado.

La residente empezó a tener ataques de pánico. Le angustiaba despertar y pensar en que tenía que ir al hospital, ver a su acosadora y a otros residentes mayores que también la maltrataban o miraban mal, y empezó a ausentarse. Lloraba a escondidas. Se sentía culpable por todo.

Sus compañeros le decían que aguantara, que no se quejara, porque la doctora siempre es así, y porque sabían que dos años antes hubo un residente que llevó su queja a las autoridades y a la Comisión de Derechos humanos, pero después le fue peor.

Empezó a pensar en renunciar a la residencia y, por lo tanto, a su carrera como psiquiatra. Eso, además de depresión, le despertó pensamientos suicidas.

Su familia y amigos la convencieron de seguir adelante, pero un día, la doctora de plano la empujó fuera de su consultorio. Xóchitl se encerró en un baño y no pudo dejar de llorar en hora y media.

Buscó apoyo en el sindicato para ir a denunciarla a la dirección de Enseñanza. La respuesta fue que ella tenía la culpa porque sus quejas ya estaban metiendo en problemas a la doctora.

El caso escaló hasta que la reunieron con el subdirector médico de Centro Médico. Llorando, en medio de un nuevo ataque de pánico, el directivo le dijo que no podía ponerse así si estudiaba psiquiatría.

“¿Entonces ningún médico puede enfermarse porque es médico?”, recuerda Xóchitl que le preguntó indignada.

El acoso de la doctora siguió e incluso un día, tratando el tema del suicidio, dijo frente a ella que algunas personas mejor sí deberían tomar ese camino.

Xóchitl se quebró. Fue a valoración psiquiátrica y el doctor le dijo que no podía dejarla ir porque estaba ya muy mal y había riesgo de que intentara suicidarse.

Así se quedó dos semanas internada en un hospital psiquiátrico en agosto pasado.

Su familia fue a hablar con los responsables médicos y académicos, con la UNAM (quien expide los títulos al final de las residencias en Centro Médico), y en todos lados les cerraron la puerta. Los pocos compañeros que se atrevieron a apoyar la denuncia de Xóchitl fueron amenazados con ser cambiados de sede por “problemáticos”.

Ni así paró el acoso. La doctora obtuvo ilegalmente expediente médico de Xóchitl y otros residentes de mayor grado lo divulgaron en redes sociales.

Hasta que intervino la Asamblea Nacional de Médicos Residentes, organización creada este año, y dio publicidad al caso, el Centro Médico respondió argumentando que sus autoridades no estaban enteradas.

Le ofrecieron una disculpa a Xóchitl e hicieron modificaciones en los programas, ajustándose a lo que indica la normativa. A ella le ofrecieron cambiarse de sede, pero no aceptó porque se ganó su lugar en este hospital y cree que no tendría por qué irse a otro.

Sigue en tratamiento y ya ha mejorado de la depresión, pero todavía tiene ataques de pánico. Ve cómo sus otros compañeros amenazados tienen síntomas de ansiedad y sabe que es vista como “apestada”.

Lo que más coraje le da es que con la jefa de unidad de Psiquiatría no pasó nada.

Problemas de salud mental que llevan al suicidio

Carmen García está actualmente de incapacidad en casa de sus papás, en el Estado de México, después de ser ingresada tres veces en psiquiatría en solo dos meses, la última por un intento de suicidio que ni siquiera recuerda bien.

No sabe si cuando sea dada de alta podrá continuar con su carrera como médica de urgencias, porque justo lo que la llevó a una crisis de depresión fue el acoso que sufre en el Hospital General de Querétaro, por el que incluso le quitaron un examen acusándola de copiar y le dijeron que reprobó el extraordinario, sin mostrarle el examen o la justificación para esa calificación, que provocaría su expulsión de la residencia.

A sus 33 años, Carmen nunca antes había tenido problemas de salud mental. La depresión empezó con el maltrato cuando era R1. Aunque cuando pasó a segundo año y la propia jefa del servicio de Urgencias dijo que ahora le tocaba sufrir a los de primero, el acoso contra ella siguió.

