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Trump: ¿Solo contra el mundo?


Texto original por Monserrat Salomón (La Razón)

La guerra comercial comenzó. Los Estados Unidos de Trump han dado un giro al pasado con su “America first” y nos están arrastrando a una era de proteccionismos aislacionistas que atenta contra la estructura económica del último siglo sustentada en el negocio internacional.

China responde a los aranceles de Trump al acero y el aluminio imponiendo sus propios aranceles a productos norteamericanos y prometiendo que esta medida sólo es el inicio de una guerra comercial a la que están dispuestos a entrar si EU insiste en el camino proteccionista. Del mismo modo, se espera que Japón responda ante esta medida y que la Unión Europea —temporalmente exenta de estos impuestos— prepare su jugada en anticipación de unas ríspidas negociaciones con el gobierno de nuestro vecino del norte.

Una estrategia de comercio tan agresiva necesita de estadistas muy precavidos y disciplinados para tener éxito. Lamentablemente, Trump no se destaca por su disciplina, por lo que los vaivenes de sus tuits dificultan mucho las negociaciones necesarias para evitar la temida guerra comercial. En especial, la Unión Europea está interesada en negociar, pero no lo hará en los términos inciertos que impone el mandatario estadounidense. Otro factor importante para el éxito de semejante política es tener cerca a tus aliados, es pertinente cuestionarle al presidente si iniciar las hostilidades arancelarias es prudente cuando aún no logra darse la mano con sus principales socios comerciales regionales, Canadá y México.

Se dice que Trump busca no sólo afirmarse, sino frenar el avance de China, como su principal rival mundial. Sin embargo, la ruptura y complicación de los acuerdos comerciales con otros países y regiones no ayudan a esta meta, sino que la complican. Los mismos aranceles a los productos chinos son un arma de doble filo que necesita gran pericia para usarse. Los países afectados por estas nuevas normas buscarán aliarse para mantener sus necesidades cubiertas. Las medidas de Trump pueden provocar un efecto contrario y fortalecer a China en el comercio global, teniendo como resultado el debilitamiento de Estados Unidos en la escena internacional.

Trump es un populista en campaña. Sus medidas chocan con la construcción de Occidente. La economía de Europa y América depende de los tratados de comercio; de las exportaciones e importaciones. Las fronteras son porosas y hemos transitado, dolorosamente, a un mundo en el que nos necesitamos para sobrevivir. La irrupción violenta de la ideología de Trump rompe con este esquema, haciendo peligrar la estabilidad global. El mandatario no cae en cuenta de que está por destruir el esquema mismo que lo llevó al éxito económico. La vanidad lo pierde.

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