Pude ver directamente a tus ojos. Esos ojos que me embrujaron desde el primer momento.

Pelee contra mí. Pude encontrar dentro la fuerza necesaria para no perderme de nuevo, pero no pude hacerlo.

Te encontré. Guarde un silencio inmediato donde lentamente, como todos los días, observaba tu figura

A la distancia, como siempre, gloriosa, sin un solo resquicio de verdad, solo tú, una simple imagen.

No sé como pude encontrarte, aún desconozco cual fue el capricho de mí destino, pero hoy, encontrarte fue simplemente otro azar.

Diste la vuelta y sonreíste. No pude hacer nada. Cómo siempre esa sonrisa, ahora no imaginada, me dejo clavado en el piso, completamente absorto.

Lanzaste tu puñalada. Seguiste sonriendo y saliste de nuevo por esa puerta, así, perfecta como tu siempre lo has sido.

Ahora, solo observo mi café. Un sonido sobre mí comienza a derrumbar mi realidad.

Mi último recuerdo. Tu sonrisa y la sonrisa que siempre esperé. Aún te recuerdo, y espero de nuevo a la hora de dormir para, probablemente, estar cerca de ti.

Edel López Olán.

 

 

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