Editoriales

“El gran trabajo de ser madre” Hablemos un poco de por Edel López Olán


Hoy quiero hablar de ti. De esa mujer que tomó mi mano desde el primer momento que estuve fuera de ella. Quiero hablar de tus ojos. De cómo iluminaste mi espacio con esa tranquilidad. Sí,  eres esa mujer que Dios o la vida escogió para amarme y cultivarme desde el primer momento.

Hablar de ti es un ejercicio sobrenatural, y no, no en el sentido que piensas por mi oficio. Hablar de ti puede conmoverme de muchas formas y también pueden llenarme de una energía titánica que destroza cualquier montaña. Eres, sin temor a equivocarme, la mejor combinación entre la superheroína que siempre he leído y la frágil mujer que siempre está oculta.

Hoy no puedo encontrar un momento donde no me encuentre contigo. Estuviste en la primera caída, la primera sonrisa, el primer amor, mi primera ruptura, mi boda, mi felicidad, y como no, mi tristeza. Es indescriptible la forma en cómo, a cada paso, tu vida se conjugaba con mi corazón en un solo momento. Eres capaz de mutar desde tu tristeza y entregarme tu corazón para ser feliz, y eso, es más valioso que todo el oro del mundo.

Todos los días trato de retribuir un poco de lo que soy por ti. Hoy, puedo hablar de la gran mujer que camina a paso lento pero con la firmeza de una convicción ante el dolor no propia de cualquier humano. Sí, aún a pesar del paso del tiempo sigues siendo incansable.

Y aquí, en este momento de mi vida puedo entender el gran trabajo que es ser madre. Puedo entender lo mucho que sonríen y las pocas veces que preguntamos: ¿Por qué lo haces? Puedo entender que lo grave de tus heridas era nada mientras luchabas ante la adversidad de una enfermedad o un descontento, siempre, encontrando un espacio en donde poder lamer tus heridas. Entendí, que tu trabajo ha sido arduo y cansado. Comprendí que en cada escala tu cuerpo lentamente pedía paz pero tu responsabilidad te lo impedía. Hoy me doy cuenta que siempre fuiste, y nunca sucumbiste.

Ese es el gran trabajo de ser madre. Un trabajo que implica transformarte en un roble con un centro de chicloso amor y dulzura. Un trabajo que consiste en convertir en felicidad todo alrededor a pesar de todo. Hoy no puedo celebrarte, por qué mis manos no alcanzan a cubrir el brillo de tu importancia, pero puedo abrazarte, así, con ese amor, con el que siempre he encontrado paz.

Te amo mamá.

Hasta la próxima.

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