El gran estreno de esta semana fue Perdida. Hoy, la mayoría de los expertos que cada año analiza la carrera hacia el Oscar coloca a la película de David Fincher como candidata a ocupar un lugar entre las diez nominadas a mejor película. Pero los números locales sugieren que pasará inadvertida en la cartelera porteña. Anteayer, en el primer día de su recorrido comercial, fue vista por apenas 4645 personas, según Ultracine. Hasta Delirium llevó más público.
Más preocupante aún es que una película calificada de sólo apta para mayores de 16 años y pensada en todo sentido para un público adulto no pueda verse en su versión original. La mayoría de los complejos multipantalla del Gran Buenos Aires exhibe Perdida en versión doblada al español en todas sus funciones, opción que hasta ahora sólo estaba reservada a los lanzamientos masivos para chicos y jóvenes (de Transformers a Tortugas Ninja).
La decisión entraña más de un costado inquietante. Por un lado, la virtual degradación del sentido original con el cual fue concebida una obra cinematográfica: doblar las voces equivale a transformar, completa, la banda sonora. Además de perder la riqueza de matices de una interpretación, perdemos por completo el valor del sonido ambiente, muchas veces clave en la evolución de la trama. Por otro, comprobamos con dolor que el espectador adulto de cine en la Argentina no puede, no quiere o no está dispuesto a hacer el esfuerzo de abstracción que significa escuchar un idioma y leer lo que se dice traducido a nuestra lengua.
Se empieza a perder así la histórica tradición argentina de valorar las películas en versión original, se desvanece el espíritu cosmopolita y de apertura al mundo de un espectador felizmente acostumbrado a la diversidad y se asiste a la penosa certeza de un público poco dispuesto a leer y a abrir su mente a los estímulos de la diversidad lingüística y cultural.
Octubre empezó con esta mala noticia no sólo en el cine. Europa Europa, uno de los últimos bastiones del idioma original en la grilla básica del cable (los otros son Film&Arts e I.Sat) fue bajada de ese lugar por Cablevisión. Ahora, para ver películas subtituladas en TV casi no queda otra que suscribirse a algún paquete digital. Y para hacerlo en el cine habrá que fijarse con lupa la cartelera si la copia es doblada o no. Como si el subtitulado fuese una causa perdida.


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