Xenofobia, Orgullo y Palabras “divinas”
Por Edel López Olán
El dinero siempre hará perder la cordura hasta el hombre más cuerdo, y en esa falta de cordura, algunos hombres ven en el dinero, una forma de expresar sentimientos tan fuera de sí, que rayan en lo absurdo. Donald Trump, dueño del certamen de Miss Universo, se molestó por la victoria de Alejandro González Inárritu en la pasada entrega de los Oscares. El Magnate de inmediato se lanzó a las Redes Sociales para denostar, humillar y poner en duda la veracidad de un evento (que dicho sea de paso) Trump aborrece desde que le negaron la compra de los derechos del certamen.
Y en este mundo extraño estamos los mexicanos, una nación que tiene una raza muy extraña. Por una lado, somos ciudadanos inconscientes que hacemos lo posible por retroceder en un mundo que exige a pasos agigantados excelencia. Por la mitad, somos un pueblo que se debate entre la exigencia desmedida de soluciones gubernamentales contra los que definitivamente odian el sistema. Y por el otro lado, somos una nación plagada de nacionalismos pendejos que saltamos ante la más ramplona actitud, comentario, o situación. La victoria de Iñárritu, claro que debe ser motivo de orgullo, y si tienen duda de ellos, busquen las palabras de Donald Trump en cualquier buscador, y se darán cuenta que efectivamente, ese Oscar, le dio un palmo de narices a una nación que se erigió de migrantes, que se sostiene por migrantes, y que todos los que quieren triunfar allá pagan un caro derecho de piso que hoy toman forma en las palabras del Sr. Trump.
Muchos se indignaron por las palabras de Trump a pesar de también denostar el logro alcanzado. Muchos se sienten ofendidos por la xenofobia presente en los Estados Unidos, pero, muchos son comenten estúpidamente actos de auto xenofobia hasta que les tocan el “Orgullo nacional”, en una actitud completamente estúpida.
Por otro lado, hablando del motivador de esta nefasta actitud, Alejandro González Inárritu, director mexicano y ganador del Oscar por la película Birdman, se levanta como esos interesantes garbanzos de a libra que tiene el cine nacional. 
«Quiero dedicarle este premio a mis compatriotas en México, ruego para que podamos encontrar y tener el gobierno que nos merecemos, a la generación de inmigrantes que están viviendo en este país, para que puedan ser tratados con el mismo respeto y dignidad que la gente que llegó antes. México tiene talento y esta noche ha quedado demostrado».
Es interesante que un hombre que ha ganado fama y logros en base a un trabajo fuera el territorio nacional, le dedique un premio a sus compatriotas que son los que menos aportan a su éxito; y no hablamos de lo monetario; hablamos simplemente de algo tan sencillo que no lo paga ni todo el dinero del mundo: El orgullo.
El Negro (como se le conoce a Iñárritu) le dedico su merecido premio a un pueblo que se encuentra muy lejano de ese animo de reciprocidad que espero algún día podamos encontrar.
¿Porqué debemos sentirnos orgullosos de Alejandro González Iñárritu?
Por qué simple y sencillamente nos vuelve a demostrar que no debemos depender de papá gobierno para emprender; que no podemos esperar que las cosas se soluciones por si solas, que simplemente, en esa vida tan culera, debemos, tomar nuestros sueños, echarlos al hombro, y nunca dejar de luchar, aún, cuando la historia se empeñe de dictar lo contrario.
Y en esta onda de derrames verbales y desazones nacionales, el Papa Francisco Bergoglio, para muchos considerado un Papa reformista, retrocedió (al menos para algunos mexicanos) varios pasos en su escala de preferencia. Mexicanizar el narcotráfico suena tan descabellado como Vaticanizar la pederastia, y, mi querido amigo Francisco, desde ahí, cometió su primer error. La vida de un país como México (que le aseguro que ninguno de los mexicanos pedimos está realidad) donde cada día se matan, secuestran, violan, desaparecen a cientos y cientos de personas por un puñado de ilusos que tienen el control, no le da derecho a nadie, ni siquiera a usted, de radicalizar el concepto.
Si bien su preocupación es bien fundada, el utilizar conceptos erróneos de un país que lucha día a día; palmo a palmo; bala a bala; con una realidad que nos aterroriza es más preocupante aún.
Nadie en este país se ofendió por lo que dijo, sino por quién lo dijo. Los mexicanos tienen muy presente que el Papa es un símbolo, más allá de su humanidad; si, un humano que tiene errores, algunos garrafales como el que paso. La “palabra divina” del “hombre más cercano a Dios” caló de nuevo en un país, donde el nacionalismo nos pone de golpe y porrazo una venda en los ojos y nos hace desgarrar las vestiduras, aún cuando, la realidad es aterradoramente cierta.
Vivimos en un mundo donde la Xenofobia se ven en cada rincón del mismo planeta y que no es exclusivo de las «clases altas» o las «clases bajas» ; la peor Xenofobia es la que aplicamos a nuestros mismos connacionales solo por despecho. Vivimos en un mundo donde afortunadamente aun en la oscuridad más profunda existe un rayo de esperanza mediática que podemos entender como un faro de ejemplo, o un faro de necedad, pero siempre, entendamosla como un poco de orgullo nacional. Vivimos en un mundo, donde lamentablemente, la palabra divina, ahora, sirve para juzgar una realidad evidente, dolorosa, mordaz que asfixia a un pueblo que se encuentra en búsqueda de esa esperanza negada, un pueblo donde desafortunadamente, hemos perdido toda fe.
Hasta la próxima.

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