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“Hablemos un poco de” por Edel López Olán


El México real.

Cada seis años los temas electorales acaparan todas las marquesinas posibles. El crisol de opinión es variado, y las desafortunadas o afortunadas formas en como se lleva una contienda electoral ocupan cualquier sobremesa, café o simple plática por banal que sea. Hoy, a menos de medio año de las elecciones más importantes del nuevo siglo, México se encuentra en un debate más intenso que las mismas campañas.

La animadversión a los candidatos (hablar de ideologías es una vacilada en este país) ha dividido de a todos, cuando, hoy necesitamos una cohesión que está a años luz de distancia.

La forma en como los candidatos han desarrollado sus campañas insulta de manera vulgar. Escuchar a José Antonio Meade hablar de un combate frontal a la corrupción cuando él era secretario de hacienda mientras Los Duarte y demás gobernadores priistas se llenaban los bolsillos es completamente ilógico. Es despreciable escuchar hablar a Ricardo Anaya de un gobierno confundido y sin rumbo, cuando su bancada aprobó reformas que él mismo ataca por “inviables” y “faltas de criterio”. Y peor aún, es descarado leer y escuchar a un Andrés Manuel López Obrador, hablando de una reconciliación nacional cuando pone a uno de los líderes sindicales más corruptos de la historia del país como candidato plurinominal al Senado, alegando, que es un acto de justicia y no de fuero lo que empuja su nombramiento.

Así, entre esos vaivenes, los mexicanos vemos como el futuro del país se decidirá por la fuerza de un “voto útil” más que por una plataforma a futuro que nos empuje como nación y comunidad.  Aquí, en este momento, como ciudadanos tenemos que enfocarnos en lo que realmente importa, en el México real, en el que vivimos día a día.  México es un país divido por personas que no les interesa el pueblo. Un país que tiene personas allá “arriba” obsesionados con un poder que los atrae como la luz a las polillas y deja en la oscuridad a todo lo hay a su paso. Un país donde la democracia solamente es un fantasma de utopías inalcanzables y que hoy, seguimos entregando apoyando candidaturas tan irreverentes que dan lástima.

Nuestra obligación como ciudadanos es encontrar la forma de hacer presión contra todas estás caricaturas de representantes y otorgarle a nuestro voto, ese peso específico que tiene desde el momento que lo colocamos en la urna, y ya, en esta realidad que nos agobia día a día, despertar de toda estás acciones que hoy los candidatos exponen en cada plaza y recriminar si es necesario, el por qué de acciones tan irreverentes como irrelevantes. Hoy, la realidad de nuestro país debe perseguir a cada uno de ellos en cada sesión de preguntas y cómo ciudadanos, tenemos que agobiarlos informados, tenemos que presionarlos sin ningún temor a represalias, hoy, el México real es el que debe dictar nuestro voto, y no una simpatía por un candidato o color de partido.

Este es el México real. Un país que necesita urgentemente que hoy, el pueblo, tome la batuta de su destino; un destino que al parecer, seguimos entregando ilusionados en un cambio que solo nosotros podemos crear.

¡Votemos!, pero hagámoslo observando cada acción la cual podamos castigar con nuestro voto.

Hasta la próxima.

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