Año Caliente por Raymundo Riva Palacio


El año arrancó con violencia del crimen organizado. Nada nuevo en el paisaje nacional desde hace dos décadas. Los homicidios dolosos siguen al alza, como ha sido cotidiano desde 2014. Iniciar cada año con crónicas de muerte y zozobra, se ha vuelto normal. No va a cambiar por lo que se refiere a combate a los criminales. El anuncio del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de que habría más unidades de la Guardia Nacional en el país, subraya cuál será la estrategia: desplazamiento, desplazamiento, y más desplazamiento. Pero 2020 no parece que estará dentro de lo cotidiano en materia de seguridad, porque hay dos variables que podrán impactar la realidad mexicana, Genaro García Luna y César Duarte, dos altos exfuncionarios bajo proceso en Estados Unidos.

En la Ciudad de México y en Madrid, deberían estar preocupados. El arsenal de información que tienen podría impactar directamente a dos presidencias, la de Andrés Manuel López Obrador y la de Enrique Peña Nieto, pero no escaparán las de Vicente Fox y Felipe Calderón. Durante las dos últimas décadas el crimen organizado se ha entreverado con las instituciones del Estado mexicano, no sólo en el corpus político en todos sus niveles, sino en el Poder Judicial, ONG’s, empresarios, sacerdotes, sindicalistas, periodistas, abogados y notarios, como decenas de declaraciones de narcotraficantes han mostrado en sus declaraciones ministeriales a lo largo de los años, algunas falsas, algunas ciertas.

García Luna se declaró inocente el viernes pasado al presentarse en la Corte Federal de Brooklyn, lo que significa que dará la pelea en su juicio. El presidente López Obrador cree que es culpable de los delitos de los que lo acusan –trabajar para el Cártel de Sinaloa–, y que declarará contra Calderón. Es una probabilidad, pero hay más. Por ejemplo, en algo cercano a Palacio Nacional, en la presidencia de Fox reclutaron los hermanos Beltrán Leyva a un subordinado del actual secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, quien era responsable de comunicación y logística en Los Pinos, y les proporcionaba la agenda presidencial. Su colaborador fue detenido y liberado poco después porque la entonces PGR excluyó extrañamente del expediente sus conversaciones con Héctor Beltrán Leyva.

En el arranque de este milenio, la Ciudad de México se convirtió en un santuario del crimen organizado, controlado por el Cártel de Sinaloa. La información que podría salir en el eventual juicio de García Luna, es qué, quiénes, cómo, cuándo y dónde se estableció el acuerdo de seguridad e impunidad entre funcionarios del gobierno capitalino que encabezaba López Obrador, con esa organización, que fue creciendo desde la capital, primero con el control de la cocaína y más delante de los precursores químicos de las metanfetaminas. Una parte de lo que están planteando los fiscales en Brooklyn está asociado en tiempo y espacio con aquella época, cuya información, de aflorar, involucra a personas vinculadas actualmente a la administración federal y cuyos nombres aún no son conocidos en México, de acuerdo con declaraciones previas de testigos protegidos de la DEA.

La sociedad política y la sociedad civil, incluidos empresarios, religiosos y periodistas, entre muchos otros, podrían verse sacudidas si las cosas, como dice querer el Presidente, comienzan a fluir en Brooklyn. Mucho le ayudaría también a López Obrador conocer a detalle esa información, para que comprenda que la penetración del narcotráfico trasciende su obsesión con Calderón, a quien la gangrena del crimen organizado, que lo amenazaba a él cuando decidió declararle la guerra al narcotráfico, es la misma que pudrirá las entrañas del gobierno actual. Lo que no se sabe en este momento es si tener una información sin filtros, como podría salir si García Luna decide jugar sus cartas llenas de información durante su juicio, le vaya a resultar incómoda para procesar o meta en contradicciones a su gobierno.

A nivel presidencial, sin embargo, el principal problema lo tiene Peña Nieto, porque el exgobernador de Chihuahua, César Duarte, lleva más de un año hablando con fiscales del Departamento de Justicia. Duarte no ha sido extraditado porque los estadounidenses no han querido. Desde diciembre de 2018 estableció contacto Duarte con la DEA, y le respondió el Departamento de Justicia, instancia superior, que ellos hablarían con él. Estaba en El Paso y se trasladó a Miami, sin saberse con precisión dónde se encuentra en la actualidad. Lo que sí está confirmado es que está aportando datos que presuntamente vinculan al expresidente Peña Nieto con Los Zetas.

La información madre que tiene Duarte tiene que ver con la supuesta conexión del expresidente con Juan Manuel Muñoz Luévano, un empresario mexicano detenido en Madrid en 2016, dentro de una investigación en contra del exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, quien más tarde también fue capturado en España. Moreira fue liberado, mientras que Muñoz Luévano, apodado El Mono, fue acusado por fiscales federales en Texas por lavado de dinero. Agentes federales estadounidenses hablaron varias veces con él en Madrid y el año pasado fue extraditado a Estados Unidos, donde aceptó su culpabilidad ante el juez y se convirtió en testigo protegido de “alto valor”.

