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Pésimas noticias: no hay remedio


Por Pablo Hiriart (El Financiero)

El discurso del Presidente ayer en el Zócalo confirmó lo que muchos temíamos: no habrá cambios en política económica ni en la estrategia seguridad.

Cree que vamos muy bien, que está haciendo historia, cuando en realidad caemos en prácticamente todos los rubros.

Los que esperaban anuncios de cambios luego de un año de errores y fracasos se toparon con la realidad: AMLO va derecho, no se quita ni corrige.

Son noticias preocupantes para México, aunque también malas para el líder social que atiborraba plazas con su sola convocatoria. Esta vez no pudo llenar el Zócalo con sus partidarios, a pesar de contar con todos los recursos del Estado para hacerlo.

Se redujo el espacio disponible del Zócalo, y la mayoría de los que acudieron fueron acarreados de distintas entidades. Al llegar en los autobuses rentados por quién sabe quién, bajaron penosamente sus bolsas de plástico con sándwiches y frutsis.

Durante el discurso de AMLO la gente estaba distraída, se volteaba, conversaba, y su preocupación era protegerse del sol. Tenían razón, pues no había nada qué festejar.

Sorprendente fue el contraste con la marcha opositora sobre el Paseo de la Reforma, con cerca de 40 mil personas que llegaron por su propia voluntad y sin acarreados.

Triste, vacío de contenido y tramposo fue el discurso del Presidente.

La realidad es que tenemos crecimiento económico de cero por ciento, es decir nada, sin crisis externa por ahora.

Vimos a un Presidente de México con un discurso que lo postró a los pies de Donald Trump, el mandatario estadounidense más cruel y antimexicano que tengamos memoria. Lo colmó de elogios porque “ha sido respetuoso” de nuestro país, cuando no es así.

Trump nos ha impuesto su agenda y sus odios contra los migrantes centroamericanos. En su país separa a madres de hijos a los que encierra en jaulas alambradas.

¿Gracias, presidente Trump, por respetar a los mexicanos?

El gran golpe de timón para devolver la confianza de los inversionistas era el relanzamiento del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), y no hubo tal rectificación sino regocijo por una “estupidez económica”, como la calificó el Financial Times.

“Los conservadores corruptos no pudieron detenernos para construir el aeropuerto de Santa Lucía”, presumió el Presidente en el Zócalo, al referirse a los amparos que revocó el mismo juez que los había otorgado.

Texcoco ya estaba construido en una tercera parte, con la torre de control incluida. Todo para abajo. AMLO le ordenó al Ejército hacer un aeropuerto en Santa Lucía porque ninguna compañía seria lo quiso construir.

Actualmente el aeropuerto de la capital transporta entre 45 y 50 millones de personas al año. Santa Lucía, en 2032, sólo moverá a 19.2 millones de pasajeros. Con un agravante, según el reciente reporte encargado al Grupo Aeroportuario de París: las pistas uno y tres no podrán funcionar simultáneamente. O sea no será posible tener despegues y aterrizajes al mismo tiempo.

No hay en el discurso presidencial ningún signo de que vamos a mejorar. Olvídenlo.

En violencia llevamos cerca de 35 mil muertos en su primer año de gobierno.

Hubo condolencias en el mensaje de López Obrador, aunque no para los miles de asesinados en México, sino para los muertos en Texas.

La estrategia del avestruz seguirá, por lo que no debemos esperar una mejoría en seguridad. Al contrario, los grupos criminales aumentan su poder. (Veintiún asesinados en una matanza en Coahuila el sábado).

No mencionó a Pemex –la niña de sus ojos– en el discurso del primer año de gobierno.

En realidad no tenía nada qué decir. Fue una forma de eludir que la producción cae más que en el sexenio anterior, y que en el tercer trimestre del año esa empresa del gobierno perdió 88 mil millones de pesos, contra 26 mil 770 millones de pesos en utilidades que tuvo en el mismo periodo del sexenio anterior.

En lo que va de su gobierno se han dejado de crear 328 mil empleos.

Promocionó como justicia social los apoyos económicos directos que otorga su administración. Eso no genera desarrollo, sino dependencia política hacia el gobierno que entrega los recursos.

En Brasil se inició un programa con rebajas, a las empresas, de 30 por ciento del costo que implica contratar a una persona de entre 18 y 29 años de edad. Así se generan empleos permanentes para gente joven y no le deben el favor político al gobierno.