Al reconocer que estaba mal, empezó a ir al psiquiatra. También empezó a quejarse ante autoridades del hospital, en redes sociales, en Derechos Humanos. Entonces obligaron a sus compañeros a firmar un oficio respaldando a las doctoras del Servicio y desmintiendo a Carmen.

La mandaron a Medicina del Trabajo para hacer una investigación. Tenía una rotación programada a la Ciudad de México y una doctora le dijo que iba a haber un resultado favorable para ella. Pero a los días tuvo que regresarse porque el Hospital de Querétaro informó que había reprobado un examen y sería expulsada. Entonces Carmen volvió a ver a los de Medicina de Trabajo y le dijeron que la investigación había salido limpia y no había nada que castigar.

La acusaron de filtrar los datos del resultado de laboratorio de un compañero, aunque no se lo pudieron comprobar.

No pudo más. En agosto tuvo su primer ingreso al psiquiátrico. Apenas salió, tuvo una recaída, y después, a finales de septiembre, intentó suicidarse.

“Perdí el juicio, la razón. No era yo”, cuenta.

Le dieron terapia electroconvulsiva porque seguía con ideas suicidas, una técnica de choques eléctricos para tratar la depresión severa, y que provoca pérdida de memoria.

Apenas salió del psiquiátrico el 14 de octubre y está tratando de entender qué fue lo que le pasó. Revisó los chats en los que estaba con otros residentes y de los que ya la sacaron, en los que corrieron las acusaciones en su contra y los temores por amenazas si la apoyaban.

Lo único que Carmen quiere es ser cambiada de sede para no tener que volver a ver a las jefas que la han acosado, y seguir adelante con su terapia para recuperarse.

 Una exigencia generalizada

La Asamblea Nacional de Médicos Residentes quiere que el tema del acoso y la salud mental de los doctores en formación deje de ser un tabú para las autoridades y que realmente se le ponga atención, ya que por décadas se ha perpetuado el abuso.

“En el aspecto psiquiátrico los rangos de prevalencia para depresión y ansiedad son mayores a los de la población general. Los reportes en unidades médicas del IMSS en UMAE (Unidades Médicas de Alta Especialidad) van del 25 al 79.6% para depresión, y de 39 a 69.9% para ansiedad, con una mayor prevalencia en residentes de segundo año”, reporta la organización en una carta.

Citan un estudio que publicó el propio IMSS en su revista médica en 2017, hecho en un hospital de pediatría, donde de 137 residentes, 32% reportó abiertamente haber sufrido acoso, pero 82.4% lo reconoció en el cuestionario dirigido, lo que demuestra que muchos perciben ciertas conductas como normales dentro de su formación.

La Asamblea ha elaborado cuatro propuestas para el sistema de residencias: primero que se establezcan valoraciones periódicas y obligatorias del estado clínico de los médicos residentes, tanto físicas, ya que sufren sedentarismo y malos hábitos alimenticios, como psiquiátricas, ya la ansiedad y depresión son habituales en los estudiantes.

En segundo lugar, que se promuevan ambientes laborales sanos entre médicos residentes y adscritos (los que ya tienen plaza), se establezcan políticas de selección más rigurosas elegir a quienes van a desempeñar cargos de administración educativa y gestión de los médicos residentes, apegados estrictamente a la normativa expuesta por las universidades que avalan los cursos de especialidad.

Establecer canales confiables y comprometidos a atender las denuncias de los médicos residentes, mediante instancias descentralizadas del hospital sede, para que no haya conflictos de intereses. Además, que las resoluciones  sean rápidas, ya que en todos los casos que han documentado hasta ahora, no solo no ha habido soluciones, sino respuestas amenazantes para quien se atreve a denunciar.

Por último, esclarecer la condición jurídico-laboral del médico residente, ya que en el caso del IMSS, su contrato es un apéndice del contrato colectivo de trabajo que los pone como becarios y no les da garantías de trabajadores, por lo que incluso el sindicato se ha desentendido de casos de acoso laboral, igual que las universidades, que no los tienen de estudiantes dentro de sus instalaciones.

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Los médicos: ¿con paga reducida?


Las medidas de austeridad del gobierno federal alcanzaron a los estudiantes de medicina que van a realizar su servicio social a partir de agosto, pues se ha informado que su salario se reducirá a la mitad. Pasará de 3 mil 600 a mil 800 pesos mensuales para los jóvenes que son asignados a las comunidades rurales y más distantes.