De acuerdo con la información proporcionada por Duarte a los fiscales en Estados Unidos, cuando Peña Nieto asumió la Presidencia le pidió que la obra pública estatal se la diera a Muñoz Luévano, propietario del Grupo Matamoros, que operaba una red de gasolineras en Coahuila. Aunque falta información sobre esa presunta entrega de obra pública, la Fiscalía estadounidense le ha dado valor, al no haberlo extraditado y al usar parte por sus declaraciones, se puede conjeturar, en el proceso que están armando contra Peña Nieto y Moreira.

Año caliente el que se vecina y, si los pronósticos son correctos, escandaloso, peligroso y altamente comprometedor para la arquitectura política.

Llegaron los coches bomba


Por Raymundo Riva Palacio (El Financiero)

Ahora, una nueva modalidad de ataque criminal quiere anidarse como estrategia de terror: los coches bomba. Tras el culiacanazo, el empoderamiento del Cártel de Sinaloa ante la laxitud del gobierno federal en el combate al crimen organizado, provocó que organizaciones delincuenciales en otras latitudes decidieran seguir el ejemplo para el sometimiento de las autoridades mediante la vía del miedo. La primera en modificar y ampliar su modus operandi ha sido el Cártel de Santa Rosa de Lima, que opera en el Bajío y controla el robo de combustible.

Después del culiacanazo, los servicios de información del gobierno federal interceptaron una llamada de José Antonio Yépez, El Marro, el elusivo jefe del Cártel de Santa Rosa de Lima, donde hablaba de planear una nueva forma de defensa de las autoridades, mediante acciones ofensivas, donde los coches bomba eran parte importante de la nueva estrategia. Poco después, un coche bomba explotó en Irapuato, zona de influencia de esa organización criminal.

El miércoles pasado, en una colonia residencial de esa ciudad guanajuatense, un grupo de hombres armados dejaron estacionada una camioneta Honda con varias cargas de explosivos que estalló en la madrugada, sin causar víctimas, pero dañando al menos una treintena de casas. La Fiscalía General del Estado informó que la explosión en el auto fue porque le aventaron dos granadas, y no porque fuera un coche bomba. Desde un principio, las autoridades de Guanajuato han dicho que fueron granadas, aunque los primeros reportes de la Guardia Nacional mencionaron “coche bomba”.

Las fotografías de la camioneta Honda donde se dio la explosión no dejan duda: no fueron granadas. La destrucción de poco más de la mitad de la camioneta no fue producto de ese tipo de proyectil. Las explosiones con granadas, si se revisan incidentes con ese tipo de arma, no provocan la destrucción total de amplias partes del vehículo, y sólo lo dañan en su interior. Las fotografías del Honda muestran cómo la parte trasera del vehículo, así como el techo, perdieron su forma, y la carrocería se redujo a fierros abiertos en racimo, doblados caprichosamente.

Si se comparan las fotografías de la camioneta en Irapuato con coches bombas del Estado Islámico, se ven las similitudes. Aun si la potencia del explosivo es diferente, se puede apreciar que los coches bomba destruyen completamente una parte importante del vehículo, dejando el resto con mucho menores afectaciones. Las granadas, aun causando grandes efectos, no hacen de las carrocerías reguiletes de fierro.

Los coches bomba son utilizados en muchas partes del mundo como vehículos suicidas, al convertirse en un arma muy versátil y poderosa contra objetivos específicos. En Colombia y ahora en México no han servido esos propósitos sino para aterrorizar y enviar mensajes a gobiernos y enemigos. La activación de bombas dentro de un vehículo requiere de manos expertas, no sólo para su armado, sino para el tipo de daño que quiere hacerse. Si uno revisa las imágenes de coches bomba suicidas, las cargas de explosivos se colocan sobre los costados, para maximizar el daño al objetivo. Si uno ve el Honda en Irapuato, la carga explosiva se colocó de una forma para que la energía saliera despedida por el techo, donde la fuerza se iría desvaneciendo en el aire, minimizando el daño indiscriminado que podría haber causado víctimas. En cualquier caso, los coches bomba son considerados como armas de guerra.

No se ha informado sobre los peritajes del explosivo en el vehículo en Irapuato, que permita tener más información. Sin embargo, dada la forma como lo ha manejado la Fiscalía de Guanajuato y el silencio de las autoridades federales, todo indica que quieren dejar que pase como granadas en Irapuato. Está bien en función de no alterar más a una sociedad bastante nerviosa por el resurgimiento poderoso de los cárteles de la droga este año, pero, al mismo tiempo, la falta de información no sensibilizará a la sociedad sobre la gravedad de la escalada en la calidad de la violencia de las organizaciones criminales. La política de la avestruz no funciona en estos casos, como sucedió durante los primeros ocho meses del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

La utilización de coches bomba en México no es inédito, pero nunca ha sido un método regular. El 8 de enero de 1994, en apoyo al alzamiento del EZLN días antes, el PROCUP, que dos años después nació como EPR, estalló un coche bomba en el estacionamiento de Plaza Universidad, cuyo impacto alcanzó a tiendas en el segundo piso del centro comercial. En junio de ese año explotó un Gran Marquis en las afueras del Hotel Camino Real de Guadalajara, donde se celebraba una boda de familias relacionadas con Rafael Caro Quintero, exjefe del Cártel de Guadalajara.

