Una de las piezas centrales de la teoría macroeconómica moderna que nos legó el gran Milton Friedman está perdiendo vigencia y este cambio tiene grandes implicaciones para la forma en cómo vemos a la política económica y las finanzas. La idea se llama la Hipótesis del Ingreso Permanente (PIH, por sus siglas en inglés). Friedman la puso por escrito por primera vez en 1957, y todavía tiene una enorme influencia en la profesión económica.

La PIH dice que el consumo de la gente no depende de cuánto gana hoy en día sino de cuánto espera ganar a lo largo de su vida.

Según la teoría de Friedman, si te llega un dinero inesperado una vez en tu vida, por ejemplo que hoy te cayeran ‘del cielo’ 50 mil pesos, no vas y te lo gastas todo, sino que lo pones en el banco, porque sabes que el episodio no se repetirá.

Pero si obtienes un aumento, es posible que empieces a gastar más cada mes, porque el aumento constituye una señal de que tu poder adquisitivo aumentará a largo plazo.

Esa suposición sobre el comportamiento humano tiene enormes implicaciones para la política económica. Si es verdad, la PIH significa que la eficacia de un estímulo fiscal podría ser mucho menor de lo que los economistas pensaban en la década de 1960.

Esto se puede explicar de otra forma. Si el gobierno trata de impulsar el gasto enviando cheques a las personas por correo, en teoría, la gente simplemente depositará el dinero en el banco, en lugar de salir y consumir.

También es importante para las finanzas ya que muchas teorías académicas se basan en la PIH.

De acuerdo con Friedman, los consumidores quieren homogeneizar su consumo porque no les gustan las caídas, así que, en teoría, la gente gasta mucho en activos financieros que dan frutos durante las recesiones, lo que le permite evitar ajustarse el cinturón.

La PIH tiene tanta preponderancia que casi todas las teorías macroeconómicas modernas se basan en ella. Indica que cuando la utilidad (ingresos) es máxima, el consumidor no puede incrementar dicha utilidad desplazando el consumo de un periodo a otro. Un aumento en el consumo actual, disminuye uno en el futuro.

Consagran la idea con una fórmula llamada “ecuación de consumo de Euler“, que aparece en la mayoría de los modelos académicos macro de las últimas décadas. Estos son los modelos que muchos bancos centrales utilizan para fijar las tasas de interés.

Así que no es una exageración decir que la PIH de Friedman es la piedra angular de la teoría macroeconómica moderna. Por desgracia, hay un pequeño problema: No está del todo mal, pero sí algo errada.

Probablemente hay muchos consumidores que se comportan tal como Friedman imaginó, pero el problema es que hay muchos otros que actúan de manera muy diferente.

Poco a poco, los economistas han ido acumulando evidencias de que este último grupo es importante y de proporciones considerables.

Las primeras pruebas confirmaron la PIH.

Sin embargo, en 1990, los economistas John Campbell y Greg Mankiw calcularon que sólo cerca de la mitad de los consumidores obedecía el principio de Friedman.

El resto de ellos, dijeron, probablemente consuman conforme reciben fondos: si les dan un bono en el trabajo o reciben una devolución de impuestos importante o un cheque de estímulo del gobierno, salen a comer en buenos restaurantes, compran una casa más grande o muebles o simplemente gastan más.

Un golpe a la versión matemática de la teoría surgió en 2006, cuando los economistas de Georgetown Matthew CanzoneriRobert Cumby y Behzad Diba redactaron un estudio que puso a prueba la ecuación de consumo de Euler comparándola con datos financieros reales –algo que, por razones no conocidas, ningún economista parece haber hecho antes–.

La ecuación dice que cuando las tasas de interés son altas, la gente ahorra más y consume menos (esta es la forma en la que homogenizan su consumo, tal como predijo Friedman). Sin embargo Canzoneri, Cumby y Diba descubrieron que lo que ocurre es lo contrario: por la razón que sea, el hecho es que la gente tiende a consumir más cuando las tasas son altas.

Un estudio de Luenz Kueng de la Universidad del Noroeste encontró que, cuando los habitantes de Alaska recibían un pago repentino del Fondo Permanente de Alaska (que recaba dinero de industrias de recursos naturales), gastaban todo el dinero en lugar de guardarlo en el banco como Friedman habría predicho.

Ese tipo de experimento natural al azar, que se está volviendo cada vez más popular en la profesión económica, es una prueba poderosa y sencilla.

Las crecientes evidencias en contra de la PIH (los estudios anteriores son sólo una pequeña muestra) están haciendo que los economistas se pongan a buscar una alternativa.

Narayana Kocherlakota de Bloomberg View recientemente escribió en su blog sobre el tema:

Las decisiones tomadas hace 25-40 años –por las que entonces eran una serie de excelentes razones- no deben tratarse como si estuvieran escritas en piedra o incluso con pluma. Al hacerlo, bloqueamos caminos para comprender la macroeconomía.

Kocherlakota piensa que los macroeconomistas deberían dejar de lado sus modelos grandes, complejos y formales de la economía, ya que estas elaboradas construcciones se basan en un fundamento que probablemente no describa la realidad del todo bien.

Recomienda que los economistas se replanteen todo y busquen ideas más precisas con las cuales construir las teorías del mañana.

Mientras tanto, todos debemos reconocer que las ideas de Milton Friedman quizá fueron demasiado influyentes. Su efecto en la economía fue profundo y duradero, pero al menos esta teoría no ha superado la prueba del tiempo.

Texto original: El Financiero

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