Funcionarios señalaron que el servicio social es obligatorio, pero también se puede cumplir con este requisito en áreas de investigación o administrativas, por lo que no tienen que dejar sus lugares de origen. El problema será para alrededor de 2 mil 300 comunidades, las más pobres del país, donde el médico pasante, es el único con el que cuentan para recibir atención de salud básica.

Texto original: La Jornada

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Médicos cubanos…¿A México?


Texto original: Verónica Alarcón (Cubanet)

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ultima los detalles de un acuerdo con Cuba para recibir por lo menos a 3000 médicos procedentes de las misiones médicas destinadas en Brasil. Las negociaciones entre el gobierno del mandatario mexicano y el régimen cubano comenzaron en septiembre. 

Lázaro Cárdenas Batel, el nuevo coordinador de asesores de la presidencia mexicana, ha sido el vínculo entre representantes del régimen cubano que preside Miguel Díaz-Canel y colaboradores de los gobiernos de Luiz Inácio Lula Da Silva y Dilma Rousseff. El objetivo: una adaptación mexicana de Mais Medicos, un programa que involucró a cerca de 15 000 especialistas cubanos destinados en 1 600 municipios situados en algunas de las zonas de mas difícil acceso en Brasil. 

Por ahora, los médicos cubanos han recibido el anuncio de que los traslados entre Brasil y Cuba habían sido interrumpidos porque, de acuerdo con la jefatura de las misiones, “no había aerolíneas disponibles”. El documento menciona que esperan que los traslados se reanuden entre “el 3 y 4 de diciembre”, pocos días después de la toma de protesta de López Obrador en México.

Cárdenas Batel ha sido una pieza clave para la gestión entre el régimen cubano y el Partido de los Trabajadores que selló el acuerdo entre Cuba y Brasil. Es el heredero de una dinastía profundamente identificada con las causas izquierdistas en México. Tanto él como su padre, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, mantienen una sólida amistad con miembros del PT.

La relación entre los Cárdenas, el régimen castrista y otros gobiernos identificados como “izquierdistas” en América Latina es sólida. Cuauhtémoc Cárdenas, que conoció a Fidel Castro en 1959, mantuvo con el fallecido dictador una relación que definió como “no estrecha pero sí de afecto” y calificó su muerte como “una pérdida para el mundo”. 

Cárdenas, de 84 años, mantiene también una amistad con Lula. Lo visitó en la cárcel hace solo tres meses y ha dicho varias veces en público que el expresidente brasileño es víctima de una “injusticia”. Lula está en la cárcel acusado de corrupción como parte de la Operação Lava Jato, un multimillonario esquema de lavado de dinero con causas abiertas en varios países latinoamericanos. 

Lula y el excanciller brasileño Celso Amorim visitaron Michoacán, el estado mexicano que es la cuna de la familia Cárdenas, en 2003. Quince años después, la cercanía continúa dando frutos. Ha sido precisamente Amorim quien ha mantenido conversaciones con Lázaro Cárdenas Batel, el coordinador de asesores de presidencia de López Obrador, quien ha servido de vínculo para las conversaciones entre Brasil, Cuba y México. 

“Nadie mejor que Lázaro Cárdenas Batel para hacer la gestión necesaria entre los tres países, considera una fuente involucrada en las negociaciones. Cárdenas Batel también mantiene una cercana relación con Cuba. El menor de los Cárdenas y coordinador de asesores de AMLO mantiene fuertes vínculos con La Habana, que salieron a relucir cuando fue elegido gobernador de Michoacán en 2002. 

Los inicios de una “amistad” 

“Estudié en el Instituto Superior de Arte en La Habana, mi esposa es cubana y, evidentemente, yo tengo una relación entrañable y cercana con ese país y con muchas personas en ese país. mi relación con Cuba no es la relación del gobierno de Michoacán o de cualquier autoridad de Michoacán con Cuba”, explicó hace 14 años quien ahora es uno de los más cercanos colaboradores de la presidencia de AMLO. 