En julio de 2008, en Culiacán, hubo una explosión de un auto y se encontraron varios vehículos con cilindros de gas butano y detonadores. El entonces procurador general, Eduardo Medina Mora, negó que fueran coches bomba. Durante 2010 y 2011, los años en los cuales comenzó a invertirse el poderío de los cárteles y empezaron –en mayo de 2011– a reducirse los índices delictivos, hubo vehículos que estallaron en varias ciudades del norte del país, pero no fueron clasificados como coches bomba.

Nunca en México se ha utilizado ese tipo de método como parte de la estrategia de los cárteles de la droga, pero la llamada interceptada a Yépez señala que este recurso eficaz –el costo es bajo, las posibilidades de detención a quienes dejan el vehículo en el objetivo es casi nula, y el impacto de terror es grande–, ha llegado por la puerta de atrás de la nula estrategia contra el crimen organizado.

La trampa del discurso


Por Raymundo Riva Palacio (El Financiero)

Un año después, lo que sostiene al gobierno de Andrés Manuel López Obrador es su palabra. Es poderosa y persuasiva, que sin pudor alguno le permite decir mentiras, aceptar que ha incumplido sus promesas de campaña, y actuar igual en muchos aspectos como los gobiernos del pasado que trata con desprecio, y ser peor, en otros aspectos, que todos ellos. Pero la forma como comunica y la maquinaria detrás de su mensaje para machacar el discurso, ha hecho magia para evitar el colapso de su gobierno, que al cumplir un año es un desastre, en función de los resultados. El teatro montado en Palacio Nacional todas las mañanas le ha permitido la gobernanza. No será sexenalmente eterno, pero por ahora, le ha dado el oxígeno suficiente para mediatizar a millones de mexicanos que no alcanzan a ver las contradicciones de su verbo, y permanecen engañados por su eléctrica personalidad.

Lo que para muchos parece una retórica chocante, para la mayoría, a decir de las encuestas de aprobación presidencial, les sigue pareciendo una realidad. Lo más sorprendente es cómo la contradicción más evidente sigue siendo el engaño más notable para los mexicanos. Se trata de su estribillo retórico del neoliberalismo. Ayer se volvió a referir despectivamente a los “gobiernos neoliberales” de los últimos 36 años. Varios funcionarios en su gobierno fueron parte de ese cambio, pero es secundario. Lo relevante es que el sustento del proyecto de López Obrador es tan neoliberal, o más, que los anteriores: el Presupuesto es el más draconiano de este siglo, y el dogma fiscal es el más riguroso. Se ha endeudado como los gobiernos sobre los que vomita todos los días –500 mil millones de pesos este año, mayor para el próximo–, aunque insiste que eso no sucede.

La mentira diaria es parte del estilo para mantener el consenso. López Obrador es políticamente liberal en el discurso, pero profundamente conservador en los hechos. Su política de transferir recursos directamente a la gente es lo más alejado a una visión progresista y de izquierda. Es el ideal de los neoliberales, donde la reducción del papel del gobierno en la vida diaria es fundamental para el modelo. Milton Friedman, premio Nobel de Economía y padre de la Escuela de Chicago, donde la tecnocracia –que critica López Obrador– fue llevada a un nivel superior, propuso en los 50 el “cupón educativo”, donde, como en los programas sociales actuales, se transfería directamente el dinero a los padres para que escogieran las escuelas de sus hijos. La diferencia es que en aquel modelo había supervisión del gasto; en el del Presidente, no la hay, lo que abre las puertas a la corrupción.

La corrupción, precisamente, es la otra trampa del discurso. El mensaje que amartilla su aparato de propaganda es que la falta de crecimiento y desarrollo estaba totalmente asociada con el dinero que se embolsaban en el viejo régimen, que ha demolido, no resuelve la contradicción de por qué sin ese sistema putrefacto, donde todos robaban, el país está hoy peor que hace un año en términos económicos. Si ya no se roban nada, porque López Obrador aseguró hace unos días que la corrupción se había erradicado, por qué se crece a cero por ciento –de más de 2 por ciento el año pasado–, se desplomó la construcción, aumentó el desempleo, hay menos consumo, la producción industrial disminuyó, y la actividad económica en general viene en retroceso. Si la corrupción se acabó debería haber más dinero. ¿Por qué entonces hay menos? Si se cortó la sangría, ¿por qué los recursos no alcanzan? La duda es si es porque la corrupción continúa o porque la incompetencia del gobierno es de epopeya.