Dijo el Presidente que en su gobierno había aumentado la recaudación fiscal. Es tramposo ese dato.

Sí crecieron los ingresos tributarios en 1.6 por ciento respecto al año anterior, pero…: la recaudación por IVA (consumo) cayó 3.2 por ciento. También cayó el ingreso tributario por ISR (ingresos), en 1.2 por ciento.

¿Qué pasó entonces? Muy sencillo: aumentó el IEPS a combustibles en 61 por ciento. Sí, sesenta y uno por ciento subió el IEPS a gasolinas y diésel, luego de que dijeron que lo iban a bajar.

El apoyo a la gente necesitada es dinero en efectivo, pero han destruido el sistema de salud: acabaron con el Seguro Popular a cambio de nada. Recortaron 118 millones al Programa Nacional de Vacunación. Quitaron 132 millones de pesos en Prevención y Control de Enfermedades. 231 millones de pesos al Programa de Estancias Infantiles para Madres Trabajadoras. Menos dinero a Control y Prevención de Obesidad y Diabetes. Los hospitales de alta especialidad están deficitarios en todo.

Al campo, entre subejercicios y recortes, lo golpearon como en décadas no ocurría.

Crear clientelas electorales con dinero en trasferencias directas, es la estrategia.

Esas clientelas quedarán atrapadas de por vida, porque el Presidente presumió la demolición de la reforma educativa como un logro. Enterrada está.

No habrá cambios que devuelvan la confianza para invertir (lo anunciado por la IP la semana pasada sólo significa 0.7 por ciento del PIB anual, y necesitamos inversiones en infraestructura por cinco por ciento del PIB)

La seguridad queda como hasta ahora: a mano de los criminales y a esperar que se conviertan en buenos gracias a programas sociales que no generan desarrollo.

El Presidente dice que vamos bien y en un año no habrá reversa. Pésimas noticias.

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Morena, ese monumento al cinismo


Por Pablo Hiriart (El Financiero)

Morena se robó la presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos para imponer, por la vía del fraude, a una ombudsperson de su partido, gobiernista hasta la médula, que en redes sociales llamó a que “NO DESAPROBECHEMOS (sic) ESTA OPORTUNIDAD DE HACER HISTORIA” con López Obrador.

Los que en la elección de 2006 paralizaron parte del país para recontar “voto por voto, casilla por casilla” de la elección en que perdieron (y se les concedió en un buen número de secciones), ahora que ganaron con trampas no quisieron limpiar la elección en una sola urna que se instaló en el Senado.

Piedra Ibarra no alcanzó en el Senado la mayoría calificada que exige la ley para presidir la CNDH, pues tuvo 76 votos de un total de 114 senadores presentes.

Su elección fue inconstitucional. Punto.

También su candidatura fue ilegal. Había rendido protesta como consejera estatal de Morena en Nuevo León, y un requisito para presidir la CNDH es no tener cargo partidario.

Violaron la ley y se robaron la elección, con tal de satisfacer el deseo del Presidente.

Y además, espiaron, lo que también es ilegal y un abuso de poder.

Ricardo Monreal dio a conocer en una conferencia de prensa el chat de una conversación entre los panistas Marko Cortés (presidente del partido), Mauricio Kuri (líder de la bancada) y la vicepresidenta del Senado, Guadalupe Saldaña.

Ahí está la síntesis del cinismo de un partido que llevó a presidir la CNDH a una persona inelegible. Que hace fraude en la elección. Que espía a los senadores opositores a esa candidatura. Y que lo presume en conferencia de prensa.

Frente al malestar generado por su turbiedad, prometieron repetir la votación el martes. Pero como se dieron cuenta que volverían a perder, realizaron una bochornosa maroma y evitaron la elección.

Con ese fraude mataron la gran institución creada en 1990 para defender al ciudadano de los abusos del poder.

Los periodistas, a quienes el Presidente compara con perros sin bozal, ¿podrán quejarse ante la nueva titular de la CNDH por el acoso gubernamental que los expone a agresiones físicas?

Esto piensa, y escribe, Rosario Piedra Ibarra de la prensa que critica medidas de López Obrador: “MEDIOS CHAYOTEROS, YA DEJEN DE MANIPULAR LA INFORMACIÓN!!!”.