Los datos le contradicen. Más de 400 funcionarios cubanos fungieron como asesores del gobierno michoacano durante su gestión, medio centenar de profesores cubanos ocuparon plazas en la secretaría de educación michoacana para un programa de alfabetización implementado solo para ese fin y gestionó que otros tantos fueran recibidos en programas similares en Oaxaca, Veracruz y Tabasco. “Programas hechos a la medida del gobierno cubano”, asegura uno de los colaboradores del gobierno michoacano de Cárdenas Batel. Los cubanos ocuparon puestos en salud, educación y arte pese a las críticas, todos bajo el manto del heredero de la dinastía Cárdenas. “Estas colaboraciones hasta ahora habían sido en estados mexicanos, pero nunca habían sido considerados como una política federal”. 

Pero la coyuntura producida en solo tres meses y los escenarios políticos en México y Brasil han propiciado que las habilidades diplomáticas de Cárdenas Batel salgan al rescate de Mais Medicos, un programa que el régimen cubano mantiene en más de 60 países, pero pocos tan importantes como Venezuela y, hasta hace unos días, Brasil. 

Un acuerdo sin precedentes entre México y Cuba 

Pese a que el régimen castrista ha conseguido acuerdos con México en algunas regiones, ninguno tiene un alcance nacional. La versión mexicana de Mais Medicos, de concretarse, no tiene precedentes en la relación entre Cuba y México.

La esposa de Cárdenas Batel, Mayra Coffigny, ha sido “un factor medular” para fortalecer los vínculos entre el régimen castrista y las administraciones públicas a cargo de su esposo. Coffigny nunca ha ocultado su simpatía y admiración por Fidel Castro. Los médicos cubanos que participan en las misiones médicas reciben una cuarta parte de su salario, el resto lo recibe el régimen castrista. 

López Obrador ha dicho que el esquema actual mexicano de salud pública en México es “insuficiente” y ha prometido que bajo su gobierno, los mexicanos tendrán acceso a un sistema similar al de “Canadá, Dinamarca, Inglaterra y países nórdicos”. 

El camino hacia un sistema de salud como los ejemplos que cita el nuevo presidente mexicano se antoja difícil. Como respuesta, varios colaboradores de López Obrador han insistido una y otra vez, en público, en privado, en redes sociales y frente a micrófonos que el gobierno de AMLO resolverá la falta de médicos en las zonas más desatendidas del país pero hasta ahora nadie había explicado cómo lo haría. 

La primera solución, por ahora, apunta a La Habana. 

(En colaboración con Estadão de São Paulo)

Editoriales, Noticias

“Lo bueno. Lo malo. Lo peor” por Edel López Olán


Lo bueno

Tuvieron que pasar seis años para que la presidencia de la república entendiera su función. No, lo que sucedió el jueves pasado no es un acto que lava seis años de corruptelas y escándalos. No, lo que sucedió el jueves pasado no ejemplifica una presidencia de aciertos, sin embargo, el equipo de trabajo de Peña Nieto dio en el clavo al explotar un nacionalismo perdido entre tanta demagogia. Hoy, el presidente de la república sigue recogiendo elogios ante una actitud que debe tener no solo él, sino todos los ciudadanos al defender nuestra soberanía nacional. Hoy, todo México sintió por cinco minutos que  teníamos un presidente; un presidente que logró  algo que es muy complicado entre los mexicanos: Ponernos de acuerdo, y eso, en el plano de la política exterior e interior es algo que debe aplaudirse.

Lo malo

Cuando se habla de una elección de estado quedan dudas sobre si esa teoría es cierta o no; pero en México, desafortunadamente en este sentido, todo es permisible. Ante la inacción del gobierno, AMLO se encuentra a la cabeza de las encuestas de cada medio del país. Sí, la victoria del tabasqueño, del eterno candidato es inevitable, pero, las acciones del gobierno son aún peores. Las investigaciones a Ricardo Anaya por parte de la PGR al parecer le abrían paso al candidato del PRI para llegar al segundo lugar de las encuestas, algo, que ni siquiera el mismo PRI entendió pues sigue en el tercer lugar. A pesar de lo inadmisible de la inclusión de Margarita Zavala a la boleta electoral después de múltiples y quejas y pruebas de sus irregularidades, hoy, el TEPJF decide que Jaime Rodríguez “El Bronco” sea otro contendiente más a la presidencia de la república acusado, por la misma vía, de las mismas irregularidades de la candidata independiente. Un hecho que despierta más dudas que esperanzas en un país donde  todos los ciudadanos vemos como, desafortunadamente, el crisol de elección crece sin ningún tipo de certeza ante las propuestas. La incursión de “El Bronco” en la boleta solamente dispersa más los votos en una elección que se enfila a ser la más importante de México pero también como la más complicada y corrupta del México actual.

