Hoy es un día de fiesta para los amantes de las teorías conspiratorias, porque la Casa Blanca desvelará unos 3 mil 100 documentos relativos al asesinato del presidente John F. Kennedy. Los informes han sido elaborados a lo largo de cuatro décadas, y el jueves vence el periodo de 25 años en que han estado bajo secreto oficial, en virtud de una ley de 1992. A partir de ese momento, el presidente de Estados Unidos está capacitado para divulgar los que considere oportuno.

Y ahí está la controversia: los servicios de inteligencia no quieren que se abran al público los últimos informes, que fueron elaborados en la década de los noventa. “Su argumento es que algunos de esos documentos son relativamente recientes, por lo que levantar el secreto oficial podría desvelar técnicas, operaciones, e incluso la identidad de personas de los servicios de espionaje”, explicaba ayer en una entrevista telefónica Philip Shenon, ex periodista del ‘New York Times’ y autor del libro ‘JFK. Caso Abierto’ (Debate).

Así que, pese a que Donald Trump anunció el sábado en Twitter la desclasificación de todos los documentos, los líderes de la comunidad de inteligencia estadounidense están librando una batalla para que algunos sigan siendo secretos. La propia Casa Blanca ha rectificado el tuit de Trump, al declarar que, aunque “el presidente cree que esos documentos deben estar disponibles en el interés de la transparencia”, puede haber excepciones si “las agencias [de seguridad] dan una razón sólidamente argumentada desde el punto de vista legal o de la seguridad nacional”.

De modo que la apertura de los archivos de JFK – como se conoce en EU a Kennedy por sus iniciales – se ha convertido en otro conflicto político en la era de Donald Trump. Para sus partidarios, solo es otra batalla por la transparencia y la democracia del presidente contra lo que llaman “el Estado profundo” (“Deep State”), un término que podría equipararse a la expresión “las cloacas del Estado”, que se hizo popular en España en la década de los noventa durante el escándalo de los GAL, el grupo terrorista que atacaba a los terroristas de ETA.

La gran diferencia es que “las cloacas del Estado” – que toman su nombre de la frase atribuida a Felipe González “al Estado también se le defiende desde las alcantarillas” – estaban formadas solo por los servicios de espionaje y de seguridad. El “Estado Profundo” es todo lo que no les gusta a los seguidores de Trump: desde la CIA y el FBI, hasta la Agencia de Protección del Medio Ambiente, la Reserva Federal y, por supuesto, los medios de comunicación. Todos ellos forman un gobierno ‘en la sombra’ que trata de imponer una agenda ‘globalista’ en EU.

En beneficio de Trump

Para los detractores del presidente, la desclasificación de los informes es otro acto de irresponsabilidad del inquilino de la Casa Blanca, y una forma de usar la seguridad nacional para atacar a sus enemigos en Washington. También es, por último, un nuevo elemento de ‘reality show’ de un presidente que ha adaptado las formas y métodos de su programa de televisión ‘El Aprendiz’ a áreas como las tensiones nucleares con Corea del Norte o el nombramiento del presidente de la Reserva Federal.

Porque, si hay algo que excite la curiosidad y el morbo de los estadounidenses, es el asesinato de John F. Kennedy por Lee Harvey Oswald el 22 de noviembre de 1963. Y eso es algo que el propio Trump ha usado en su beneficio político. En las Primarias republicanas acusó, sin ninguna base, al padre de su rival Ted Cruz de haber ayudado en el asesinato de Kennedy. El asesor electoral y amigo personal del presidente Roger Stone ya ha ido a Twitter para culpar del magnicidio a, en este orden, “la mafia de los Bush”, el “repulsivo padre de Ted Cruz”, y las “codiciosas hijas de Lyndon B. Johnson”, el vicepresidente de Kennedy, que le sucedió tras el asesinato y al que Stone y otros republicanos culpan del crimen.


Lee Harvey Oswald, acusado de asesinar al presidente Kennedy en Dallas.

Paradójicamente, nadie espera ninguna revelación que dé para un gran titular. “No creo que entre los documentos vaya a haber nada explosivo, del estilo de que había un segundo francotirador que ayudara a Lee Harvey Oswald”, explica Shenon, que ya el sábado publicó un extenso artículo en el diario Politico, de Washington, explicando la decisión de Trump. Pero eso no implica que la revelación no vaya a tener consecuencias políticas.

Para Shenon, “la burocracia de Washington trata de proteger la reputación de sus agencias”. Y esa reputación puede salir malparada en el caso del asesinato de JFK. “La CIA y el FBI siempre trataron de crear la idea de que Oswald era un lobo solitario, pero los hechos no concuerdan con esa tesis”, declara el autor. Shenon recuerda que la CIA llevaba tiempo siguiendo a Oswald y que, antes de cometer el magnicidio, el asesino estuvo en la ciudad de México, donde se reunió con espías cubanos y soviéticos. Si los documentos que se publiquen el jueves confirman esa tesis, el ridículo de la CIA, así como su responsabilidad por omisión y negligencia, habrán quedado de manifiesto. Será un golpe brutal del presidente a los servicios secretos, que nunca le han aceptado. Por ahora, sin embargo, solo podemos especular.

Texto original: BBC

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s