Hay un argumento que permite plantear la hipótesis de que no es sólo por incompetencia, sino por corrupción o desvío de dinero para fines electorales, que se puede discutir a partir de otra actitud regresiva que lo caracteriza, la opacidad. La principal herramienta para combatir la corrupción es la transparencia. La mayor urticaria que tiene López Obrador desde que era jefe de Gobierno de la Ciudad de México es la transparencia. Hay un asalto y hostigamiento sistemático a los órganos de transparencia y anticorrupción para ser desacreditados, mientras va remplazando a sus titulares por sus empleados. En el discurso, quienes pueden representar un contrapeso o lo critican, son denunciados como corruptos que reaccionan ante la pérdida de privilegios. La maquinaria propagandística de Palacio Nacional trabaja para martillar el adoctrinamiento.

La forma como está transformando un sistema democrático en uno autoritario ha cambiado la visión romántica que se tenía de él en el mundo, y gradualmente está generando dudas en México sobre su honestidad. Aunque se mantiene su aprobación en el rango de 68 por ciento promedio, todas sus políticas públicas han sido reprobadas. Su personalidad, su magia como comunicador, y la propaganda que lo respalda, muestran desgaste.

Un ejemplo fue el mitin que celebró ayer en el Zócalo, donde todo el gobierno presionó a sus burócratas para que acudieran a celebrarlo. La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, habló con los legisladores y operadores políticos en la capital para decirles que tenían que llevar contingentes para mostrar músculo, necesario para que López Obrador proyecte fuerza. Pese al esfuerzo inhibitorio para llevar al mayor número de gente, las autoridades capitalinas estimaron en decenas de miles de personas la asistencia.

López Obrador dijo ante ellos que se ha instaurado una nueva forma de hacer política y un cambio de régimen. La realidad es que no hay una nueva forma de hacer política, ni un nuevo régimen, ni es diferente. Es más de lo mismo y en algunas políticas, peor que antes.

El capricho de López Obrador


Por Raymundo Riva Palacio (El Financiero)

Desde el momento que hace alrededor de dos meses el presidente Andrés Manuel López Obrador le pidió al secretario de la Defensa, general Cresencio Álvarez, que deseaba un desfile militar que no sólo fuera alegórico de la Revolución Mexicana sino que narrara épicamente algunos momentos históricos, el compromiso fue hacer algo inolvidable. El Ejército hizo a un lado a la Marina y lo organizó solo. Su puesta en escena fue espectacular: miles de soldados formaron un contingente de ocho kilómetros, que incluyó la participación de dos mil 700 caballos que formaron la cabalgata más grande que jamás haya pisado el Zócalo de la Ciudad de México. Más de mil personas interpretaron piezas musicales y 51 ejecutaron acrobacias, caracterizando a otros mil personajes. El Ejército sacó a la calle 44 vehículos e hizo volar tres aeronaves. Pero hubo un problema. La parada militar fue casi clandestina.

Todo el despliegue militar y la organización del Ejército, con lo cual se restauraba el clásico desfile que fue suspendido en 2014 por el presidente Enrique Peña Nieto, pasó desapercibido para la mayoría de la gente, porque el presidente López Obrador, decidió que se realizara justo el 20 de noviembre, y no el día de asueto que conmemora la gesta revolucionaria, que fue el lunes pasado. López Obrador sacrificó a los capitalinos para enfatizar una vez más en su veneración a los símbolos para hacer del día una fiesta popular, que no lo fue, y organizar el desfile, su desfile, para consumo de unos cuantos.

Paseo de la Reforma estuvo semivacío, porque la parada se realizó en horas de trabajo y pocos pudieron salir. No hubo menores porque tenían clases. Dentro del gobierno se distribuyeron apresuradamente boletos para ir a las gradas para evitar que se quedaran vacías, pero una buena parte de los burócratas no asistieron porque no les dieron permiso para ausentarse. Fue una pena que el esfuerzo que hizo la Secretaría de la Defensa, terminara siendo un evento para el Presidente, que durante el día mostró una enorme sonrisa de satisfacción. Pero así es López Obrador, que tiene estos caprichos, donde nadie puede llevarle la contra.

Buena parte de la ciudad quedó estrangulada en los monstruosos congestionamientos que creó el bloqueo de decenas de calles durante más de cuatro horas para que se desarrollara el desfile, alterando la actividad económica, las labores en las oficinas y las clases en las escuelas. El transporte comercial también se vio afectado por los cambios en la circulación que cruza el corazón de la Ciudad de México, y que volvió calles y avenidas en nudos gordianos. La vida cotidiana se alteró por el capricho de López Obrador, cuyos subalternos en el gobierno de la Ciudad de México prohibieron todas las manifestaciones, para que no estorbaran ni ensuciaran el desfile presidencial.

