Nota Olímpicamente lamentable:
Somos una sociedad interesante. Los mexicanos siempre nos caracterizamos por ser un país alegre y de hermosas costumbres, sin embargo, tenemos un desatinado sentido de proporción de muchas cosas en comparación con otros países.
Alexa Moreno, una gimnasta mexicana participante en Río 2016, fue golpeada y masacrada a punta de opiniones de gente que en su vida ha jugado ni con su caca. La joven, con ilusión, representa a un país, un país que ama por muchas razones que a lo mejor para muchos no son validas, pero para ella en este momento lo eran todo, ¿el pago?, el desdén de un país ignorante y sin escrúpulos que ven en su esfuerzo y en su físico una razón más para sacar su inefable sentimiento de cangrejo que nos tiene muy por abajo de la cadena evolutiva.
Gorda. Marrana. Inepta. Fracasada, fueron las palabras para describir a una mujer que solamente tenía una cosa en mente: Competir con la élite mundial; no fracasando, sino colocándonos de nuevo en el lugar que merecemos no por falta de ganas, sino por falta de razón y buenas costumbres.
Ser atleta en México es casi tan imposible como ver un amanecer por el norte. Atletas que tienen que costear sus viajes, entrenamientos, competencias, trajes, entrenadores, y demás, los deja en una clara desventaja contra competidores como China y Estados Unidos que les pagan a sus atletas para entrenar y que ven en el deporte un estilo de vida, cuando, en México, solamente es solamente un reducto más de orgullo fuera de la jornada laboral y de estudio y que obviamente su realidad no tiene un punto de comparación.
Tildar de fracasado a una persona que trabaja 8 horas y entrena otras 8, en ocasiones sin comer, te convierte en un lastre para tu país, no porqué el deporte lo sea todo, sino por qué simplemente no podemos respetar los muchos sacrificios que en ocasiones hace un atleta mexicano ante un mundo más preparado que él y una nación cuatro años peor de mordaz.
Pero los mexicanos así somos, somos un país que nos alegra el infortunio de nuestros compatriotas (en el ámbito que sea), somos un país que criamos hijos que viven con una mentalidad baja, donde denostar el esfuerzo sin ver el cuadro general del fracaso es ya un error; somos un país que vivimos en el hoyo, porqué no nos gusta ver hacía arriba, y si lo hacemos, es para jalar al que piensa diferente, al que triunfa (ya estar en ese lugar, créanme, es un triunfo), al que brilla.
Somos un país tan gris social mente, que esparcimos ese color aún cuando nuestro verde, blanco y rojo ondea en todo lo alto.
Somos un país de fracaso, porqué simplemente, no podemos asimilar el fracaso como una oportunidad.
Hasta la próxima.


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