Durante el año en que más han matado periodistas en la historia, la nueva ombudsman hace como que no sabe: “¿Han matado periodistas?”.

Impuesta por el gobierno mediante el fraude, ella es la que nos va a proteger, a periodistas y ciudadanos en general, de las agresiones… del gobierno.

El presidente López Obrador reaccionó ante los reclamos de su imposición con un poco pensado “es que el PAN quiere una CNDH de florero”.

¿Cómo? ¿Ya se dio cuenta de lo que dijo? Dijo que el principal partido de oposición quiere a una CNDH que sea florero del Presidente, o sea de él.

Ese monumento al cinismo llamado Morena, que elevó a rango de delito grave el fraude electoral para que se castigue con cárcel antes de que haya una sentencia definitiva, tuvo que anular su proceso de elección de su dirigencia, por fraude.

Alrededor de cien de casi 300 asambleas distritales para elegir delegados al Congreso de donde saldría la nueva dirigencia reventaron por fraude y violencia: balazos, artefactos explosivos, riñas colectivas, sillazos, prohibición de acceso a candidatos, padrón inflado, inducción al voto.

El Tribunal Federal Electoral, de plano, les anuló el proceso que debió culminar los días 23 y 24 de noviembre.

Cuando se le enseñó a la líder del partido y candidata a presidirlo, Yeidckol Polevnsky, una foto donde los asistentes a la asamblea de Naucalpan reciben un acordeón con su nombre para que no se equivoquen a la hora de votar, ella respondió: “hay que ayudar porque algunos no saben leer”.

Y si no saben leer en la boleta, ¿cómo van a leer el papelito en que va escrito su nombre?

Al grano: ¿por qué los balazos? ¿Por qué las bombas molotov? ¿Por qué la falsificación del padrón? ¿Por qué las riñas multitudinarias?

Cuéntenle a otro que se pelean por “servir al pueblo”.

Esa lucha es entre mafias por un botín, y el botín está en el poder.

Además de cinismo, hay bandidaje en el partido que nació hace menos de cinco años.

Es el partido que está destruyendo las instituciones que son contrapeso del poder presidencial, como la CNDH.

Se trata, nada menos, que del partido gobernante.

Contra ese partido, sus mañas, sus mafias y su desprecio por la legalidad, tendrá que contender la oposición dentro de año y medio.

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Otro paso a la tiranía


Por Pablo Hiriart (El Financiero)

Dos veces perdió la votación Morena en la Cámara de Diputados para aprobar reformas a la Ley de Instituciones de Crédito, y aun así no acepta la derrota: hoy se dispone a forzar una nueva votación sobre lo mismo. Y así sucesivamente hasta que algún día ganen.

¿Por qué es vital para el gobierno reformar esa ley? Porque le da atribuciones a la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda para aplicar la extinción de dominio a cuentas bancarias que ella misma ordene congelar por presunciones de un ilícito.

Por la sola presunción de la UIF, se congela una cuenta y se aplica la extinción de dominio –el gobierno te quita el patrimonio–, sin que haya una autoridad imparcial ante la cual defenderse.

Con ello se borra del proceso acusación-defensa a una figura esencial en una democracia: el juez.

La tiranía que teje Morena no acepta derrotas legislativas. Avanza por las buenas o por las malas.

Si pierden una votación para imponer a la recomendada del Presidente en la Comisión Nacional de los Derechos humanos, en contra de la ley porque Rosario Piedra no cumple requisitos, hacen fraude.

Cuando pierden la votación en San Lázaro para convertir a la Unidad de Inteligencia Financiera en acusadora y juez al mismo tiempo, sus diputados se le van encima cual porros a la presidenta de la Cámara y ordenan repetir la votación una y otra vez.

Me explico:

La reforma plantea que la Unidad de Inteligencia Financiera pueda ordenar a un banco congelar cuentas bancarias, que el banco avise al perjudicado, y que la UIF pida la extinción de dominio a la Fiscalía General de la República (FGR).

Con eso violan el artículo 14 de la Constitución, que a la letra dice: “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”.

Ahí está toda la diferencia.

Con la ley que pretende imponer Morena, se elimina la obligación de que sea “la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento” y se le transfiere esa facultad al banco, que no es autoridad competente, sino un simple particular.