Incluso, encapsularon a los campesinos, que querían marchar hacia el Zócalo para expresar su molestia por el presupuesto, y negociaron que no lo hicieran –lo que no han hecho durante más de una semana para que levanten su bloqueo a la Cámara de Diputados, que no ha podido sesionar ni aprobar el presupuesto, contraviniendo la ley, que marcaba el máximo para culminar el proceso desde el viernes pasado.

Este tipo de acciones unilaterales no son ajenas en López Obrador, quien previamente también había estrangulado Paseo de la Reforma. Fue en 2006, en la lucha postelectoral, que para presionar que Felipe Calderón no pudiera asumir la Presidencia, tras una elección altamente disputada y controvertida, realizó un plantón de 47 días, que causó pérdidas económicas en la zona por alrededor de 300 millones de pesos, y el despido de cerca de 50 mil trabajadores que perdieron sus empleos porque los negocios donde prestaban servicios cerraron y se vieron severamente afectados en sus costos de operación.

Se desconoce cuál fue la afectación económica por el desfile militar de este 20 de noviembre en un día hábil, pero de acuerdo con la Cámara de Comercio de la Ciudad de México, bloqueos, marchas o megamanifestaciones que duran entre cuatro y cinco horas, producen pérdidas de medio millón de pesos. El costo no le va a importar al Presidente, muy discrecional cuando se trata de transparentar lo que cuestan las cosas que él o su gobierno hacen. Son los claroscuros de López Obrador.

La víspera, el Presidente difundió un video, donde invitaba a “participar en el desfile conmemorativo” de la Revolución Mexicana de 1910. La invitación era general, aunque se sabía que la convocatoria quedaría trunca. No hubo ninguna disposición para suspender labores o clases, cuando menos durante la mañana, ni tampoco se dieron las movilizaciones de Morena para llenar de gente las calles –también sus militantes trabajan y tienen que cumplir con horarios.

En términos populares, entendido esto como un regalo para el pueblo de México, fue un fracaso. En términos existenciales, el Presidente tuvo lo que quiso del Ejército, convertido en una institución mil usos –emergencias, tareas policiales, ingenieros de aeropuertos, vigilantes de aduanas, maromeros, cirqueros y lo que se le vaya sumando–, y vio lo que soñaba desde hace tiempo, la reconstrucción en carros alegóricos de los pasajes históricos.

Su selección fue metodológicamente arbitraria, que es la marca de la casa. Comenzó con los aztecas y culminó en 1940, con Lázaro Cárdenas. Pero en el colofón estaba el mensaje que quiso transmitir y conectar las tres transformaciones en México, bajo su clasificación, la Independencia, la Reforma y la Revolución, con la suya, que dice, será la cuarta. Eso se verá, cuando concluido su gobierno se realice el análisis definitivo de su gestión. Por lo pronto, ahí queda un capricho y la pena que el desfile fuera sólo para unos cuantos mexicanos.

Bolivia y la trampa mexicana


Por Raymundo Riva Palacio (El Financiero)

La renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia dejó al desnudo lo que es el gobierno mexicano. En 24 horas mostró protagonismo, improvisación y precariedad en análisis y oficio diplomático, al mismo tiempo que construyó una coartada para defender los intereses y el proyecto de nación del presidente Andrés Manuel López Obrador. En lo que parecía una confusión sobre los sucesos en esa nación, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, aseguró que lo que sucedió en Bolivia fue un golpe de Estado. Punto. Sin concesiones. ¿Cómo llegó a eso? Con un sofisma. En la conferencia de prensa de este lunes en Palacio Nacional, lo justificó de esta forma:

“Como ustedes saben, se dio a conocer un reporte de la Organización de Estados Americanos en relación al reciente proceso electoral. Después de ello, el presidente Evo Morales propuso que se realizaran nuevas elecciones, cosa que el gobierno de México vio muy bien… a fin de resolver por vía de unas elecciones los diferendos existentes. Posterior a ello, el Ejército de Bolivia pidió la renuncia del presidente y el presidente Evo Morales resolvió presentar su renuncia para evitar una guerra civil. Por consiguiente, es un golpe porque el Ejército pidió la renuncia del presidente y eso violenta el orden constitucional en ese país”.

La manera como se presentó tiene errores, y omitieron análisis más sofisticados sobre los hechos –probablemente deliberados–, así como las acciones de otros gobiernos de la región, que los desnudó internacionalmente, pero arropó domésticamente. Como botones de muestra:

1.- Evo Morales renunció de palabra –hasta el lunes la entregó a la Asamblea Legislativa–, por lo cual, cuando expresaba México su posición, seguía siendo presidente y por tanto era apresurada. Junto con él renunciaron el vicepresidente, la líder del Senado y el líder de la Cámara de Diputados, quienes se encuentran en la línea de sucesión. Por tanto, no hay quien asuma la presidencia para convocar nuevas elecciones. En la prelación constitucional podría subir la líder del partido de oposición Jeanine Añez Chávez, segunda vicepresidenta en el Senado, pero se le dificultará porque se requiere una mayoría calificada, imposible de alcanzar para ella porque está controlado por el Movimiento al Socialismo, el partido de Morales. Se puede argumentar que Morales creó una crisis constitucional al dejar un vacío de poder que ha sido llenado por el caos y la anarquía en Bolivia.

