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Lo bueno. Lo Malo. Lo peor” por Edel López Olán.


Lo bueno

La creatividad del México real

En un país de contrastes abrumadores, existen pequeños faros de esperanza que nos ayudan a percatarnos que no todo está perdido. La naturaleza creativa de los pequeños, su amor por ayudar y la empatía ante la falta de recursos en su entorno, obligan a muchos jóvenes y niños a realizar desde su carencia miles de historias con recursos que tienen en la mano, en su entorno, en su necesidad.

Xochilt es una niña chiapaneca que ha encontrado en la ingeniería amateur la forma de ayudar a su comunidad creando con elementos que tenía a la mano, un calentador de agua que la hizo merecedora a ganar el premio a la innovación por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México.

La pequeña decidió que era momento de cambiar algo en su comunidad y con materiales reciclados, decidió crear un calentador de agua con una capacidad de 10 litros y que puede alcanzar temperaturas hasta de 70 grados centígrados según las condiciones ambientales. El Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM le ha entregado un reconocimiento que se le da mujeres destacadas que hayan realizado actividades científicas sobresalientes y se ha comprometido a brindar el apoyo a la pequeña para que su proyecto pueda extenderse a un calentador de 65 litros con una capacidad calórica de 70 grados centígrados. Este calentador tiene dos puertas de cristal, mangueras de salida que conectan con botes, una manguera que va al tinaco y botellas. y aunque pareciera relativamente ‘sencillo’, a sus 8 años ya ha logrado apoyar a otras personas de Chiapas.

Su invento funciona con el sol, y así, como puede ocupar el astro rey para calentar la vida y esperanza de muchas personas en su comodidad, hoy, Xochilt se convierte en esta noticia amable para seguir creyendo en nuestro país, en nuestra gente.

Hoy una pequeña de tan solo ocho años levanta la mano para crear un mejor entorno en su comunidad, en su ecosistema, en su país; hoy le aplaudimos desde todos los rincones y sonreímos ante su presencia.

¡Enhorabuena!

Lo malo

100 días, misma demagogia

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No es lo mismo ser borracho que cantinero” y Andrés Manuel López Obrador es el mejor ejemplo de ello. Hablar desde la comodidad que da la oposición siempre será muy fácil. Criticar las acciones del gobierno pensando que se tienen todas las respuestas le está dando un palmo de narices a uno de los mayores detractores de cualquier cosa que representara un gobierno en turno.

Pensar que en 100 días se puede hacer una diferencia también es risible, sin embargo, si las tendencias siguen siendo como hasta el momento, el gobierno de López Obrador dejará para el 2024 una plataforma difícil de superar. Improvisación, manejo poco transparente de datos, contradicciones, mercados internacionales desconfiados en el futuro del país, y una aprobación del 70% gracias al clientelismo rapaz del nuevo gobierno, son los datos que deja una administración en los primeros tres meses más observados de la historia de la nación. Uno de los casos más cercanos del como la nueva administración manipula todo a su favor es la termoeléctrica de la Huexca, donde, aún con un 3% de participación, la administración morenista declaró ganador un proyecto sin el apoyo del pueblo, donde en  las comunidades que se oponen  no hubo ni una sola casilla de votación para la famosa consulta.

Así avanzan los primeros 100 días de gobierno, y aunque también debemos ser lógicos en nuestra solicitud de resultados, el gobierno de Andrés Manuel ha colocado la balanza aún más ambigua que las terribles administraciones anteriores, que heredaron, debemos decirlo, un déficit en todos los niveles, y que si hoy si no se da un tiro de timón,  ejercerá una mayor presión al gobierno morenista que sigue sin percatarse que el tiempo le está restando valor al famoso argumento de “Los de antes” y le da mayor valor a un gobierno que no puede seguir repitiendo lo mismo que repitió día a día en una campaña que desafortunadamente aún no termina.

Lo peor

Ahora, SCJN a modo.

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El poder necesita contrapesos siempre, y para crear ese balance se necesitan instituciones sólidas que compartan el bien de la nación como prerrogativa y la separación de poderes como herramienta.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación es el Máximo Tribunal Constitucional del país, en virtud de lo cual, tiene como responsabilidad fundamental la defensa del orden establecido por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, además de solucionar, de manera definitiva, otros asuntos jurisdiccionales de gran importancia para la sociedad, por lo tanto, su actuar debe estar alejado, desde muchas perspectivas del poder.

Pero esto es México, un país donde desafortunadamente, a pesar de lo mucho que se hable, el compadrazgo y el tráfico de influencias siempre serán el pan nuestro de cada día.

Yazmín Esquivel fue seleccionada como nueva ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación es una mujer capaz  sin lugar a duda, egresada de la UNAM, la nueva ministra de la Suprema Corte tiene en su haber una larga carrera política y profesional que la han hecho merecedora a tal nombramiento, sin embargo, más allá de sus credenciales, el conflicto de interés que existe en la designación de la nueva ministra es su matrimonio con el socio político del presidente de la república José María Rioboó

Para ser un gobierno que se dice llamar diferente, el presidente López Obrador continúa labrando un camino donde las piezas clave siguen embonando de una forma tal que, si aplicamos un poco la razón, le darán al mandatario las herramientas necesarias para seguir colocando la balanza a su favor.

México observa de nuevo un dedazo presidencial. Un dedazo que desafortunadamente se encuentra cobijado por un pueblo ciego, permisible y fuera de sentido, un pueblo que sigue sin aprender, un pueblo que solo tiene voz para vitorear sin recelo a un nuevo sistema que tiene todo el poder de su mano, y cuando le das más poder al poder, pues, ustedes ya saben que es lo que pasa.

