Este miércoles 15 de noviembre comenzará la quinta ronda de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en la que se espera que se definan aspectos clave sobre el acuerdo trilateral, como las reglas de denominación de origen, la caducidad quinquenal y los detalles sobre el sector agrícola y la industria automotriz.

“La renegociación del TLCAN es algo relevante no sólo para los tres países del bloque comercial, sino para todo el mundo porque da pistas sobre la manera en que Estados Unidos va a negociar su comercio internacional en el futuro. Su mercado regional es el más importante por su proximidad, pero EU es un gran jugador internacional en el comercio y tiene relación con otras regiones”, explica Manuel Padrón, líder de la práctica Comercio Exterior en Latinoamérica en el bufete legal Baker McKenzie.

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De acuerdo con el experto, Estados Unidos ha planteado posturas que, frente a las otras partes, “son proteccionistas, no se ven alineadas y son incompatibles” con los intereses del resto del bloque, y enlistó los cuatro grandes desafíos que enfrenta la renegociación del TLCAN:

  1. Industria automotriz. El tema automotriz es uno de los que ha atraído más los reflectores. Las condiciones que se han presentado son inaceptables y tendrían un impacto drástico en la economía de México.
  2. Resolución de controversias. Hay posiciones relacionadas con la resolución de controversias en las que EU ya no quiere que las resoluciones de los paneles sean obligatorias para las partes, sino voluntarias y si bien el TLCAN no ha sido un acuerdo lleno de demandas entre las partes, sí incomodaría a México que las resoluciones de un cuerpo de solución de controversias no sean obligatorias.
  3. En el sector del campo hay discrepancias. La estacionalidad que tiene México para poder producir más productos agrícolas es algo que incomoda a Estados Unidos, que tiene menos capacidad durante el año para producir y quiere medidas proteccionistas que atentan contra la productividad y competitividad de los socios. Durante años ha habido un alineamiento en la conducta de los actores en el campo mexicano para proveer al mercado de Estados Unidos.
  4. Estados Unidos ha propuesto limitar el acuerdo a 5 años. “Es ilusorio pensar que alguien va a invertir con esas caducidades, sobre todo el sector automotriz, donde el corto plazo son 5 años. Nadie se puede mover con esa ventana de oportunidad”, afirma Padrón.

El fin del TLCAN

Bajo esa perspectiva, no se descarta la posibilidad de que Estados Unidos decida separarse del tratado, lo que, en opinión de Padrón, no es lo peor que podría ocurrir al bloque.

De acuerdo con el analista, es probable que una terminación implique un regreso a las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), las que no serían negativas, fomentarían la inversión y con las que México podría vivir.

“Me queda la impresión de que el presidente Trump no ha tenido tanto éxito en las propuestas que hizo en campaña y no se han concretado. El TLCAN es una de ellas y era una de sus prioridades también. El tratado como tal deja claro que el presidente puede salirse avisando con seis meses de anticipación, no depende de nadie más y sería una manera de cumplir una de sus pocas promesas de campaña. Por otra parte, es patente que el interés de una parte muy grande de la comunidad de negocios de Estados Unidos no quiere que eso suceda”, añade.

Para Padrón, el TLCAN ha sido muy exitoso en algunas áreas, “hubo un servicio de carne transfronterizo que no funcionó o los profesionistas acreditados a ambos lados de la frontera, pero sí fue muy exitoso en el tema del comercio de bienes”. Antes de que hubiera un tratado de libre comercio ya había una inercia de los productores de bienes para establecerse en México y desarrollar cadenas productivas, asegura, y sostiene además que aun “sin un tratado, es probable que México mantenga su atractivo para las inversiones”.

El líder de la práctica Comercio Exterior en Latinoamérica advierte que lo que aún no está claro es si las reglas que gobernaban antes gobernarán al futuro. “Ahí hay una incógnita muy grande. Si la respuesta es sí, para el sector de la manufactura no sería el fin del mundo, sería un escenario conocido, que fue rentable para los inversionistas, pero si no, hay que estar vigilantes. Al principio de la administración de Trump se hablaba de aranceles más altos y del impuesto al ajuste fronterizo, que para el comercio bilateral es sumamente dañino”.

Padrón enfatiza además que ya no es posible hablar de países con fronteras definitivas: “El comercio internacional es algo realmente regionalizado. Hay muchas empresas mexicanas que pertenecen a un corporativo extranjero que opera en Estados Unidos o Canadá, esto ya no es como un partido de selecciones nacionales que se enfrentan una a la otra, los jugadores aquí traen varias camisetas puestas, eso hace más complejo todo”.

Texto original: Forbes México

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