2.- El argumento del golpe de las Fuerzas Armadas no se sostiene. Las Fuerzas Armadas sólo pidieron que renunciara Morales, no todo el gobierno y el Legislativo. No lo depusieron, ni instalaron una Junta Militar en su lugar, suspendieron garantías o impusieron a un títere. No salieron a las calles para evitar caos y violencia, ni decretaron un estado de excepción, o tomaron control del gobierno, las comunicaciones, ni censuraron los medios de comunicación o prohibieron las reuniones. Esto no quita importancia a la ruptura del orden constitucional, pero no es un golpe.

3.- Ebrard se apresuró a ofrecerle asilo político a Morales. El presidente ha dicho que no se va a ir de Bolivia y está en Cochabamba, su tierra, quizás operando políticamente para ver cómo saca provecho de la crisis que detonó. Nadie le ha pedido a México que lo asile, con lo cual pierde la fuerza política que, en caso de solicitarle que lo recibiera, capitalizaría su aportación para apaciguar la violencia y contribuir a la pacificación. Ebrard adelantó conclusiones, cuando apenas iniciaba la siguiente fase de la lucha política boliviana.

4.- Ebrard anunció el lunes que pedirían una reunión de emergencia en la Organización de Estados Americanos para analizar la situación en Bolivia. La decisión es correcta, y debió haber sido la única que formularan, pero no el lunes sino el domingo, como varias naciones latinoamericanas lo hicieron la víspera, tan pronto como se volvió ingobernable Bolivia.

La aparente confusión mexicana quedó confirmada de manera clara en los mensajes que se apuraron a escribir miembros del gabinete o cercanos a López Obrador. Pero lo mejor salió de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quien afirmó en Twitter: “Angela Merkel tiene 14 años en el poder, pero como es Alemania nadie dice nada. Evo Morales tiene 13 años en la presidencia por decisión soberana de su pueblo, pero como es un país en vías de desarrollo, lo acusan de ‘dictador’. El conservadurismo y su doble rasero”.

Optaron por ocultar, desde el Presidente para abajo, que la crisis constitucional boliviana fue detonada por Morales, al haber cometido lo que interna e internacionalmente se considera un fraude electoral, y haber rechazado cuatro días después de la elección la sugerencia de la OEA para convocar nuevas elecciones, como lo reafirmó el domingo pasado. La principal crítica a Sheinbaum provino desde Washington, en la cuenta de la embajadora mexicana Martha Bárcena, quien respondió en Twitter: “Con una diferencia fundamental, Alemania es un país con un sistema parlamentario y Bolivia tiene un sistema presidencial. En Alemania el gobierno encabezado por Angela Merkel ha sido de coalición. Un poco de sistemas políticos comparados”.

La confusión mexicana impide que haya en México un debate racional a partir del conocimiento. Los pronunciamientos primitivos, por ignorantes y temerarios, distraen y obstruyen un análisis que permita tomar decisiones correctas. La ruptura del orden constitucional en Bolivia es un asunto muy serio, al igual el que las Fuerzas Armadas sean el árbitro de una crisis política.

Esto habla de la debilidad de las instituciones y de la necesidad de fortalecer los instrumentos democráticos. Pero quizás todo es deliberado, porque la caída de Evo Morales es un golpe directo al proyecto autoritario que está construyendo López Obrador en México. De esto hablaremos en la siguiente columna.

El efecto de los Rico MacPatos


Por Raymundo Riva Palacio (El Financiero)

En la ola contra la desigualdad que está sacudiendo al mundo, los villanos de las críticas al neoliberalismo, por haber sido sus principales beneficiarios, son los que más tienen, en particular los multimillonarios. Son los plutócratas, a quienes señalan de ambiciosos, avaros y de haber chupado la sangre de los que menos tienen para tener más, sin importar que el sistema económico que inició en el Reino Unido a finales de los 70 produjo la desigualdad que ha puesto de cabeza al mundo y permitido el surgimiento de líderes populistas en más de 60 naciones. Contra la pared los han puesto millones de personas en el mundo, en muchos casos bajo el grito amenazador de “mueran los ricos”.

Ahora UBS, la sociedad de bancos suizos que es la principal administradora de la riqueza privada en el mundo, publicó su reporte sobre multimillonarios, donde hace un alegato en contra de lo que su presidente, Joseph Stadler, considera parcialidad en los medios de comunicación, que han construido esa imagen. En el reporte, los defiende ampliamente. Es cierto que se han enriquecido, admite, pero mientras se han enriquecido, también han beneficiado al resto de la sociedad al generar empleo, crear riqueza para otros, incluidos muchos de sus empleados, y pagado impuestos.