De esa manera, la UIF le ordena al banco congelar la cuenta, el banco le avisa al perjudicado (por mail, WhatsApp o correo ordinario) y la UIF le solicita a la FGR la extinción de dominio.

No hay posibilidad de defenderse ante un juez.

La UIF te acusa, el banco te notifica, y de la noche a la mañana pierdes los ahorros de toda tu vida, por la simple presunción de Santiago Nieto y de quienes le sucedan en el cargo en los siguientes sexenios.

En caso de aprobarse la ley que quiere sacar adelante Morena, un funcionario le puede quitar a un opositor, empresario que no se alinea, o a personas que el gobierno deteste, todo su patrimonio.

Se trata de una legislación ‘soviética’ y anticonstitucional.

Primero los diputados priistas Enrique Ochoa y Dulce María Sauri, luego la diputada de Morena, Lidia García Anaya, interpusieron una reserva a esa ley (proveniente del Senado), para hacer obligatorio el precepto constitucional de que sea “la autoridad competente” quien notifique y fundamente al perjudicado que su cuenta ha sido congelada.

De esa manera se puede acudir ante una autoridad imparcial –el juez– para entablar una defensa.

Con esta ley no: congela la UIF, avisa el banco, y hay que ir a la UIF a defenderse en un plazo de diez días… a ciegas, sin conocer los motivos de la acción. Y es la propia Unidad de Inteligencia Financiera la que procede a solicitar la extinción de dominio a la FGR (por una presunción)

¿Y el juez? ¿Y el debido proceso? ¿Y la Constitución?

El ciudadano ya no se defenderá ante un juez, sino ante la UIF, que es la parte acusadora.

Con esa medida se le está entregando al Ejecutivo el mayor instrumento de coerción sobre las personas que hayamos conocido hasta ahora.

Incluso diputados de Morena percibieron la atrocidad que se pretendía cometer y votaron para frenarla. Y se frenó con 225 votos a favor y 223 en contra.

Otra vez se votó, a ver si Morena juntaba los votos que le faltaban para ganar y pasar la medida. Tampoco pudieron.

Y como el Presidente los regañó en Palacio Nacional, pues se trata de una pieza importante del andamiaje de la tiranía que construyen, hoy forzarán una nueva votación… sobre un proyecto que ya han votado dos veces.

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México atrapado


Por Pablo Hiriart (El Financiero)

México está atrapado entre los narcos, Trump y la soberbia del presidente López Obrador.

Olvidemos la economía, pues ahí no hay remedio. Vamos a un sexenio perdido por la paranoia ideológica del Presidente que ve enemigos en todos lados: en los constructores del aeropuerto, en los inversionistas en la rama de energía, en las farmacéuticas, etcétera.

Para despejar dudas de hacia dónde vamos con la economía en manos de AMLO –si estuviera en las de Hacienda sería otra cosa–, basta ver lo que dice el banco más grande del mundo, Morgan Stanley, a los inversionistas internacionales: desháganse de los pesos, vendan sus bonos de Pemex y sálganse de los valores mexicanos aunque paguen altas tasas.

Ahí no hay vuelta de hoja. Ya vieron que AMLO no cambia de opinión en los temas sustantivos. Vamos al barranco con un Presidente instalado en otra realidad.

Mucho más grave, sin embargo, es el callejón en que nos ha metido por su desdén a la seguridad. Podemos perder el país en manos de los narcos o del gobierno de Trump.

Cuando escribí lo anterior en la edición del martes hubo críticas por “alarmista” y “tremendista”.

¿Ah sí? ¿Ya vieron lo que pide Trump? Una llamada de AMLO para entrar con los marines a nuestro territorio.

¿Leyeron lo que sugiere The Wall Street Journal? Una intervención militar en México.

¿Han oído las declaraciones de la burocracia de seguridad nacional de Washington?

“México no tiene estrategia de seguridad”, dijo ante comisiones del Congreso de EU el subsecretario de Estado Richard Glenn.

¿Vieron que la DEA desmintió al gobierno de México sobre su participación en el operativo en Culiacán?

¿Leyeron las declaraciones del exdirector de la DEA, Derek Maltz, a The Wall Street Journal? La liberación de Ovidio Guzmán fue “la absoluta destrucción del Estado de derecho en México y la situación va a empeorar”.

