El fin de semana me encontré en Netflix con un documental dirigido por Pedro Ultreras, cineasta mexicano, radicado en Estados Unidos, y con pocas producciones en el medio nacional, su mejor obra (y por la cual me decidí a verlo) es «La Bestia» donde narra la vida y sin vida de los migrantes que viajan por todo el país a bordo de ese tren impresionante, tan lleno de historias y muerte. La verdad, cegado un poco por el amarillismo que en ocasiones tienen los documentales me lance a “disfrutar” de la hora y media más estresante que he tenido en las últimas semanas. «ABC nunca más» nos cuenta la historia de solamente algunas parejas que vivieron ese lamentable hecho de hace 5 años y narran sus historias que se encuentran repletas de desconcierto, odio, dolor, y por qué no, esperanza.

“Mi esposa no ha podido recuperarse. Ah estado en varios hospitales psiquiátricos, con terapias tan fuertes como electroshocks, que solo han provocado lagunas mentales en su cerebro, pero nunca han podido mitigar su dolor”
Padre de Yeye, niño de apenas 2 años, fallecido dentro de la guardería.
Corrían las 2 y media de la tarde del 5 de junio del 2009. Muchos pequeños se encontraban invadidos por ese sueño profiláctico de media tarde que les hacía soñar, reír y vivir ese mundo de fantasía donde siempre viven, donde siempre son héroes, princesas, caballeros, pero que nunca dejan de ser niños. Unos más jugaban en el área común. Gritaban, corrían, jugaban, traducían en sonrisas y ánimo ese siempre sentido desbocado de su infancia, de su ternura, de su sencillez, sin pensar en el infierno que lentamente comenzaba a crecer a unos metros de ellos.
En una bodega del gobierno, que compartía muro con la guardería, un incendio devoraba vorazmente cientos de kilos de papeles y bidones de gasolina alimentando su cuerpo, sin pensar, que también comenzaría en su atroz hambre a devorar la vida y las ilusiones de 49 pequeños de forma trágica y terrorífica.

Muchos héroes surgieron de la nada. Un joven observa el humo y lanza su camioneta contra una de las paredes abriendo un hueco lo suficientemente grande para sacar a varios pequeños, que entre sollozos y confusión ven como todos corren con sus amiguitos en brazos sin explicarse cual era la razón de tanto caos, de tanta desolación, de tanto horror.
“El doctor me dijo: Señora, si por alguna razón ve que el pequeñito abre los ojos, no se asuste, el calor le quemo las retinas”
Madre de Adrián, pequeño de 3 años, fallecido en un Centro médico del Seguro Social
Los pequeños lentamente comenzaban a salir de entre el humo y las cenizas. Muchos salieron a morir. Otros más salieron a ver con esperanza de la luz del sol, que ahora no era reconfortante, sino que abrazaba sus heridas con dolor, con mucho dolor.
49 almas llegaron lentamente al cielo. 49 almas ahora sonríen desde el más allá. 49 ángeles ahora nos cuidan.
Después de los quince estresantes minutos iniciales, el documental hace evidente toda la porquería gubernamental, social y política de un país que observa indolente la necesidad de un mejor trato para nuestros bebés. Los tratos de particulares con el gobierno, la falta de prontitud en la ley, y la siempre y apabullante corrupción de nuestro país, hicieron que todos los altos mandos desfilaran impunes a lo que por obligación les correspondía: Una responsabilidad.
A lo largo del mismo, tres familias narran el horror que vivieron al saber y observar a sus pequeños, y el como fueron testigos de cómo un pedazo de sus vidas era arrancado a base de impunidad y negligencia.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación desestimo las pruebas establecidas e indicó que ni los dueños, ni el personal del lugar, ni el Director del Seguro Social eran responsables de la tragedia, cuando, en ese mismo año, un documento de la revista Proceso, hizo evidente que de las 14,653 guarderías subrogadas del país, solamente 14 cumplían con los requerimientos establecidos para un correcto funcionamiento; entonces:
¿En qué se fallo?
¿En que momento todas las guarderías que NO cumplen con esas normas siguen funcionando?
Los padres, tenemos a nuestros hijos con la esperanza de que sus manitas (o manotas en caso de su edad adulta) nunca nos suelten y siempre llevarlos por el camino del bien y de la tranquilidad, pero sobre todo, siempre seguros en nuestro seno. Sin embargo, la mayoría de nosotros, tenemos la penosa necesidad de colocarlos en guarderías o estancias infantiles, por qué debemos trabajar, y no podemos ocuparnos de ellos como debe ser. Es aquí donde nuestro sentido de pertenencia se difumina, pues, prácticamente todo el día, nuestros pequeños se encuentran más con extraños que con nosotros mismos.
Es aquí donde el fallo de la SCJN es completamente ilógico
“Cuando escuche el fallo, un frío recorrió mi cuerpo. En ese momento supe en el país en donde estaba, perdí mi fe en todos y en todo, que porquería”
Padre de Yeye, niño de apenas 2 años, fallecido dentro de la guardería.
El abrir, inaugurar, o simplemente mantener a flote en condiciones deplorables, un lugar donde seres tan delicados como los niños pasan la mayor parte de su día no puede ser motivo de una falta de sanción o corresponsabilidad. Todos, en una institución, desde intendentes hasta directores, tenemos, como servidores públicos, la obligación de brindar un servicio de calidad que lleve a una satisfacción plena. Sin embargo, lo letrado en los conocimientos jurídicos y litigantes de los magistrados, no les alcanzaron, para darse cuenta, que se estaban convirtiendo en parte de la mierda que lentamente enterraba las esperanzas de muchas familias. Lentamente cavaron también una tumba que comenzó en la propia presidencia, con un presidente timorato que se cegó ante la presión inherente de lo familiar y del compadrazgo, y que no hizo lo que tan solemnemente se grita en la toma presidencial: “lo que el pueblo me demande”
Pero hoy, no podemos celebrar nada, no podemos absolutamente pensar en que el consuelo que después de cinco años existe en los corazones de lo implicados sea suficiente. Hoy debemos gritarles que los extrañamos aquí, y que seguimos luchando todos, por intentar un país mejor para ellos. Un país de leyes. Un país de verdad.
¡Nunca más a un ABC!; nunca más vivamos este tipo de actos que únicamente son borrados por un desafortunado, pendejo, y siempre corrupto sistema político mexicano.
Lamentable es la muerte de todos estos pequeños, pero más lamentable es que, como siempre, en este país, no pasa nada.
Hasta la próxima.

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