Esto, según el reporte, porque en los últimos 30-40 años ha sido un periodo de excepcional innovación en los negocios, que ha permitido que el cambio económico sea más rápido que en cualquier otro periodo en la historia, provocado por “su visión de largo plazo, la toma de riesgos inteligente, el foco empresarial y la determinación que ha resultado en que sus negocios hayan tenido mejores resultados financieros que otros” en el sector privado o en el público. A esto es lo que USB le llama “el efecto multimillonario”, que ha tenido un mayor impacto en Estados Unidos y en la región de la Cuenca del Pacífico –a la que pertenece México–, particularmente en las industrias de la tecnología del futuro y la economía china, que se desarrolla velozmente.

El reporte responde a varios años de críticas contra los multimillonarios beneficiarios del neoliberalismo, pero no únicamente surgidas de los líderes populistas que, montados en la desigualdad y la molestia de millones, llegaron al poder en decenas de países en el mundo con una agenda antisistémica que mantiene a varias naciones en confrontación interna. Han provenido de académicos formados en escuelas de países que han vivido el neoliberalismo, como Thomas Piketty, quien en su afamado libro Capital en el Siglo XXI escribió: “No importa cuántas desigualdades justificadas de riqueza pueda haber, las fortunas pueden crecer más allá de la justificación racional en términos de utilidad social”.

Más recientemente, en febrero pasado, en un medio que no se puede señalar de ser de izquierda, The New York Times, uno de sus columnistas, Farhad Manjoo, escribió “Abolir a los multimillonarios”, un artículo donde afirmó: “En algún punto de extrema riqueza, el dinero inevitablemente corrompe. Ya sea de izquierda o derecha, compra poder político, silencia disidentes, sirve principalmente para perpetuar una mayor riqueza, frecuentemente sin ningún bien social en reciprocidad”.

En noviembre de 2015, Didier Jacobs, analista senior del capítulo Estados Unidos de la ONG Oxfam, denunció que una tercera parte de la riqueza de los multimillonarios no tenía origen en su eficiencia empresarial. “Cincuenta por ciento de la riqueza de los multimillonarios del mundo no es meritoria, sino se debe a herencias o a una alta presunción de complicidades. Otro 15 por ciento tampoco es meritoria, sino a la presunción de los monopolios. Todo esto no se lo deben a la globalización. En cambio, el crimen y la tecnología son probables fuentes despreciables de la extrema riqueza”.

El reporte de UBS refleja la preocupación que existe en esos sectores por la creciente corriente de opinión negativa sobre la riqueza extrema, asociada invariablemente con la desigualdad. “El boom de los multimillonarios ha sufrido una corrección natural”, declaró recientemente Stadler. “El dólar fuerte, combinado con una gran incertidumbre en los mercados de valores en medio de un difícil entorno geopolítico, ha creado las condiciones para esta caída”. A finales de 2018, había dos mil 101 multimillonarios en el mundo, que significó un incremento de 538 personas (38.9 por ciento) durante los cinco años previos, pero su riqueza se disminuyó en 4.3 por ciento.

Eso no es mucho consuelo para millones de personas representadas por sus líderes o, incluso, en el mainstream de las finanzas, la política y los medios. En noviembre pasado, Oxfam publicó un análisis de 13 casos en América Latina que revela cómo la acumulación del poder de las élites minaban el proceso democrático mediante la creación de políticas públicas a costa del resto de la población. En esta región, el 10 por ciento de la población concentra 68 por ciento de la riqueza, mientras el 50 por ciento más pobre sólo accede a 3.5 por ciento de la riqueza total. El 1 por ciento más rico concentra 37 por ciento de la riqueza, y las fortunas de los 80 multimillonarios en la lista de Forbes, es mayor al PIB de casi todos los países del subcontinente.

Sí hay un problema de fondo. UBS dijo en su reporte que los empresarios multimillonarios quieren hacer del mundo un mejor lugar para vivir, en lo social y en lo ambiental, y que varios de ellos –una minoría, reconoció–, han invertido grandes cantidades de recursos en filantropía. Es cierto, pero, como señalan sus críticos, haciéndolo preservan el sistema del cual se han beneficiado. Los ‘Rico MacPatos’ del mundo van a tener que hacer mucho más, y más de fondo y duradero, que lo que describió UBS. “No digo que los multimillonarios deben ser héroes”, le dijo Stadler alFinancial Times, “pero al menos deben ser reconocidos”. Esa batalla, la tienen perdida.

¿Pan y circo, Presidente?


Por Raymundo Riva Palacio (El Financiero)

El presidente Andrés Manuel López Obrador incendió las redes sociales. Como lo ofreció, este lunes dio a conocer el informe de los orígenes de una campaña ruin en contra de la prensa, desatada luego de que lo cuestionaron por la opacidad y las contradicciones de la relatoría sobre el culiacanazo. Alejandro Mendoza, jefe de la Unidad de Información y Vinculación Tecnológica de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana –responsable también de Plataforma México–, identificó una “cuenta madre” de bots, @tumbaburross, y dijo que se registró actividad desde las cuentas del hijo del expresidente Felipe Calderón, del exsecretario de Educación, Aurelio Nuño, y del coordinador del PAN en San Lázaro, Juan Carlos Romero Hicks. La fiesta inició. Pan y circo para los gladiadores al servicio del Presidente, quien pidió a los cibernautas que no insulten y que argumenten. En una cantina llena de borrachos, eso es imposible.