¿Hojearon lo que dice la prensa en el mundo? Desde The New York Times, hasta The Guardian y periódicos locales en España, Italia, Alemania…: el gobierno de López Obrador se rindió ante los criminales del narco.

O para decirlo en palabras del agente de la DEA, Jack Rilley, sobre la liberación del hijo del Chapo Guzmán: “el Presidente de México hizo un pacto con el diablo”.

Aquí, el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, pidió a los empresarios y medios “no magnificar” la capitulación en Culiacán y la masacre en Sonora.

Están perdidos. Y se llevan a México en su extravío.

Hay inquietud mundial y zozobra nacional por el fortalecimiento de los grupos criminales.

Eso no se detiene con declaraciones como la expresada por el Presidente la semana anterior: los hechos ocurridos en Culiacán y en Bavispe “despertaron los afanes autoritarios del uso de la fuerza”.

Vaya confusión que trae el Presidente: la fuerza la pueden usar los narcos y sus sicarios.

Queman vivos a seis niños y tres mujeres. Ejecutan a quince personas en Jalisco en una sola tarde, a 22 en Ciudad Juárez en tres días, asesinan a placer en Veracruz, hay matanza de policías en Oaxaca, Guerrero, etcétera.

Y el político que llegó a la Presidencia con la promesa de que “cuando triunfe nuestro movimiento ya no va a haber matanzas”, y que atendería personalmente la seguridad con reuniones diarias a las seis de la mañana, resulta que no está enterado ni de los operativos más importantes y le importa muy poco el tema.

El Estado debe prevenir, combatir y castigar los crímenes, pero el Presidente de la República considera esas demandas como “afanes autoritarios del uso de la fuerza”.

No entiende su papel como jefe de Estado. De eso ya se dio cuenta el mundo y en especial el presidente, el Congreso, la comunidad de inteligencia y los medios de comunicación de Estados Unidos. Y lo padecemos los ciudadanos.

Ahí están los homicidios en todo el país, una capital tomada a tiros y con una docena de muertos, niños incinerados vivos…

La población está indefensa y la soberanía en peligro.

No existen vacíos en ese terreno: si el Estado abdica al legítimo monopolio del uso de la fuerza, lo hacen los narcos o lo hará el Ejército de Estados Unidos.

Los secretarios le mienten al país y al Presidente. Dicen que lo de Culiacán se originó porque una patrulla que pasaba por ahí empezó a recibir balazos.

Que en Bavispe confundieron a los LeBarón con una banda contraria y los mataron… luego de haberse identificado.

A los periodistas que apuntan la gravedad de lo que ocurre y critican una estrategia a todas luces fallida, el Presidente los compara con perros sin bozal.

Estamos atrapados entre las bandas criminales, un Presidente que por omisión deja que éstas crezcan, y el acecho de Estados Unidos que no va a permitir la supremacía del narco en su vecino del sur.

Por donde se vea, le entregamos nuestra alma al diablo.

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El Presidente nos lleva a la confrontación


Por Pablo Hiriart (El Financiero)

Todavía no cumplen un año en el poder y ya el país entró en zona de descomposición económica, social y política.

No sirven para hacer crecer la economía, ni para brindar mayor seguridad a los ciudadanos, ni para educar mejor a los sectores populares y así disminuir la desigualdad, ni tampoco sirven para unir a la sociedad.

Lo que sigue a la ineptitud y la soberbia es peor: polarización, que quiere decir confrontación.

El gobierno, consciente o inconscientemente, nos lleva a chocar entre mexicanos.

López Obrador sigue insultando a los “conservadores”, “fifís” y “racistas” de que las cosas no le salgan, y de todo culpa a gobiernos anteriores por la crisis en que él nos está metiendo.

De ninguna manera corrige. Culpa a otros y avanza hacia el pantano con México a cuestas.

Es peligroso lo que hace, pues también en política aplica la tercera ley de Newton: a cada acción corresponde una reacción, de igual intensidad y en sentido contrario.

López Obrador da muestras ostentosas de su desdén al Estado de derecho.

Culpa al Estado de derecho de sus tropiezos: en el caso concreto de Santa Lucía, habló de “sabotaje legal”. ¿Qué será eso?

Su enemistad con la ley traerá consecuencias en la población y en la economía: menos inversión y nulo crecimiento.