 

Lo peor

Imagen: Animal Político

El sistema de salud en nuestro país es paupérrimo. Los médicos de cualquier latitud deben efectuar en ocasiones magia para hacer efectivo el más pequeño de los tratamientos. En Oaxaca, el lamentable deceso de un pequeño ha derivado en la acusación del médico tratante. Luis Alberto Perez Mendez es acusado de  por homicidio doloso por negligencia médica. Sí, en un país sumido en la corrupción es muy fácil que la mente y el criterio apunten a una mala praxis, sin embargo, el precedente legal contra los médicos puede ser muy peligroso ante tal resolución. OJO, con esto no exoneramos de inmediato a cualquier médico tratante, pero en la salud no hay nada certero, y las prácticas realizadas dentro de un quirófano o tratamiento per sé, pueden derivar en muchas situaciones que pueden ser mal interpretadas como un mal praxis, cuando, en ocasiones, depende de muchos factores un resultado. Terrible fue lo que le sucedió al pequeño Edward, pero es más terrible aun que se quiera culpar a un médico de una negligencia cuando, desde muchos aspectos, la investigación tiene muchas lagunas. Es importante que este caso se analice de forma puntual, ya que ningún médico estudia para matar y  todos los médicos en este país trabajan y luchan día a día contra el sistema y la carga de trabajo. Es imperativo que se haga un análisis de los alcances de la ley y sus efectos ante una circunstancia que hoy une a los médicos en una sola voz y qué, probablemente, pueda perjudicarnos a todos.

Hasta la próxima.

Salud

Cigarro electrónico: ¿Una cura?


Cigarro Electrónico

La Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios británica (MHRA, en inglés) ha otorgado a la compañía British American Tobacco licencia para vender el cigarrillo e-Voke como una ayuda terapéutica para superar el tabaquismo. Una decisión que no comparte la principal asociación médica (el colegio británico de médicos de cabecera), cuyo vicepresidente, Tim Ballard, ha señalado que todavía no está demostrado que el consumo de esa clase de cigarrillos sea un método eficaz para dejar de fumar.

“Queremos asegurarnos de que los productos legales que contienen nicotina -incluidos los cigarrillos electrónicos- que reivindican un papel medicinal cumplen los estándares adecuados en cuanto a seguridad, calidad y eficacia para ayudar a reducir los daños que produce fumar“, ha señalado la agencia en un comunicado.

El director del área de Salud y Bienestar del servicio público de salud inglés (PHE), Kevin Fenton, ha afirmado a la BBC que los cigarrillos electrónicos se han convertido en el método más popular para dejar de fumar en el Reino Unido.

Según los datos publicados en abril de 2015 por el PHE, dos tercios de las personas que utilizaron cigarrillos electrónicos en combinación con las ayudas que proporciona la sanidad pública lograron abandonar el hábito.

“Potencialmente, quizás se podría prescribir el e-Voke como parte de un programa para abandonar el tabaquismo, pero los médicos deben ser muy cautelosos a la hora de recetarlo hasta que existan evidencias claras sobre su seguridad y su eficacia”, afirmó.

Cerca de 2,6 millones de británicos utilizan cigarrillos electrónicos, 1,1 millones de los cuales son exfumadores que han abandonado el tabaco convencional y 1,4 millones son fumadores que combinan ambos productos, según la organización contra el tabaquismo Action on Smoking and Health.

En España, varias sociedades médicas han pedido desde hace tiempo una regulación para los e-cigarros similar a la que en la actualidad rige para el tabaco. Desde agosto de 2015, la ley española permite su venta en farmacias, además de estancos y parafarmacias. La legislación española también prohíbe expresamente que se anuncien como dispositivos de ayuda para dejar de fumar.

Fuente: El mundo Salud