La nota del día por Edel López Olán


Pan, circo y amante.
Por Edel López Olán.

En México, los procesos legales para “juicios políticos” se convierten en un circo tan lamentable como insultante. La justicia en nuestro país se encuentra sesgada para las personas que no pueden llegar a una parafernalia como lo hacen los políticos. Todos los demás, nos encontramos en las garras de una justicia tan ciega como su iconografía y tan lamentable como la corrupción e impunidad que arrasa con las esperanzas de una sociedad.

La fuga de Javier Duarte después de ser involucrado en una red de corrupción insultó a todos en el país de una forma tan triste como lógica. Los políticos en México gozan de un manto de impunidad que los hace intocables aún a pesar de que las presuntas pruebas los indican como culpables de planear grandes conspiraciones contra el pueblo mexicano.

Tenemos el caso, por ejemplo, de Rene Bejarano que fue filmado metiéndose grandes cantidades de dinero en efectivo a la bolsa y que después, fue justificado por todos los políticos alrededor por la falta de pruebas de su “intención” de robarse el dinero. Grabaciones de un ex presidente municipal como Layin que afirmó en un evento público que solo había robado poquito, porqué la alcaldía es chiquita y tiene poco dinero. O el último, la diputada Eva Cadena recibiendo grandes cantidades de dinero para el líder de su partido, presuntamente, como una donación para la campaña del sonado candidato. Todos, sin excepción, desafortunadamente tiene un común denominador que los exhibe y que nos tiene atentos a la pantalla olvidándonos de cosas más importantes en nuestro país.

Y es que pesar de que la fórmula es tan repetida y apabullante, los mexicanos seguimos cayendo en ese circo que nos mantiene entretenidos y nos aleja de la realidad. Somos una sociedad dispersa en nuestras prerrogativas, y vemos en detalles pequeños, grandes fragmentos de una historia que quiere ser tejida así, con la indignación como estambre y el encono como aguja de tejer.

El partido en el poder (el que sea) sabe que los mexicanos nos vamos con una pequeña historia indignante como las palomillas a la luz, y eso, decrementa la forma de nuestra percepción y altera desafortunadamente la pertinencia de justicia. La aparición de Xochilt Tress en el caso Javier Duarte ha provocado una avalancha de declaraciones, marquesinas y una lamentable desviación de la atención de lo más importante: La culpable no es ella.

La aparición de está señorita se convirtió “en conveniente” para un caso que se sale de control en esta red de corrupción que existe en el caso Javier Duarte, y nosotros, como sociedad, ponemos nuestro granito de arena compartiendo en redes, siendo presas de la vorágine “periodística” y solventando teorías tontas que nos alejan de los verdaderos culpables, algo que obviamente, se encuentra planeado desde algún sitio muy alto de poder que ordena estos teatros a sabiendas de la incapacidad que tenemos para sobrellevar los datos más estúpidos y enfocarnos en la realidad.

Sí recibir regalos de un funcionario en funciones es un delito a gran escala, créanme, muchos y muchas en los pasillos de todos los gobiernos del país estarían tras las rejas, y obviamente eso, no es lo importante.

¡OJO!, no quiero quitar responsabilidades de ninguna índole, pero, entendamos algo: ¡Ella no es la verdadera culpable!

Desde teorías de conspiración de antaño como la de Jack Ruby asesinando a Oswald, siempre, existirá un tercer personaje ficticio que dé a la trama un vuelco de atención, y si nosotros seguimos comprando esos desafortunados personajes, el sistema se anota un gran punto desde la trinchera de la libertad.
No olvidemos que aquí existen muchos nombres que están volando como parte de esta red de corrupción. Todos nos encontramos preocupados por Tress cuando Karime Macías obviamente extrajo y desvío mayores cantidades de dinero de las arcas públicas, todo, sustentado con pruebas en las decenas y decenas de hojas que tiene el expediente del ex gobernador.

Así es como se teje la justicia en este país. Un caso importante, una sociedad distraída, y los verdaderos culpables gozando de una libertad que no se merecen. Somos un país donde nos interesan más los regalos de un puerco vil gobernante, que los millones que se desviaron de programas sociales y de gobierno. Somos un país que desafortunadamente compramos ese pequeño fragmento de historia y lo hacemos nuestro desde la trinchera de la indignación, sin pensar que basándose en el nuevo sistema penal, las apariciones constantes y desmedidas de la señorita Tress pueden ser un elemento de la defensa para sacarla libre, algo que, como sociedad, no observamos, por qué estamos sumidos en nuestro odio con razón, pero olvidamos que existe para todo una razón más allá de nuestros ojos.
Así, mientras sigamos alimentándonos de ese pan que el gobierno nos da a migajas como información; sigamos comprando boletos para ese circo llamado justicia, y veamos en las amantes una mayor percepción de justicia seguiremos siendo una sociedad a modo para un sistema corrupto de principio a fin.

No celebremos el pan y circo. Estamos en un momento donde nuestra mente y poder está más allá del control del sistema. Somos una sociedad libre que desafortunadamente no madura en algo tan sencillo como determinante: Nuestra capacidad de asombro.

Hasta a próxima.

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