Ante la ausencia de estrategia que proteja a ciudadanos y su patrimonio, habrá réplicas. Ya lo vemos en Michoacán, donde los aguacateros toman las armas para defender sus cargamentos (reportaje de AP).

El Presidente se pone del lado de los sicarios del narcotráfico cuando se entera de un operativo contra ellos. Lo que hace no es indiferente en Estados Unidos ni es inocuo para el tejido social mexicano.

Permite que bandas de maleantes humillen al Ejército, que es el último bastión de la seguridad en el país. Cuidado, sus integrantes tienen sentido del honor. No pocos comenzarán a hartarse de que los culpen de operativos fallidos.

Sostiene en el cargo a los responsables del fracaso en Culiacán: los mismos que nos regalan el año con más delitos en un siglo. ¿Qué hacemos ante la ineptitud en ese terreno? ¿Nos cuidamos los civiles al margen de las autoridades?

Los enemigos que López Obrador construye para justificar su falta de resultados y alentar a los suyos, pueden llegar a ser sus adversarios de verdad y tienen recursos y agravios que cobrarse con el gobierno que los hostiliza.

A los normalistas los deja que tomen las vías del ferrocarril que une al puerto de Lázaro Cárdenas con Morelia, donde se cargan productos de exportación del industrioso centro del país. Millones y millones de pérdidas. ¿Se van a quedar eternamente de brazos cruzados los perjudicados?

Grupos de inconformes ven fácil cerrar los principales accesos a la Ciudad de México y en 22 ciudades del país, como hicieron el jueves. A unos encapuchados se les ocurrió bloquear Insurgentes en solidaridad con Chile y Ecuador. No pasa nada con ellos. Vendrán otros con apetitos más grandes e intenciones más perversas.

Se ordena cárcel a la enemiga personal del Presidente, Rosario Robles, antes de que empiece el juicio contra ella, valiéndose de un juez amigo y de una licencia de conducir. A nadie escapan arbitrariedades de ese tipo, pues cualquiera puede ser víctima de autoridades venales.

A los delincuentes apresados en el Centro Histórico, en cambio, ese mismo juez los suelta.

Justicia parcial, manipulada e ideológicamente selectiva, a la vista de todos.

Para los aborrecidos del Presidente no hay presunción de inocencia, y a sus colaboradores se les exonera antes de iniciar una investigación. Ojo con esa inequidad: los aborrecidos son muchos, perciben el peligro y no están mancos.

El desprecio por el Estado de derecho que exhibe López Obrador para favorecer delincuentes y castigar a sus adversarios no pasa desapercibido ni transcurre sin dejar huella.

Vemos en redes sociales un odio en ambos sentidos que se va a trasladar al resto de la sociedad. Puede llegar a las calles.

Nada nuevo en América Latina: el populismo polariza políticamente, divide a la sociedad, destruye el Estado de derecho y hace pedazos la economía de los países.

En ese túnel entra México y se dirige hacia indeseables escenarios de colisión.

Tenemos en puerta una debacle económica. El Presidente no tiene a quién echarle la culpa porque todo ha sido responsabilidad suya.

Pero calienta el terreno para señalar a los “conservadores”, “empresarios con ligas partidistas”, a la prensa que exhibe sus errores y a “fifís” en general, en lugar de corregir con rapidez lo que ha hecho mal.

Su obsesión por dividir a la población y actuar en consecuencia, nos lleva al choque y a la división irreconciliable entre mexicanos.

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Olvídenlo, no lo van a convencer


Texto original: Pablo Hiriart (El Financiero)

Si los dirigentes empresariales, con responsabilidad y buena voluntad, piensan que van a convencer al presidente López Obrador mediante argumentos económicos para enderezar el rumbo del país, están perdidos. No lo conocen. No saben con quién están tratando.

López Obrador no es un improvisado ni anda en busca de soluciones a los problemas de un sistema que quiere destruir. Sabe lo que hace.

Su formación ideológica lo hace creer que quienes tienen dinero o un patrimonio holgado son los culpables de la desigualdad y de las desgracias del país.

Ve a los proveedores del gobierno, no como empresarios indispensables para que camine la economía, sino como presuntos delincuentes.

Él cree honestamente que sólo la pobreza redime.

Ahí está la razón por la que prefiere inundar el espléndido aeropuerto que se levantaba en Texcoco, antes que terminarlo.

