Editoriales

“Lo bueno, lo malo, lo peor” por Edel López Olán.


 

Lo bueno

Mexicanos al ritmo del ballet.

Cuando hablamos de un mexicano triunfando en el extranjero siempre salta a nuestra mente cualquier disciplina o acto, menos el ballet. Sí,  hoy nuestro país se viste de gala al ser  cuna de uno de los hombres más influyentes de esa disciplina. Isacc Hernández se convirtió en el primer mexicano en conquistar el Benois de la Danse, premio entregado en el teatro Bolshoi de Moscú,  siendo el premio otorgado al mexicano como el máximo reconocimiento al que se puede aspirar en el mundo de la danza,

Hoy, el joven jalisciense ha demostrado a lo largo y ancho del mundo que los mexicanos nos encontramos por encima de las expectativas. Isaac ha demostrado que los mexicanos somos y seremos un pueblo digno desde cualquier trinchera, desde todas las perspectivas. Hoy este joven demuestra de nuevo que con trabajo, esfuerzo y sacrificio se puede llegar a cualquier meta por lejana que parezca. Hoy, desde Rusia, un mexicano se escribe con letras de oro en la historia del ballet; hoy, un mexicano forma parte de la historia del mundo y nos demuestra que cómo no…¡si se puede!

¡Orgullo mexicano!…¡Felicidades isaac!

Lo malo

El estado como arma política

Las elecciones en México llegan a su recta final. La alternancia en el poder se da por los malos actos del gobierno que han sido suelo fértil para un sobrado Andrés Manuel López Obrador. Las patéticas actuaciónes de un José Antonio Meade y Ricardo Anaya se han traducido en una competencia ridícula por un segundo lugar que la semana pasada encontró un nuevo capítulo.

Ricardo Anaya se encuentra inculpado por la compra/venta de unas naves industriales en las cuales hay dinero público y tráfico de influencias.  El acto se debe condenar y enjuiciar en los tribunales correspondientes, sin embargo, existe un problema colateral en estas intrincadas elecciones mexicanas donde el estado mexicano, cada seis años, encuentra la forma de sembrar más dudas en la población.

Desde las sombras, las famosas redes de las que siempre se ha hablado y que controlan el país, hoy, meten de nuevo las manos para manipular una elección presidencial o bien, salvar del ridículo al insufrible candidato priista José Antonio Meade. De forma increíble, la credibilidad de todos los candidatos ha sido una moneda de cambio que han utilizado los partidos en sus campañas y que, con un conocimiento de causa, se coadyuvan con tratos desde lo “oscurito”.

La elección está cantada. El candidato puntero ganará y el estado seguirá, como en todas las elecciones, llenándose de ese enorme estigma de incredibilidad al establecer una estrategia sin pies ni cabeza, con mucho dolo y un complicado sentido social.

Hoy, el estado de nuevo coloca sobre la mesa la inevitable pregunta: ¿Quién será el siguiente?

Lo peor

Elecciones de la muerte

Ser candidato en México siempre será un inevitable ejercicio contra la razón. Encontrar un candidato con una credibilidad expedita ha sido, desde hace muchos sexenios, en un ejercicio apabullante para cualquier votante.

Las elecciones del 2018 se han convertido y pasarán a la historia como una elección sui generis por muchas razones, siendo una de ellas, la terrible violencia ejercida contra los candidatos a lo largo y ancho del territorio nacional. 80 candidatos a puestos de elección popular han sido ejecutados en el transcurso de la jornada electoral en una cifra que retrata de una forma implacable un nuevo problema dentro de la vida política del país. Hoy, los candidatos se encuentran también debajo de ese velo de incredulidad que, al momento de presionar un gatillo, dejan sembradas en la población las mismas dudas de siempre sobre el actuar o no de cada uno de sus representantes. La política en México,  no solo tiene que luchar contra el infranqueable destino de su credibilidad, hoy, todo aspirante a político mexicano tiene que sortearse la vida contra las coacciones de cada partido, contra las prebendas de cada conciencia  y una violencia que ya los ha alcanzado de una forma u otra.

Hoy, la violencia contra la política debe ser un motivo suficiente para que todos los candidatos encuentren una fórmula para hacerle frente a un problema que solo ven desde la barrera y que al parecer una bala es la que tiene que alcanzar una consciencia en lo más profundo de su mente para darse cuenta de lo pequeños que somos ante este cáncer que consume el país y eso es lamentable.

Hasta la próxima.

 

 

 

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