Mictlantecuhtli era Señor del inframundo y Señor de las sombras. Se le identifica con el dios maya Ah Puch y se le relaciona con animales como la araña, el ciempiés, el alacrán, el búho o el murciélago.

Mictlantecuhtli ejercía su soberanía sobre el Mictlán, los nueve ríos subterráneos y sobre las almas de los muertos. A menudo se lo representa como el esqueleto de un humano.

Su mujer Mictecacíhuatl, Dama de la Muerte, preside el Día de los Muertos, día en que las almas de los ancestros regresan a sus casas para ver a sus familiares y juntos gobiernan el Mictlan y el destino de las almas que llegan a él.

Según Eduard Seler, no existía un verdadero culto a este dios ya que carecía de importancia para los vivos. Sin embargo, existen algunas representaciones y rituales que sí le confieren cierta importancia, al menos entre los propios dioses y dentro del panteón mexica.

 Entre ellas podemos destacar el sacrificio anual de una persona en su honor, que se realizaba en el mes de tititl. O su título como deidad regidora del décimo día del mes y de la quinta hora nocturna.

Sin embargo, era una deidad que apenas tenía influencia en la vida de los vivos y quizá por ese motivo, salvo las representaciones que se pueden encontrar en los códices y algunas estatuas suyas, no tenía mayor importancia en el mundo de los vivos que preferían dedicar sus sacrificios y ofrendas a otros dioses más cercanos.

Para comprender mejor el papel que jugaba este Señor dentro del panteón mexica es necesario saber que los difuntos iban a cuatro lugares diferentes de acuerdo a cómo morían: Mictlán (muerte natural), a Tlalocan (accidentes en el agua o a causa de un rayo), a Tonatiuhihuícac (parturientas y guerreros) o a Chichihuacuauhco (los bebés muertos durante el parto).

Según algunos autores todos pasaban antes por el Mictlán y únicamente los difuntos sin mérito que no conseguían superar las pruebas permanecían en él por toda la eternidad. Lo único que parece realmente probado es que cualquier muerto que llegara al Mictlan tenía que enfrentarse a las pruebas para poder salir de él.

Sea como sea eso, era algo que rara vez podía escoger un vivo y llegado el caso lo único que se podía hacer por el difunto era enterrarle con una serie de papeles para ayudarle a superar las pruebas del inframundo.

Una de las pocas leyendas en las que aparece mencionado Mictlantecuhtli es la leyenda de los primeros humanos. Quetzalcoatl y su hermano Xolotl descendieron al inframundo para conseguir los huesos de los difuntos que murieron en el diluvio del cuarto Sol. Al enterarse Mictlantecuhtli envió a unas codornices en su persecución y consiguió que Quetzalcoatl perdiera los huesos que al caer al suelo se rompieron en mil pedazos. En ese preciso instante, Cihuacóatl recogió esos restos y los trituró en un mortero de jade, los mezcló con la sangre de Quetzalcóatl y crearon a los primeros humanos del quinto Sol.

Fuente: Travel Stoke

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