Por eso a los delincuentes y narcotraficantes les ofrece paz, los libera. Les pide que se porten bien. Son de origen humilde y el capitalismo los ha puesto en el mal camino.

No presenta una estrategia para combatirlos y la tasa de delitos se dispara. “El narco también es pueblo”, lo ha dicho y eso los exime de cumplir la ley.

Así es que los empresarios que van a Palacio Nacional, con ánimo de aportar soluciones, ya saben que su demanda central está perdida: Estado de derecho.

La ley no se aplica a los narcos, extorsionadores, asaltantes y violentos en general, sino a los que crean empleo y riqueza. Es una forma de someterlos a la 4T. Y que paguen su pecado original: ser prósperos.

Van los líderes empresariales a Palacio con buenas ideas, salen felices, y en pocos días les meten un alza de más de cien por ciento en las tarifas de uso de agua a los agricultores.

Salen de Palacio convencidos del compromiso presidencial con la creación de empleos y la inversión, y en San Lázaro el partido de López Obrador pone un transitorio en la Ley de Ingresos para hacer fast track la legalización de los autos ‘chocolate’.

Con el apoyo de AMLO se aprobó una ley que equipara a la evasión fiscal con delincuencia organizada. Los dirigentes empresariales fueron equis cantidad de veces a Palacio a hablar con el Presidente a hacerle ver lo peligroso de esa medida.

¿Qué consiguieron? Nada.

Por sospecha de evasión con dolo irán a la cárcel, y no sólo por facturas falsas como se ha dicho. Sus bienes podrán ser vendidos por el Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado, sin que esas pertenencias hayan sido robadas.

Todo lo anterior se hará sin necesidad de que un juez declare culpable al contribuyente. Es ley.

Para los empresarios no hay presunción de inocencia ni derecho a defenderse en libertad hasta que el juez dé un fallo.

¿Querían Estado de derecho? La respuesta es esa. Más la liberación del hijo del Chapo en Culiacán porque su sicarios respondieron con violencia, dispararon, robaron vehículos, los incendiaron.

¿Piden seguridad? Muy bien, el Presidente se reúne a las seis de la mañana para supervisar personalmente el tema, y a la hora de la verdad dice que no estaba enterado del operativo en Culiacán.

La respuesta al reclamo de Estado de derecho también está en las plazas a los normalistas luego de que secuestraron casi un centenar de choferes por varios días y se apropiaron de igual número de autobuses particulares.

¿No se entiende?

Ahí está la realidad, no en las palmadas en la espalda mientras toman café en Palacio Nacional.

Lo que hace el Presidente es producto de su ideología. Y algunos empresarios opinan que lo van a hacer cambiar con unas cuantas reuniones.

¿Qué piensan? ¿Que recorrió el país durante una docena de años, municipio por municipio, adoctrinando a sus seguidores en la idea de que los ricos son delincuentes de cuello blanco, para llegar al poder y gobernar con ellos?

¿En serio piensan que Andrés Manuel López Obrador va a gobernar de acuerdo con sabias sugerencias del Consejo Coordinador Empresarial?

No lo conocen. O se autoengañan.

Algunos empresarios, como penosamente lo hemos visto en estos días, gritan vivas a la 4T para que les salven sus empresas quebradas porque nunca han sido hombres de empresa, sino herederos de fortunas de origen público.

Pero la mayoría de los miembros de la iniciativa privada, y sus dirigentes, son mexicanos de buena fe. Y se equivocan cuando creen que van a hacer cambiar al Presidente en temas sustantivos.

Incluso dicen que AMLO habla lento porque es su estilo de político reposado, sereno. No. El verdadero López Obrador habla rápido y con latigazos verbales.

El cambio es porque necesita filtrar lo que piensa, pues piensa cosas muy fuertes. Algunas ya las estamos viendo, y otras vendrán después, más pronto que tarde.

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Olvídenlo, no lo van a convencer


Texto original: Pablo Hiriart (El Financiero)

Si los dirigentes empresariales, con responsabilidad y buena voluntad, piensan que van a convencer al presidente López Obrador mediante argumentos económicos para enderezar el rumbo del país, están perdidos. No lo conocen. No saben con quién están tratando.

López Obrador no es un improvisado ni anda en busca de soluciones a los problemas de un sistema que quiere destruir. Sabe lo que hace.

