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Mujeres preparadas: ¿Peor salario?


Por Alejandra Arteaga (Huffpost)

En México la desigualdad laboral contra las mujeres llega hasta las entrañas del gobierno federal, el principal promotor de las políticas públicas por la igualdad de género.

Las mujeres que trabajan en la Administración Pública Federal (APF) -el conjunto de instituciones a cargo del Poder Ejecutivo- tienen más estudios que los trabajadores hombres, pero su salario es inferior y ocupan muchos menos puestos de alto rango, según datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

En la actual administración del gobierno mexicano se creó el Programa Nacional para la Igualdad de Oportunidades y no Discriminación contra las Mujeres (Proigualdad) 2013-2018, con el principal objetivo de desarrollar políticas “que permitan reducir las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres”.

De 49 instituciones en la APF: sólo en 20 las mujeres representan 50% o más del personal y en 29 dominan los trabajadores hombres, según el Estudio sobre la igualdad entre mujeres y hombres en materia de puestos y salarios en la Administración Pública Federal 2017 de la CNDH.
Y de las 29 instituciones con más empleados hombres, 6 tienen un porcentaje bajísimo – menor a 40%- de participación de mujeres: Policía Federal (21.5%), Comisión Nacional Forestal (21.6%), Comisión Nacional del Agua (35.0%), Secretaría de Comunicaciones y Transportes (37.3%), Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (38.4%) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (38.5%).

CNDH

El panorama no es muy distinto sobre el lugar que ocupan las mujeres en puestos de alto rango y los sueldos que ganan respecto a los hombres, a pesar de que tienen mayores niveles de escolaridad.

El 61.3% de las mujeres que trabajan en la Administración Pública Federal son profesionistas o cuentan con un posgrado, mientras que en los hombres la participación en este mismo nivel de escolaridad es de 58.6%, según datos de Inmujeres.

INMUJERES

Aunque en 29 de las 47 instituciones de la APF, el porcentaje de mujeres entre mandos medios y superiores supera 40% (uno de los objetivos de Proigualdad para 2018), las funcionarias siguen teniendo menor presencia en las posiciones de mayor liderazgo y toma de decisiones, que resultan ser las mejor pagadas.

Entre puestos de mandos medios y superiores, las mujeres reciben en promedio -8.6% menos paga que los hombres (-12.0% en Secretarías y -7.0% en otras instituciones).

La jerarquía de los puestos y los salarios en la APF es piramidal: entre los medios y superiores hay puestos más altos que otros.

En las Secretarías, la mayor jerarquía y salario está en la subsecretaría (hasta 193 mil 463 pesos mensuales). Le sigue la Oficialía Mayor (184 mil), la Jefatura de Unidad (189 mil), Dirección General (182 mil), Dirección General Adjunta (148 mil), Dirección de Área (119 mil), Subdirección de Área (52 mil 631) y Jefatura de Departamento (34 mil).

CNDH

La mayor parte de las mujeres que trabajan en Secretarías de Estado en puestos medios y altos están en los de menor jerarquía. En las jefaturas de departamento hay un 46.8% de participación femenina; en las subdirecciones y direcciones de área solo un 37%; mientras que entre las direcciones generales adjuntas y las direcciones generales sólo alcanza 28.5% y 21.9% respectivamente.

Y, ¿en los niveles más altos? Hay menos mujeres. Entre los niveles superiores a Dirección General el porcentaje de mujeres es de apenas el 20%.

En el resto de las instituciones: la participación de las mujeres es de 35.4% en jefaturas de departamento, 34.6% en subdirecciones y 30.3% direcciones de área.

La consecuencia de que las mujeres tengan menor presencia en los puestos de mayor jerarquía es económica y cultural, señala el estudio.

Por un lado, impone un cierto tope a los salarios de mujeres y, con ello, provoca una brecha salarial respecto a los hombres. Además, tiene un impacto en el ambiente laboral y en las políticas públicas que se diseñan dentro de estas instituciones.

“Un ambiente laboral donde se percibe a las mujeres con las capacidades suficientes para concursar de igual a igual con los hombres crea condiciones de respeto en el trato cotidiano y en la consideración del aporte de cada persona a los objetivos institucionales, de tal forma que todas y todos los empleados se sentirán impulsados a contribuir y no se “desperdiciarán” capacidades, todo lo cual se puede transmitir hacia otros ámbitos donde participen los empleados tales como la familia o la comunidad”, se detalla en el estudio.

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