Hasta la próxima.

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Editoriales

Los arrebatos de Riobóo por Raymundo Riva Palacio


Texto original: El Financiero

José María Riobóo es un ingeniero con una experiencia amplia. Cuarenta y siete años de historia profesional, incluyen su participación en obras como las líneas 9 y B del Metro y la cimentación de los segundos pisos durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en la Ciudad de México. Es un profesional altamente reconocido, que formó parte del Comité de Seguridad Estructural después del terremoto de 1985. Riobóo ha sido, desde hace más de una década, el principal asesor del hoy presidente electo en temas de construcción, pero su nombre no es reconocido por el público en general como un respetado ingeniero en estructuras, sino como el hombre detrás de la cancelación del nuevo aeropuerto en Texcoco y el resplandor de Santa Lucía como la futura terminal. En este campo, a menos que sepa algo que el mundo desconoce, está allanando el camino al mayor ridículo y costo que pueda tener López Obrador en el próximo futuro.

La semana pasada acompañó a López Obrador a recorrer la Base Militar de Santa Lucía, donde el presidente electo grabó un mensaje repitiendo los argumentos de su asesor a favor de esa instalación, y aplastando de nueva cuenta el proyecto de Texcoco, que será cancelado una vez que asuma legalmente el poder. Fueron días de gloria pública para Riobóo, quien en la víspera concedió una entrevista a la prensa al salir de la casa de la transición, sin desperdicio alguno, pero si las cosas no salen como él las pronostica, el espejo de su vergüenza eterna y una daga en la credibilidad y confiabilidad de López Obrador serán sus compañeras de vida.

Riobóo dijo en esa entrevista que Mitre “dice lo que quiere, (y) no hace falta”. El ingeniero se refería a la Corporación Mitre, que se fundó en 1958 como una empresa privada que desde su nacimiento estuvo vinculada con el Pentágono. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes la contrató para el análisis y rediseño del espacio aéreo en lo que iba a ser el aeropuerto en Texcoco, y concluyó que la operación simultánea del actual aeropuerto Benito Juárez y Santa Lucía no era viable.

El resumen del reporte entregado se lo presentó Mitre, el 17 de agosto pasado, a López Obrador, a Riobóo, al futuro jefe de Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, a los siguientes secretarios de Comunicaciones y de Hacienda, Javier Jiménez Espriú y Carlos Urzúa, y a quien designó el presidente electo como el responsable de la obra en Santa Lucía, Sergio Samaniego. Nunca le gustó el resultado a Riobóo.

–Para usted, ¿Mitre no es confiable? –preguntó la prensa.

–Para mí, no –respondió.

–¿Ustedes no tendrán que ver nada con Mitre? –replicó la prensa.

–Todo lo contrario, Mitre se debe a sus antiguos patrones –contestó.

Riobóo probablemente pensaba que los “patrones” son el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, pero se equivoca. El estudio de Mitre, que sí contrató el gobierno, lo realizó su Centro para el Desarrollo de Sistemas Avanzados de Aviación, que es financiado por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA), que se encarga de la regulación aeronáutica de ese país y que trabaja conjunta y estrechamente con la Organización de Aviación Civil Internacional, que reglamenta la navegación aérea en el mundo. Mitre sigue siendo una empresa privada sin fines de lucro, y sus patrones actuales, si se define por “patrones” a quienes financian sus estudios, son el Departamento de Transporte de Estados Unidos, del que depende la FAA, el de Seguridad Interna y el Pentágono.

La descalificación de Riobóo ha ido de la mano de la de Jiménez Espriú, quien dos días después de la consulta sobre la cual López Obrador apoyó su anuncio de cancelación de Texcoco, afirmó: “Santa Lucía no necesita más estudios para su realización. Está confirmado que Santa Lucía y el aeropuerto Benito Juárez funcionan. Lo que se tiene que hacer es la construcción del sistema aéreo para que se definan las rutas. Son cosas de detalle”. El Centro les había informado semanas antes lo contrario.

“Debido a la significativamente capacidad limitada de los procedimientos y la interferencia entre el flujo de tráfico de y para el AICM (el actual aeropuerto) y SL (la base militar)… el plan resultaría en la creación de un aeropuerto y un sistema aeroespacial severamente congestionado y complicado, que causaría retrasos y problemas de operaciones que impediría satisfacer la demanda de aviación a largo plazo en la Ciudad de México”, afirmó el reporte. Es decir, podrían existir los dos aeropuertos, pero no sólo sería inviable la operación simultánea, sino hacer que funcionen los dos, sin la dualidad, generaría más congestión y saturación que en la actualidad.

Mitre informó la semana pasada que un nuevo aeropuerto en Santa Lucía tardaría 10 años en estar concluido. “Es un berrinche”, reviró Riobóo descalificando una vez más a la principal empresa de seguridad aérea en el mundo. “Así lo veo, una patada de ahogado”. Su corajina puede costar muy cara. Al adelantar que Mitre no será consultado ni contratado para hacer un nuevo estudio sobre navegación y seguridad, abre la puerta para que la FAA no certifique a Santa Lucía como aeropuerto seguro.

Entonces, todas las rutas con destino a México en operación simultánea Benito Juárez y Santa Lucía contempladas en el Convenio Bilateral de Servicios Aéreos con Estados Unidos, podrían ser canceladas. Y si la FAA lo hace, lo más seguro es que el resto de las aerolíneas internacionales sigan su ejemplo, gracias al arrebato de Riobóo y la tolerancia de López Obrador.