Su formación ideológica lo hace creer que quienes tienen dinero o un patrimonio holgado son los culpables de la desigualdad y de las desgracias del país.

Ve a los proveedores del gobierno, no como empresarios indispensables para que camine la economía, sino como presuntos delincuentes.

Él cree honestamente que sólo la pobreza redime.

Ahí está la razón por la que prefiere inundar el espléndido aeropuerto que se levantaba en Texcoco, antes que terminarlo.

Por eso a los delincuentes y narcotraficantes les ofrece paz, los libera. Les pide que se porten bien. Son de origen humilde y el capitalismo los ha puesto en el mal camino.

No presenta una estrategia para combatirlos y la tasa de delitos se dispara. “El narco también es pueblo”, lo ha dicho y eso los exime de cumplir la ley.

Así es que los empresarios que van a Palacio Nacional, con ánimo de aportar soluciones, ya saben que su demanda central está perdida: Estado de derecho.

La ley no se aplica a los narcos, extorsionadores, asaltantes y violentos en general, sino a los que crean empleo y riqueza. Es una forma de someterlos a la 4T. Y que paguen su pecado original: ser prósperos.

Van los líderes empresariales a Palacio con buenas ideas, salen felices, y en pocos días les meten un alza de más de cien por ciento en las tarifas de uso de agua a los agricultores.

Salen de Palacio convencidos del compromiso presidencial con la creación de empleos y la inversión, y en San Lázaro el partido de López Obrador pone un transitorio en la Ley de Ingresos para hacer fast track la legalización de los autos ‘chocolate’.

Con el apoyo de AMLO se aprobó una ley que equipara a la evasión fiscal con delincuencia organizada. Los dirigentes empresariales fueron equis cantidad de veces a Palacio a hablar con el Presidente a hacerle ver lo peligroso de esa medida.

¿Qué consiguieron? Nada.

Por sospecha de evasión con dolo irán a la cárcel, y no sólo por facturas falsas como se ha dicho. Sus bienes podrán ser vendidos por el Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado, sin que esas pertenencias hayan sido robadas.

Todo lo anterior se hará sin necesidad de que un juez declare culpable al contribuyente. Es ley.

Para los empresarios no hay presunción de inocencia ni derecho a defenderse en libertad hasta que el juez dé un fallo.

¿Querían Estado de derecho? La respuesta es esa. Más la liberación del hijo del Chapo en Culiacán porque su sicarios respondieron con violencia, dispararon, robaron vehículos, los incendiaron.

¿Piden seguridad? Muy bien, el Presidente se reúne a las seis de la mañana para supervisar personalmente el tema, y a la hora de la verdad dice que no estaba enterado del operativo en Culiacán.

La respuesta al reclamo de Estado de derecho también está en las plazas a los normalistas luego de que secuestraron casi un centenar de choferes por varios días y se apropiaron de igual número de autobuses particulares.

¿No se entiende?

Ahí está la realidad, no en las palmadas en la espalda mientras toman café en Palacio Nacional.

Lo que hace el Presidente es producto de su ideología. Y algunos empresarios opinan que lo van a hacer cambiar con unas cuantas reuniones.

¿Qué piensan? ¿Que recorrió el país durante una docena de años, municipio por municipio, adoctrinando a sus seguidores en la idea de que los ricos son delincuentes de cuello blanco, para llegar al poder y gobernar con ellos?

¿En serio piensan que Andrés Manuel López Obrador va a gobernar de acuerdo con sabias sugerencias del Consejo Coordinador Empresarial?

No lo conocen. O se autoengañan.

Algunos empresarios, como penosamente lo hemos visto en estos días, gritan vivas a la 4T para que les salven sus empresas quebradas porque nunca han sido hombres de empresa, sino herederos de fortunas de origen público.

Pero la mayoría de los miembros de la iniciativa privada, y sus dirigentes, son mexicanos de buena fe. Y se equivocan cuando creen que van a hacer cambiar al Presidente en temas sustantivos.

Incluso dicen que AMLO habla lento porque es su estilo de político reposado, sereno. No. El verdadero López Obrador habla rápido y con latigazos verbales.

El cambio es porque necesita filtrar lo que piensa, pues piensa cosas muy fuertes. Algunas ya las estamos viendo, y otras vendrán después, más pronto que tarde.