La campaña contra medios y periodistas fue una bomba en redes sociales. Mendoza informó que el 74.27 por ciento del intercambio de menciones fue de usuarios reales, con el restante 25.73 por ciento de bots. De estos totales, dos de cada tres menciones fueron negativas a los medios de comunicación, provenientes principalmente de la Ciudad de México, Nuevo León, Sonora y Chihuahua, que no es atípico en estas oleadas, y que a nivel internacional procedieron de Chile, España y Perú, donde se concentran redes de anarquistas, algunas vinculadas a sectores en el entorno de López Obrador. Las imputaciones directas fueron rechazadas y desmentidas, pero Mendoza sostiene que su equipo tiene el soporte técnico que respalda lo expuesto. Un experto en redes sociales observó que el hecho de que no sean bots, tampoco significa que sean reales, sino que se refiere a un método de ataque diferente.

De cualquier forma, la polarización generada por la retórica presidencial se intensificó, sin que esté claro aún el origen verdadero del ataque. Un estudio independiente realizado por empresas especializadas en redes al que se tuvo acceso, elaboró una tabla con los datos de los usuarios en donde más se recargaron los mensajes negativos el sábado pasado, entre las tres de la tarde y las nueve de la noche. El autor de esta columna, en el lugar 4; seguido en el 5 por Irving Pineda, reportero de TV Azteca, quien aseguró en la mañanera que los ataques contra la prensa eran por órdenes del gobierno federal; Luis Cardona, del periódico digital La Opción de Chihuahua, quien cuestionó las contradicciones del gobierno en el culiacanazo, en el lugar 6, y Carlos Loret, en el 13. En total, durante ese periodo hubo alrededor de tres mil 200 usuarios interactuando.

En el lugar 9 apareció uno de los paleros del Presidente, Ignacio (Nacho) Rodríguez, vinculado a gobiernos del PRI y el PRD en Tabasco, que tiene un canal en YouTube llamado El Chapucero, que es la cabeza de playa de los ataques sistemáticos a la prensa. Rodríguez fue uno de los primeros que actuó tras el informe de Mendoza, y afirmó que @tumbaburross era hijo de Calderón. Al ser desmentido por todos lados, la emprendió contra una estrella en las redes sociales y creador de memes políticos sin igual, @vampipe, quien respondió divulgando la lista de cuentas en Twitter desde donde se alimentó la conversación contra los medios: @mariahvv84 (que es falsa), con 187 mil 559 mensajes; @Enrique0908 (también falsa), con 62 mil 745; @DRFRANCISCORH_7 (falsa), con 48 mil 880; @GarciaN97108791 (falsa), con 38 mil 592, y @FaridGonzalez2 (que es real), con 15 mil 816. Otra cuenta que también actuó de manera activa fue la de @LOVREGA, que opera en el entorno del propagandista John Ackerman, esposo de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval.

La información proporcionada por el gobierno sugiere que la mayor carga negativa provino de cuentas asociadas a panistas y priistas. Investigaciones académicas han encontrado un origen distinto. Un estudio realizado por Signa Lab, del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, en marzo pasado, encontró una “operación sofisticada” para producir narrativas políticas de un entramado de cuentas de Twitter de la llamada #RedAMLOVE, para crear un cerco informativo a la crítica al Presidente. Las campañas de ataque, reportó Signa Lab, han sido capaces de construir estrategias de censura y acoso online a través de la diseminación de una idea por medio de tuits y hashtags, con la finalidad de “mantener a raya a quienes critican al Presidente”.

Todo este esfuerzo de pan y circo, si se analiza el comportamiento del presidente López Obrador cada vez que un problema es más fuerte que su capacidad para manejar a la opinión pública, o como distractor para desviarlos de las cosas importantes, parece ser resultado de un tema que no le funcionó como esperaba, la existencia de una conspiración de medios y militares para derrocarlo, que se le salió de las manos, no sólo por la forma como descalificaron sus conocimientos históricos, sino porque enardeció más el ambiente. La discusión sobre las redes sociales y los medios, sin embargo, tampoco hará evaporar los temas de fondo: la liberación del hijo de Joaquín El Chapo Guzmán y su estrategia fallida de seguridad.

Los esfuerzos del Presidente y su equipo de propaganda por desviar la corriente de opinión pública, demuestra que para López Obrador es más barato asumir el costo a su capital político y el deterioro acelerado de la imagen de los titulares del Ejército y la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, que es enorme, a que se descubran las razones de su pax narca. Todos los distractores, sin embargo, pasarán, y quedará vigente la pregunta clave: qué descubrió Culiacán el 17 de octubre que tanto quiere esconder.